MUESTRA ESCOLAR DE ARTES ESCENICAS

En el día de hoy, 10 de Mayo del 2012, en el Teatro Salón Cervantes, recibí un emotivo homenaje por parte del

Jose Luis Archilla recibiendo el diploma en el homenaje "Muestra Escolar de Artes Escenicas"

Jose Luis Archilla recibiendo el diploma en el homenaje "Muestra Escolar de Artes Escenicas"

Ayuntamiento de Alcalá de Henares junto con otros compañeros “por mi continuada entrega y generosa contribución al desarrollo de las artes escénicas entre los escolares de la ciudad”, según consta en el diploma, por lo que me siento muy orgulloso y del cual quiero haceros partícipes.

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UN PASEO POR EL PARQUE O´DONNELL

Os dejo el artículo publicado en el DIARIO DE ALCALÁ en enero de este año en referencia a nuestro Parque O´Donnell.

Ver Artículo Enero. Diario de Alcalá: Un paseo por el Parque O´Donnell

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MONTGÓ. MONTAÑA VIVIENTE

Montgo

Montgó. Obra de Nieves Prat

Todos los días siento ante mí la presencia eterna de tu inmensa mole elevándose. Siempre que levanto la vista, surge ante mis ojos impresionados la tremenda verticalidad de tu existencia, tu estampa vigorosa, fuente de energía inagotable: lo mismo da que sea verano o invierno, de día o de noche, por la mañana o por la tarde. Ahí está la imponente estatua del magnífico escultor, la torre impertérrita que asciende hasta tocar las alturas, hasta fusionarse con el cielo azul o, a veces, vistiendo un elegante sombrero grisáceo, que te hace más extraordinario y  te da prestancia y señorío ante la atenta mirada del que no se cansa de admirarte.

Macizo señero de rocas calizas, de tonalidades ocres, que sobresales en la llanura y te estiras formando un esbelto picacho redondeado por las continuas peregrinaciones que has soportado a través de los tiempos de cuantos a ti acuden: ya los primitivos habitaron tus laderas y cuevas, ya la bóveda gigantesca de tu rostro, cual ojo único del fornido Polifemo, se muestra, destaca y sobresale provocando al espectador y animando a penetrar en tus entrañas, siempre dispuesto a descubrir tu historia de tótem sagrado, venerado aún hoy por todos cuantos a tus píes se postran.

Tus verticales paredes rocosas que reciben los vientos cálidos, vientos resecos, contrastan con la proporcional altura producida por la umbría y húmeda vertiente de los aires marinos, llegando a una simbiosis, un contrapunto entre los cortados de fuertes pendientes y las suaves y melodiosas ventanas abiertas al mar, de agradable brisa y frescor.

Mar, tierra y vientos. Mar, nubes y  seres humanos han modelado tu estructura, han logrado una comunión de intereses, una comunidad de vida.

El lentisco, el palmito, la madreselva, el espino blanco o el romeral y la jara se mezclan con el pino o el hinojo marino. Aquí el águila perdiguera, el cernícalo o el graznar gracioso y chirriante de unas enrabietadas y variopintas colonias de gaviotas que hasta tus plantas se aproximan, como agradeciendo tu protección de dios sagrado, disputándose un espacio donde anidar y rendir su tributo de seres agradecidos.

Te admiro por la mañana, cuando apenas los primeros rayos del sol despuntan por entre las aguas, vestido con ese hermoso traje, donde brillan las piedras de tus paredes y sus grises ferrosos con sus tramos deslizantes y pulidos.

Te contemplo en la plenitud del día, en el que la luz y la claridad del mediterráneo y los ardientes destellos del astro te cubren, te dominan como un fiel enamorado de tu prestancia y belleza.

Me atraes al atardecer con la llegada del sol poniente, con esas llamaradas de rojo intenso, de luminarias chispeantes, de anaranjados colores, que se asemejan  a los frutos de tus llanuras, con esos tonos de arco iris que llegan hasta el mar, convirtiéndole en una hoguera reluciente, espejo de todo lo que allá se mira.

