PRIMERAS SENSACIONES DE UNA PRIMAVERA INCIPIENTE

"Primavera". Obra de Nieves Prat

«Primavera». Obra de Nieves Prat

La naturaleza reverberaba por todos los poros. Los campos  empezaban a mostrar su intenso verdor junto a la rojiza y rejuvenecida tierra recién labrada, luego de las abundantes lluvias derramadas por densas y rápidas nubes algodonadas, que se dejaban desplazar a capricho del viento como mecidas por unos delicados brazos.

Los árboles ya vestían sus mejores galas, ya lucían sus perlas más preciosas, cambiando el triste y esquelético traje del tiempo pasado por un florido y hermoso vestido: blanco, rosáceo, sonrosado como las mejillas de una pudorosa doncella, morado, violeta o dorado como el de las Mimosas. Así: los almendros, los cerezos, los ciruelos y hasta los naranjos, extraído ya el dulzón y jugoso fruto, incluso con él sin recolectar, dejan ver unas brillantes perlas blancas, que destacan y sobresalen sobre el fondo verde que las cobija y protege, como hermosos y resplandecientes pendientes que les engalanan y provocan a su contemplación, envolviendo todo el ambiente con un intenso y agradable perfume, por no mencionar al resto de los árboles o arbustos.

La atmosfera se impregna de olores, deleite de los sentidos, embriagadores, penetrantes, que embelesan y expanden nuestro espíritu, como pequeñas burbujas alucinógenas que se elevan por el aire bamboleadas y como flotando en la etérea atmósfera, nos penetran, se adueñan de nosotros dominándonos, atrayéndonos, llenando de azahar suave y delicado nuestros sentidos anhelantes de algo claro, limpio, trasparente, alejado de este mundo que todo lo enturbia, nos intoxica y hastía con tantas mentiras y podredumbre, con engaños y ocultamientos.

Las laderas de las montañas, las duras pendientes y los altiplanos del Montgó se cubren con la blanca Jara, como si una extensa nevada hubiera aparecido por encanto sobre aquel manto verde, reluciendo su delicada blancura con la luz trasparente del Mediterráneo, expandiendo su perfume por todo el ambiente, hasta penetrar su aroma combinado con otros olores de otras plantas diversas en lo más profundo del ser receptivo y dispuesto a saborearlo.

Hasta las hierbas, esas hierbas que frecuentemente despreciamos, esas hierbas nocivas que arrancamos de los campos o de los lindos jardines, hacen florear los sembrados con sus tonos rojizos, blanquecinos, amarillentos; flores de diversos tamaños y coloridos, a veces, no muy agradables en su aroma, pero que embellecen, adornan por aquí y por allá,  sin tino y sin destino fijo, formando extensos ramos, círculos inmensos acompañando al verdor del trigo y de la buena simiente, pero que producen placer a la vista contemplativa, a la sensibilidad despierta que se dispone a disfrutar de las cosas más pequeñas y menos significativas.

Los pajarillos con sus tonos multicolores, sus vistosos plumajes bulliciosos y alegres, juguetones y coquetos, se dejan ver revoloteando de aquí para allá entre el ramaje de los árboles aún no cubiertos de sus verdes hojas, emulando y compitiendo en belleza con las lindas  flores de diversos y floridos colores. Sus risueños y amigables trinos nos atraen y apaciguan, nos calman y nos tranquilizan las entrañas, deseosos de escuchar esa hermosa armonía que es la naturaleza bien dirigida y orquestada.

Prestamos especial atención y nos detenemos para admirar al negro Mirlo de pico dorado, que saluda al sol del amanecer con sus tiernos silbos o lo despide al atardecer con una penetrante melodía, antes de que las sombras de la noche lo oscurezcan todo, incitando y animando a ese glorioso arco iris de mil colores que los rayos solares filtrándose por el horizonte dibujan en lo alto del firmamento, para regocijo de un alma asombrada ante la maravilla que se le ofrece.

Oímos correr el agua cristalina y torrencial fruto de los primeros deshielos, el bullicio de su sonido, la musicalidad de su canto al saltar de piedra en piedra, al superar los obstáculos que se oponen en el lecho de su cauce, al que desborda y supera para inundar las tierras deseosas de su vitalidad y frescura, la vida que en los remansos se percibe gozosa y el frondoso verdor de sus riberas.

Contemplamos el mar, ese mar de brillantes tonalidades; ese mar que a fuerza de luz hace daño a la vista por su tremenda claridad, luminosidad e inmensa calma en estos precisos momentos; ese mar que enamoró a Sorolla, que le llenó de luz y grandeza, que nos abraza con su ternura infinita y nos atrae; ese mar que es vida, que es trasparencia, que nos resulta tan atractivo; ese mar de frescor que nos da aliento; ese mar de color, de  infinitos colores: azules, añiles, verdes, amarillos, grises, oscuros, anaranjados y un sin fin de matices incapaces de describir y enumerar; ese mar que nos ilusiona, nos encandila, nos alegra el corazón, nos invita a lo magnánimo, a la generosidad, al amor y nos dignifica.

Hoy, veinte de Marzo de dos mil trece tenemos la suerte, la enorme dicha de percibir, de sentir, de ver, de disfrutar y regurgitar a modo de transmisión perenne estas sensaciones, estos halagadores perfumes, estas brillantes panorámicas de tan amplios colores, esta claridad lumínica cegadora y a la vez enriquecedora que la primavera nos muestra, que el universo nos manifiesta, que el hacedor de la belleza y la hermosura nos presenta a nuestros sentidos para que seamos capaces de gozarla, de saborearla, de admirar extasiados la grandeza de toda la bondad que nos rodea y nos vivifica.

1 Comment

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One Response to PRIMERAS SENSACIONES DE UNA PRIMAVERA INCIPIENTE

  1. Paloma Perrote

    Precioso cuadro, maravilloso pensamiento sobre la primavera.
    Gracias a los dos por haber hecho mi día un poco más bonito.

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