Monthly Archives: septiembre 2013

LA SENSACIÓN DE ULISES Y EL CANTO DE LAS SIRENAS

¿Os habéis detenido alguna vez a escuchar la maravillosa y perenne sinfonía del mar? ¿Habéis prestado la máxima atención para poder percibir cada uno de los instrumentos musicales y su armonía bien conjuntada? ¿Os habéis sentido cautivados primero, arrastrados después y extasiados ante la sublime melodía que más y más te atrae, te arrulla y adormece hasta observarte suavemente mecido con sus armónicos sonidos? ¿Acaso, nunca habéis querido experimentar las sublimes sensaciones que Ulises debió de tener amarrado al palo de su embarcación y que nos narra en la Odisea?

Andaba yo un día, expectante y vigilante siguiendo los movimientos continuos, los permanentes vaivenes de las olas sobre las que mis

nietos Javier y Fernando, quienes, sobre sus tablas de surf, se deslizaban con las ondulaciones que una breve brisa mañanera producía: primero tumbados, luego de rodillas y, por último, colocándose de pie sobre las mismas, dejándose llevar hasta la orilla, donde perdían fuerza y acababan mansamente sobre la arena, celebrando como auténticos atletas cada vez que conseguían su objetivo y alcanzaban ese final tan deseado como unos gladiadores vencedores del mar, como expertos circenses que hacían malabarismos, como equilibristas sobre las aguas, como domadores de las fieras embestidas de esas poderosas y potentes masas de agua, acordes y rítmicas en su nacimiento y en su velocidad siempre violenta, pero moderada a la vez tras pequeños intervalos de silencio y quietud.

Ensueño. Obra de Nieves Prat

Ensueño.
Obra de Nieves Prat

En ese preciso instante, un susurro, un rugido bien armonizado, una cascada desenfrenada y acompasada de sonidos comenzó a sonar en mis oídos, me fue invadiendo, se apoderó de mi espíritu hasta lo más profundo y acabó por conquistar mi atención, por hacerme bajar la guardia como hipnotizado,  por embrujarme, por tornar los ojos e ir poco a poco percibiendo en cada uno de mis sentidos, en especial en el de la audición, todos los instrumentos, todas las cuerdas de la orquesta, todos y cada uno de los interpretes con una clara definición de ellos, quienes unas veces con delicadeza, otras con fuerza y hasta con cierta violencia ejecutaban fielmente aquella partitura, aquellos diversos acordes, siguiendo el ritmo que marcaba la batuta del director: aquí percibías los violines, allí los clarinetes, en otros compases las flautas, más allá los tambores, y, como dando la nota profunda, aparecían los bajos y contrabajos sin olvidar los saxos o las trompetas, que llenaban de luz y colorido siempre que entraban y se dejaban sentir. Todos, al unísono, orquestaban la más hermosa y bella sinfonía que jamás oído humano se haya detenido a escuchar, que no tenía fin, que interpretaba todos los matices, que te elevaba del suelo, que penetraba en las entrañas más sensibles del ser, que te acunaba suavemente hasta dejarte absorto en la contemplación y audición de aquella maravilla, interminable e infinita melodía.

¿No habéis cerrado nunca los ojos sentados a la orilla del mar y no habéis abierto vuestra sensibilidad más íntima para que éste os penetre, os llene plenamente por dentro de esa magnífica y entrañable sensación al percibir su sonido siempre bien atemperado, su entonación perfecta y permanente, sin desafinar lo más mínimo, su dulce adormecer con esa nana que hace sonar esa maravillosa voz atiplada con la brisa del mediodía, que te permite olvidarte de todo, extasiarte y sublimarte?

Os invito a saborear la melodía, la sinfonía más rítmica, la música más hermosa que oído humano haya podido nunca percibir: ese ir y venir, ese cabalgar sobre la superficie marina, esas pequeñas crestas que crecen y se desplazan, que ascienden y descienden, que rompen una y otra vez, siempre al mismo compás del tres por cuatro, que aparecen bravas cuando suenan las trompetas, los clarinetes y los tambores, pero que se amansan suavemente, delicadamente con la entrada armoniosa de los violines y descansan mansamente, una a una, sin atropellarse, con un orden ya marcado, hundiéndose en la doradas y blandas arenas que brilla con los rayos del sol, cual si del precioso metal se tratara, hasta acurrucarse en las mismas, en la orilla, como si de una manta tenue y delicada se tratara que las cobija, las acoge y las adormece en la blanca dulzura de una algodonada sábana acariciadora, de una sábana espumante de delicado tacto y de limpieza sin igual.

