EL AMOR, BIEN ENTENDIDO, EMPIEZA POR UNO MISMO

Este dicho de la sabiduría popular, que anoche mismo comentaba  con mi nieto, no significa para nada un acto de egoísmo, sino que más bien forma parte de la esencia fundamental del amor, pues difícilmente puede amar al otro quien no es capaz de amarse a sí mismo: “ya que el egoísta, en esencia, no se quiere a sí mismo, sino que se tiene una profunda aversión”, en palabras de Erch Fromm en “El miedo a la libertad”.

Obra de Nieves Prat

En estas pasadas Navidades, en un momento de tranquilidad y reposo, mientras hojeaba un libro de John Powell sobre “El Secreto para seguir amando”, tropecé sin intención de buscarlo, como algo inesperado, como algo que se me ofrecía generosamente, mis ojos se fijaron con atención más de la acostumbrada y una luz se encendió en mi mente al leer una cita de Víctor Frankl expresada en su obra “El mundo en busca de sentido”, que decía textualmente así:

“Un pensamiento me dejó como paralizado: por primera vez en mi vida comprendí la verdad que afirman tantos poetas en sus canciones y que proclama la sabiduría última de tantos pensadores. La verdad: que el amor es la meta última y más alta  a que puede aspirar el ser humano. Fue entonces cuando comprendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y las ciencias humanas intentan comunicar: la salvación del ser humano se logra en el amor y a través del amor”.

Yo que en mi vida profesional he intentado hablar y explicar la poesía más sublime; yo que he intentado descifrar las palabras más bellas, las frases mejor construidas, las oraciones con un profundo y singular sentido; yo que he pretendido analizar los conceptos de los más sensatos y sesudos pensadores; yo que he buscado comprender las teorías de los más sobresalientes maestros, llegar a lo más hondo de su creatividad y libertad expresiva, que me había propuesto traspasar el más allá del simple concepto, el sentido perfecto y exacto de la singular estructura, la razón y el significado del constante y perfecto proceder, yo nunca me estremecí, aunque infinidad de veces me emocioné averiguando el contexto exacto, la palabra genial de aquellos poetas, de aquellos pensadores a los que nunca dejé de admirar, a los que me esforcé por comprender intentando entenderlos para después poder seguirlos, imitarlos y asimilarlos, para ser capaz de explicar la palabra sublime del amor.

Yo que a veces quise expresar en mis escritos o, al menos, procuré fijarme en ellos como maestros leales para ser capaz de manifestar la sabiduría adquirida, las reflexiones que brotan de mi interior, las historias que mi imaginación pretende elaborar, me siento ahora abrumado, que no hundido ni desfallecido, más bien con una poderosa fuerza interior que pretende, se esfuerza por expresar alguna idea por insignificante que ésta sea, algún concepto que sea capaz de igualar, que pueda asemejarse, que desemboque como un torrente en el mar infinito de la vida, del valor de la expresión ante mí mismo y los demás.

La poesía es amor, la pintura es amor, el arte es amor, la palabra es amor, el pensamiento, el raciocinio, todo es amor, el ser humano es amor, la vida es amor, al menos, así lo aprendí en sus creaciones, en sus textos, en sus genialidades y que, posteriormente, he ido aplicando concienzudamente en mi vida personal o, al menos, eso creo.

“El amor es una actividad, no un efecto pasivo: es un estar continuado, no un impulso súbito: en el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que el amor es fundamentalmente dar, no recibir”. Decía Erich Fromm en una más de sus acertadas y siempre profundas sentencias plenas de contenido y significado trascendente.

El ser humano siente la necesidad fundamental de amar, de amar en su concepto más puro, en su significado más  profundo, pero esa necesidad debe ser bien alimentada, perfectamente entendida y aceptada en su realidad vivida día a día, de modo que el propio organismo humano esté sano, el ser, el quien, la persona en sí misma sea feliz.

Pero esa necesidad fundamental tiene su origen en un profundo amor a uno mismo, de manera que esta expresión sea plenamente entendida, orientada e interiorizada, pues este amor a uno mismo  no es otra cosa que una autoaceptación en su sentido total, una verdadera autoestima en el buen sentido del concepto.

Pues, si como se dice “el fin último del ser humano es alcanzar la felicidad”, debemos comprender que este objetivo sólo lo podremos conseguir siendo nosotros mismos. Ser feliz, alcanzar la felicidad anhelada es, en verdad, ser yo mismo.

“Es imposible que un hombre o mujer pueda estar en paz con los demás mientras no haya aprendido a estar en paz consigo mismo” decía muy acertadamente Bertrand Rusell.

Concluyo esta reflexión con una idea del psiquiatra Robert H. Felix, hombre experimentado, quien expresaba este mismo pensamiento con esta reflexión: “Yo debo aprender a disfrutar de ser yo mismo: sólo quiero ser yo mismo”.

Quizá podamos añadir a estas palabras, concluir su razonamiento añadiendo: si quiero disfrutar de los demás, si quiero hacer feliz al otro, si quiero amar a mis semejantes, si quiero corresponder y ser correspondido, si quiero que el amor sea fundamentalmente dar más que recibir, he de estar convencido de que dando estoy amando y estoy recibiendo amor.

He aquí el carácter activo del amor, este amor que cantaron los poetas con profundas palabras o sencillas expresiones, este amor que manifestaron los pensadores en sus largos juicios y raciocinios o en sus sinceras reflexiones: siendo feliz uno mismo, amándose a sí mismo podrá alcanzar el amor universal.

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LA VENGANZA DEL MUDÉJAR

“Lo que he de decirte…, lo que mis labios quieren pronunciar…, pero mi sentimiento se niega por temor a tu reacción…, lo que vas a escuchar…, es algo que te producirá una tremenda alegría…, pero a la vez…, una profunda inquietud, una terrible angustia — un tenso silencio se adueñó del ilustre paciente provocando un impulso de impaciencia y ansiedad en el Marqués—. Tus hijos Fernando y Zajhíra — pronunció de golpe, con gran énfasis, poniendo el resto de sus fuerzas para ser bien oído— están vivos…”

Portada Novela

Con estas palabras, entre graves dificultades respiratorias y como asfixiándose, el moribundo rey Alfonso comunicaba a su amigo y compañero de toda la vida Don Rosendo, Marqués de Villalailán, poco antes de fallecer en su lecho de muerte, la buena nueva de la existencia de su hijo Fernando y su amada Zajhíra así como las vicisitudes de su huida, en el primer capítulo de la novela “La venganza del Mudéjar”, novela que ahora te invito a su lectura.

