Monthly Archives: diciembre 2011

FELIZ NAVIDAD

Seguimientos. Obra de Nieves Prat

En estos días de encuentro y amistad; en estos días de felicidad y armonía aparente o real; en estos días en que lo dionisiaco se impone con total impugnidad a lo apolíneo, lo aparta y arrincona hasta casi el olvido; en estos días… quiero desearos a todos los que seguís mis pequeños escritos, en especial a aquellos que tan fielmente me leen y opinan sobre lo allí expresado, que gocéis de unas felices fiestas y que proyectéis vuestra voluntad, esa voluntad liberalizadora, para que el año, que está ya apuntando, sea un año de anhelos cumplidos para vosotros y para todos.

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NO SOY… AUNQUE ALGO QUEDA

El pensador. Obra de Nieves Prat

No soy…, aquel joven impetuoso, ansioso y anhelante del conocer, admirador profundo de cuanto venía a mi mente, estudioso de la antigüedad clásica, preocupado siempre por la eterna pregunta que dio lugar al pensar racional, a la aparición del filosofar, al por qué último de todo lo existente.

No soy…,el lector romántico atraído por lo exótico del mundo oriental, expectante ante el descubrimiento de los Vedas y sus verdades o llevado por la fuerza del Yin y el Yang a la armonía equilibrada del orden del Taoismo reflejado por Lao-Tsé, vocación frustrada de juventud.

No soy…, el seguidor fiel de la moralidad de Kant, pensador descubierto e influyente en aquellos instantes, ni su concepto del deber por el deber, que tanto me ató a una idea de cumplimiento exclusivista a la ley.

No soy…, el impresionado, el perfecto interprete del arrebatado verbo de Nietzsche, de su atrayente desarrollo de lo apolíneo y lo dionisiaco, con sus encendidas expresiones llenas de fuerza y belleza. Ni con su idea, en otro tiempo,  acaparadora de toda mi atención e intensidad de trabajo, hasta el punto, que llegó a ser el origen de mi tesis filosofal: “La muerte de Dios”. Me deje arrastrar por la voluntad de poder, por el espíritu constante de superación, por todos los valores allí latentes hasta descubrir el superhombre, el ser nuevo nacido con la muerte de Dios, que se hacía espíritu de niño para conseguir la meta.

No soy…, con Kierkegaard ni Schopenhauer nihilista ni negatividad. Existencia que resulta una paradoja debido a la finitud del hombre, desde donde surge la angustia como modo más específico del ser humano. Voluntad y fuerza, representación del sujeto y el objeto. Nirvana oriental.

No soy…, el ser existente, la realidad única de Martín Heidedegger. Ser que es en sí, el ser –ahí, el ser que domina toda la existencia. Ser que es no ser, en tanto en cuanto en algún momento fue o tiene capacidad para ser. Ser que es realidad presente. No ser que aún puede alcanzar el ser. Nada.

No soy…, un hombre recostado a una farola  con un cigarrillo en la comisura de los labios a punto de apagarse, -sobre todo, porque nunca he fumado-, a la luz del tenue brillo de la misma, reflejando la fina lluvia que me cala hasta los huesos, entumece mis músculos y me deja en una esquina solitaria de cualquier calle, de ninguna ciudad de Sartre y su nausea. El ser y la nada. El para sí y el en sí. El para sí libertad absoluta y negación del en sí. Sentimiento de angustia y fracaso.

No soy…, pero algo debo de ser. Algo debieron dejar en mí.

No soy…, la esencia de Zubiri. Esencia enfrentada a existencia. Esencia que complementa el concepto de existir. Esencia como estructura de la sustantividad, dimensión de un ser humano capaz de sentir la realidad misma como su fundamento. Ser humano abierto a las cosas y capaz de realizar todas sus posibilidades, de crear unas nuevas, de proyectarse. Hombre religado.

