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HA LLEGADO EL MOMENTO DE ACTUAR. ES TU OPORTUNIDAD

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo” decía Eistein no exento de razón y justificando cada una de sus palabras, pues la monotonía, la falta de iniciativa, la rutina constante y pesada, la carencia de imaginación y de poder, el hecho de no querer y no esforzarse para que algo, al menos, sea diferente y produzca movimiento es el mayor de los defectos, la más grande inanición, la ruina del ser personal responsable.

Obra de Nieves Prat

Enredos. Obra de Nieves Prat

“La creatividad, añadía el mismo autor, nace de la angustia como el día de la noche oscura”. Es, por consiguiente, en los estados de crisis, en los momentos de dificultad, en los tiempos más negros y desesperantes, cuando nace la iniciativa, cuando surgen las ideas, cuando aparecen los grandes descubrimientos, cuando el ser humano agudiza el ingenio, cuando alumbran y aparecen las mejores y más grandes estrategias, cuando aún los seres más ineptos, los más absurdos y aburridos, los desganados y apáticos, los abandonados a su suerte y hundidos en el profundo pozo de la ansiedad, la angustia y desesperanza, los carentes de fuerza y energía sacan la cabeza, levantan con orgullo la mirada, miran con seriedad el horizonte, se superan a sí mismos y se lanzan a la aventura, porque no olvidemos que la crisis es la dueña y señora de todos los incompetentes y se produce por el dominio de los mediocres, por la abundancia aplastante de los que son incapaces de pensar, de tomar una iniciativa, de pronunciar con formalidad y firmeza un sí quiero, un sí puedo.

Porque en los momentos de oscura negrura, cuando la mente y el espíritu se encuentran abrumados, cerrados y obnubilados a la luz, cuando las densas tinieblas nos abruman no dejando percibir lo que hay al otro lado; entonces, en ese preciso instante de desafío constante y continuo, cuando la existencia se convierte en una pura rutina, en un sin sentido permanente, en una agonía que atenaza la garganta y ahoga toda iniciativa, es cuando debe aflorar lo mejor del ser humano, es la hora, ha llegado el momento de, cuál intrépido saltador, tomar el impulso adecuado para poder salir adelante, para poder lanzarse al vacío, para superar la bruma que te oprime y comenzar a crecer.

Si no somos capaces de empujarnos con fuerza, caeremos en la triste tragicomedia de un vivir superficial, demostraremos nuestra gran ineficacia, nuestra falta de alegría, ilusión y orgullo para poder levantarnos, para poder superar las más intensas y terribles tempestades y los mares más  calmados, donde la falta de viento hace que las velas no se inflamen y nos priva de la energía necesaria para continuar, para enfrentarnos a la necedad y para no ir a parar al mundo de la desesperanza, de los incompetentes que nos abruman, nos atan y nos impiden lanzarnos hacia delante en un salto valiente y decidido de superación del propio ser. Por todo lo anteriormente expresado, los estados en crisis, los estados hundidos y decadentes se convierten en una amenaza perpetua para aquellos que no son capaces de aprovechar ese momento, esa oportunidad, esa situación para dar el brinco desde un inmenso trampolín que se cimbrea y nos permite tomar altura para visualizar el espectáculo de lo decadente, del mundo conformista ante la nada y la falta de dinamismo.

No existe nada, absolutamente nada, fuera de nosotros mismos que nos ponga barreras, que sea un freno que nos impida llegar a donde queremos, que nos sirva de frontera para ser lo que en verdad pretendemos ser, ya que nosotros, sólo nosotros somos los auténticos artífices de nuestra propia existencia, de nuestro único destino, de nuestra vivencia personal de un ser que se encuentra dispuesto y preparado para luchar y combatir por conseguirlo.

Parafraseando a nuestro ilustre conciudadano Cervantes: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieran los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”. En otro pasaje añadía reafirmando este sentido individual y personal este poder y querer ser: “Porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres”.

He aquí, la esencia y profundidad de este pensamiento que Ortega y Gasset resume de una forma clara y meridiana en sus Meditaciones sobre el Quijote: “Ser héroe consiste en ser uno mismo. Cuando el héroe quiere, este querer él ser el mismo se llama heroicidad”.