Y con este mensaje, en el Epílogo de la misma, se pone fin a “La venganza del Mudéjar”:

“Entrégale esta nota escrita y comunícale de viva voz —manifestó emocionado Jhal-Yâ- Äl con gran decisión y firmeza— que el azor ya ha localizado a su presa, que sus ojos están fijos sobre ella…, que muy pronto sus garras se apoderan de la misma como había jurado y prometido”.

He aquí el comienzo y el fin de “La venganza del Mudéjar”. En medio de todo ello se desarrolla una acción trepidante, muy interesante para el lector, ambientada en la época de guerras y escaramuzas, conquistas y reconquistas entre cristianos y musulmanes, sometida a los vaivenes y a los movimientos guerreros de todo tipo, sociales, culturales y religiosos que se irán produciendo, configurando sus costumbres y vivencias poco a poco.

Mientras tanto, la convivencia de razas, el intenso intercambio cultural, el hecho de sentirse afincados en sus tierras y en sus tradiciones a las que veneran y se afanan en este mundo tan convulso, los protagonistas van creciendo, van desarrollándose de manera feliz sin pensar ni plantearse las zozobras, las traiciones y las venganzas que soterradamente van surgiendo y que pesan sobre ellos, mientras se teje la tela de araña que acabará con el rapto, la venganza final, que significa y materializa la nota trágica a ese mundo idílico y feliz.

Una situación anunciada pero no esperada, un acontecimiento que puede suceder y que trastocará los planes prefijados, aunque se piensa que nunca llegara viviendo confiados en una realidad aparente, en una amenaza en la que no se cree por mucho que se anuncie y se sospeche.

Estoy convencido que disfrutarás con las aventuras, con las intrigas latentes, con el desenlace final, inesperado, quizá, de “La venganza del Mudéjar” y ¿por qué no? por las innovaciones, elementos culturales, religiosos y hasta filosóficos con los que te vas a ir encontrando, amén de ciertas situaciones de intriga, pánico y, en cierto modo, hasta cómicas. Lo dejo a tu juicio, querido lector.

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LA VENGANZA DEL MUDÉJAR

Se trata de la segunda novela de una saga que pretendo escribir. Es una continuación de “La llamada de la profunda garganta”. Si recordáis, cuantos os habéis acercado a su lectura y habéis saboreado sus aventuras, al final de la misma nos dejaba un tanto confusos, un poco abatidos y hasta intrigados ante la situación trágica final de los jóvenes protagonistas, desilusionados, si esta palabra me está permitido decir, esperando que sea bien entendida, con el interrogante del desenlace de los mismos.

Portada Novela

Hoy tenéis a vuestra disposición una nueva novela “La venganza del Mudéjar”, que, partiendo de una circunstancia accidental, el encuentro de unos legajos, ignoro si reales o creados por la fantasía, me abrió las puertas y me hizo concebir una continuación del hecho histórico narrativo sin olvidar lo novelesco.

Tres son los momentos que me interesan destacar de “La venganza del Mudéjar”:

El primero, sin duda, es la continuación de la historia de los personajes después de un tiempo en la más absoluta oscuridad, sin dar a conocer su propia identidad por motivos que iréis viendo.

El segundo, el hecho importante de reflejar dentro del contexto, aunque sea de una manera un tanto por encima, como un hecho narrativo más y dentro de toda la trama y elemento principal de la misma, algo que bullía en mi interior desde mis años jóvenes, desde la misma época universitaria, que entonces, y por otras circunstancias que no vienen al caso, quedó aparcado en mi mente; ciertamente, de vez en cuando afloraba con fuerza, me golpeaba, me llamaba, me incitaba y me provocaba, viendo de alguna manera que ahora tenía la ocasión de hacerlo patente, de dejar en calma mi conciencia y que encajaba dentro de la estructura narrativa y se convertía en un elemento determinante; aquí lo complicado era como situarlo en el contexto y como poderlo desarrollar.

El tercero y último, quizá debiera ser la causa más definitiva, enlazar el hecho histórico novelesco; es decir, continuar con la saga de aquellos personajes, penetrar en su existencia y en su trascendencia en un momento concreto, sin obviar las costumbres, las tradiciones, la formación de los grupos urbanos con la aparición del burgo, las vivencias del pueblo en aquella época y lo más sobresaliente desde mi punto de vista, exponer un acontecimiento que me parece trascendental para la historia: el desarrollo del impulso intelectual promovido por Alfonso VIII de Castilla, rey reinante en aquellos acontecimientos, con la aparición de las Escuelas monacales o catedralicias y el Estudio General de Palencia, siguiendo con algunos hechos dignos de mencionar como la acción repobladora, la fuerza legislativa, destacando el Fuero de Cuenca y ciertos hechos guerreros que aunque no se detallan, de alguna manera quedan reflejados, como la gran conquista del reino de Cuenca, totalmente imaginativa y novelesca.

Estos sucesos de alguna manera influyen y son determinantes en el desarrollo de la acción narrativa y creativa, configuran la trama y el desenlace, el devenir de los personajes que en ella van apareciendo.

Creo, amigo lector, que en “La venganza del Mudéjar” podrás descubrir cosas que captarán tu atención, acontecimientos de tu interés; rememorarás hechos acaecidos y caídos en el pozo del olvido; refrescarás datos históricos memorables de la historia de Castilla o te llevará a relacionarte con ellos, a hacerlos presentes; y lo más interesante, pasarás un buen momento disfrutando de su lectura, de las vivencias de los protagonistas, de las descripciones, de las circunstancias que los rodean, participando de sus sentimientos, identificándote con su existencia, con lo que fueron capaces de hacer, con aquello que les hizo vibrar y que quieren ahora, a través de esta novela, compartir contigo.

He aquí como un simple pergamino, un legajo olvidado y perdido, algo sin trascendencia y probablemente creativo da lugar a un argumento, a un reencuentro con un deseo insatisfecho y a algo que está muy relacionado con nuestra ciudad de Alcalá de Henares: el movimiento intelectual, la posterior creación de la Universidad por Cisneros, la aparición de numerosos colegios mayores y menores, sin olvidar con anterioridad la convivencia de culturas y etnias tan diversas y diferentes, que tanta huella dejaron y tanto marcaron nuestra ciudad, aunque hoy pasemos de ello, pero que está ahí presente para reconocimiento de cuantos nos visitan.

Es por todo esto, amigo lector, que te animo e incito a su lectura, a conocer una etapa del destino de aquellos personajes de “La llamada de la profunda garganta”, a compartir sus experiencias y sus vicisitudes con la convicción de que será de tu agrado, disfrutarás con su lectura y te acercarás al hecho histórico, narrativo y novelesco.

He aquí, “La venganza del Mudéjar”. Ésta es la novela que ahora te presento.

