LA PROFUNDA GARGANTA DE VILLALAILÁN

"La Profunda Garganta" Obra de Nieves Prat

          Ciertamente, si miramos un mapa de la orografía española, nos encontramos con numerosas gargantas, hoces, desfiladeros y valles: garganta del Cares, hoces del Duratón, garganta del río Lobo, hoces del Gabriel…, pero ninguna tan bella ni tan hermosa como la profunda garganta de Villalailán.

         Garganta. Herida profunda de la tierra. Abertura descarnada con miras de intensidad. Hábil bisturí en manos de un experto cirujano, que cincela y rasga, cual perfeccionista escultor, la silueta penetrante en el interior de las entrañas de la misma tierra.

         Zanja. Hendidura trazada en la planicie, que se retuerce, zigzaguea, aparece y desaparece, se redondea en permanentes meandros, se hunde en su privacidad, avergonzada por dejar al descubierto sus misterios,  sus miserias y sus bondades, sus perennes secretos nunca aireados.

         Agua. Agua lenta. Agua precipitada, saltarina y alocada. Agua torrencial, según la época estacional o las abundantes y fuertes descargas de unas abigarradas nubes envidiosas y airadas con tu belleza y entidad. Agua que se convierte en río. Río que se transforma en corriente caudalosa. Caudal que forma cascadas y lagos, que se amansa y arremolina, que hiere y penetra como un ariete bravío, que se va abriendo paso entre la férrea roca resistente y la blanda tierra anhelante por recibir en su seno la sabia de tan constante discurrir, de tan fructífera semilla.

         Muralla fortificada. Fortaleza inexpugnable ante los más fieros combates y los asaltantes más aguerridos. Fuerte repleto de almenas y atalayas, que soportan el ímpetu enemigo,  brinda protección y seguridad a quienes a sus píes se refugian; a quienes, confiados en su potencialidad, acuden angustiados en busca de ayuda, sabedores de tu seguridad, de tu apoyo y tu respuesta siempre acogedora.

         Vegetación. Robustos árboles de fornidos y esbeltos troncos que asomar pretenden, que desde tu hondonada se elevan, llenando de un manto verde oscuro aquel mar dorado por la llanura y achicharrado por las ardientes llamaradas de un sol abrasador. Oasis de la oquedad. Arbustos que surgen, se entrelazan, se enredan ocultando aquel lecho matrimonial de algodonada espuma blanca, donde el río y la tierra se abrazan y se entregan en una apasionada aventura de erosión continua.

         Vida que allí brota. Vida bien regada y abonada. Vida de alegres, cantarines y vistosos pajarillos que buscan el cobijo de las ramas, que anidan entre sus troncos y dan juego y disfrute gozoso a aquel discurrir.

         Sonoro murmullo que de lo hondo llega. Suave  y armonioso sonido de un reposo tranquilo mezclado con el aleteo de pequeños e inquietos volátiles, que se mueven entre las hojas, cual fina y delicada brisa, que regocijan la vista del atento observador.

         Los jóvenes enamorados saborearon este placer. Abrieron sus sentidos. Acogieron en su fantasía todas y cada una de estas sensaciones. Se sintieron en comunión con aquella naturaleza risueña que les brindaba armonía, sosiego, reposo y paz, oyendo nítidamente su llamada, acudiendo a su cita puntual, penetrando en su imponente oscuridad, descubriendo la juventud y la delicada melodía de su bien orquestada conjunción.

1 Comment

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One Response to LA PROFUNDA GARGANTA DE VILLALAILÁN

  1. Jorge Varas

    Siempre resulta interesante la comparación entre el arte y la naturaleza. Cuando pienso en la conexión de estas dos realidades, no puedo evitar verme de espaldas mirando un paisaje; como uno de esos personajes de escala mínima que funcionan como contrapunto plástico de los cuadros de ese portentoso pintor que es Caspar David Fiedrich. Este artista, ejemplifica excepcionalmente nuestra situación ante la inmensidad de lo que nos rodea. No estoy del todo convencido de que la belleza artística supere a la de la naturaleza, pero es evidente que nuestro juicio estético es el que justifica el valor de lo natural (necesidad del arte hoy mas que nunca). Los fenomenos que admiramos y nos sobrecogen como pueden ser violentas tormentas, inabarcables paisajes, o cromaticos micro-organismos, no tendrían valor sino fueramos una especie animal capaz de buscar y encontrar belleza. Intentando revisar este concepto, renovándolo, estableciendo nuevas conexiones entre los instrumentos y las estrategias que lo pueden hacer aparecer, puede estar la principal justificación de continuidad del arte.

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