DIÁLOGO Y ÉTICA DEL PODER

Llevamos mucho, mucho tiempo, hablando de diálogo, de que es conveniente sentarse a dialogar, de que la mayoría de los males nos vienen por no ser capaces de sentarnos en torno a una mesa y hablar, entendernos, comunicarnos, en una palabra, dialogar.

¿Sabemos realmente el significado del diálogo? ¿Alcanzamos, acaso, a comprender la importancia, el valor de esta palabra? Surge de mi interior, como una voz profunda, como un grito desesperado, lleno de fuerza y de sentido la palabra, ¡DIÁLOGO!

Obra de Nieves Prat

No, no nos equivoquemos, no es mi intención hablar de “politiqueo”, sabéis que nunca me he caracterizado por ello en mis artículos, ya que no entiendo esos comportamientos, que tantos males nos causan, que tanto dañan nuestras estructuras sociales y tanto perturban la convivencia pacífica.

¡Qué triste es no poder dialogar con los seres con los que convives, con esos que consideras tus semejantes, tus convecinos! ¡Qué penoso salir a la calle e ir por la parte contraria para no encontrarte de frente! ¡Ojala qué esos términos tan manoseados, tan traídos y llevados de boca en boca, encuentren el auténtico y verdadero sentido, se utilicen con seriedad y sean conceptos de apertura, sinceridad, entendimiento y generosidad por parte de todos/as!

Los antiguos, cuando definían al ser humano, decían que ante todo era un “animal político”, un ser social hecho para la convivencia y el entendimiento a través del arte del diálogo.

Afirman los teóricos de esta ciencia, si es que la podemos clasificar así, “que la condición primordial de un “animal político”, de un ser político es la anticipación: facultad que nos convierte en un creador de ideas, en un hacedor de modos y formas de vida; en cambio, la unilateralidad provoca el caos, los enfrentamientos, el desarraigo y las pasiones más bajas junto con los egoísmos más profundos”.

Así, si queremos una forma nueva de ver y sentir nuestra existencia, nuestra coexistencia, nuestra relación mutua en respeto y colaboración, en cultivo del arte del buen diálogo es obligatorio la sumisión de la voluntad de poder.

“Diálogo es, por consiguiente, colaboración. No intentar convencer al adversario del posible error, sino unirse a él para encontrar una verdad más sublime”, decía Lacardaire.

Por todo ello, nos atrevemos a afirmar: que un diálogo es fecundo y provechoso cuando es integrador y progresista. Por esto, el triunfo del ser humano, político, es sólo de aquellos que saben y quieren dialogar.

Frecuentemente, decimos que el trabajo en equipo en todos los ámbitos es condición de éxito frente al individualismo; luego, lo que más nos urge como personas es poner en práctica el auténtico sentido del diálogo, en cooperación y respeto profundo con el dialogante.

La coacción está enfrentada permanentemente con la línea de un verdadero diálogo; pues, venimos afirmando que el diálogo de verdad, el bueno, es en definitiva una colaboración, una renuncia por ambas partes de cosas, supuestos o principios intransigentes y, la mayoría de las veces, no prioritaria.

Un buen conversador, en consecuencia, es aquél que no sólo acepta, sino que agradece la presencia de un interlocutor inteligente y permeable. Existen quienes aplauden el acto de dialogar, pero se enfrentan al mismo con un espíritu impermeable, siempre en actitud defensiva, no escuchan ni abandonan sus premisas iniciales, produciendo, como resultado único, unos monólogos insulsos, incoherentes y estáticos.

El diálogo, por último, si queremos que sea auténtico diálogo, debe ser instructivo, ilustrador, desarrollado con respeto y generosidad para poder apreciar los aciertos y las aportaciones del interlocutor con una cierta, por no decir ingente, capacidad de recepción, de apertura para escuchar, para saber escuchar y proponer; claro, que para esto, necesitamos una ética del poder, sin ella no conseguiremos hacernos entender ni comprender, a su vez, a nuestro interlocutor.

 

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VIAJE A LA CULTURA GRIEGA

Hace unos días cayó en mis manos un libro de Antonio Penadés, autor entusiasta de la historia griega, de sus personajes, de los acontecimientos y lugares en los que se fueron desarrollando aquellos primeros pasos del origen de nuestra cultura occidental, entusiasta admirador y fiel lector del historiador Heródoto, descubriéndonos en su discurrir los paisaje, los pueblos y las ciudades en las que aquellos lugares se han transformado en la actualidad. El libro al que me refiero lleva por título “Las huellas de Heródoto”.

Obra de Nieves Prat

Todos hemos oído hablar alguna vez de Heródoto en nuestros años de aprendizaje. Todos sabemos que es conocido como el primer historiador, el padre de la historia, el hombre que nos muestra en sus nueve libros de Historia su peregrinaje por aquellos lugares de Asia Menor, de Europa y de las múltiples islas de nuestro entorno, los datos concretos de aquellos hechos históricos, las célebres batallas que allí se realizaron, las gestas heroicas, sus protagonistas, la repercusión de aquellos acontecimientos, las hazañas  grandiosas y emotivas que hoy son mito y leyenda no exentas de una gran realidad.

El libro de Penadés es una crónica de un viaje por tierras de Asia Menor, un viaje ilusionante, vivido con pasión por un gran enamorado de Heródoto y de la historia, un viaje que me hizo reencontrarme con entusiasmo con el pasado, retrotraerme a otro tiempo, que me llevó a rememorar aquellos momentos de estudiante y aquella afición, aún hoy no olvidada, por la lengua griega, por los hechos históricos de aquellos hombres que allá se produjeron y que viví con enorme entusiasmo y pasión, por los ideales sociales, que entonces aprendí, las formas de convivencia que pusieron en práctica y que hoy imitamos, sin obviar los ideales culturales y artísticas, el origen del pensamiento occidental, las ideas filosóficas, su amor por la sabiduría que tan bien inculcaron y expusieron, a pesar de que hoy en nuestros días estén tan denostadas y tan abandonadas por nuestras autoridades, por nuestras gentes, casi, podríamos decir, olvidadas.