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2017: V CENTENARIO DE LA MUERTE DE CISNEROS

¡Feliz año 2017! ¡Feliz año dedicado a Cisneros! ¡Qué logremos hacer realidad y ver cumplidos todos nuestros deseos y anhelos! ¡Qué mejor manera de comenzar el año que acordándose y dedicándoselo al hombre que se esforzó como nadie en hacer grande y prestigiosa a nuestra ciudad!

Uno de los argumentos de la Declaración de Alcalá de Henares como ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO fue, sin duda, el reconocimiento de “ciudad de las letras y las ciencias”, cuyo esplendor lo protagoniza fundamentalmente la Universidad de Alcalá, “la Universidad de Cisneros”.

Retrato del Cardenal Cisneros

¿Quién es entonces el gran hacedor, el gran transformador, el gran creador de la primera universidad de la Edad Moderna? Todos conocemos muy bien su nombre, aunque no haya sido honrado como se merece: Francisco Ximénez de Cisneros.

Él, en verdad, según comentan todos sus biógrafos, es el autor de la modernidad de nuestra ciudad; él, el que organizó la vida municipal, la reconstrucción urbanística con nuevas casas, colegios mayores y menores, conventos religiosos y, de un modo muy singular, con la creación de un nuevo tipo de universidad inspirado en los modelos humanistas cristianos a la que configuró jurídica y económicamente, convirtiendo a la ciudad de Alcalá de Henares en el auténtico proyecto de su vida, en un proyecto pleno de creatividad. La labor de Cisneros por Alcalá va desde el otorgamiento del “Fuero nuevo” a la reforma urbana, pasando por ser el gran impulsor de la Biblia Políglota.

Dos hechos son dignos de mención según sus biógrafos: uno, que Alcalá se convirtiera en “la casa del libro” con la mayor biblioteca escolar, con fondos bíblicos y árabes y, sobre todo, dotándola de la mejor y más importante empresa editorial capaz de editar una obra tan esplendorosa y magnífica como la ya mencionada Biblia Políglota; otro, con la creación del colegio “Trilingüe”, una especie de laboratorio filológico a base de códices bíblicos españoles y extranjeros.

¿Quién fue realmente Francisco  Ximénez de Cisneros nos preguntamos a continuación? Ésta es una muy buena pregunta, una pregunta que se han formulado cuantos han intentado profundizar en su biografía, en cada uno de los hechos que fueron marcando su vida y de los que la historia ha dejado constancia, pero que no siempre han sido bien interpretados por sus biógrafos o comentaristas. Yo personalmente me conformaría con darle el título, con nombrarle el mejor “alcalde” que nunca tuvo nuestra ciudad.

Pero es que Cisneros fue cardenal y regente, un mecenas cultural, un genio militar, un político del Renacimiento, un reformador, un hombre humilde, humanista y gran estadista, un religioso con gran fama de santidad y, ante todo, un amante de Alcalá de Henares a la que convirtió en  su auténtico proyecto de vida.

Con esas breves palabras me conformo en resumir su vida, añadiendo que Cisneros muere en la villa burgalesa de Roa, el 8 de Noviembre de 1517, cuando se dirigía con sus ya menguadas fuerzas a Mojados para entrevistarse y entregar su regencia al joven flamenco, Carlos.

Con este epitafio le ennoblece y canta Nicolás de Paz, noble mallorquín, en el sepulcro que se erigió en la Capilla de San Ildefonso de Alcalá de Henares, donde el quiso descansar para siempre y que por desgracia ahora no se encuentra allí:

“Aquí Ximénez en descanso yaze,

Que fue gloria de la Hispana gente,

Y será su virtud correspondiente,

La fama eterna, pues de ella naze…”

Recogido de la obra “Cisneros, el cardenal de España” de José García Oro, uno de sus mejores biógrafos.

Arsenio Lope en su libro “Otras historias de Alcalá” dice refiriéndose a este mismo sepulcro que podemos admirar: “y el sepulcro de la Capilla de San Ildefonso sigue vacío. Hora es ya de que nuestro Obispo permita el traslado de las cenizas de Cisneros a donde él quiso ser enterrado y de que la verja vuelva a Alcalá desde el Museo Arqueológico Nacional de Madrid para seguir protegiendo el sepulcro”.

¡Qué mejor momento! ¡Qué gran ocasión, que esto se vea cumplido en el año en el que celebramos el V Centenario de su muerte! Creo que Alcalá y todas sus instituciones deben ser un clamor para que este doble deseo se convierta en una realidad.

Y para que el año sea completo y Cisneros tenga el gran homenaje que bien se merece una petición más: ¿Por qué no se hacen las gestiones correspondientes para que sean restituidos a la Universidad de Alcalá, por parte de la Universidad complutense de Madrid,  toda la documentación de la causa de su santificación y alguien desde el ámbito religioso o civil retomase dicha causa durante tanto tiempo paralizada?

¿Acaso no sería éste el año ideal, cuando celebramos el V Centenario de su muerte, para que todas nuestras autoridades: municipales, universitarias y religiosas iniciaran todas estas acciones?

Aquí dejo mi deseo, mi anhelo y mi ilusión, aquí queda mi ruego, que trasmito a todos, en espera de que alguien con autoridad o el mismo pueblo con su clamor haga algo valioso por quien fue “nuestro mejor alcalde”, máximo mecenas y por quien tanto se esforzó por nuestra ciudad. ¿Acaso no se merece esto Francisco Ximénez de Cisneros? Quien fue: Confesor de los Reyes Católicos, Arzobispo de Toledo, Canciller Mayor de Castilla, Inquisidor General, Capitán General de África, Gobernador de los Reinos de España, Fundador de el Colegio Mayor de San Ildefonso y de la Universidad de Alcalá de Henares.

¡Alcalaínos! Movilicémonos por Cisneros, hagamos de nuestras voces un clamor, luchemos por nuestra ciudad, ¡Por Alcalá y por Cisneros su gran hacedor y nuestro estandarte!

Creo que éste es el año, 2017. El año en que debemos esforzarnos todos desde ya, desde sus comienzos, en consagrarlo a la figura ejemplar de Cisneros. No lo dejemos para el día 8 de noviembre, día de su muerte. Hagamos que cada día del año sea un homenaje a su figura, un elevarle al pedestal que realmente se merece y donde queremos verle todos los alcalaínos ya.

 

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NAVIDAD 2016

Un año más se nos echa encima casi sin pensarlo, como sin esperarlo, de forma imprevista y como avasallándonos, deseando hacerse presente en nuestras vidas la Navidad.