Aún por la noche te venero, al fijarse en tu altivez el foco lunar en su máximo esplendor, haciéndote visible en medio de la negritud, reflejando tu figura; igual que, cuando te adornas con esos mantos blanquecinos de volátiles nubarrones, privándome de tu presencia, como si, en ese momento, buscaras esconderte en tu intimidad, en tu recogimiento, en tu soledad contigo y con tu hacedor.

¡Montgó! ¡Montgó siempre presente! Multitud de veces pisado por mis píes, protegido de los vientos ponientes, acariciado por las brisas marinas, disfruto desde tu cumbre la inmensidad del horizonte infinito que me brindas, la eternidad y el reposo armonioso que mi espíritu siente al contacto con tu poderosa energía ¡Montgó perenne y vivificante!.

¡Montgó, soldado atento y vigía constante con tu único ojo que todo lo ve! ¡Montgó, guardián de nuestra seguridad, de nuestro sueño y nuestro descanso, placer de nuestros sentidos! ¡Montgó! ¡Siempre Montgó!

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UNA BELLA CIUDAD A PESAR DE…

Ver Articulo Diciembre. Diario de Alcalá.

-¡Adiós! ¡Adiós hombre! ¡Cada día eres más antipático, más antisociable! -, dijo una voz a mis espaldas.

-¡Perdona!-,le respondí, volviendo la cabeza y reconociéndole-. Yo no soy ningún antipático y tú lo sabes muy bien, nunca lo he sido.

-Es que siempre vas con la mirada puesta en el suelo, como ensimismado, como buscando algo que hubieras perdido y tuvieras mucho interés en encontrar-, me replicó.

-Ya me gustaría poder llevar la cabeza levantada para contemplar la hermosura de nuestra amada ciudad-, y proseguí:

-Yo recorro todos los días sus calles, plazas y rincones de los que estoy cada vez más enamorado: la calle las Damas, las Siete esquinas, la calle del Cardenal  Tenorio, la calle Santiago, la calle Libreros con el callejón de las Santas Formas, la monumental calle Mayor porticada, con el Corral  de la Sinagoga y  la Plaza de los Irlandeses…

-Admiro sus monumentos, sus mansiones señoriales y palaciegas: la regia y única en su género Magistral, el espléndido Palacio Arzobispal con sus murallas y torreones plenos de cigüeñas, la ilustre Universidad Cisneriana majestuosa y señera, cuna en otro tiempo del saber, la luminosa fachada de la Iglesia de los Jesuitas con sus contrastes de sombras y luces… No existe, en verdad, ciudad más bella y con semejante historia.

-¿Cuál es entonces tu problema? – me preguntó con cierta angustia y curiosidad.

-¿Acaso no vives tú al igual que yo en esta ciudad? ¿Acaso no te encuentras con los mismos problemas e impedimentos que yo? – le pregunté con insistencia.

-Miro al suelo para ver donde pongo los píes-, y le mostré con rapidez-. ¿Acaso tú no te fijas en la suciedad que nos invade día a día? ¿No ves las “cacas “de los perros esparcidas por doquier? ¿No observas las latas de cerveza, los botes de coca-cola, aquí los papales volátiles de la publicidad indiscriminada, allá las hojas rugosas de los periódicos de buzoneo movidos por el viento de un lugar a otro? ¿Y qué decir de los chicles, chicles pegajosos que se adhieren al zapato y te dejan fijo allá donde se encuentran, imposibles luego de quitar? ¡Mira, amigo mío! Mira las bolsas de chirriantes patatas fritas o de otras “chucherías” como crujen bajo los píes.

-Pues ahora que lo dices, tienes toda la razón, ¡que cantidad de suciedad se ve! -se anticipó mi amigo.

-Es más-, insistí yo con gran indignación. Fíjate en las aceras, esas aceras multiformes, aceras con una tortuosa orografía de altos y bajos, de profundas zanjas que parecen abiertas en canal, de pequeños hoyos fruto del desgaste y el paso del tiempo; aceras llenas de parches mal puestos que provocan multitud de accidentes a los desprevenidos transeúntes; aceras de viejos troncos de chopos centenarios cercenados por la fiera y ruidosa motosierra sin más. ¿Qué más quieres que te diga?… ¿Entiendes ahora por qué miro con frecuencia al suelo, por qué no veo a quien a mi lado pasa, por qué no me quedo extasiado ante nuestra riqueza arquitectónica?

