EL VACÍO Y LA INSPIRACIÓN

Hundido en un profundo pozo lleno de oscuridad. Una inmensa sima abierta en el interior de no sé qué, que no deja penetrar ni la más mínima ráfaga de luz, ni una simple luminaria, ni una diminuta antorcha, ni un atisbo de esperanza ni cambio; como si el tedio y la desidia se hubieran apoderado del espíritu, de la actividad.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

La mano se niega a dibujar un pequeño trazo mal dibujado. El bolígrafo ordinario se ha cansado de manar tinta a pesar del esfuerzo de la mente y sus órdenes constantes. La elegante y delicada pluma se opone a ser manipulada, utilizada para producir una pequeña e insignificante frase con algo de sentido. El rústico lapicero de afilada y poderosa punta se siente incapaz de dejar plasmado un garabato, algo que se pueda asemejar a un pensamiento, a una idea por vaga que ésta sea, a algo que signifique un rasgo de creatividad. Cada elemento por separado y en conjunto se opone a trazar letras, sílabas, palabras, pensamientos o juicios que en otro tiempo fluían con vehemencia y claridad.

Uno se siente perdido, sin rumbo, desorientado, sin saber adonde recurrir. La inspiración, bendita y añorada palabra, ha desaparecido como por encanto de la fantasía, de la actividad creadora, dejándolo todo seco y yermo; como si se tratara de un frondoso manantial, que antes no paraba de manar agua cristalina, y, que ahora se ha evaporado a la vista, no mostrando ya su antiguo origen, su lugar de nacimiento, ni su humedad primera.

¿Qué hacer ante tan caótica y desesperante situación? ¿En que lugar comenzar a buscar las causas de tal estado? ¿Cómo preguntar, bucear, interrogar, penetrar en el interior profundo y hallar, aunque sea una pequeña lamparilla, un viejo candil? ¿Qué posibilidades existen de que todo vuelva a ser igual, de encontrar de nuevo la normalidad? ¿Dónde topar con el brebaje adecuado, la medicina precisa, el sabio consejo reparador, la orientación oportuna, clara, entonada y precisa? ¿Cómo poder vislumbrar una tenue y diminuta lucecita capaz de alumbrar, que signifique un rayo de esperanza consolador para poder descubrir, en qué lugar y situación se encuentra la actividad creativa, la imaginación soñadora?

Todo hasta ahora se muestra lleno de negritud, como imantado y encaminado hacia lo hondo, apegado hacia un lugar desconocido, arrastrado irremediablemente a un fin no deseado y descorazonador, al no sé dónde, al sin retorno, a la destrucción total, a la nada, al no ser más nefasto y aniquilador, a la negatividad de la nausea.

Es preciso y obligatorio hacer un alto en el camino, recuperar las energías pérdidas, averiguar el origen de esta nulidad, dar un impulso con las pocas fuerzas que aún quedan, intentar hacer un desesperado y definitivo conato para abrir la inteligencia a otras realidades, a la luz; superar los instintos más bajos, formular una pequeña hipótesis, romper la teoría jerarquizada de los mismos, hasta toparse con un territorio de nivel personal y llegar a afirmar como Cervantes: “me parece que fue la inspiración divina la que movió a su Majestad a poner en efecto tan gallarda resolución”.

Eso. Ciertamente eso, es una solución propicia y acertada, un estado de la mente capaz de producir cualquier creación o actividad artística, una inspiración surgida, no improvisada; una inspiración elaborada y eficaz.

Se impone una invocación. Ésa, en verdad, era la palabra. Recurrir al numen, al numen personal, a las musas de la antigüedad. Ponerse en manos de cada una de las nueve deidades, de aquellos volátiles y vaporosos seres que habitan en el Parnaso (palabra rememorada a través de la historia por los poetas), de aquéllas que defendían, cuidaban, vigilaban y protegían las ciencias y las artes, convencido de que ellas serían capaces de guiarme hasta conseguir mi objetivo último: sacarme de esta agujero sin fondo y sin luz.

A mi pensamiento vino de inmediato la imagen de Caliope, musa de la poesía épica, su sola silueta portando una tablilla y una pluma me reconfortó al instante; junto a ella se mostró Clío, seguida de Erato con su delicada lira y Euterpe a continuación, haciendo sonar su dulce y melodiosa flauta en un magnífico dueto; Melpómene, Polimnia y, sobre todo, Talía alegraban con su comicidad y gracia el ambiente; por último, Terpsícore con su coro de músicos y bailarinas acabó por crear el ambiente divertido y risueño que alegraba el espíritu; para concluir con la aparición de Urania, quien con su puntero mostraba el camino a seguir.

No satisfecho del todo con este grandioso espectáculo, las ninfas, hijas de Zeus, personificadoras de todas las formas de la naturaleza: deidades de los ríos, de los bosques, de las fuentes, de las montañas y de los mares, de todos aquellos lugares que frecuentaba buscando el último por qué, la razón definitiva de la inspiración, hicieron acto de presencia, como por encanto: las hermosas Meliades, las frescas y cristalinas Náyades, dulces y acariciadoras ninfas de las aguas marinas; entre ellas logré distinguir, sobresaliendo por su deslumbrante figura, la siempre  admirada y bella Galatea, la no menos querida Tetis y la sin par Anfiatre; incluso, el propio Nereo, padre de éstas, dios benévolo y bienhechor, se dejo ver junto con las Oréades de las altas cumbres. Todas, absolutamente todas acudieron a mi convocatoria y en mi ayuda con un atractivo aspecto y una deslumbrante belleza.

El consciente se rejuveneció, de la mente comenzaron a brotar a borbotones las ideas sin ningún esfuerzo, la actividad creativa inició una convulsiva y exuberante dinámica de imaginación incansable, de ensueño continuado, de neuronas que se ponen en movimiento sin explicación posible.

Sí, aquí estoy, aquí me encuentro de nuevo, muy bien servido y animado por esta pléyade de encantadores seres benefactores. Bendecido y ayudado por ellos, pongo en movimiento mi imaginación y mi inteligencia es capaz de soñar realidades profundas.

 

 

2 Comments

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2 Responses to EL VACÍO Y LA INSPIRACIÓN

  1. Darío

    José Luis, hablas de negritud, pero no es menos angustioso el blanco del papel, como la montaña nevada invadida por la niebla, donde lo ves todo y no ves nada, donde pierdes las referencias y no sabes si subes o bajas… Encontrarse puede depender de la inspiración o de la orientación, dos compeñaeros indispensables en nuestra ruta por la vida.
    Un abrazo.

  2. Jorge Varas

    Reconfortante texto en estos tiempos de barbarie. Ciertamente pese a que tengamos que remar a contracorriente, bamboleados por unos vientos que se llaman mediocridad y convencionalismo, merece la pena seguir navegando como el capitán Cook, aunque solo sea para contemplar un minuto la luz de la belleza. El matemático alemán Herman Weyl confiesa: «Intento unir lo verdadero con lo bello; pero, si tengo que elegir, me quedo con la belleza». Parece ser que el racionalismo tiene también su tendencia culteranista que busca la perfección estética de sus expresiones y enunciados, sabiendo que pueden ser «erróneos» o al menos no tan verdaderos.. Pienso que frente a la transitoriedad de las verdades que se nos han tratado de imponer, la belleza de la obra de arte se impone por si misma, sin necesidad de argumentaciones. Desde luego la orientación es la belleza verdadera, colocando primero el objetivo de estudio de la estética. Un saludo Nieves y José Luis. Escrito en mi I-phone

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