Los sonidos se combinan en secuencias temporales produciendo un efecto cargado de estética, de enorme y extraordinaria expresividad, de magnitudes nunca antes percibidas, en las que el oído capta la armonía, el ritmo y la melodía de forma conjunta, cual la mejor expresión del lenguaje musical creado por autor alguno, proporcionada, agradable, causando un estado de bien estar, de paz, una sublimación del espíritu ante tan perfecta combinación en su sucesión cíclica y regular.

El mar es música continua, es ritmo regularizado y acorde, es armonía de sosiego y tranquilidad, es melodía bien orquestada y magníficamente dirigida, perfectamente guiada por una mano experta e invisible de un gran maestro y unos grandes profesionales, que siguen con diligencia y fidelidad las pautas de una batuta apenas perceptible que manda y se impone, que se convierte en la prolongación ordenada del gran director. El mar es agua, agua mecida por la brisa, pero, también, es ritmo, es melodía, es armonía, es paz.

Ahora se entiende la decisión atrevida y valiente de Ulises. Ahora se comprende su afán incuestionable por escuchar aquella fantástica melodía, aquella música inspirada en la mejor de las partituras y que él pensó que se trataba de un simple canto de sirenas con voces y coros sublimes y delicados. Ahora se justifica de forma razonable que corriera aquel riesgo, sólo él, para poder saborear con detenimiento y disfrutar de cada uno de los acordes, de percibir con plenitud aquella exquisita y sublime melodía, que jamás ser humano había sido capaz de percibir sin ser atraído y subyugado, hasta esclavizado.

En estos momentos me considero Ulises amarrado fuertemente al mástil de mi navío, mientras me embriaga esa dulce sensación melódica y mi mente se siente renacer, se reconforta y se pierde en la inmensidad del todo.

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LA EFÍMERA, UNO MÁS

El año pasado, en el mes de Julio, hablábamos de la Efímera destacando su carácter de algo perenne, de algo que sobrepasa al tiempo, de algo EFIMERA2013perdurable y que va más allá de lo establecido, a pesar de su significado.

Hoy ante la nueva convocatoria de los artistas del Foro del Henares a una nueva celebración de la Efímera para el trece de Septiembre, creo que debemos reseñar y me parece muy importante su carácter de continuidad, la asiduidad y persistencia en una idea, lo consistente, lo que perdura a través del espacio y del tiempo, lo que deja tan grato y enorme recuerdo a quienes lo visitan como aquellos que lo expresan, lo que se consolida y se repite, aunque en un continuo movimiento de renovación, de creatividad, de imaginación e ingenio para idear algo nuevo, algo que conmueva, algo que llega a las entrañas, las convulsiona y las revuelve, perdurando emocional y sentimentalmente en el ser, algo que va  más lejos de la voluntad de poder y del orden armónico de las cosas, se repite y se regenera a través de la mente, a través del pincel y la espátula, con el cincel, a golpe de martillo y una firme y resolutiva mano fruto de una inteligencia poderosa y una visión imaginativa y fructífera.

Ciertamente no estábamos hablando de un caos desordenado,  inconsistente y sin sentido, no nos referimos tampoco a la armonía cósmica, ni al sosiego del infinito universo, estábamos pensando en el orden intelectual, en el fin concluido de la idea, en la materialización de aquello que el ser creador es capaz de dar forma y finalizar, llegando a una expresión concreta con sentido y significado aún dentro del aparente sin sentido del ser humano, sobreponiéndose al mundo angustioso del absurdo hasta alcanzar el nihilismo intranscendente de lo establecido, de lo materializado dentro de lo inmaterial, de aquello que se expone y se manifiesta ante la mirada atónita y sorprendida de unos ojos curiosos y admirados ante lo que no entiende, ni comprende, ante lo que aparentemente es efímero y caduco, ante lo que no alcanza la categoría de lo hermoso, quedándose y permaneciendo en el plano de lo grotesco, de lo incoherente, de lo incomprensible, de lo pasajero y volátil.