Un año más, después de muchas vicisitudes de toda índole, encuentros más o menos venturosos, desavenencias y sin sabores en todos los ámbitos de la vida nos enfrentamos a un serio examen de conciencia al finalizar 2016, un examen minucioso y profundo, un examen pleno de festividad y alegría.

Un año más, con alegría e inmensa felicidad nos aproximamos a unas fiestas entrañables, de vacaciones para los más chicos, de festividad y celebraciones para los más mayores, de sosiego y paz como cantamos y recitamos en saludos, en felicitaciones y para bienes, en abrazos de bienvenida o en despedidas para todos en general, donde nos sentimos hermanos, donde surge desde lo más íntimo un deseo profundo de abrazar, de besar al otro y decir con énfasis ese formulismo que muchas veces recitamos, pero, en esta ocasión, sincero y espontáneo, honrado y de corazón de : Feliz Navidad, Feliz próximo año 2017, añadiendo a continuación aquello de que “sea mucho mejor, más saludable, con más éxito, trabajo y salud que éste que a punto está de concluir, sobre todo, con paz, paz en el mundo. ¡Qué difícil, verdad!

Deseo desde aquí, que sean unas fiestas generosas, unas fiestas donde tenga muchísimo valor una sonrisa, donde sepamos apreciar al otro, comprender sus necesidades, intentar dentro de nuestras posibilidades ayudar, admirar y valorar a cuantos se encuentran junto a nosotros, a aquéllos con quienes nos cruzamos en nuestro camino, a aquéllos que caminan en nuestra misma dirección, hombro con hombro, o que vienen de frente con la mirada hundida sin atreverse a levantar la vista del suelo, tristes, sin esperanza, sin posibilidad de soñar con un mundo mejor, un mundo que le consuele, que le sea amigable y en el que de alguna manera vuelva a encontrarse consigo. Feliz Navidad para todos, pero, de manera muy especial y con el mayor de los cariños para quienes están más necesitados.

Un año más, como años pasados, comenzamos nuestra Navidad presenciando la representación de “El Belén viviente de Anchuelo”, disfrutando y saboreando con intensidad cada una de aquellas escenas que conmemoran el acontecimiento, el misterio, interiorizando cada una de las frases que los interpretes pronuncian, cumpliendo con la mayor exactitud aquellas palabras con las que María se despide de los que van a visitarla, a adorar al niño en el pesebre y a ofrecer su calor, aquellas palabras con las que acaba la escena y en realidad la representación:

“Os deseamos, el niño, José y yo misma un mundo lleno de paz, amor y justicia, donde la miseria y el hambre desaparezcan, triunfando la generosidad. El Niño Dios os bendiga a todos y a vuestras familias. ¡Feliz Navidad! Felicitad en nuestro nombre a cuantos encontréis en vuestro camino”.

 

 

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LA AMISTAD MOTOR Y CONQUISTA DEL SER HUMANO

En mi afán por releer novelas del pasado, novelas que habían entrado ya en el grado del olvido, autores españoles galardonados con grandes premios literarios como: el Nadal, el Nacional de Literatura o el Planeta, eché un vistazo para rememorar la trilogía de Gironella sobre la República y la Guerra Civil: “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos” y “Ha estallado la paz”, introduciéndome fácilmente en sus narraciones y descripciones sobre la ciudad de Gerona en aquellos atroces momentos. Aquí, en esta segunda lectura, me llamó la atención de una manera especial las extrañas reuniones, las relaciones de los diversos miembros de aquella Logia masónica, la Logia de Ovidio, que frecuentemente se celebraban en la calle el Pavo y que siguieron viéndose en aquellos tiempos tan convulsos y atormentados: la fraternidad, la amistad, la ayuda y colaboración entre los miembros de la misma o con otras logias, a pesar de la diversidad de caracteres, de profesiones, de ideologías, de partidismos, amén, de la situación personal de cada uno.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Entonces, me pasó por la mente rebuscar y husmear en los orígenes modernos de la Francmasonería, por allá, por los años 1717, hallándome sin esperarlo con un texto que me sorprendió y me retrotrajo a esta lectura, convirtiéndose de alguna manera en el origen de esta reflexión, si queréis, un tanto desordenada, pero creo que muy interesante.

En este texto de formulación se hablaba de la amistad como uno de los pilares fundamentales, ya que establecían la fraternidad como uno de los elementos constitutivos o piedra angular de la práctica masónica, tanto para el perfeccionamiento personal, como para el progreso de los seres humanos: lo más importante es la cadena de unión, se decía allí, que une a todos los seres de buena voluntad, llegándose a ello con la necesidad que tenemos de los demás y con la amistad como conquista para el bienestar individual y colectivo.

Fue en este preciso instante, como he señalado más arriba, cuando se me ocurrió escribir algo sobre la amistad, “la amistad como motor y conquista del ser humano”.

Esto me llevó rápidamente, quizá por malformación profesional, a recurrir al Diccionario de la Real Academia, donde el término amistad aparece descrito como: “afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se satisface con el trato”.

La lectura de esta definición me dejó un tanto frío, no me convencía, no me conducía a mi objetivo. Pienso que aunque sea correcto, no motiva, no comunica, no llega al interior, no atrae, no satisface, no mueve a su estudio, no se encuentra en la línea que yo pretendía expresar aquí: ni como conquista, ni como acción hacia el progreso, ni como intimidad.

Me propuse buscar otra perspectiva, otro proyecto de investigación. Revisé mil libros uno a uno y allí, en un rincón de la estantería, el más alejado, descubrí la siguiente expresión  de I. Merino: “…la amistad es como la dignidad, una conquista de igualdad entre los seres humanos que ha costado un tremendo esfuerzo alcanzar, su pérdida afecta a la integridad de la persona y cuando se rompe, la vida merece menos la pena”.

Esta frase estaba más en consonancia con mi pensamiento, con mi pretensión, me hacía reflexionar y examinar situaciones vividas, analizar momentos y experiencias de la vida en las que uno ha sido sujeto de circunstancias similares: sentir los desgarramientos ante la ruptura o saborear el placer del encuentro.

Fue entonces, ¿no sé por qué?, cuando me vino a la mente algo no muy lejano, cuando me centré en aquello que había leído hace mucho tiempo de Karl Friedrich Christian Krause en “El ideal de la humanidad para la vida”. ¿Por qué el Krausismo? ¿Por qué este movimiento? Ahora mismo no sería capaz de dar una respuesta.

“Todos los caracteres humanos, con sus múltiples semejanzas, grados y contrastes, forman una plenitud animada de la vida y desenvuelven con infinita riqueza las fuerzas latentes de la humanidad. El encuentro en el trato social de caracteres opuestos, cada cual igualmente digno, es fuente de amistad y amor, por lo que al unir con fuerza lo antagónico es tan fecundo en puros goces como en bellos frutos”, se decía allí.