El autor comienza su crónica en Halicarnaso, no podía ser de otra manera dado que ésta era la patria del historiador Heródoto, aunque ciertamente ya no existe en la actualidad, a pesar de que éste nos la sitúa allí y la describe en sus libros de Historia; a partir de aquí, nos va presentando cada uno de los diversos lugares por los que Heródoto pasó en su largo peregrinaje, los acontecimientos sociales, artísticos, culturales y hazañas bélicas acaecidas en los mismos, sin olvidar a los personajes que allí nacieron, vivieron y actuaron junto con sus aportaciones a la historia universal, a los pueblos que luego les sucedieron, de aquí el encuentro con políticos como Perícles, grandes guerreros como el persa Jerjes o el gran Alejandro Magno, la aparición de las Polis, el encuentro con los dioses, la Mitología, y, de manera especial, los extraordinarios pensadores desde Tales de Mileto, pasando por el gran Pitágoras hasta llegar a los Sócrates, Platón o Aristóteles, y por supuesto los magníficos escultores como Fídias, Mirón o el revolucionario Praxíteles.

Creo que aquí merece una mención especial la escritura, base de la expresión cultural, de la comunicación, del pensamiento, de la transmisión del saber, de la que hicieron gran gala los griegos, y, más en concreto, Heródoto.

Los fenicios, allá por el siglo VIII antes de Cristo, sus mercaderes y comerciantes fueron los encargados de enriquecer la cultura griega al dotarla de un instrumento tan esencial e importante como fue la escritura alfabética. Fenicia fue, según todos los historiadores y el propio Heródoto así lo confirma, el lugar desde el que la escritura alfabética se expandió por todo el Mediterráneo.

Al parecer, el alfabeto fenicio procedía del Arameo, se trataba de un alfabeto formado por veintidós signos consonánticos, luego los propios griegos añadieron los signos vocálicos.

La escritura fue un hallazgo y un avance importantísimo para la humanidad, supone fijar las ideas, ejercer un gran dominio sobre ellas; así, se van perfeccionando, conjugando y dando lugar a planteamientos más y más elaborados, al proceso del conocimiento hasta llegar a la creación artística, a la literatura: la poesía, el teatro, la novela, el saber filosófico; hasta el punto que las normas de convivencia, las ideas y pensamientos que ellos plasmaron siguen hoy en nuestros días teniendo vigencia.

La armonía que ellos alcanzaron en todas sus manifestaciones, no es sólo un principio de estética en su imaginación creativa, escultórica o arquitectónica, sino que se convierte en un requisito básico para la estabilidad, la felicidad del individuo. Es la situación ideal en la que existe una correcta relación entre las partes y el todo, implica una adecuada proporción en la medida que afectan a todas las actividades humanas: las políticas, las sociales, las artísticas, las literarias, las filosóficas, las mitológicas, hasta las relaciones entre los dioses y los hombres.

Ya en la Mitología griega, “Harmonía”, era la hija de la diosa Afrodita y el dios Ares, representaba el ajuste perfecto, la estabilidad ideal entre la diosa del amor y el violento dios de la guerra. De aquí, el esfuerzo de estos seres por conseguir la armonía como la manifestación más sublime de comunicación y convivencia, a pesar de las múltiples guerras y los conflictos bélicos en los que se vieron envueltos.

Con este último pensamiento damos por concluido este encuentro con el pasado, ya continuaremos en sucesivos  escritos y reflexiones.

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NO ES POETA QUIEN NO SABE FINGIR

En la parte de su libro de Historia dedicado a Egipto, el Segundo de los nueve que configuran su historia, nos cuenta Heródoto la causa que llevó a los griegos a destruir Troya, narrada por los propios sacerdotes del templo de Venus la Huéspeda, templo ubicado en la ciudad de Menfis, siendo rey Proteo.

Así dice se la contaron a él respecto a Helena, hija de Tíndaro, asegurándole que ésta estuvo todo este tiempo en el palacio del rey Proteo y no en Ilión como nos cuenta Homero.

Obra de Nieves Prat

Veamos como nos lo narra Heródoto: “…al volver Alejandro a su patria en compañía de Helena, a la que había raptado en Esparta, unos vientos contrarios lo arrojaron desde el mar Egeo al Egipto, en cuyas costas, no mitigándose la tempestad, se vio obligado a tomar tierra y a partir hacia los Tariqueos, situados en la boca del Nilo. Había en aquella playa un templo dedicado a Hércules, lugar de asilo para cualquier esclavo que se refugiara en él. Informados los esclavos de este privilegio, se acogieron a aquel sagrado templo con el ánimo de dañar a su señor, acusándole del rapto de Helena y el atentado contra Menelao.

Enterado el rey Proteo de que había llegado a sus tierras un extranjero, príncipe de la familia real de Teucro, que había cometido en Grecia una impía y temeraria violencia, habiendo seducido furtivamente  a la esposa de su mismo huésped, trayendo con él numerosos tesoros, respondió de esta manera:

“…sea quien sea, que tal maldad contra su mismo huésped ha cometido, prendedlo y traedlo a mi presencia”.

Proteo preguntó a Alejandro quién era, de dónde venía; el interrogado declaró su nombre, el de su familia y su patria. Proteo le interrogó quién era Helena, y aquí es donde intervinieron los esclavos, quienes cuentan la fechoría llevada a cabo por Alejandro.

Proteo, haciendo caso de las declaraciones de los esclavos, lo declara como el hombre más vil y malvado, pues regalado como huésped, se convirtió en adúltero de la esposa de su amigo, violando su tálamo y huyendo con ella y con sus tesoros.

Entonces Proteo se queda como depositario de Helena y los tesoros hasta que él, informado, quiera recobrarlos, expulsando de sus tierras a Alejandro”.

Así dice Heródoto que se lo contaron los sacerdotes del templo de Venus la Huéspeda: “la llegada de Helena a la corte de Proteo”.

Heródoto confiesa que Homero estaba enterado de esta historia, pero que esta narración no era tan grandiosa, tan dramática y tan emotiva para la belleza y majestad de su epopeya como la fábula que le sirvió, aunque reconoce que bien que la conocía.