Soy…, un proyecto en el presente, un proyectarse al futuro. Un futuro existente porque es proyección. Proyección infinita. Proyección eterna. Proyección ilusionante e ilusionada. Proyección de apertura a lo existente. Proyección inmortal en cada uno de los vigorosos y potentes brotes en los que mi ser se prolonga en un renacer continuo.

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EL SILENCIO EN EL DIÁLOGO CONTEMPLATIVO DE LA OBRA DE ARTE

Toda obra de arte necesita obligatoriamente un momento de  diálogo, un diálogo que vamos a llamar contemplativo: el diálogo de la contemplación.

Una obra de arte, sea de la condición que sea, no es un mero objeto que está ahí,  un objeto que se me muestra sin más; es, ante todo, un diálogo viviente, ya que, si tiene el rasgo, el carácter de la autenticidad, de una verdadera obra de arte, lo que en sí encierra, es una comunicación interior a todo aquel que ante ella se presenta, se para a contemplarla.

Sensaciones Obra de Nieves Prat

Sensaciones
Obra de Nieves Prat

Así, cuando se poseen elementos artísticos, una riqueza de vida, el hecho lingüístico, la idea imaginada se transforma en una fuerza creadora. Un mundo fluido brota en el interior del artista, mientras el pensamiento se desvive por hallar la imagen precisa, la frase certera, aquello que haga posible la aparición del universo de ideas que bulle dentro del ser. De aquí, la inquietud, el nerviosismo, la zozobra al comprobar la diferencia entre ese mundo interior tan rico de matices y posibilidades y la realidad plasmada. El creador se ve obligado siempre a renunciar a infinitas manifestaciones, a múltiples ideas posibles, ya que al elegir una realidad creada, rechaza muchas otras formas.

Una cosa es encontrar y otra crear formas de lenguaje, o de otra índole, plenas de expresión; por ello, decimos que el arte en general es un  lenguaje cargado de silencio. El arte se convierte en palabra,  palabra que expresa la tremenda riqueza de los seres profundos en una situación de contemplación silenciosa, El silencio requiere profundidad, interioridad, autenticidad, espíritu contemplativo y admiración ante  la obra que se presenta en sentido pleno.

Es verdad, que la obra es comunicación, es apertura, es expresividad; todo esto, conduce al ser humano al más estricto y auténtico silencio contemplativo, a la más honda intimidad. Por el contrario, toda comunicación que sea un dejarse llevar por una infinidad de palabras sin más, si le falta lo importante: una mirada penetrante de silencio; en estas circunstancias, el ser humano queda disperso, desorientado y alienado.

Por consiguiente, toda obra de arte que se precie, sirve para poner a la persona que ante ella se detiene, al simple espectador, en presencia de realidades, realidades que se hacen patentes sólo a quien es capaz de admirarlas en un profundo diálogo contemplativo cargado de silencio.

El lenguaje nos puede perder y también nos puede ganar; nos puede sublimar hasta la total plenitud o hundirnos en la más honda fosa de la banalidad; por eso, si observamos con detenimiento, entenderemos como el diálogo entre dos seres que se aman profundamente, es un diálogo que se hace silencio. No existe ninguna comunicación sino hay un profundo silencio; por tanto, la plenitud total del silencio la encontramos los seres humanos en una comunicación significativa. El silencio, al contrario de lo que piensa mucha gente, gente  por lo general poco seria, no es privación, no es nulidad de la palabra, no es falta de expresividad y lenguaje, no es que no se tenga nada que decir; el silencio, la plenitud del silencio la hallaremos siempre en la comunicación significativa.

El silencio es testimonio de lo pleno y trascendente. El ser humano en actitud de silencio está siempre abierto a todo, a la expectativa, a la captación del mundo creado; pues el silencio es un espacio espiritual en el que la existencia se nos aparece, se nos manifiesta en su plenitud, en su máximo esplendor por encima de toda parcialidad, de todo cuanto nos rodea.. El silencio nos hace estar a la escucha, nos permite poner en tensión el espíritu y llegar al plano profundo de las significaciones.

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