No es de extrañar que el Krausismo represente un período intelectual de gran altura dentro del pensamiento español y reuniera una enorme pléyade de intelectuales de la época.

Me atrevo a afirmar, pues, que se trata de una doctrina de concordia basada en el respeto a la dignidad de todos, según lo leído; concordia que tanta falta nos hace en estos momentos y que con toda seguridad nos ayudaría a superar los grandes desafíos que nos abruman: la libertad común, la educación, la responsabilidad y, sobretodo de forma muy especial, la recuperación de la amistad como modo de vida. Sí, la celebración de la amistad.

Sanz del río, uno de los ilustres krausistas de aquel momento, escribía: “…después del matrimonio, la amistad es el vínculo personal y el más fecundo; así como el matrimonio junta los opuestos sexos, la amistad reúne opuestos caracteres. El fin humano se realiza a medida que los hombres y los pueblos se reúnan en personas sociales unidas por el amor… Entonces, serán las amistades fuentes vivas de virtud”.

Giner de los Ríos, sin duda el más notable de todos, añadía: “… que la amistad es fuente no sólo de satisfacción sino de progreso”, y Otero Urtaza, concluía: “…que la amistad participa de las relaciones amorosas cuando esa transferencia de fuerza nos lleva a ver en el otro una continuidad de nosotros mismos, un alma repartida en dos cuerpos”, para finalizar más adelante, “…que la amistad requiere reunión placentera de amigos, posibilidad de hablar sin ser interrumpidos por extraños, aprecio recíproco y tiempo”.

Por todo ello, vengo a afirmar que el krausismo español es un ejemplo de amistad, es un espíritu fraternal, es un modo ético de ser y una verdadera pedagogía sobre y en la amistad.

Esto, así expuesto, me lleva a deducir que la verdadera amistad es una conquista permanente que hay que esforzarse en alcanzar y luchar para que nunca se pierda; que no es algo estático, antes al contrario, sino dinámico; sin olvidar que la amistad es atacada con gran facilidad por los virus comunes de la convivencia, es vulnerable como estamos habituados a observar y se nos muestra ante nuestros ojos. A modo de síntesis, una buena amistad nos ayuda a ser creativos, nos ofrece un gran soporte que nos obliga a ser tolerantes.

Hagamos, pues, cobijo, protección y defensa constante de la amistad, para que no caigamos en el espejismo de creer que la vida nos la ha regalado. Así, nuestros amigos, los de verdad, nos acompañan y disfrutan de nuestros logros, sufren cuando las desgracias nos acechan, comparten nuestra vida con absoluta libertad.

Veía estos días pasados y observaba la angustia de una reportera que seguía a un grupo de refugiados en su terrible peregrinar: solos, sin patria, sin casa, sin tierra donde descansar, sin nadie en quien apoyarse; refugiados que pierde en un momento de su trayecto a la libertad…, y la alegría esperanzada, el abrazo feliz, enternecedor, como si fueran amigos de toda la vida, cuando se vuelven a encontrar, cuando se une al grupo y puede acompañarlos como una más de ellos, como una refugiada más que ofrece su consuelo, su ayuda, su amistad.

No debo extenderme más, aunque el tema es muy amplio y da para mucho. Concluyo con este alegato después de tantos desvíos y avatares por los que os he llevado: es llegado el tiempo de que luchemos y reivindiquemos la amistad como conquista de una sociedad avanzada, porque así, alcanzaremos una paz sólida, una solidaridad y un sustento de nuestro estado de bienestar. Seremos, sin lugar a dudas, mejores personas con la amistad como motor y conquista del ser humano.

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ATRAPA LA LUZ

Atrapar, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es coger una cosa, alcanzar o apresar algo; por el contrario, captar significaría, sin embargo, recibir o recoger impresiones del exterior a través de los sentidos, también, comprender, darse cuenta o atraer la atención o el afecto de una persona; en cambio percibir, es tener conocimiento del mundo exterior por medio de la impresión de los sentidos, comprender o conocer una cosa por la inteligencia; por contra, interiorizar nos aporta la cualidad de hacer propio o asentar de manera profunda en la mente un pensamiento o un sentimiento; por último, capturar, a fin de no seguir esta larga enumeración, nos viene a mostrar el sentido de apresar a una persona a la que se persigue o a una cosa que ofrece resistencia.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Así podríamos continuar dando explicaciones y justificaciones de por qué he preferido el término atrapar frente a otros muy similares y hasta sinónimos. Creo que éste es el que mejor manifiesta el sentido y el significado de lo que quiero dar a entender y lo que pretendo expresar; en estos instantes tan necesitados de ese rayo de luz que nos ilumine y nos oriente ante tanta ceguera y cerrazón, ante tan intensas nebulosas y profundas tinieblas, que diría el filósofo, que nos dominan, que no nos dejan vislumbrar la senda exacta y verdadera.

Todos estos conceptos tienen mucho en común, tienen un valor muy similar; sin duda, se aproximan a lo que pretendo trasmitir, espero que me entendáis; aunque, sigo pensando y me inclino con mayor convencimiento, que el que marca un carácter más profundo, que el que mejor y mayormente manifiesta lo que aquí quiero expresar, es aquél que sirve de encabezamiento a este escrito; tanto que la mayoría de la gente del arte, en especial los pintores, aquéllos que se dedicaron a atrapar la luz, a plasmarla en sus lienzos, así lo afirman y estarán de acuerdo conmigo.

La expresión “atrapa la luz” en sentido imperativo hasta hacerla tuya, hasta interiorizarla plenamente, hasta retenerla convencido de que nunca vas a dejar escapar ese instante, te hace asumir, captar y asimilar en lo más interior y en lo más profundo de tu imaginación creadora, en la inmensidad de tu realización total, en tu capacidad de ser personal, en la toma de decisiones. Atrapa. Atrapa la luz.

Esta situación y esta reflexión me trae a la mente, me hace recordar con emoción aquella anécdota tantas veces comentada y repetida del gran pintor Monet, quien en su afán por atrapar la luz para luego poderla plasmar en sus lienzos, no una luz cualquiera, no una luz, donde los potentes rayos solares desvirtúan la realidad de las cosas, sino la luz con mayúscula, la esencia de la luz, la luz en sí misma, dijo aquello de “hoy me he adelantado a los pájaros”, para añadir y aclarar a continuación: “he tomado la delantera a la luz, al día”, y concluir con la misma idea: “he de moverme con rapidez si quiero atraparla”.