Sin embargo, el poeta Homero, nos presenta a Alejandro en la Iliada perdido el rumbo y llevando a Helena de un país a otro.

De esto da cuenta Homero en la Aristía de Diomedes con los siguientes versos: “…había allí mantos bordados, dignos de maravilla, obra mujeril de sidonia mano, los que con su noble Helena trajo de Sidón por el ancho Ponto Páris el de rostro divino”.

Y el propio Menelao hablando con Telémaco profiere estos versos que hacen referencia a lo expresado por Heródoto: “…allá en Egipto, con ansia grande de mi vuelta, me detenían Dios y mi mezquina Hecatombe”.

Estos y otros versos indican claramente que Homero da a entender que conocía bien las navegaciones de Alejandro y su arribada a Egipto con todo lo narrado.

Sin embargo, Homero hace llegar a Alejandro con Helena desde Esparta a Ilión. Pero dejemos que sea el mismo Homero quien nos lo cuente, “pues no es poeta quien no sabe fingir”.

Preguntado, entonces, los sacerdotes por Heródoto, sobre si era fábula lo que cuentan los griegos sobre la guerra de Troya, contestaron con la siguiente narración salida de la boca de Menelao:

“…una poderosa armada griega había pasado a la Teucrida para auxiliar a Menelao. Los griegos enviaron a Ilión sus embajadores, comandados por Menelao, quienes pidieron que les fuera devuelto Helena y los tesoros raptados por Alejandro. Los troyanos respondieron siempre que no tenían en su ciudad a Helena ni los tesoros mencionados, que aquélla y éstos se hallaban detenidos en Egipto. Los griegos tomando esta respuesta como un engaño, asaltaron la ciudad a la fuerza, no apareciendo ni los tesoros ni Helena; entonces comprendieron que los troyanos decían la verdad y enviaron a Menelao ante el rey Proteo.

Menelao, llegado a la corte del rey Proteo, hace una narración sincera de lo sucedido y le restituyen a Helena y sus tesoros”.

Así, Heródoto, confiesa que da crédito a lo dicho por los sacerdotes, que Helena no estuvo nunca en Troya, que Príamo no era un necio ni sus hijos tan insensatos que pusieran en riesgo la vida de los troyanos sólo para que Páris gozara de Helena, ni Héctor, el gran héroe, permitiría a su hermano menor tal felonía, que acarreara la ruina de Troya.

Así juzgo, dice Heródoto, este suceso.

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LA GREGUERÍA

Ya desde mi etapa estudiantil fui un enamorado de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, las leía, las releía y las volvía a leer con pasión e intriga intentando averiguar aquellos juegos de palabras, aquellas ingeniosidades, imitándolas, e incluso, atreviéndome a escribir mis propias greguerías, que luego desparecían entre los papeles de una vieja papelera.

Obra de Nieves Prat

Hoy, por casualidad o porque una voz interior me llamaba, siempre en nuestras vidas hay una voz misteriosa que nos indica el camino, revisé mis estanterías, recorrí el título de cada una de las obras almacenadas una a una por muy bien que estuvieran clasificadas y allí estaba, la cogí de nuevo con manos firmes, como si fuera la primera vez que me encontrara con ella, a pesar de las anotaciones y los subrayados existentes, con ojos avizores, anhelantes de encontrar el pasado y revivir el presente, con la ilusión de descubrir si hoy con la experiencia de la vida a la espalda era capaz de recrearme de forma definitiva con ella o de encontrar entre sus páginas algún recuerdo de otros tiempos.

“La greguería es el atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o no acertar lo que puede no estar en nadie o puede estar en todos”, con estas palabras la define el propio autor en el Prólogo a su obra de 1917.

Para que nos entendamos todos: se trata de textos breves en prosa en los que se establecen unos insólitos vínculos de semejanza entre los seres y las cosas más dispares con un particular sentido del humor. Los poetas, especialmente los de la Generación del 27, igualmente la utilizaron y las encontramos con frecuencia entre sus versos.

La literatura las ha definido tradicionalmente como el género original de Ramón Gómez de la Serna que se sitúa en una posición intermedia entre el aforismo y la metáfora. Sus principales ingredientes –continúa la definición– son la comparación, la metáfora, la paradoja, la antítesis y la hipérbole. Tiene un precedente en “las humoradas” y en las breves composiciones periodísticas encabezadas bajo el epígrafe de “ráfagas”, “al vuelo”, “alfilerazos” o “volanderas”.

El propio Gómez de la Serna a propósito de esto, en su Prólogo, la definió: “humorismo más metáfora igual a greguería”, pero recalcando el lado imprevisible e inconsciente de su hallazgo: “son sólo fatales exclamaciones de las cosas y del alma al tropezar entre sí por pura casualidad”.

El diccionario de la Real Academia añade a esto: “agudeza, imagen en prosa que presenta una visión personal, sorprendente y a veces humorística de algún aspecto de la realidad”.

Numerosos críticos han estudiado la greguería tratando de definir sus rasgos esenciales, su sentido profundo y misterioso, el secreto de su peculiaridad como forma de comunicación artística que no coinciden con otras formas breves como el aforismo o la máxima, aunque algunos si han ido por este camino un tanto equivocadamente.

El poeta Salinas en su estudio “Esbozo de Ramón”, afirma que “la greguería debe ser como una breve relación súbita que en virtud de un desusado modo de relacionar ideas o cosas nos alumbra una visión nueva de algo”, añadiendo un poco más adelante, “… es, por tanto, una fuente de conocimiento de la realidad que coincide con la poesía en la actitud y punto de vista desde el que la greguería contempla esa realidad, también en el empleo de recursos como la metáfora, la metonimia, la prosopopeya o los juegos de palabras”.

Por otro lado, César Nicolás en sus estudios “Ramón y la greguería: morfología de un género nuevo”, parte del hecho de que la greguería se basa en los principios de la semejanza, tanto semántica, a través del símil, la metáfora y la metonimia, como fonológica, por medio del juego de palabras, coincidiendo en gran medida con la idea de Salinas.