Yo te pregunto ahora, al igual que me interrogo a mí mismo: ¿Qué crees que dirían los aguerridos ciudadanos de nuestra legendaria Complutum? ¿Qué manifestarían nuestros pacíficos Visigodos? ¿Cómo reaccionarían nuestros laboriosos Árabes, los mercaderes y prestamistas Judíos, los fuertes y nobles cristianos que dieron lugar a la convivencia entre culturas?

-Tienes toda la razón-, me interrumpió mi increpante amigo-. Ciertamente tenemos que ir siempre viendo donde ponemos la suela de los zapatos, para no llevarte a tu casa la suciedad inconscientemente pisada. Te comprendo ahora. ¡Discúlpame tú por mi brusco encuentro!

-¿Cuál sería la opinión de nuestro crítico y sarcástico poeta alcalaíno Juan Ruiz ¿Qué enfado manifestaría nuestro insigne Cisneros y tantos reyes y príncipes que aquí vieron la luz? ¿Cómo lo mostraría nuestro más célebre e ilustre conciudadano, genio creador, Miguel de Cervantes? ¿Qué hablarían aquellas celebridades que a la sombra de nuestra Universidad habitaron sus colegios, aprendieron en sus aulas y nos honraron con su juvenil alegría, lances y presencia estudiantil.

-Yo pediría a nuestras respetadas autoridades que patearan las plazas, los parques,  jardines y  calles; que caminaran por nuestras aceras; que emplearan mejor nuestros altos tributos, los cuales no sabemos adónde van a parar; que limpiaran nuestra ciudad, nuestra amada y querida ciudad.

¿Para qué entonces sirve la empresa de limpieza con sus modernos y mecanizados sistemas? ¿Para qué nuestro ejército de policías motorizados, a los que nunca encuentras, ni vigilan, ni controlan?

La gran rotonda de luces y colores que a los píes de la Puerta Madrid  se encuentra, deja ver con grandes destellos: “Patrimonio de la Humanidad”. Yo desde aquí, pido que esto sea cierto, que no tengamos que nominarla “patrimonio de la suciedad”.

¡Un poco de respeto queridos conciudadanos! ¡Un poco de preocupación estimadas autoridades! ¡Dejadnos ver la belleza y el esplendor de nuestros edificios, el conjunto arquitectónico que forman su luz cuando los rayos solares alumbran sus claro-oscuros! ¡Permitidnos gozar del placer de poder pasear por sus calles libres de impedimentos y contratiempos, liberar nuestra mente y admirar en su plenitud nuestra muy amada Alcalá de Henares!

Deseo un día recorrer sin sobresaltos todos y cada uno de tus rincones, detenerme ante cada piedra, almena, espadaña o construcción, recordar tu historia con ojos no cotidianos de paseante habituado a verlos ahí con indiferencia, sino con una mirada llena de curiosidad y admiración de turista ilusionado y asombrado, con la misma admiración que llevó a los pensadores griegos a plantearse la pregunta clave, a iniciar el camino del pensar racional.

Déjame traer a mi imaginación a aquellos personajes que, en el correr de los tiempos, fueron célebres y te hicieron grande. Déjame dialogar de sus cuitas, sus proyectos, su obra y su quehacer por nuestra muy ilustre y amada ciudad. Que ellos y nosotros la podamos contemplar limpia, esplendorosa y brillante.

 

 

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UN VIAJE EN AVE

         Eran las ocho y treinta minutos. Con puntualidad espartana el tren partía de la estación. Las primeras luces del día apenas

"Un viaje en AVE". Obra de Nieves Prat

pintaban en el firmamento y los primeros rayos vivificadores del sol encontraban grandes dificultades para llegar a la tierra entre las veloces nubes que surcaban el cielo.