He aquí la formula correcta en boca de Monet: “atrapa la luz”. He aquí el por qué de este título al comienzo de este artículo, máxime, cuando me encuentro en una zona de nuestro país que se caracteriza por ser la luz misma, por ser el lugar donde primero se muestra, por la variedad de tonos y colores en todos los momentos del día, de manera muy especial, a la puesta del sol y al amanecer, poco antes de que el primer rayo se asome por el horizonte del mar, como ya constató Sorolla, quien temía que la luz cambiara antes de haberla podido atrapar en un equilibrio perfecto entre agua, cielo y tierra, entre el mundo real y su imagen; todo es como estar sentado en el eje central del universo, el punto inmóvil alrededor del cual todo gira, de la fragilidad ante todo, siendo consciente de lo que se ofrece.

Es muy importante buscar el instante en que la luz puede ser atrapada, el momento en el que puedes llegar a sentir que ya la posees, que ya la has atrapado, pues rápidamente aparece el sol llevándose con su luminosidad el silencio y la quietud tan necesarios para ello.

Cuando la luz se refleja ya por doquier, cuando continua reptando por todas partes, filtrándose poderosamente por todos los rincones, alborotando con ello la naturaleza como una explosión de vida, fragmentándose al atravesar las copas de los árboles, formando un mosaico de sombras arabescas que tapiza todo como pequeños destellos de color, que habían conseguido fijar la luz, hasta el aire se cuaja de luz fulgurante al punto de que ya nada sea visible, todo es luz, luz que deforma la realidad.

La luz lo cubre todo: sombras superponiéndose a otras sombras, cada color ocultando a otro más oscuro, las copas de los árboles, cual danzarinas, interpretando danzas, proyectándose hacia el cielo azul, como si se tratase de un ballet de hojas y ramas, que no cesan hasta alcanzar un frenesí de luz y sombras de indefinidos colores, que te hace dudar y desconfiar si pertenece a la luz atrapada o a los objetos que se te muestran creando confusión y desconfianza.

Hete aquí, por qué debemos anticiparnos, por qué debemos “anticiparnos a los pájaros”, por qué debemos “atrapar la luz”, esa luz única que nos ilumina, que nos señala el camino, que nos lleva a la verdad, a la solución que buscamos y anhelamos de la que estamos tan necesitados y hambrientos, esa luz que nos descubre la verdad y el encuentro entre todos en armonía, en quietud y en silencio.

 

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FIESTAS Y TRADICIONES II

En esta ocasión, pretendo hablaros sobre “El ajedrez viviente de Jávea”. La Comisión de Fiestas de “Mare de Déu de Loreto” organiza desde el año 1996, con motivo del I Centenario de las fiestas patronales de Aduanas del Mar, el ajedrez viviente teatralizado, declarado “Fiesta de Interés Turístico Nacional” en el año 2002, dadas sus peculiaridades, sus características, su acción dramatizada y musical, además de su continuidad en el tiempo, siempre el último sábado del mes de Julio de cada año, como arranque de las “Fiestas de Mare de Déu de Loreto”. Se trata de la representación de una obra de teatro que sirve de base a la partida de ajedrez. Esta interpretación corre a cargo de un grupo de escolares entre 6 y 14 años de todos los centros de la localidad. Las partidas que se van desarrollando son reales, han sido disputadas por algún gran maestro en la historia de este juego a nivel mundial. Este año en concreto se ha disputado la partida de Jacob Mure y Antoine Lobstein, celebrada en Paris en el año 1988.

La representación de la partida se lleva a cabo a través de un narrador que suele ser un personaje importante del ámbito nacional, una persona que sobresale en cualquier actividad del arte, la cultura o el deporte, que de alguna manera está ligada con Jávea como en alguna representación fueron: Matías Prat, David Ferrer o Pedro Duque entre otros; además de dos jugadores: un profesional que suele ser un invitado de honor y el campeón escolar del año en curso.

Sobre un tablero gigante da comienzo la partida. Los jóvenes actores se mueven por él como piezas de ajedrez dando forma y desarrollo a la acción teatral. Este año ha sido representado “El Mito de la caverna” una visión actual.

¿Quién no ha oído nombrar o hablar nunca de “El Mito de la caverna” del gran sabio y filósofo griego Platón, que aparece en su libro de “La República”, en la que uno de los padres de la Filosofía occidental nos explica la importancia y la distinción entre lo aparente, “el mundo de las ideas” y lo real; todo, a través de unos prisioneros encerrados en una cueva donde sólo pueden contemplar las sombras que proyecta la luz de una hoguera sobre un muro al que miran fijamente y únicamente, hasta que uno de los prisioneros logra escapar y descubre el mundo real?

¿Seguro que todos habéis escuchado muchas veces “La teoría de la reminiscencia de las ideas”? ¿Seguro que en más de una ocasión habéis tenido que profundizar en la misma? No. En esta ocasión no toca hablar de Filosofía, ni dar una lección magistral o exponer una idea. No vamos ahora a comentar las teorías de Platón. Ése no es el tema.

Pues bien, éste ha sido el cuento narrado este año. Un cuento metafórico y profundo, lleno de intensidad y carga expresiva, de calidad y de enorme importancia en el momento en el que nos encontramos y que sirvió de base al desarrollo de la teoría de las ideas, al mundo ideal.

El ajedrez viviente en sí no es algo novedoso, aunque si la forma de ejecutarlo, por ello su “Interés Turístico Nacional”.

Esta forma de juego es muy antigua. Con vuestro permiso os la describo brevemente: al parecer, según he podido investigar, la primera partida de la que tenemos noticias arranca en el año 1408, en la Granada musulmana; sin embargo, el juego más famoso y significativo del mundo se celebró en Maróstica, ciudad amurallada muy cercana a Venecia en el año 1454, pocos años después que el de Granada, pero con mayor repercusión.

La historia de este juego, según cuentan las crónicas de entonces, tiene su origen en una disputa amorosa: Rinaldo DÀngarano y Vieri de Vallenara se enamoran a la vez de una hermosa joven, la bella Leonor, hija del señor del castillo. Los pretendientes se desafían en un duelo a muerte. El señor del castillo informado del suceso propuso a los contendientes que jugaran una partida de ajedrez y el vencedor se casaría con la bella Leonor. No nos importa quién resultó vencedor, pero desde ese momento el ajedrez viviente se conmemora, pero cada dos años en el mismo lugar y con el mismo motivo.

Las crónicas de nuestro país, nos hablan de una partida de ajedrez en el Escorial. Don Juan de Austria para celebrar la victoria de Lepanto la organiza, cuentan como habilitó un gran salón con losetas de mármol blancas y negras para su ejecución.