Por desgracia para nosotros es, que nos pasamos la mayor parte de nuestra vida haciendo lo que los demás, lo que los grupos de presión y dominio, lo que los mediocres esperan de nosotros, desean que realicemos y nos comportemos así, no lo que en el fondo, lo que de verdad sentimos que queremos, podemos y debemos de hacer, porque de esta manera nos hacemos más borregos, más acomodaticios, más manejables, nos convertimos en unos seres conformistas, adaptados y aceptando lo que la sociedad o el grupo quiere de nosotros.

Si queremos ciertamente y, en verdad, ser felices, ser nosotros mismos, realizarnos en profundidad con firmes y consistentes cimientos, no nos queda otra opción que recurrir a la voluntad de poder, al sí quiero, que demos prioridad a nuestra auto motivación y entusiasmo interior, que con la comprensión y tolerancia superemos nuestra frustración, nuestra angustia, nuestro estado de crisis perpetua, que nos situemos en un estado potenciador.

Finalizaré con el pensamiento de Cervantes, quien nos ha guiado en esta disquisición: “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”.

Tampoco quedan ajenas en esta época aquellas otras palabras de nuestro amigo: “Desnudo nací, desnudo me hallo… sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas”.

No nos vendrían mal aquel pensamiento de Einstein: “Porque sin crisis no hay impulso para crecer… La crisis es a la vez una amenaza y una oportunidad…”

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¿Y DESPUÉS QUÉ…?

Se aproxima el encuentro con la cruel y trágica realidad. Ya es llegado el momento de abandonar y olvidar los planes veleidosos, las configuraciones sin sentido, el absurdo de la inmadurez y lo voluptuoso, el sueño imaginativo y superficial de otros tiempos de reposo tranquilo, de descaro poco comprometido y abocado a lo desconocido, de noches festivas y de largos insomnios junto a mañanas tempraneras de fogoso deporte y marchas sin rumbo, para centrarse de nuevo en los proyectos, en las operaciones cotidianas: unas veces monótonas y otras rutinarias del trabajo continuo y sin desmayo, con las migrañas propias del instante a flor de cuero cabelludo, cual agotado guerrero tras un largo y tedioso combate.

Es hora de romper con la indeterminación, con el falso y repentino deleite superficial, con el pasajero y veloz encantamiento de serpiente veraniega, con el desbocado suspiro cogido con ansias y anhelos vividores, con la pasión desenfrenada por gozar de un intenso y deseado acontecer fuera del alcance de nuestras manos y que raudo desaparece, sin ser conscientes del vértigo, de ese dar vueltas y vueltas de la edad temprana que provoca un paso rápido, como un deleite llevadero y ligero o sus añoranzas junto con una súbita brusquedad de lo inesperado y nunca experimentado, de lo incierto, de lo inconsistente y lo volátil.

Ya es hora apremiante de plantearse el futuro, de saborear el presente engañador como algo caduco, de sentarse ante el mareo permanente

"Momento Crepuscular". Obra de Nieves Prat

«Momento Crepuscular». Obra de Nieves Prat

del ir y venir, del correr y el volar, de la prisa y la ansiedad inútil que brota, retorna una vez más como algo nuevo, se hace la dueña y señora subiéndose a lo más elevado sin concretar su causa, ignorando la razón sin averiguar su significado, dominando los desvelos y originando zozobras, desencuentros, desasosiego en un entorno ya de por sí tenso y desfigurado, como creando una espantosa ilusión no armonizada.

Es entonces, cuando debe surgir el ser que se lleva dentro, el ser profundo e interior, la esencia pura del existir más perfecto y sensato, la dualidad del ente confirmado y asegurado debe hacer su aparición, ese ente que flota como la espuma de una densa ola, que se levanta como un torbellino de agua al chocar contra una barrera pétrea, que se yergue con la más tensa intensidad de su conciencia y apunta y se encamina con firmeza a la vida, que con una sólida decisión, sin violencia, pero con fortaleza y entereza debe enfrentarse, tiene que asumir de inmediato y de manera resolutiva ir, poco a poco, superando, haciéndola suya, recreándose en ella, sabiéndose el auténtico dominador de todos sus estadios, el verdadero vencedor de cada uno de los momentos y circunstancias, el triunfador absoluto y definitivo de ese devenir incierto pero admirable.