Hoy queremos avanzar y lanzarnos más allá de lo puramente establecido, queremos llegar a alcanzar el éxtasis: no el de aquellos místicos poetas y contemplativos de los siglos XVI y XVII; no el de aquellos seres espirituales que se elevaban ante la representación sublime; no el de aquellos otros, cómicos y titiriteros, gente del ruido y de la farándula, gente de la exhibición y la recompensa, que se exhibían en las plazas y mercados públicos ante el aplauso o el griterío de cuantos se maravillaban ante el espectáculo; debemos de luchar para adquirir la esencia de la idea, la síntesis de la interioridad, la profundidad interna e íntima de ese mundo expresado, de ese universo vivido y representado, de esa totalidad llena de misticismo e integridad que configura, que conforma la idea llevada hasta culminar la maravillosa sensación de lo observado, de lo manifestado, querido y deseado, que se muestra con un intenso interrogante de admiración total, de sugerencia sincera del alma que penetra en la idea, estudia su honda profundidad  y permanece expectante mientras su espíritu se inflama y se deja cautivar, es arrebatado y arrastrado a un estado de ensimismamiento.

El contraste entre el acto efímero en sí y la manifestación de la Efímera con el objeto creativo supuesto, aún pleno de efemeridad, se hace real en un choque de permanencia en el tiempo, de atracción cautivadora, de idea mantenida y seguida, de exaltación de lo pasajero y caduco frente a lo glorioso y sublime, de algo que rompe y hace añicos las reglas de la estética perdurable, estableciendo una nueva concepción, un nuevo alumbramiento, un sin sentido o contra sentido de la inspiración, un hacer presente y patente sin control y sin medida, basado sólo en la idealidad  estilizada y esquemática de algo novedoso, pero existente, ya concebido en la mente pensante del ser que lo elucubra, que lo planifica y lo deja nacer y crecer.

Me parece muy interesante e importante esta llamada de atención. Me parece por parte de Teo y Gonzalo, convocantes del evento, un acto digno de agradecer, que aunque sea con un año de retraso en el tiempo que no en la mente, nos anuncian a todos: artistas del Foro del Henares y espectadores curiosos que nos acercamos con placer y expectativas, amén de aquellos de espíritu receloso o esquivo, a pesar de los inconvenientes con los que habrán tenido que contar  y solventar para su organización, una estupenda manifestación de la creatividad llamada Efímera, en la que se rompe la monotonía, se destrozan las normas, se lanza un grito de rebeldía, se alza la voz de la inteligencia, se da un toque de atención e inconformismo a una sociedad sumisa, acatadora de las normas establecidas por otros, con unas ruedas pesadas y deformes con las que nos quieren hacer comulgar, donde el caos se eleva a la categoría de arte, donde el desorden aparente se convierte en muestra de alta inteligencia, donde el Tao meticuloso impone unas nuevas formas y donde lo abandonado, lo desechado por los demás, lo dejado a un lado como inservible y sin utilidad, donde lo más absurdo y perecedero se convierte y se recicla en algo admirable, algo que causa expectación, algo que produce una llamada de atención brusca y un gesto a veces de desencanto a esas inteligencias mediocres que en la mayoría de los casos nos dominan y se nos imponen sin dejarnos vislumbrar la luz de la imaginación.

Nos encontramos pues ante un nuevo acto de la Efímera, ante una nueva demostración del ingenio y la mente creadora de personas de nuestra sociedad alcalaína, personas ilustres como tantas otras que existen, que nos han precedido y que nos seguirán, porque no olvidemos nunca que estamos en la ciudad de las artes y las letras, en la ciudad del saber y de la universidad, en la ciudad de nuestros conciudadanos: Cervantes, Cisneros, Juan Ruiz, Figueroa y otros muchos, quienes nos deleitarán y nos maravillarán, como sus predecesores, con su capacidad, su improvisación, su inspiración, su forma de entender el mundo y la vida, dando un poco de humor y tragicomedia a nuestro acontecer, despertándonos de ese largo letargo de tantos años adormilados, como drogados por no se que ungüento o magia secreta que nos tiene sumidos en el nimbo, como anonadados ante lo expectante, lo maravilloso, lo estético, lo siempre sublime y excelso, la mímesis profunda de las cosas y la nihilidad íntima de las ideas o el mimetismo de los colores, las líneas y los trazados sobre el papel o la tela, la madera o el hierro, la piedra o cualquier otro ser de la naturaleza. Esto es lo grandioso de la voluntad de poder del ser creativo.

