“El DIVINO” FIGUEROA

En medio de tantos días de turbulencias, de mítines pasionales y partidistas, después de tantas disputas, palabras vacías para engañar una vez más a los paganos ciudadanos, acusaciones, denuncias y aireamiento de trapos sucios de unos y otros, en medio de tanto caos y desbarajuste que se ha apoderado de nuestras mentes por toda la geografía, en el año justo en el que celebramos y nos congratulamos del cuatrocientos aniversario del Quijote del 1615, mientras alabamos a nuestro más ilustre escritor, cuyos restos, según la opinión de los expertos acaban de encontrar reposo en su propio mausoleo, creo que procede la búsqueda de un remanso de paz para nuestros espíritus, de unos momentos de tranquilidad y sosiego para nuestra mente, de un cristalino manantial de agua fresca y transparente donde nuestra imaginación pueda soñar y nuestros sentimientos y pensamientos reposar y deleitarse; para ello, nada mejor que la belleza y hermosura de unos versos, el perfeccionismo del lenguaje bien hecho y escrito, la claridad de unos magníficos sonetos de otro gran personaje alcalaíno, contemporáneo y buen amigo de nuestro gran Cervantes, nacido en la misma ciudad de Alcalá de Henares en 1536, viajero incansable, soldado y cortesano por tierras de Italia y Flandes, que amó a su ciudad como ninguno, que cantó e hizo famosa la ribera del Henares por Europa, que quiso descansar en el más absoluto de los olvidos en la misma ciudad que le vio nacer, me estoy refiriendo al insigne poeta Francisco de Figueroa, conocido por la grandeza de sus versos como “El Divino”, no sólo por los grandes autores que todos admiramos de su época: Lope, Quevedo y el mismo Cervantes; sino también por los grandes autores italianos.

¿No os parece lamentable, os pregunto y me pregunto a mí mismo, qué la ciudad de Alcalá de Henares no haya hecho nada hasta ahora por recordar y homenajear a otro de sus ilustres hijos que tanto y tanto amó a su tierra? ¿Acaso no es llegado el momento qué alguien intente recordar su memoria, dar un toque de atención, poner un granito de arena por la memoria de tan gran poeta? ¿Incluso, no sería conveniente qué los mismos textos de literatura se explayaran algo más en su comentario que una simple reseña, como han  hecho hasta ahora?

Ahora y en este momento quiero levantar mi voz. Triste es que en esta nuestra ciudad, Patrimonio de la Humanidad, ciudad de cultura y de convivencia de culturas, haya caído en el olvido tan importante hijo, que no se lean ni se comenten sus poemas en las aulas, en los foros de tertulia y formación, que no se establezca  algún ciclo de estudio o de conferencias  para un mejor conocimiento de su obra y del personaje, que las instituciones lo ignoren  y no se molesten; ciertamente, es mi deber reconocer que él en cierto modo y manera es el principal culpable de todo, pues quiso, llevado de un afán perfeccionista, hacer desparecer todas sus obras, quemando sus propios poemas; quizás una idea de humildad, un sentimiento de sencillez, un alo de pasar desapercibido para la historia, una consideración de que sus escritos no eran tan brillantes como su exigencia; gracias a un amigo suyo, Luis de Tribaldos de Toledo, señor del Pozuelo, quien pudo rescatar y editar en Lisboa parte de su obra en 1625; luego, en la primera mitad del siglo XX otro ilustre estudioso, Menéndez Pidal, guiado por la enorme belleza de sus versos, sacó del olvido otras composiciones.

Leer los maravillosos Sonetos, recrearse en sus extraordinarias Églogas, detenerse en sus magníficas Elegías nos transportan a las mismas raíces de la poesía, al mismísimo Petrarca, al sin par Garcilaso de la Vega, aunque, ciertamente, las composiciones poéticas de “El Divino” Figueroa mantengan una trayectoria personal, una impronta independiente y una grandiosa perfección insuperable.

¿Qué le llevó a Francisco de Figueroa a destruir y arrojar al olvido aquellos maravillosos versos? ¿Qué idea pasó por su pensamiento hasta arrastrarle a tomar tan drástica decisión? ¿Quién pudo influir en él de forma tan tajante y desconsiderada para la posteridad? ¿Qué fue lo que obnubiló su mente para no querer dejar a las generaciones venideras lo “divino” de su creación? ¿Qué aires, sin duda no los del Henares, encendieron aquella llama abrasadora y destructora?

