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LO FIGURATIVO Y LO ABSTRACTO

El pasado día 13 tuve el honor de asistir a la inauguración de la exposición de la pintora Pepa Burillo en la Casa de la Entrevista, en Alcalá de Henares (por cierto que permanecerá abierta hasta el próximo día 13 de Abril); después de observar con atención, contemplar con detenimiento y admirar con gran interés cada una de las obras allí expuestas, luego de escuchadas algunas apreciaciones y opiniones al respecto, que llegaban a mis oídos sin que yo las prestara mayor importancia, leído más tarde el magnífico prólogo que Roberto Ripio había escrito en el catálogo de la misma a modo de introducción, surgió en mi mente la necesidad de reflexionar un momento, de profundizar un poco más y de expresar con mis torpes palabras aquellas sensaciones ante lo que había visto, escribiendo algo sobre lo figurativo y lo abstracto, no ya desde la perspectiva de la obra de arte en exclusiva, ni desde el punto de vista de la creación literaria en sus diversos géneros, sino, de manera decidida y firme, desde el ámbito de los conceptos, de la filosofía y del pensamiento, donde creo que mejor se percibe, se puede encontrar la luz a tan complejo y singular dilema aquí planteado.

Como iniciativa primera para comenzar a indagar, me dirigí al Diccionario de la Real  Academia de la Lengua, autoridad máxima en el orden de los conceptos y las definiciones.

Título:  El encanto del destino Autora:  Pepa Burillo

Título: El encanto del destino
Autora: Pepa Burillo

Busqué primero la palabra figurar: “disponer, delinear y formar la figura de una cosa”, leí; consulté más abajo el concepto figurativo: “se dice del arte y de los artistas que representan cosas reales en oposición al arte y a los artistas abstractos”, no era mucho lo que me ponía, aunque me abría una pista a este dilema. Luego pasé a ver la expresión abstracto: “dícese del arte y de los artistas que no pretenden representar seres concretos y atienden sólo a elementos de forma, color, estructura, proporción”; por último, me fijé en el término abstraer: “separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente o para considerar el mismo objeto en su pura esencia”, pronuncié casi sin aire en los pulmones y trascribí sin apenas detenerme. Esta definición me pareció mucho más aclarativa.

Pero, como esto no me satisfacía del todo, me esforcé en estudiar y examinar otras teorías sobre lo figurativo y lo abstracto. Así, me detuve en expresiones como ésta: “no es lo descriptivo lo que da honda significación a una obra de arte, sino la impresión que se esconde en sus formas”; o ésta otra donde se habla de lo superficial frente a lo profundo: “no interesa un tema superficial sometido al espacio y al tiempo, sino un contenido profundo”;  o aquélla: “la literatura nace al nivel de lo originario, de lo profundo e íntimo y tiene más de descubrimiento que de invención, como parece sugerir el término intuición”; de todo esto, se interpreta, que la manera de tratar el artista a las formas no responde al deseo de desvelar los sentimientos subjetivos, sino que las cosas son así en su más pura esencia, dado que la realidad posee flexibilidad interna y una capacidad que supera con mucho la capacidad humana de creatividad.

Es normal, entonces, que podamos afirmar ¿qué el artista se acoge al campo de lo abstracto para liberarse de lo figurativo, contemplado desde el punto de vista más superficial y empírico? Lo abstracto, por tanto, filosóficamente hablando no se opone a lo concreto, sino a lo superficial. Lo concreto no debe ser identificado con lo empírico, ni oponerse a lo abstracto como profundo, pues sería penoso que el ser humano, para captar lo esencial, tuviera que prescindir de lo concreto, ya que tenemos que intuirlo para observar lo profundo mediante la fuerza expresiva de lo sensible.

Si lo abstracto se opusiera a lo concreto, a lo figurativo, esta oposición destruiría la capacidad expresiva. La abstracción la podríamos definir: “como la acción de la expresividad de la forma para pasar al misterio de la materia”, según afirmaba un teórico del arte. Por ello, lo abstracto es descubrir la génesis íntima de lo real. Esto nos permite entender, que en el arte abstracto no es la forma en sí lo que interesa, sino la riqueza de su contenido percibida por el artista, la fuerza, que da un sentido trascendente; sólo así, podemos superar el gran dilema de lo figurativo y lo abstracto.

Por todo esto, podríamos afirmar que lo abstracto no es una huida hacia lo irreal, sino un movimiento hacia lo profundo, hacia lo esencialmente real; en consecuencia, lo abstracto es un proceso de creación artística que va encaminado a penetrar en lo real profundo; así, la comunicabilidad creativa no se afirma en lo figurativo, sino en lo profundo con un espíritu de compromiso personal.

Para concluir todo este alegato, podemos decir sin miedo a error que el dilema figurativo-abstracto es falso, pues sus términos son dos vías que no se anulan la una a la otra, sino que conducen por distintos caminos a la expresión de lo profundo.

Hemos hablado de arte figurativo. Pero ¿qué significa forma y figura?

Se habla de arte figurativo diciendo que éste nos vincula más a la naturaleza. Pero ¿qué tipo de intimidad se logra con esta unión?

Se dice que lo no figurativo es más puro que lo figurativo. Pero ¿sabemos realmente cuál es el significado  y el sentido de pureza?

Se comenta que más importante que lo abstracto es lo primordial. Pero ¿es lo primordial un elemento pobre o algo que está en su total plenitud, en su completa ebullición?

A modo de finalización, podremos convenir sin miedo de equivocarnos, que lo abstracto, que el arte abstracto encierra en sí un gran valor, que ejerce una función muy positiva en el arte, que deja al descubierto la precariedad de la figura, que acentúa la potencialidad de la forma y de la expresividad de la materia, que manifiesta el sentido profundo de los símbolos, que resalta los valores intrínsecos de la expresividad; a pesar de que todo esto, choque con el concepto de arte figurativo y su forma de entenderlo por las gentes. El arte abstracto, verdaderamente inspirado, el de verdad, deja muy claro la exigencia interna de la forma que se encuentra en la profundidad de la materia, su intensa vitalidad y energía configuradora; pues así entendido, se convierte en principio de luz, libertad y vida.

 

 

 

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