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UNA MENCIÓN A “LA VIDA EN UN INSTANTE”

¡Hola amigos y seguidores! Después de dejar pasar todo este periodo vacacional, donde he pretendido dejaros descansar de mis diferentes temas y sobre todo de los agobios con insistencia ante la aparición de mi segunda novela “La vida en un instante” -¡todos tenemos derecho a relajarnos y tener unos días dedicados a nuestras peculiaridades más diversas!-, quiero retomar de nuevo esta actividad en la que intercalaré pensamientos íntimos, sensaciones diversas sobre la ciudad de Alcalá y algún que otro artículo sobre la esencia de “La vida en un instante”- ¡de alguna manera tendré que irla promocionando!-, a parte de otros temas variados de más o menos calado.

Antes de nada, deseo que todo este tiempo de ocio haya sido de vuestro agrado, haya resultado como lo teníais proyectado, hayáis podido

"La Vida en un instante". Obra de Nieves Prat

«La Vida en un instante». Obra de Nieves Prat

dejar descansar la mente, lograda vuestra recuperación y reforzamiento, y vuestro espíritu haya salido fortalecido, robustecido y preparado para aceptar los nuevos retos de este nuevo tiempo con energía y de forma abierta.

Dado los tiempos que estamos viviendo, donde las vicisitudes, las añoranzas y los padecimientos se adueñan de nuestro interior, creando dudas y poniendo en riesgo la zozobra de nuestra nave ante las terribles circunstancias; os anhelo desde estas líneas lo mejor para todos, que podáis seguir soñando con esa realidad profunda y que vuestras ideas, vuestros pensamientos y vuestras acciones superen el curso pasado y se sobrepongan a los acontecimientos sean de la índole que sean.

Quizá por ello, nada mejor que la lectura de “La vida en un instante”, mi segunda novela; si aún no la habéis leído, deberíais leerla con prontitud; ella os situará en el lugar de los protagonistas, ella os presentará a Juan y a Marta y con ellos viviréis vuestra propia realidad con la misma intensidad y pasión que la viven ellos, compartiréis la profundidad de vuestra vida con toda seriedad; aunque, ciertamente, ellos se dejaran para sí una parcela de su propio ser, algo que no controlaban y se les escapaba allá en su interior más hondo, algo de lo que a veces no eran conscientes y de lo que no se sentían culpables por consiguiente; más bien, el destino, las circunstancias, el devenir de la vida les había arrastrado sin sentirse protagonistas, ni dueños de su existencia. Por eso, los dioses del Olimpo, las veleidades de la naturaleza, los azares de las personas jugaban en algunos instantes con ellos, haciéndoles partícipes de esta realidad ajena de la que no se sentían propietarios ni, a veces, responsables. Esos dioses disfrazados que, como en la antigua mitología, jugaban con la vida de las personas a su antojo y capricho, amándoles, penetrándoles y transformándoles en sus esclavos.

Sin embargo, al final de la aventura siempre regresaban a su interioridad, a su intensa vida vivida, a sus vivencias profundas, sin que nada interrumpiera en un ápice su ser sí mismos, su entrega sincera y proyectada en los demás; en especial, en sus hijos Ánntony y Clara y, así, hasta el final, hasta que su ser se resquebraja y se hundía en el infinito inmenso de la persona en la que se proyectan, se interiorizan por encima de las acechanzas, de las inquietudes, de las circunstancias de una vida entregada a su propia realidad. Ellos se sienten protagonistas y conscientes de esa fuerza indestructible que les arrastra hasta entregarse y fusionarse en la unidad profunda del ser.

Nada les intimida. Ninguna barrera aparente se levanta frente a ellos, sólo su honradez, una honradez interpretada a su manera, una honradez recubierta y oculta, una honradez perdida en medio de las tormentas se les enfrenta y les pone reparos, les presenta interrogantes, pero son capaces de sobreponerse y enfrentarse con orgullo a su entorno, a su sinceridad, a su resolución de una vida en comunión y unida hasta el final.

Por todo esto, la realidad de “La vida en un instante” es intensa y allegada a cada uno de nosotros, se nos ofrece como algo cercano y algo que nos afecta, como algo de lo que no nos podemos escapar ni sublevarnos, como algo irrenunciable y que está ahí, como algo que nos da un sentido a nuestro existir.

Ésta es la seriedad de “La vida en un instante”. Ésta es la realidad profunda y seria de este devenir que se aparece y se manifiesta en cada uno de nosotros.

¡Feliz reencuentro con vuestra realidad que, en definitiva, es la realidad de cada uno de nosotros, de todos en común!

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