         Habían pasado ya varios minutos. Los edificios, cual gigantes en el horizonte, se perdían  en la lejanía. La oscuridad de los primeros túneles junto con algunas ráfagas lumínicas que conseguían  penetrar el denso manto que cubría la tierra, como jugando a trazar vivas y veloces figuras desdibujadas a través de los cristales turbios y alterados, se alternaban ante los ojos del observador.

         La vista se desviaba y se centraba en la pantalla que lucía enfrente, como haciendo guiños para provocar más la atención de los aún adormilados viajeros: ciento ochenta, doscientos, doscientos cincuenta y seis, doscientos ochenta y dos, doscientos noventa y ocho, trescientos dos… La velocidad, el vértigo, la rapidez de las visiones, que unas pupilas un tan alocadamente percibían, pasaban raudas por la retina sin concreción y sin lograr configurarse ni transformarse en imágenes redondas y perfectas.

         Ya habíamos alcanzado la altiplanicie. Los campos, manchados de verde con el alumbrar de las primeras siembras, se entremezclaban con una vegetación paupérrima y unos arbustos y arboledas esqueléticas fruto de la estación otoñal, azotados por el viento que se presentía por el vaivén de sus ramajes y el constante mecerse a derecha e izquierda;  como si, de un momento a otro, fueran a perder su verticalidad y rodaran por los suelos hechos añicos, cual héroes solitarios, derrumbados en medio de la pradera. 

         De nuevo, la llamativa pantalla llama nuestra atención: doscientos noventa y ocho, trescientos, trescientos uno… ¿Quién habrá tenido la feliz idea de colocarla frente a unos ojos asombrados y atónitos de un viajero curioso? – me pregunto en mi subconsciente-. ¿Por qué aparece y desaparece jugando con la conciencia y el pensamiento de un expectante observador, absorbido por su tintineo y sus llamada de atención? Imposible concentrarse en el asunto que me preocupa y objeto de este viaje.

         Intento retirar la mirada y fijarla a través de los confusos acristalamientos del tren en el cielo cada vez más luminoso. La mañana va avanzando casi a la misma vorágine que el tren. Las nubes vuelan por las alturas cual rápidas aves de rapiña a punto de lanzarse sobre las desprevenidas presas. Pretendo descubrir si es el vértigo de la velocidad del tren, trescientos dos kilómetros marca la pantalla en este momento, o es el viento potente y arrollador, quien desliza aquellas nubes, que trazan figuras volátiles sobre el firmamento, cual expertos pinceles dirigidos por una ingeniosa mano de artista, jugando con los rayos del sol y produciendo contrastes de luz y sombras, que se proyectan sobre los campos como verdaderos fantasmas.

         Allá, lejos todavía, aparecen unas siluetas, unas figuras que se hacen cada vez más visibles y definidas como desafiantes monstruos. Aparto la mirada y me detengo en la pequeña pantalla: cien, sesenta y cinco, cuarenta y dos… Se acabó. Vuelvo a la realidad. Me centro en el problema.

 

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Entrevista en Diario de Alcala.

Entrevista en el Diario de Alcala. 2 de febrero de 2011

 

Os dejo la entrevista que me realizo el Diario de Alcalá el pasado 2 de febrero de 2012.

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LA PROFUNDA GARGANTA DE VILLALAILÁN

"La Profunda Garganta" Obra de Nieves Prat

          Ciertamente, si miramos un mapa de la orografía española, nos encontramos con numerosas gargantas, hoces, desfiladeros y valles: garganta del Cares, hoces del Duratón, garganta del río Lobo, hoces del Gabriel…, pero ninguna tan bella ni tan hermosa como la profunda garganta de Villalailán.

         Garganta. Herida profunda de la tierra. Abertura descarnada con miras de intensidad. Hábil bisturí en manos de un experto cirujano, que cincela y rasga, cual perfeccionista escultor, la silueta penetrante en el interior de las entrañas de la misma tierra.

         Zanja. Hendidura trazada en la planicie, que se retuerce, zigzaguea, aparece y desaparece, se redondea en permanentes meandros, se hunde en su privacidad, avergonzada por dejar al descubierto sus misterios,  sus miserias y sus bondades, sus perennes secretos nunca aireados.

         Agua. Agua lenta. Agua precipitada, saltarina y alocada. Agua torrencial, según la época estacional o las abundantes y fuertes descargas de unas abigarradas nubes envidiosas y airadas con tu belleza y entidad. Agua que se convierte en río. Río que se transforma en corriente caudalosa. Caudal que forma cascadas y lagos, que se amansa y arremolina, que hiere y penetra como un ariete bravío, que se va abriendo paso entre la férrea roca resistente y la blanda tierra anhelante por recibir en su seno la sabia de tan constante discurrir, de tan fructífera semilla.

         Muralla fortificada. Fortaleza inexpugnable ante los más fieros combates y los asaltantes más aguerridos. Fuerte repleto de almenas y atalayas, que soportan el ímpetu enemigo,  brinda protección y seguridad a quienes a sus píes se refugian; a quienes, confiados en su potencialidad, acuden angustiados en busca de ayuda, sabedores de tu seguridad, de tu apoyo y tu respuesta siempre acogedora.

         Vegetación. Robustos árboles de fornidos y esbeltos troncos que asomar pretenden, que desde tu hondonada se elevan, llenando de un manto verde oscuro aquel mar dorado por la llanura y achicharrado por las ardientes llamaradas de un sol abrasador. Oasis de la oquedad. Arbustos que surgen, se entrelazan, se enredan ocultando aquel lecho matrimonial de algodonada espuma blanca, donde el río y la tierra se abrazan y se entregan en una apasionada aventura de erosión continua.

         Vida que allí brota. Vida bien regada y abonada. Vida de alegres, cantarines y vistosos pajarillos que buscan el cobijo de las ramas, que anidan entre sus troncos y dan juego y disfrute gozoso a aquel discurrir.

         Sonoro murmullo que de lo hondo llega. Suave  y armonioso sonido de un reposo tranquilo mezclado con el aleteo de pequeños e inquietos volátiles, que se mueven entre las hojas, cual fina y delicada brisa, que regocijan la vista del atento observador.

         Los jóvenes enamorados saborearon este placer. Abrieron sus sentidos. Acogieron en su fantasía todas y cada una de estas sensaciones. Se sintieron en comunión con aquella naturaleza risueña que les brindaba armonía, sosiego, reposo y paz, oyendo nítidamente su llamada, acudiendo a su cita puntual, penetrando en su imponente oscuridad, descubriendo la juventud y la delicada melodía de su bien orquestada conjunción.

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NOTA DE PRENSA TERTULIA PRESENTACIÓN “La llamada de la profunda garganta”

Acto Tertulia Presentación "La Llamada de la profunda garganta"

      Más de 250 personas llenaron el salón de actos del Colegio Calasanz, el día 1 de Febrero, en la presentación de la novela “La llamada de la profunda garganta”.

         Los intervinientes en la tertulia: Emilio Pacios, Jorge Varas, Roberto Ripio y este que os escribe dialogaron sobre la misma sin “destripar en ningún momento la trama ni la intriga de la novela”, según palabras del propio moderador.

         El acto fue muy ameno, cercano y entrañable, en expresiones de las numerosas personas que llenaron la sala y siguieron con atención y entusiasmo el diálogo de los tertulianos; en especial, las lecturas perfectamente entonadas y muy bien dramatizadas por el poderoso tono de voz de Roberto ripio. Al final, los propios asistentes pudieron preguntar públicamente y entablar un dialogo con los ponentes.

         En el evento, estuvieron presentes entre otras personas: el concejal de Educación D. Francisco Bernáldez, Javier Rodríguez Palacios, José María Nogales y la presidenta del Patronato dela Fundación EscolapiasMontal del que soy miembro.

         Gracias, de todo corazón, a todos los asistentes y la buena acogida de la novela; también, a los que prometieron su asistencia, pero otras obligaciones no se lo permitieron.

