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EL ARTE COMO CONOCIMIENTO DEL MUNDO

Estando en estos avatares, pensando y pensando sobre con qué tema iniciar este artículo, me vino de repente a la mente la idea de lo apolíneo y lo dionisíaco como juego y principio contrapuesto, para ello debería retomar la exposición y el desarrollo de Nietzsche, releer una vez más su obra “El origen de la tragedia”, examinar y reflexionar a la luz de ésta cómo él concibe la estética, el arte como un auténtico conocimiento del mundo. Así surgió este título, así este resumen de ideas, así la síntesis de lo deducido, así el profundizar en este pensamiento, así lo que él definió como una metafísica de artista y, todo esto, coincidiendo con la inminente exposición de una amiga y excelente pintora, de otra, un poco más lejana en el tiempo, de un extraordinario amigo y escultor, sin dejar de pensar, por supuesto, en la artista que tengo en mi vida y que siempre está junto a mí.

Contrapunto Obra: Nieves Prat

Contrapunto
Obra: Nieves Prat

El arte, lo estético se convierte para Nietzsche en un principio ontológico fundamental. El arte y la poesía son la llave que nos conduce a la esencia del mundo: el fenómeno del arte, la estética se sitúa en el centro y desde él se descifra el mundo. “El arte no es sólo la auténtica actividad metafísica del ser humano, sino que además, en él se da el esclarecimiento de lo existente en su totalidad”. Sólo a la luz del arte, el filósofo, el ser humano pensante  puede penetrar en el corazón del mundo; pero, es el arte trágico, el origen de la tragedia, lo que le lleva a formular la primera experiencia del ser.

Justamente aquí es, donde este pensador, este dominador del lenguaje y de la palabra encendida, de la fuerza y el coraje introduce la contraposición entre el término apolíneo y el término dionisíaco. Al final de todo este proceso profundo lo apolíneo es concebido como un momento de lo dionisíaco, y este antagonismo es contemplado, según avanza el proceso, como una unidad coherente.

Si queremos comprender el concepto de nuestra vida es necesario entender el antagonismo de Apolo y Dionisos, que son los auténticos poderes de la realidad del mundo, de este mundo que se presenta como un juego trágico, llegando a la conclusión, que en el hecho estético del origen de la tragedia, en el espíritu de la música se refleja el origen del mundo.

El progreso del arte está íntimamente unido a lo apolíneo y a lo dionisíaco. La estética aparece así en el horizonte de su planteamiento. La teoría estética se convierte en una interpretación de la comprensión del mundo. Lo apolíneo y lo dionisíaco se muestran como dos instintos estéticos de los griegos: Apolo simboliza el instinto figurativo, la claridad, la luminosidad, la medida exacta, la forma definida, la belleza, la figura; Dionisos será lo caótico, lo desmesurado, el frenesí de la vida, la noche, la música, la música seductora, la música excitante, la música que desata todas las pasiones.

Esta metáfora de Apolo y Dionisos, estos antagónicos instintos artísticos son también estudiados en la contraposición del sueño y la embriaguez: el sueño, como la fuerza inconsciente, creadora de imágenes, la belleza de los mundos soñados, el ser humano como artista completo, por eso, el sueño crea el mundo de las imágenes, el escenario de las formas y las figuras, produce la belleza que lleva a la contemplación precisa, es una fuerza plástica, una visión creadora, así el sueño humano corresponde al poder ontológico, a Apolo; por el contrario, aquel sentimiento en el que desaparecen todas las barreras, en el que salimos de nosotros mismos para desembocar en el mar infinito, aquel acto en el que el ser humano no es un artista, sino más bien una obra de arte, este poder estético de la naturaleza se nos muestra aquí como la embriaguez, como la marea cósmica, como el delirio que rompe y destruye todas las figuras, se convierte en el gran ímpetu vital, en la explosión creadora, éste es Dionisos.

Por ello, para Nietzsche, “El origen de la tragedia” es toda una metafísica de artista, una interpretación de todo el mundo bajo la visión del arte, los dos grandes poderes contrapuestos del ser. Aquí el arte se transforma en símbolo, así la metafísica estética se nos muestra como una visión única, cerrada en sí misma.

Lo apolíneo se opone a lo dionisíaco. Existe una gran hostilidad entre estos dos grandes poderes contrarios que combaten mutuamente entre sí; sin embargo, no puede existir el uno sin el otro, su lucha es de alguna manera una cierta concordia, pues se encuentran unidos. Lo dionisíaco es la base sobre la que se apoya el mundo luminoso, pero lo apolíneo no puede vivir sin lo dionisíaco. En verdad, la actividad artística del ser humano es un juego, una comedia, en la que nosotros somos los actores; por consiguiente, nuestro saber artístico es un saber ilusorio, pues no estamos identificados con el ser, ya que lo dionisíaco se proyecta en la apariencia y en el arte se transfigura su manifestación.

Por eso, Nietzsche busca la suprema unificación y compenetración entre lo apolíneo y lo dionisíaco, encontrándolo en “El origen de la tragedia”. Ésta no es para él una forma de arte que se agota en la bella apariencia, sino que es la representación apolínea de lo dionisíaco. Dionisos habla el lenguaje de Apolo y éste habla a su vez el lenguaje de aquél. Así la tragedia es música e imagen, sueño y embriaguez, figura y caos, luz y noche, fenómeno y esencia, “la aparición de la esencia del mundo”.

Con esta exposición, con esta teoría, Nistzsche nos ofrece una interpretación del mundo, un esquema fundamental de la totalidad de lo que existe. Yo al menos así lo entiendo y así os lo manifiesto: arte y filosofía en una misma identidad y unidad, en concordia permanente.

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