EL YIN Y EL YANG EN LA VIDA EN UN INSTANTE

El Yin y el Yang son las dos categorías cuya síntesis constituye el principio del orden universal: el Tao, el cual se manifiesta siempre alrededor de

"La Vida en un instante". Obra de Nieves Prat

«La Vida en un instante». Obra de Nieves Prat

estos dos aspectos contradictorios y complementarios, pero como principio de orden y de unidad, como algo  misterioso, trascendente e inefable. El Tao admite que lo real, más allá de su diversidad, es uno. En el Tao se unifican los seres a través de la reflexión profunda y sincera, la contemplación de la naturaleza y la belleza de lo anhelado y ansiado, la contemplación de lo sublime y el éxtasis en una unión honrada y plena, en una realidad total, que escapa a todo lo ilusorio y superficial.

Aquí, en esta realidad, confluyen todas las contradicciones de lo positivo y lo negativo, del bien y del mal, de la grandeza y la pequeñez, de la verdad y la traición, del amor y del odio, de la vida y la muerte. Ésta es la realidad suprema en la que se encuentran y se superan las contradicciones. Éste es el principio de liberación en un acto intelectual y místico.

Por eso, los protagonistas de esta novela siempre aspiran a unirse: bien, a través del encuentro; bien, a través de la contemplación; bien, a través de la búsqueda o la entrega amorosa y pasional, en esa realidad, en ese principio de orden y unidad que les libera de todas las ataduras.

Ellos pasan de manera irregular por todos estos escalones. La vida real les hace experimentar todas estas contradicciones que se les ofrecen y manifiestan. La realidad de la vida les muestra esa múltiple diversidad por la que se deslizan, pero son conscientes en todo momento de ese principio inmanente, de esa ética de vida que desean y por la que luchan.

Juan y Marta son sabedores de este fluir. Ambos viven y se plantean su existencia de acuerdo con ese modo de vida: Marta es más constante, más entregada, más alegre, más decidida y dinámica, más fiel, más amante de la verdad y la hermosura, más generosa, más abierta, más libre en sus actuaciones; Juan, por el contrario, es más contradictorio, más vivir la vida sin otras preocupaciones que lo atenacen, dejándose llevar por las circunstancias la mayoría de las veces ajenas a su propia realidad y deseo, que lo traen y lo llevan, que lo arrastran de una categoría a otra, que lo zarandean de aquí para allá sin una línea de continuidad, pero que siempre acaba buscando y encontrando ese aspecto contradictorio y complementario, consiguiendo esa realidad la reabsorción de todas las contradicciones en la que se halla la síntesis, la unidad plena y sublime, el encuentro consigo mismo y su opuesto, siempre alcanza ese principio universal de unidad y orden.

Así, Marta se convierte en su remanso tranquilo, sosegado y transparente. Juan se transforma ante su presencia, se olvida del mundo y de sus problemas, de ese mundo sensible de constantes mutaciones: de tinieblas y luces, de frío y calor, de pasividad y actividad, de día y noche, de traiciones ocultas y goces pasajeros, pero, también, de elementos sensibles y profundos que lo liberan y lo unen más a su único objetivo final, perdiéndose en esa profunda realidad, principio de orden y unidad trascendente.

Marta se transforma en su vértice, en su faro orientador y guía, en su Tao de liberación inefable, es su plenitud y su totalidad en un solo acto de espiritualidad.

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