Dicen la mayoría de los que le conocieron y sus propios críticos, que al igual que buscó una tumba sencilla y desconocida hasta el momento por la historia en la ciudad donde nació, a fin de tener un descanso eterno y en paz en el más absoluto olvido; igualmente, guiado por un espíritu de perfección, impulsado por un afán de plenitud lingüística y poética, consideró que su producción literaria no había alcanzado las exigencias, los límites que él se había impuesto y lo quiso hacer desaparecer de la memoria a través del fuego purificador.

Algunos de nuestros conciudadanos empezando por su amigo Cervantes, nos reveló algunos de sus pseudónimos más utilizados; otros autores que pasaron por nuestra ciudad elogiaron la enorme intensidad y el alto contenido lírico de sus poemas, hablando del hombre culto que era, del hombre que siempre se movía por una honda preocupación por encontrar el mayor esplendor posible, la más sublime belleza de la lengua castellana.

Esteban Azaña, en su Historia de Alcalá de Henares, en la página 416 del 1º tomo, llegó a afirmar, refiriéndose  al “Divino” Figueroa, que faltaríamos a un sagrado deber sino consignáramos en esta historia a otro hombre, hijo afortunado de Compluto, que brilló cual esplendente aurora en el florido campo de la poesía, para concluir más abajo, que sus contemporáneos lo llamaron “El Divino”, que después de Petrarca merece el laurel de poeta sobre todos cuantos han cultivado este género y que llegó a ser el modelo de la poesía en Europa.

Hoy en nuestro días, otro ilustre hijo de nuestra ciudad, Arsenio Lope Huerta, en su obra Otras Historias de Alcalá, nos habla de la belleza de sus composiciones poéticas, de que llegó a ser uno de los españoles más notables de su época, de cómo lo ensalzaron los grandes escritores que lo conocieron, alabando y cantando la belleza de su obra, la perfección de su lenguaje y sus composiciones.

Ciertamente tenemos que reconocer que él es sin duda el principal culpable de su olvido, pues se negó a que su obra fuera publicada en vida e intentó sin conseguirlo del todo que desapareciera bajo el fuego purificador; pero debemos igualmente reconocer como el propio Lope Huerta señala, que fue un hombre que sentía un gran cariño por su ciudad de Alcalá de Henares, su cuna, que cantó sin cesar haciendo universal y dando a conocer la florida ribera del Henares, que siempre que sus ocupaciones se lo permitían volvía a su querida Alcalá y que aquí quiso permanecer en el sencillo olvido de la eternidad.

Nadie se ha preocupado de editar su obra, de hablar de él en los muchos foros de nuestra ciudad, de descubrir una simple lápida en su memoria.

Aún estamos a tiempo de hacer nosotros algo por este gran poeta,  por este gran alcalaíno, “El Divino” Figueroa.

 

 

 

2 Comments

Filed under Sobre Literatura

2 Responses to “El DIVINO” FIGUEROA

  1. Jorge Varas

    Bien merecido recuerdo. No se si te lo he comentado alguna vez, pero en un proyecto de libro titulado «Postales del purgatorio» dedicado a artistas y creadores desconcertantes y polémicos , que de momento está aparcado, Pedro Atienza y yo Incluimos a este memorable alcalaino, Pedro con un poema y yo con un dibujo. Pero como este poeta piro’mano, podemos encontrar -como bien dices obsesionados por alcanzar no lo mejor , sino lo perfecto-muchos ejemplos de creadores que han negado o repudiado su propio trabajo. Y es que el verdadero creador es el crítico más feroz. A veces repudia su obra e incluso el tiempo al que ha dedicado su existencia. Así lo manifiestan Kafka, Oteiza, Miguel Ángel. Quizá todo el que persigue la utopía asimila también una poética del fracaso. El éxito no cabe en el pensamiento utópico, si se tiene la utopía desaparece y a lo mejor es porque no se va por el camino adecuado. Buñuel decía que las películas que gustaban a un público mayoritario le hacían que pensar. El camino de la creación no es fácil, Joyce por ello le exige al lector el mismo esfuerzo que ha invertido el para escribir Ulises. Quizá » El divino Figueroa» intuía esa imposibilidad de llegar al lector adecuado y por eso arrojó al fuego sus textos como Giordano Bruno ardia el mismo en la hoguera sin retractarse y defendiendo sus ideas ante un tribunal que después fue santificado. La postura de Figuros vista desde diferentes ángulos puede ser comprensible.

  2. Concha Gallo

    Gracias José Luis por regalarnos tus conocimientos sobre este «perfecionista» alcalaino,» Divino» Figueroa .Que, aunque como dices,no nos ha dejado conocer bien su obra.
    Sea por él este homenaje al tú recordarle y nosotros leerte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *