Daily Archives: 8 enero 2014

UNA PEQUEÑA REFLEXIÓN PARA ESTE NUEVO AÑO

En los albores de un año nuevo, cuando aún resuenan en nuestros oídos las felicitaciones deseándonos lo mejor; cuando nos proponemos, si es posible, olvidar este mundo de continuas y constantes mentiras impunes, mentiras que nos dañan y nos escandalizan al ser escuchadas, mentiras dichas con el mayor de los descaros; cuando cerramos la mente a esta ingente afluencia de personajes corruptos, gente amiga de lo que no es suyo, que afloran por doquier; cuando escuchamos de manera permanente e ininterrumpida este envoltorio de palabrerías y eufemismos bien planificados, con los que pretenden disfrazar y ocultar la realidad, la verdad de lo que acontece; cuando nos agobian, nos corroen, nos consumen y nos asfixian como si fuéramos ignorantes, gentes extrañas, venidas de otras galaxias, o, como si se tratara de un enorme rebaño de borregos dóciles dispuestos a tragarnos todo cuanto nos dicen y nos cuentas, mientras nos consideran unos incultos y analfabetos ciudadanos, es en este preciso momento tan crucial y ante la perspectiva de un nuevo año lleno de buenos deseos, cuando me apetece leer y reflexionar profundizando en el término esencia, en la esencia de todo cuanto somos y nos rodea, sobre la misma esencia de nuestro ser, sobre la realidad y la verdad esencial nuestra, sobre la idea de lo trascendente, a fin de no olvidarnos de quiénes somos, de dónde procedemos y a qué aspiramos.

Obra de Nieves Prat

Título: Sustantividad.
Obra de Nieves Prat

Nada mejor para hacer este ejercicio, se me ocurre en este instante, que leer a nuestro amigo Zubiri, pensador de mediados del siglo pasado, uno de los grandes exponentes y estudiosos del término esencia “como unidad primera necesitante”, o, también, uno de los que mejor responde a la pregunta ¿qué es algo?

Quiero aquí, ayudado y guiado por su mente, profundizar en esta teoría, intentar seguir, aunque sea un poco por encima  y de forma breve, su desarrollo y concluir con aquella expresión suya que de alguna manera lo sintetiza todo: “la esencia de un ser vivo es su estructura…esta estructura es principio no sólo de las notas constitucionales de la sustantividad, si no también, de las notas adquiridas…en definitiva la esencia es principio estructural de la sustantividad”.

¿Qué sentido tiene este término? ¿Qué abarca en realidad? ¿Por qué recurrir a él? ¿De qué estamos hablando en verdad? Sin duda, me refiero a todo aquello “que es la cosa real” con la totalidad de sus notas, notas que poseen una propiedad distintiva que nos hace diferentes unos de otros, que nos proporciona un carácter “de ser nosotros mismos”, de comprender  aquello justo, lo mínimo que tenemos que poseer para “ser lo que somos”; es decir, un carácter unitario de notas esenciales y precisas. Pues justamente en lo específico es, ciertamente, donde se halla la unidad del concepto de esencia.

Es muy frecuente que confundamos y mezclemos términos que no son exactos o sus notas no coincidentes: así, por ejemplo, no llegamos a entender en nuestro proceder habitual, en nuestra manera de relacionarnos, en la forma de comportarnos, incluso, en nuestro conocimiento, a veces poco profundo por nuestra manera de pensar, que la esencia no se identifica a la sustancia sino que es justamente algo de la sustancia; aunque, la diferencia entre esencia y sustancia no es una diferencia entre forma y compuesto sustancial sino entre algo más profundo, entre compuesto sustancial específico y compuesto sustancial individual; de manera, que es la sustancia la que manifiesta y expresa la plenitud de la autonomía del ser, mientras la esencia muestra ese carácter de individualidad, de un ser individual y autónomo; por eso no debemos confundir la esencia con la sustancia.

La esencia en su unidad interna tiene unas notas fundamentales: una de tipo primario y otra de realidad verdadera, o, lo que es lo mismo,  la verdad de la realidad y, justamente, en este orden de la realidad verdadera, de “la realidad en cuanto realidad,” es donde se da el orden trascendente. Porque la inteligencia y la voluntad de un ser inteligente son momentos de nuestro modo especial de ser y tienen una estricta función trascendental. Así, lo que, ciertamente, estoy afirmando, es que lo trascendental es un “carácter de lo real y una estructura de lo real en cuanto real”; de aquí el sentido, de aquí el carácter, de aquí que la esencia desempeñe una función trascendental.

Con toda esta reflexión, sin duda muy discutida y discutible y muy opinable, máxime en una exposición  breve, he querido llegar al punto, de que si somos un ser en esencia en pleno sentido del término, como acabo de decir, con una autonomía y carácter individual, inmerso en una realidad verdadera y como tal ser trascendente, no podemos ser tratados de esta manera, ni dejarnos apabullar por el primero que llega o por el que más levante la voz, ni permanecer en silencio como seres inertes. Tenemos que tomar conciencia de nuestra esencia específica e individual, sustancial y autónoma de seres inteligentes para comprender y discernir, con voluntad para decidir y actuar que, ciertamente, estamos involucrados en una realidad, no anclados; pero que por nuestro propio ser, tenemos capacidad para que esa inmersión en lo real como tal nos conduzca a un orden trascendental, en el que seamos conscientes y corresponsables, nos respetemos como seres iguales, pero distintos, con los mismos derechos y aspiraciones, con unas notas constitucionales de sustantividad, pues cada uno tenemos nuestro propio “que”.

 

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