Hoy siento la intensa realidad del presente. Comprendo que el pasado inmediato, el pasado fugaz y soñado fue una pura entelequia, que nunca existió. Entiendo que la llamada del deber es perenne y duradera, que ese deber moraliza todas las acciones y nos conduce inexorablemente, paso a paso, a la realización de lo obligado y, al instante, se convierte en pasado, se transforma en algo que ya no es, pero que se puede mirar con satisfacción y orgullo, con alegría y resolución, pues, de pronto, se transforma en algo que se integra en tu ser, que forma un conjunto de experiencia y te redondea, te transfigura, se hace ilusionante, te permite sentirte feliz y más realizado. Es la agonía del vivir, la vuelta de la ruleta en sosiego, la velocidad tranquila del tío vivo con sus subidas y bajadas, con sus sobresaltos, con su girar incesante que está siempre en continuo movimiento, pero un movimiento integrador, un ir y venir acorde y acogedor.

Hoy ha vuelto a palpitar la vida, el bullicio, el ruido matutino, las prisas, las preguntas inquietas, los interrogantes sin respuestas fijas ni certeras, el desasosiego de quien ignora su futuro, aunque se sigue proyectando, se entusiasma, se centra en su trabajo fiel, fiel servidor de unas reglas, fiel seguidor de una sociedad que no se detiene, que aspira, te subyuga hasta el sometimiento pleno, a la pérdida de control hasta conseguir aniquilar el sueño de tu existencia para volver a recuperar el sentido de totalidad y de infinito.

Me estoy refiriendo al encuentro con la realidad incierta de un regreso atolondrado y atormentado, una vez apagado el periodo de aparente sosiego y reposo dignamente merecido y ansiado.

Estoy hablando, por si acaso no llegas a entenderme, de ese choque profundo y esperado, pero no por esperado carente de sentido, a ese volver que todos querríamos retrasar un poco más, a pesar de haber confundido y olvidado el concepto moral del deber, de ese deber unido y fusionado con el existir de un ser que lucha y se esfuerza, que combate y resiste, que es sagaz e intrépido y no se deja gobernar por el conformismo, por la desesperanza, pues se sabe absoluto señor de todo con lo que se relaciona, se une y se complementa.

Es preciso pues, que resucitemos al hombre que llevamos dentro. Es necesario un reencuentro con nosotros mismos, con la interioridad del en sí. Es conveniente que con ideas férreas y potentes nos enfrentemos a nuestro propio devenir. Es oportuno que adquiramos la responsabilidad, ejercitemos nuestra libertad para poder desembocar con más energía, con vitalidad plena en nuestro mundo, en este mundo que estamos construyendo, en este mundo plagado de conflictos y azarosas vicisitudes que tenemos la obligación de superar, de hacer nuestro, configurando con sentido nuestro existir en él.

Es el mundo de todos y de cada uno, es el mundo que hemos heredado y que tenemos que redimir, es el mundo en el que desarrollamos cada una de nuestras acciones. No se trata sólo del mundo de nuestra interioridad, de mi mundo personal e intransferible. No, me refiero a la vez, también, al mundo del otro, al mundo social, al mundo de la empresa, a todos los mundos posibles, presentes y venideros, al mundo de la zancadilla y al mundo de la verdad, al mundo de la intriga y al mundo de la honradez, al mundo de la apatía y al mundo de la actividad y la lucha, al mundo desaprensivo y al mundo de la integridad, al mundo del conocimiento, de la inteligencia, de la voluntad

Esto es el reencuentro. Esto supone nuestra inmersión de nuevo en la realidad de la vida cotidiana y monótona. Esto nos arrastra al manifiesto firme de enfrentarnos ante algo que está ahí, que se me aparece y se me muestra, que permanece impertérrito y desafiante cual valiente, sagaz, intrépido y atrevido ejército preparado para recibirnos.

Por eso, ¿y ahora qué…?

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