Sin embargo, una de las más afamadas partidas se celebró en Praga, año 1895, donde se representó en una bella partida de ajedrez la derrota del rey húngaro a manos del rey de Bohemia.

Tenemos igualmente noticias, que en la plaza mayor de Salamanca, se hizo una importante representación de una partida de ajedrez, ignoro el éxito alcanzado, el motivo y la temática.

Así, llegamos al año 1996, donde la Comisión de Fiestas de “Mare de Déu de Loreto” organizó la primera de las partidas del ajedrez viviente de Jávea, y de esta manera se sigue representando, año tras año, en el último sábado del mes de Julio.

Esta partida es una mezcla de elementos de teatro clásico, de movimiento de los personajes en su representación dentro del tablero gigante, de juego de ajedrez y música, dando lugar a una modalidad teatral que podríamos denominar como “ajedrez viviente teatralizado”.

Su consolidación año tras año y su éxito continuado se debe sin duda a que cuenta con un argumento perfectamente tramado que se renueva en cada representación, una escenografía diferente cada año, que le hace atractivo, junto con las diferentes personalidades que son convocadas para formar parte de la parte narrativa.

Por todo lo expuesto y concluyo, creo que merece la pena hacer una pequeña escapada a esta bonita localidad de Jávea y disfrutar con la celebración de su “ajedrez viviente”, declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional, junto a un tonificante baño en las cristalinas y trasparentes aguas de su bahía.

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FIESTAS Y TRADICIONES

Hoy, dado que nos encontramos en periodo vacacional, me he propuesto escribir algo distendido, algo carente de profundidad, algo festero que pertenece al mundo de las tradiciones que celebran nuestros pueblos por toda la geografía para distracción del turista, para regocijo de los ya habituales que ven como se superan año tras año y orgullo de cuantos participan y colaboran en la organización del evento popular, multitudinario y llamativo.

Nada mejor para ello que “Las fiestas de Moros y Cristianos” tan participativas y espectaculares, tan importantes y tan involucradas en la historia antigua de nuestros pueblos, tan celebradas y comentadas por todos cuantos tienen el honor de presenciarlas y saborear cada uno de los acontecimientos que allí se viven, se rememoran y sirven de folklore a tantos y tantos días de celebración de la fiesta de Santiago, de Santiago “mata moros”.

Ya que me encuentro en la localidad de Jávea, voy a hablaros de “Las Fiestas de Moros y Cristianos” de esta bella localidad alicantina, lugar donde me deleito con sus vistas espectaculares, con su clima siempre aireado por sus cinco vientos, con sus paisajes y sus aguas de múltiples colores según las acaricien los rayos solares, donde me sumerjo como en una pila bautismal de la que emerges revitalizado y fortalecido, sirviéndome de distracción e inspiración en mis ratos de ocio.

Aunque se trata de una semana de acontecimientos y celebraciones, los dos momentos más intensos son, sin lugar a dudas: la batalla en la playa con la conquista final del castillo por parte de las tropas invasoras y luego, más tarde, la reconquista y los desfiles victoriosos de hermandad por parte de las tropas participantes con sus mejores galas, sus vistosos vestidos, su forma de desfilar, sus movimientos al ritmo de la música y la gran parafernalia que les acompañan.

El desembarco se produce al anochecer. Surgen inesperadamente oleadas de barcazas musulmanas arbolando banderas de la media luna al viento, enfrentándose a las olas embravecidas, a veces, con continuos disparos de arcabucería y la subsiguiente respuesta desde la playa de cañones y trabucos por parte de las tropas cristianas bien posicionadas y alineadas para repeler la agresión.

La contienda se hace intensa. Las barcazas van poco a poco aproximándose a la arena. Los más atrevidos se arrojan de las mismas al agua animando al resto y se aproximan a las tropas cristianas, quienes rompen su ordenada formación ante el acoso de los asaltantes, comenzando a retroceder despavoridas ante el empuje de los enemigos. Se establece una lucha sin cuartel y feroz. Se combate cuerpo a cuerpo con lanceros, arqueros y con espadas.

Los cristianos buscan refugio en el castillo ante la fuerza del ejército invasor: unos atacan con ferocidad; otros se defienden con valentía pero en desorden y atropelladamente. Al final de la contienda, el castillo es tomado. La plaza cae en manos sarracenas.

Se producen los discursos de rendición y de conquista: los primeros prometen volver con más brío y fuerza, mejor posicionados y más aguerridos; los segundos aseguran que se defenderán hasta la muerte por defender la tierra conquistada, de donde no serán nunca expulsados, dada la belleza y la hermosura de la tierra sometida, su riqueza y el enclave privilegiado que forma.

Los desfiles victoriosos son preciosos, rítmicos, dignos de ser contemplados por sus ropajes, sus escudos, los adornos que cubren sus cabezas, las formas de desplazarse de cada filá, la música que a cada una acompaña, el estruendo de la arcabucería que no cesa de tronar y atronar los oídos, las cabriolas de los caballos que se intercalan y la elegancia de las mujeres moras y cristianas marcando un ritmo sensual, que anima al griterío, a las palmas y a los vítores de los espectadores que abarrotan el recorrido.20160724_204654

Sé que “La fiesta de Moros y Cristianos” se celebra por doquier, por todo el levante español en esta época de riguroso calor. Sé que se convierte en un auténtico reclamo para el turismo extranjero y nacional, que acude ansioso y expectante por visualizar ese espectáculo de luz, sonido, vestidos y joyas, que la mayoría no llega a comprender del todo.

Sé que unos tienen más fama que otros, más kábilas y cuarteles, más numerosas filás o más grandes escuadrones; pero el espectáculo es semejante y el éxito cosechado igual junto con otras acrobacias y danzas que adornan y acompañan.

“La Fiesta de Moros y Cristianos” se convierte en una celebración inmemorial, que arranca y se encuentra arraigada en la tradición de nuestros pueblos, en aquellos acontecimientos medievales de conquista y reconquista, de asaltos sorpresivos a pueblos indefensos y de luchas heroicas en defensa de sus costumbres, su religión y el bienestar de sus gentes.20160724_213107

Para concluir y a manera de resumen, “La fiesta de Moros y cristianos” es ruido atronador de arcabucería constante y monocorde; vestidos y trajes esplendorosos, brillantes y llamativos de cada una de las filás, algunos yo diría que aterradores por sus formas y adornos, pero elegantes; ritmo que marcan los tambores, unos gigantes y otros más chicos que hacen retumbar el suelo y las viviendas, junto con la algarabía de gaitas y flautas, que obligan a unos movimientos suaves, virtuosos y estudiados en los participantes; desfiles de filás perfectamente hermanadas y unidas, bien uniformadas y acompasadas, mandadas por un severo capitán o una autoritaria capitana que los guía y los obliga a moverse para agrado y placer de los presentes; música, luz y color además de vistosidad configuran el desfile victorioso de las tropas.

Si tenéis oportunidad allá donde os encontréis, no dejéis de presenciarlos, no os los perdáis, disfrutarlos y vivirlos con intensidad y emoción. Felices vacaciones una vez más.

 

 

 

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LOS CELTAS Y EL DRUISMO

En estos días, mientras leía una novela sobre los pueblos celtas, me ha venido al pensamiento un recuerdo y una reflexión, que me gustaría dejar plasmada aquí y que me ha hecho retroceder a mi época de estudiante primero y, más tarde, me ha trasladado a los gratos recuerdos de cuando traducía con mis alumnos “los Comentarios sobre las guerras de las Galias”  de Julio César, de manera muy especial, siempre que aparecía y explicaba el nombre de los “Druidas”, nombre que la primera vez me llamó la atención y me obligó a buscar información, que el propio Julio César manifestaba en sus escritos sobre su filosofía, sus principios morales y religiosos, su amor a la naturaleza, su influencia en las decisiones políticas y de gobierno que llevaron a este mismo conquistador a iniciar de alguna manera su extinción, dado su poder en todos los ámbitos: educativos, sociales, políticos y religiosos.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Luego, dominado y acaparado por otras ideas y acontecimientos, fui perdiendo el interés por esta cultura y aquellos famosos sacerdotes, magos y adivinos dedicados al estudio de la naturaleza, sin templos, sin estatuas religiosas, sólo el cuidado de bosques frondosos, sólo la naturaleza, sólo recibiendo la energía y el potencial que la madre tierra revitalizaba e inspiraba tumbándose sobre ella.

La palabra “Druida” significa en el lenguaje Celta: roble. El roble se convierte en el árbol sagrado de los Druidas; mejor, es su árbol sagrado, constituye uno de los ejes centrales de sus creencias, ya que les permite establecer una comunicación con los tres niveles de la divinidad: la parte enterrada, subterránea, por sus raíces; la de la superficie, por su tronco; la de las alturas, por su copa.

Podríamos concluir que el bosque era el autentico hogar para éstos, que el contacto perenne con la naturaleza, el hecho de tumbarse sobre la tierra era fundamental para ellos, suponía recibir toda la energía que ésta tenía, reanimaba la sangre por sus venas, hacía que se sintieran inundados de la misma fuerza y vitalidad que las propias plantas y árboles, esas plantas sanadoras y medicinales como “el saúco o el muérdago”. Así los árboles contenían un gran simbolismo: los de hojas caducas por su estacionalidad y carácter cíclico configuraban una alegoría de la vida; los de hojas perennes representaban la inmortalidad del alma; por esto, el bosque era algo sagrado para ellos. Yo me atrevería a afirmar de alguna manera, que los Druidas fueron los primeros amantes de la naturaleza,  los primeros en preocuparse de su conservación y mantenimiento.

Como elemento anecdótico a todo esto, sería la expresión tan vulgar de “tocar madera”, expresión que solemos decir, a la que acompañamos con un gesto de tocar algo ante una posible desgracia, y que podría tener su origen en el druismo, ya que estos sacerdotes, magos o adivinos se apoyaban siempre en el roble, lo tocaban constantemente para que el árbol los librara de sus males; de aquí, su carácter sagrado y benefactor, además de balsámico para sus remedios y males.

Otra reminiscencia que nos ha llegado es la recogida del muérdago: es muy corriente que hoy, llegadas las fiestas de Navidad, lo compremos para proteger nuestras viviendas y los habitantes de las mismas; pues bien, la recogida de éste tenía su propio entre los celtas siendo una planta muy benefactora entre sus miembros.

Los Druidas son los sacerdotes celtas, los conservadores de las tradiciones de su pueblo. Sus miembros eran elegidos tras una dura selección por el jefe druida, luego de un largo proceso de educación y enseñanza de sus doctrinas y costumbres. Los jóvenes mayores de catorce años se presentaban voluntariamente y después de un  proceso de adoctrinamiento eran consagrados.

Los Druidas a diferencia de otros pueblos o sacerdotes no formaban una casta; antes al contrario, se mezclaban con el pueblo, participaban de sus ocupaciones y tareas. Julio César en “los Comentarios sobre las guerras de las Galias” les atribuía tres funciones fundamentales: educadores, pues se dedicaban a la enseñanza oral, a veces, en forma de canto o poesía; la base de su adoctrinamiento era la inmortalidad del alma, la metempsicosis, pues la vida eterna era una prolongación de la vida terrena:

“La metempsicosis es una doctrina según la cual una misma alma puede animar diferentes cuerpos, como la trasmigración del alma de un ser a otro. Los egipcios ya hablaban de la metempsicosis; pero fue Pitágoras fundamentalmente quien lo introdujo en Grecia; más tarde, Platón habló de la trasmigración de las almas, que luego culminó con la teoría de la reminiscencia de las ideas”.

La segunda función fue la de jueces. Los Druidas entendían en crímenes, homicidios o herencias; a veces, actuaban como árbitros ante las diferencias entre tribus, en los tratados de paz y en las formas de intervenir en la guerra. Las penas para los castigados eran el destierro total de la tribu siendo declarados “apestados” o “proscritos” e, incluso, la muerte.

La tercera función era la de sacerdote: vestían túnica blanca; eran los intermediarios entre el mundo sobrenatural y los hombres; fijaban el calendario de la tribu y las fiestas entre las que sobresalían: la Beltaine, fiesta del matrimonio y la felicidad, en ella se celebraban todos los enlaces matrimoniales del año; la Samain, fiesta en la que se comunica el mundo de los vivos con el de los muertos, los espíritus pueden establecer contacto con el mundo terrenal; parecida a la fiesta cristiana de “Todos los santos”; la Lugnasad, fiesta en honor del padre Lugd, uno de los grandes dioses junto con la madre Danua o Dana; junto a esto, eran los encargados de recoger el muérdago en el solsticio de verano con un importante ritual, además de practicar la magia y prevenir el porvenir; sanaban a los enfermos o a los heridos en las batallas con hierbas naturales que buscaban en el bosque; hacían sacrificios en medio del mismo; por lo que los mantenían en buen estado bendiciendo las cosechas y el ganado.

Por último, como conclusión, entre los grandes valores de los celtas deberíamos destacar y sintetizar: su bravura en las batallas, su gran espiritualidad, su respeto a la naturaleza y a los bosques, una hospitalidad notable y su gran mérito y aportación, el trabajo de la metalurgia tanto en armas como en aperos de labranza.

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