Son muchos los autores que se fijan y estudian la figura de Ramón Gómez de la Serna, especialmente en su importancia fundamental en la introducción de las vanguardias artísticas y literarias en España y como la greguería constituye una referencia indispensable para comprender la poética de la Generación del 27, así lo señala entre otros Luís Cernuda en su “Estudio sobre poesía española contemporánea”, llegando a concluir como la greguería es a veces un minúsculo poema en prosa citando varios ejemplos:

“Cuando una mujer chupa un pétalo de rosa parece que se da un beso a sí misma”

“La hortensia tiene mojados de cielo sus ojos azules”

Y como otras veces, las más, la greguería llega a la poesía por un camino indirecto: por el juego del ingenio:

“Las golondrinas abren las hojas del libro de la tarde como incesantes cortapapeles que nos han traído de Alejandría”

“El desierto se peina con peine de viento; la playa con peine de agua”

Destacando su defensa de la libertad de las palabras y del azar como una forma de descubrimiento… Los juegos de palabras, la creación de nuevos términos, la personificación o el enorme caudal de vocabulario, que aparece en su obra, son rasgos que definen su estilo. Un estilo que tiene que ver mucho con la poesía.

Para finalizar, he aquí algunas greguerías a modo de ejemplos extraídas del libro de 1917:

“El arco iris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cara”

“Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar”

“Las gotas de rocío son unas lágrimas anticipadas por lo efímero que es el día”

“¿No será el secreto de la alta marea que en alguna parte y en cierta hora se baña Dios en el mar?

 

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EL TERCER QUIJOTE

Por un momento llegué a pensar que el mismísimo Cervantes había vuelto a la vida, que se encontraba entre nosotros de nuevo dando vida a sus geniales personajes; más tarde, comprendí que no era un solo Cervantes sino cientos de pequeños Cervantes, quienes se atrevían a dar vida a los más importantes personajes a través de nuevas rutas, era como si numerosos Cervantes pequeños hubieran resucitado y con él sus míticos personajes. Mi felicitación más sincera a cada uno de ellos y ellas, mi enhorabuena a sus profesores y profesoras. ¡Ánimo! Vosotros sois capaces de ir mucho más lejos aún.

Quiero desde estas líneas felicitar a quien tuvo tan brillante idea, como brillante es la participación de todos los escolares de los veintisiete centros de nuestra ciudad que han intervenido en su recreación, así como al grupo de escritores Literaria XXI, sin olvidarme de la Concejalía de Educación, sin duda responsable de coordinar este magnífico proyecto para culminar la celebración del IV Centenario de la muerte de Cervantes, sin obviar a nuestra máxima autoridad local, el señor alcalde de nuestra ciudad. ¡Un buen final para el IV Centenario de la muerte de nuestro ilustre y genial conciudadano!

Ciertamente esta idea no es nueva en su totalidad, aunque si va mucho más allá: ya en el año 2005, año de la celebración de la primera parte de El Quijote, el llamado Quijote de 1605, los niños y niñas  de los colegios de Primaria de nuestra ciudad hicieron una copia manuscrita de la primera parte de El Quijote con la decoración de la primera letra de cada capítulo.

En el año 2015, a propósito de la conmemoración de la segunda parte de El Quijote, los alumnos y alumnas de los centros de Alcalá de Henares volvieron a deleitarnos con la copia manuscrita de la segunda parte, añadiendo a la decoración de la letra primera de cada capítulo dibujos de escenas de El Quijote y de sus principales personajes.

Este año, con la celebración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, el esfuerzo ha sido mucho mayor, más interesante y más imaginativo, pues se ha utilizado la creatividad, la capacidad literaria de unos niños y niñas, su ilusión desmedida por emular a nuestro genial autor con la ayuda y apoyo de sus profesores y el grupo de grandes escritores de Literaria XXI, para recrear un  viaje por las ciudades Patrimonio de la Humanidad pleno de aventuras, de emocionantes episodios e intriga humorística, siguiendo el estilo cervantino, al menos, para los que hemos tenido la suerte de leerlos y saborearlos disfrutando de su lectura.

Personalmente me encuentro entusiasmado por la capacidad literaria de estos pequeños Cervantes, convertidos en grandes creadores siguiendo los pasos de Miguel de Cervantes, inspirados en su obra, emulando y contando las gestas de los dos geniales protagonistas: Don Quijote y Sancho, sin olvidar a la singular y bellísima  Dulcinea del Toboso, al caballo Rocinante y al burro Rucio.

Parafraseando a nuestro Alcalde: “un singular proyecto, en una singular aventura, concebida por autores singulares”, y según nuestra concejala de educación: “amistad, solidaridad, perseverancia o tesón son cualidades reflejadas en cada uno de los episodios que se narran, siendo la prevalencia de estas virtudes uno de los objetivos principales perseguidos en este proyecto”.

Concluyo con las palabras de nuestro señor Alcalde deseando que se hagan realidad: “¡ojalá! que nuevos proyectos, tan estimulantes como éste, nos ayuden a la vuelta de la esquina” y añado yo: ahora tenemos un buen motivo para hacer posible estas palabras con el Centenario de Cisneros que estamos celebrando: él fue el gran constructor y engalanador de nuestra ciudad, hagamos que cuantos hoy la habitamos nos sintamos orgullosos de su esfuerzo, su tesón y su amor por nuestra ciudad.

El Director de la Academia de la Lengua finaliza su prólogo con estas palabras del propio Cervantes: “Una de las cosas que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa; porque, siendo al contrario, ninguna muerte se le igualara”.

Bien contento estará nuestro autor y conciudadano con su publicación de “El tercer Quijote”, al comprobar como las futuras generaciones seguirán hablando bien de su obra y recordando su nombre para siempre. Seguro que  observará orgulloso, desde el atalaya de su casa, las constantes muestras de simpatía y cariño que grandes y pequeños, propios y extraños muestran, fotografiándose sonrientes entre las estatuas de sus dos grandes protagonistas, como recuerdo para su historia.

Gracias a mi nieto “Fer”, uno de los participantes en dicha recreación, uno de esos excelentes jóvenes émulos de Cervantes, cayó en mis manos y tuve la oportunidad de leer este “Tercer Quijote” que me ha hecho  una gran ilusión  mostraros y alabar el proyecto, animándoos a que mostréis interés por su lectura y por las aventuras de nuestros héroes reencarnados.

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CONVIVENCIA

A propósito de pasar unos días con mi familia en una casa rural de Hiendelaencina, unos días de actividades conjuntas, de vivir con intensidad todos unidos cada uno de los instantes del día, se me ocurrió hacer una pequeña reflexión sobre el significado de la palabra convivencia, palabra de profunda significación y, a veces, muy manoseada e incluso poco reconocida y valorada.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos la define como “la acción de convivir”, y esta última palabra como “vivir en compañía de otro u otros, cohabitar”.

Obra de Nieves Prat

Así podríamos ir reseñando una definición detrás de otra como: “compartir con otra persona diferente a ti algo”; “coexistir con carácter pacífico, sereno y en armonía alejándose de las disputas, de las discusiones o riñas”; “practicar el valor de la tolerancia sobresaliendo la sociabilidad propia del ser humano con respeto y solidaridad” y una larga enumeración de elementos o caracteres importantes que la palabra en sí conlleva.

Ciertamente, un individuo, una persona no puede vivir absolutamente aislado del resto, pues la interacción con otros es imprescindible para el bienestar y la salud física y mental. La convivencia, por tanto, es necesaria, ya que el ser humano es total y plenamente un ser sociable; por eso, la coexistencia pacífica y armónica de grupos humanos, que comparten un mismo espacio vital, debe contar con valores importantes para esta convivencia armoniosa como: el respeto y la solidaridad, añadiendo a éstos la fidelidad necesaria.

Siempre que hablamos de coexistencia nos estamos refiriendo a una existencia simultánea que requiere la aceptación de la existencia del otro u otros. El ser humano no puede existir en solitario, sino que coexiste en sociedad junto con otras personas en una posición donde se muestra el valor de la interacción y de la experiencia.

La coexistencia refleja el valor de la relación entre los seres, muestra el equilibrio del bien común a través de la existencia armónica.

La coexistencia implica el valor de la alteridad; pues, una persona existe en sí misma, pero coexiste junto con otros, es decir, integra el plano de la relación con los demás y con el medio en el que se desarrolla y convive. Por ello, coexistir es convivir, ya que la convivencia social refleja el dinamismo de las relaciones personales; sin embargo, eso no lleva consigo, no significa que no puedan existir conflictos y diferencias de criterios. La coexistencia, por tanto, debemos entenderla como un aprendizaje de convivencia.

No podemos olvidarnos ni dejar de hablar de otro criterio interesante a contemplar en la convivencia, se trata de la tolerancia ya mencionada.

La tolerancia es la actitud de las personas que respetan las opiniones, ideas o actitudes de los demás, aunque no coincidan con las suyas. Así, podríamos definir la tolerancia como: “la aceptación de la diversidad, la capacidad de escuchar y aceptar al otro con respeto y consideración hacia la diferencia”, “una disposición de admitir una manera de ser y de actuar distinta a la de uno mismo”, “una aceptación del legítimo pluralismo”. Alguien se ha atrevido a ir mucho más allá y definirla, también, como “el arte de ser feliz en compañía de otra persona”, pudiendo añadir, igualmente, que es el valor moral que mejor implica el respeto al otro y, a la vez, el reconocimiento de las diferencias.

Las habilidades sociales no son ajenas a este acto de convivencia sino que se entrenan, se perfeccionan, se practican junto con la amabilidad, la empatía, la generosidad y la solidaridad que conlleva la colaboración; ese sentimiento que surge de nuestro ser para ayudar a los demás sin la intención de recibir nada a cambio y, junto a esto, otros valores humanos que se ven reflejados allí como la amistad, el compañerismo, la lealtad, el sentimiento profundo de unidad.

Así, podríamos seguir reseñando término tras término, cualidades tras cualidades, valores tras valores que nos conducen a entender mejor, a comprender y poder ejercitar el acto que llamamos y conocemos como CONVIVENCIA, el objeto de esta mi reflexión.

Creo decir, en verdad, sin miedo a equivocarme, que en Hiendelaencina hemos gozado de la oportunidad de convivir, de la tolerancia debida, del respeto legítimo, de la armonía adecuada, del buen sabor de boca que queda al final aunque las condiciones climáticas no fueran las deseadas.

Por hoy creo que es suficiente.

 

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EL AMOR, BIEN ENTENDIDO, EMPIEZA POR UNO MISMO

Este dicho de la sabiduría popular, que anoche mismo comentaba  con mi nieto, no significa para nada un acto de egoísmo, sino que más bien forma parte de la esencia fundamental del amor, pues difícilmente puede amar al otro quien no es capaz de amarse a sí mismo: “ya que el egoísta, en esencia, no se quiere a sí mismo, sino que se tiene una profunda aversión”, en palabras de Erch Fromm en “El miedo a la libertad”.

Obra de Nieves Prat

En estas pasadas Navidades, en un momento de tranquilidad y reposo, mientras hojeaba un libro de John Powell sobre “El Secreto para seguir amando”, tropecé sin intención de buscarlo, como algo inesperado, como algo que se me ofrecía generosamente, mis ojos se fijaron con atención más de la acostumbrada y una luz se encendió en mi mente al leer una cita de Víctor Frankl expresada en su obra “El mundo en busca de sentido”, que decía textualmente así:

“Un pensamiento me dejó como paralizado: por primera vez en mi vida comprendí la verdad que afirman tantos poetas en sus canciones y que proclama la sabiduría última de tantos pensadores. La verdad: que el amor es la meta última y más alta  a que puede aspirar el ser humano. Fue entonces cuando comprendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y las ciencias humanas intentan comunicar: la salvación del ser humano se logra en el amor y a través del amor”.

Yo que en mi vida profesional he intentado hablar y explicar la poesía más sublime; yo que he intentado descifrar las palabras más bellas, las frases mejor construidas, las oraciones con un profundo y singular sentido; yo que he pretendido analizar los conceptos de los más sensatos y sesudos pensadores; yo que he buscado comprender las teorías de los más sobresalientes maestros, llegar a lo más hondo de su creatividad y libertad expresiva, que me había propuesto traspasar el más allá del simple concepto, el sentido perfecto y exacto de la singular estructura, la razón y el significado del constante y perfecto proceder, yo nunca me estremecí, aunque infinidad de veces me emocioné averiguando el contexto exacto, la palabra genial de aquellos poetas, de aquellos pensadores a los que nunca dejé de admirar, a los que me esforcé por comprender intentando entenderlos para después poder seguirlos, imitarlos y asimilarlos, para ser capaz de explicar la palabra sublime del amor.

Yo que a veces quise expresar en mis escritos o, al menos, procuré fijarme en ellos como maestros leales para ser capaz de manifestar la sabiduría adquirida, las reflexiones que brotan de mi interior, las historias que mi imaginación pretende elaborar, me siento ahora abrumado, que no hundido ni desfallecido, más bien con una poderosa fuerza interior que pretende, se esfuerza por expresar alguna idea por insignificante que ésta sea, algún concepto que sea capaz de igualar, que pueda asemejarse, que desemboque como un torrente en el mar infinito de la vida, del valor de la expresión ante mí mismo y los demás.

La poesía es amor, la pintura es amor, el arte es amor, la palabra es amor, el pensamiento, el raciocinio, todo es amor, el ser humano es amor, la vida es amor, al menos, así lo aprendí en sus creaciones, en sus textos, en sus genialidades y que, posteriormente, he ido aplicando concienzudamente en mi vida personal o, al menos, eso creo.

“El amor es una actividad, no un efecto pasivo: es un estar continuado, no un impulso súbito: en el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que el amor es fundamentalmente dar, no recibir”. Decía Erich Fromm en una más de sus acertadas y siempre profundas sentencias plenas de contenido y significado trascendente.

El ser humano siente la necesidad fundamental de amar, de amar en su concepto más puro, en su significado más  profundo, pero esa necesidad debe ser bien alimentada, perfectamente entendida y aceptada en su realidad vivida día a día, de modo que el propio organismo humano esté sano, el ser, el quien, la persona en sí misma sea feliz.

Pero esa necesidad fundamental tiene su origen en un profundo amor a uno mismo, de manera que esta expresión sea plenamente entendida, orientada e interiorizada, pues este amor a uno mismo  no es otra cosa que una autoaceptación en su sentido total, una verdadera autoestima en el buen sentido del concepto.

Pues, si como se dice “el fin último del ser humano es alcanzar la felicidad”, debemos comprender que este objetivo sólo lo podremos conseguir siendo nosotros mismos. Ser feliz, alcanzar la felicidad anhelada es, en verdad, ser yo mismo.

“Es imposible que un hombre o mujer pueda estar en paz con los demás mientras no haya aprendido a estar en paz consigo mismo” decía muy acertadamente Bertrand Rusell.

Concluyo esta reflexión con una idea del psiquiatra Robert H. Felix, hombre experimentado, quien expresaba este mismo pensamiento con esta reflexión: “Yo debo aprender a disfrutar de ser yo mismo: sólo quiero ser yo mismo”.

Quizá podamos añadir a estas palabras, concluir su razonamiento añadiendo: si quiero disfrutar de los demás, si quiero hacer feliz al otro, si quiero amar a mis semejantes, si quiero corresponder y ser correspondido, si quiero que el amor sea fundamentalmente dar más que recibir, he de estar convencido de que dando estoy amando y estoy recibiendo amor.

He aquí el carácter activo del amor, este amor que cantaron los poetas con profundas palabras o sencillas expresiones, este amor que manifestaron los pensadores en sus largos juicios y raciocinios o en sus sinceras reflexiones: siendo feliz uno mismo, amándose a sí mismo podrá alcanzar el amor universal.

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LA VENGANZA DEL MUDÉJAR

“Lo que he de decirte…, lo que mis labios quieren pronunciar…, pero mi sentimiento se niega por temor a tu reacción…, lo que vas a escuchar…, es algo que te producirá una tremenda alegría…, pero a la vez…, una profunda inquietud, una terrible angustia — un tenso silencio se adueñó del ilustre paciente provocando un impulso de impaciencia y ansiedad en el Marqués—. Tus hijos Fernando y Zajhíra — pronunció de golpe, con gran énfasis, poniendo el resto de sus fuerzas para ser bien oído— están vivos…”

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Con estas palabras, entre graves dificultades respiratorias y como asfixiándose, el moribundo rey Alfonso comunicaba a su amigo y compañero de toda la vida Don Rosendo, Marqués de Villalailán, poco antes de fallecer en su lecho de muerte, la buena nueva de la existencia de su hijo Fernando y su amada Zajhíra así como las vicisitudes de su huida, en el primer capítulo de la novela “La venganza del Mudéjar”, novela que ahora te invito a su lectura.

Y con este mensaje, en el Epílogo de la misma, se pone fin a “La venganza del Mudéjar”:

“Entrégale esta nota escrita y comunícale de viva voz —manifestó emocionado Jhal-Yâ- Äl con gran decisión y firmeza— que el azor ya ha localizado a su presa, que sus ojos están fijos sobre ella…, que muy pronto sus garras se apoderan de la misma como había jurado y prometido”.

He aquí el comienzo y el fin de “La venganza del Mudéjar”. En medio de todo ello se desarrolla una acción trepidante, muy interesante para el lector, ambientada en la época de guerras y escaramuzas, conquistas y reconquistas entre cristianos y musulmanes, sometida a los vaivenes y a los movimientos guerreros de todo tipo, sociales, culturales y religiosos que se irán produciendo, configurando sus costumbres y vivencias poco a poco.

Mientras tanto, la convivencia de razas, el intenso intercambio cultural, el hecho de sentirse afincados en sus tierras y en sus tradiciones a las que veneran y se afanan en este mundo tan convulso, los protagonistas van creciendo, van desarrollándose de manera feliz sin pensar ni plantearse las zozobras, las traiciones y las venganzas que soterradamente van surgiendo y que pesan sobre ellos, mientras se teje la tela de araña que acabará con el rapto, la venganza final, que significa y materializa la nota trágica a ese mundo idílico y feliz.

Una situación anunciada pero no esperada, un acontecimiento que puede suceder y que trastocará los planes prefijados, aunque se piensa que nunca llegara viviendo confiados en una realidad aparente, en una amenaza en la que no se cree por mucho que se anuncie y se sospeche.

Estoy convencido que disfrutarás con las aventuras, con las intrigas latentes, con el desenlace final, inesperado, quizá, de “La venganza del Mudéjar” y ¿por qué no? por las innovaciones, elementos culturales, religiosos y hasta filosóficos con los que te vas a ir encontrando, amén de ciertas situaciones de intriga, pánico y, en cierto modo, hasta cómicas. Lo dejo a tu juicio, querido lector.

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LA VENGANZA DEL MUDÉJAR

Se trata de la segunda novela de una saga que pretendo escribir. Es una continuación de “La llamada de la profunda garganta”. Si recordáis, cuantos os habéis acercado a su lectura y habéis saboreado sus aventuras, al final de la misma nos dejaba un tanto confusos, un poco abatidos y hasta intrigados ante la situación trágica final de los jóvenes protagonistas, desilusionados, si esta palabra me está permitido decir, esperando que sea bien entendida, con el interrogante del desenlace de los mismos.

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Hoy tenéis a vuestra disposición una nueva novela “La venganza del Mudéjar”, que, partiendo de una circunstancia accidental, el encuentro de unos legajos, ignoro si reales o creados por la fantasía, me abrió las puertas y me hizo concebir una continuación del hecho histórico narrativo sin olvidar lo novelesco.

Tres son los momentos que me interesan destacar de “La venganza del Mudéjar”:

El primero, sin duda, es la continuación de la historia de los personajes después de un tiempo en la más absoluta oscuridad, sin dar a conocer su propia identidad por motivos que iréis viendo.

El segundo, el hecho importante de reflejar dentro del contexto, aunque sea de una manera un tanto por encima, como un hecho narrativo más y dentro de toda la trama y elemento principal de la misma, algo que bullía en mi interior desde mis años jóvenes, desde la misma época universitaria, que entonces, y por otras circunstancias que no vienen al caso, quedó aparcado en mi mente; ciertamente, de vez en cuando afloraba con fuerza, me golpeaba, me llamaba, me incitaba y me provocaba, viendo de alguna manera que ahora tenía la ocasión de hacerlo patente, de dejar en calma mi conciencia y que encajaba dentro de la estructura narrativa y se convertía en un elemento determinante; aquí lo complicado era como situarlo en el contexto y como poderlo desarrollar.

El tercero y último, quizá debiera ser la causa más definitiva, enlazar el hecho histórico novelesco; es decir, continuar con la saga de aquellos personajes, penetrar en su existencia y en su trascendencia en un momento concreto, sin obviar las costumbres, las tradiciones, la formación de los grupos urbanos con la aparición del burgo, las vivencias del pueblo en aquella época y lo más sobresaliente desde mi punto de vista, exponer un acontecimiento que me parece trascendental para la historia: el desarrollo del impulso intelectual promovido por Alfonso VIII de Castilla, rey reinante en aquellos acontecimientos, con la aparición de las Escuelas monacales o catedralicias y el Estudio General de Palencia, siguiendo con algunos hechos dignos de mencionar como la acción repobladora, la fuerza legislativa, destacando el Fuero de Cuenca y ciertos hechos guerreros que aunque no se detallan, de alguna manera quedan reflejados, como la gran conquista del reino de Cuenca, totalmente imaginativa y novelesca.

Estos sucesos de alguna manera influyen y son determinantes en el desarrollo de la acción narrativa y creativa, configuran la trama y el desenlace, el devenir de los personajes que en ella van apareciendo.

Creo, amigo lector, que en “La venganza del Mudéjar” podrás descubrir cosas que captarán tu atención, acontecimientos de tu interés; rememorarás hechos acaecidos y caídos en el pozo del olvido; refrescarás datos históricos memorables de la historia de Castilla o te llevará a relacionarte con ellos, a hacerlos presentes; y lo más interesante, pasarás un buen momento disfrutando de su lectura, de las vivencias de los protagonistas, de las descripciones, de las circunstancias que los rodean, participando de sus sentimientos, identificándote con su existencia, con lo que fueron capaces de hacer, con aquello que les hizo vibrar y que quieren ahora, a través de esta novela, compartir contigo.

He aquí como un simple pergamino, un legajo olvidado y perdido, algo sin trascendencia y probablemente creativo da lugar a un argumento, a un reencuentro con un deseo insatisfecho y a algo que está muy relacionado con nuestra ciudad de Alcalá de Henares: el movimiento intelectual, la posterior creación de la Universidad por Cisneros, la aparición de numerosos colegios mayores y menores, sin olvidar con anterioridad la convivencia de culturas y etnias tan diversas y diferentes, que tanta huella dejaron y tanto marcaron nuestra ciudad, aunque hoy pasemos de ello, pero que está ahí presente para reconocimiento de cuantos nos visitan.

Es por todo esto, amigo lector, que te animo e incito a su lectura, a conocer una etapa del destino de aquellos personajes de “La llamada de la profunda garganta”, a compartir sus experiencias y sus vicisitudes con la convicción de que será de tu agrado, disfrutarás con su lectura y te acercarás al hecho histórico, narrativo y novelesco.

He aquí, “La venganza del Mudéjar”. Ésta es la novela que ahora te presento.

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2017: V CENTENARIO DE LA MUERTE DE CISNEROS

¡Feliz año 2017! ¡Feliz año dedicado a Cisneros! ¡Qué logremos hacer realidad y ver cumplidos todos nuestros deseos y anhelos! ¡Qué mejor manera de comenzar el año que acordándose y dedicándoselo al hombre que se esforzó como nadie en hacer grande y prestigiosa a nuestra ciudad!