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ALFA Y OMEGA EN LA NOVELA “La llamada de la profunda garganta”

Obra de Nieves Prat

Esta época,  en la que se enmarca la novela, fue una de las más ricas y fructíferas del pensamiento. Los árabes, trasmisores de los principios y doctrinas de los grandes sabios griegos, supieron, a su vez, profundizar en los mismos e innovarlos con sus aportaciones e interpretaciones. Los pensadores cristianos igualmente engrandecieron y desarrollaron aquellas ideas; por eso, no es de extrañar que Fernando y Zajhíra, educados en aquella escuela de la gran ciudad con los sabios más importantes del momento, fueran partícipes de aquellos pensamientos e ideales, y que ellos mismos se sintieran capacitados para elaborar unas teorías sobre todo lo aprendido.

La historia imaginaria e irreal de Alfa y Omega enlaza con la fantasía, el ensueño y el subconsciente del mundo del símbolo.

Es a ti, amigo y agradecido lector, a quien corresponde penetrar en sus verdades, descubrir su simbología, profundizar en sus pensamientos y rebelarte frente al mundo cómodo y acomodaticio en el que vives.

Quizá, Alfa y Omega sean un fiel reflejo de la concepción de vida ideada por Zajhíra y Fernando para ellos mismos. Quizá, ellos sean Alfa y Omega y con estas ideas habrían planificado su existencia juntos. Quizá, el final dramático, que se presume en la novela, no sea tan trágico ni tan final. Quizá, Fernando y Zajhíra, cual Alfa y Omega, gozaron de tiempo posterior para desarrollar sus ideas e intentar acercarse a ese mundo, donde la justicia fuera el valor dominante.

Alguien puede llegar a pensar, que esa riqueza de pensamiento estaría alejada de unas mentes con otros ideales, con otras vicisitudes, con otras motivaciones más propias del momento. La inmersión de Zajhíra y Fernando en el mundo del pensamiento, en el mundo de la imaginación creadora es total. Su fantasía, unida a su gran capacidad intelectual y a las enseñanzas recibidas, produjo y dio a luz esta intensa actividad pensante, llena de símbolos y de llamadas constantes a la inteligencia de todo lector. Me parece de gran interés, poder penetrar en sus interioridades y descubrir la profundidad de sus pensamientos. ¿Seremos capaces de ello?

 

 

 

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EL PERSONAJE DE IGHOR Y SU SIGNIFICADO EN LA NOVELA

Ighor es aquel niño tullido de las altas montañas, aquel niño solitario que vivía cual alimaña en cuevas y solo protegido por el regazo de su madre al que acudía cuando ella estaba presente.

Ighor es la voluntad, el espíritu de superación constante. Como diría Nietzsche: es la voluntad de poder. El hombre trasformado, el hombre hecho niño, es el creador de sí mismo. El creador, en palabras suyas, no significa el hombre del trabajo, sino el hombre que juega creando, el hombre que dicta valores, el hombre que posee una voluntad grande, el hombre que se marca unas metas, el hombre que se aventura a trazarse un proyecto, un gran proyecto de vida, un hombre que es: creatividad y superación.

Esta idea se acrecienta desde el encuentro en las altas montañas con los caballeros del rey, cuando tiembla asustado, cobijado en el regazo de su madre llorosa. Allí, se promete en su interior, ser semejante a ellos, superarlos en valores.

Por eso, su crear consiste, desde ese instante, en ir edificando y construyendo, en proyectarse en metas finitas, en no desanimarse ante la adversidad o pequeños fracasos o contratiempos, en ser capaz de irlos superando.

La libertad de este personaje, su libertad creadora e imaginativa  se va realizando en ese proyectarse hacia posibilidades futuras; es decir, finitas y temporales, en el querer que diría Nietzsche.

Ya decía este pensador que el querer libera: ésta es la verdadera doctrina de la voluntad y la libertad creadora.

Vemos en la novela, como Ighor, un personaje de carne y hueso, tullido en sus extremidades va creciendo, va proyectándose, utiliza su voluntad de poder para conseguir ir ascendiendo en sus metas hasta convertirse en el símbolo, en el personaje más redondo, más influyente de la novela,  cargado de grandes valores  que desarrolla, crea y supera una vez alcanzado.

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