Uno de los argumentos de la Declaración de Alcalá de Henares como ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO fue, sin duda, el reconocimiento de “ciudad de las letras y las ciencias”, cuyo esplendor lo protagoniza fundamentalmente la Universidad de Alcalá, “la Universidad de Cisneros”.

Retrato del Cardenal Cisneros

¿Quién es entonces el gran hacedor, el gran transformador, el gran creador de la primera universidad de la Edad Moderna? Todos conocemos muy bien su nombre, aunque no haya sido honrado como se merece: Francisco Ximénez de Cisneros.

Él, en verdad, según comentan todos sus biógrafos, es el autor de la modernidad de nuestra ciudad; él, el que organizó la vida municipal, la reconstrucción urbanística con nuevas casas, colegios mayores y menores, conventos religiosos y, de un modo muy singular, con la creación de un nuevo tipo de universidad inspirado en los modelos humanistas cristianos a la que configuró jurídica y económicamente, convirtiendo a la ciudad de Alcalá de Henares en el auténtico proyecto de su vida, en un proyecto pleno de creatividad. La labor de Cisneros por Alcalá va desde el otorgamiento del “Fuero nuevo” a la reforma urbana, pasando por ser el gran impulsor de la Biblia Políglota.

Dos hechos son dignos de mención según sus biógrafos: uno, que Alcalá se convirtiera en “la casa del libro” con la mayor biblioteca escolar, con fondos bíblicos y árabes y, sobre todo, dotándola de la mejor y más importante empresa editorial capaz de editar una obra tan esplendorosa y magnífica como la ya mencionada Biblia Políglota; otro, con la creación del colegio “Trilingüe”, una especie de laboratorio filológico a base de códices bíblicos españoles y extranjeros.

¿Quién fue realmente Francisco  Ximénez de Cisneros nos preguntamos a continuación? Ésta es una muy buena pregunta, una pregunta que se han formulado cuantos han intentado profundizar en su biografía, en cada uno de los hechos que fueron marcando su vida y de los que la historia ha dejado constancia, pero que no siempre han sido bien interpretados por sus biógrafos o comentaristas. Yo personalmente me conformaría con darle el título, con nombrarle el mejor “alcalde” que nunca tuvo nuestra ciudad.

Pero es que Cisneros fue cardenal y regente, un mecenas cultural, un genio militar, un político del Renacimiento, un reformador, un hombre humilde, humanista y gran estadista, un religioso con gran fama de santidad y, ante todo, un amante de Alcalá de Henares a la que convirtió en  su auténtico proyecto de vida.

Con esas breves palabras me conformo en resumir su vida, añadiendo que Cisneros muere en la villa burgalesa de Roa, el 8 de Noviembre de 1517, cuando se dirigía con sus ya menguadas fuerzas a Mojados para entrevistarse y entregar su regencia al joven flamenco, Carlos.

Con este epitafio le ennoblece y canta Nicolás de Paz, noble mallorquín, en el sepulcro que se erigió en la Capilla de San Ildefonso de Alcalá de Henares, donde el quiso descansar para siempre y que por desgracia ahora no se encuentra allí:

“Aquí Ximénez en descanso yaze,

Que fue gloria de la Hispana gente,

Y será su virtud correspondiente,

La fama eterna, pues de ella naze…”

Recogido de la obra “Cisneros, el cardenal de España” de José García Oro, uno de sus mejores biógrafos.

Arsenio Lope en su libro “Otras historias de Alcalá” dice refiriéndose a este mismo sepulcro que podemos admirar: “y el sepulcro de la Capilla de San Ildefonso sigue vacío. Hora es ya de que nuestro Obispo permita el traslado de las cenizas de Cisneros a donde él quiso ser enterrado y de que la verja vuelva a Alcalá desde el Museo Arqueológico Nacional de Madrid para seguir protegiendo el sepulcro”.

¡Qué mejor momento! ¡Qué gran ocasión, que esto se vea cumplido en el año en el que celebramos el V Centenario de su muerte! Creo que Alcalá y todas sus instituciones deben ser un clamor para que este doble deseo se convierta en una realidad.

Y para que el año sea completo y Cisneros tenga el gran homenaje que bien se merece una petición más: ¿Por qué no se hacen las gestiones correspondientes para que sean restituidos a la Universidad de Alcalá, por parte de la Universidad complutense de Madrid,  toda la documentación de la causa de su santificación y alguien desde el ámbito religioso o civil retomase dicha causa durante tanto tiempo paralizada?

¿Acaso no sería éste el año ideal, cuando celebramos el V Centenario de su muerte, para que todas nuestras autoridades: municipales, universitarias y religiosas iniciaran todas estas acciones?

Aquí dejo mi deseo, mi anhelo y mi ilusión, aquí queda mi ruego, que trasmito a todos, en espera de que alguien con autoridad o el mismo pueblo con su clamor haga algo valioso por quien fue “nuestro mejor alcalde”, máximo mecenas y por quien tanto se esforzó por nuestra ciudad. ¿Acaso no se merece esto Francisco Ximénez de Cisneros? Quien fue: Confesor de los Reyes Católicos, Arzobispo de Toledo, Canciller Mayor de Castilla, Inquisidor General, Capitán General de África, Gobernador de los Reinos de España, Fundador de el Colegio Mayor de San Ildefonso y de la Universidad de Alcalá de Henares.

¡Alcalaínos! Movilicémonos por Cisneros, hagamos de nuestras voces un clamor, luchemos por nuestra ciudad, ¡Por Alcalá y por Cisneros su gran hacedor y nuestro estandarte!

Creo que éste es el año, 2017. El año en que debemos esforzarnos todos desde ya, desde sus comienzos, en consagrarlo a la figura ejemplar de Cisneros. No lo dejemos para el día 8 de noviembre, día de su muerte. Hagamos que cada día del año sea un homenaje a su figura, un elevarle al pedestal que realmente se merece y donde queremos verle todos los alcalaínos ya.

 

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