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LA CREACIÓN ARTÍSTICA Y LO PROFUNDO

¿Qué cosa queremos decir cuando afirmamos que algo es profundo? ¿Qué entendemos por un mensaje, una idea, un pensamiento profundo? ¿Qué quiere decir un sentimiento profundo? ¿Qué significado tiene una manifestación artística profunda?

Obra de Nieves Prat

Lo profundo podríamos concebirlo como el dominio que ejercemos sobre el espacio y el tiempo. De aquí se deduce, según nuestro entender, el poder de vínculo que produce lo profundo sobre la creación, la inspiración, la innovación…

De esta manera, nos interrogaríamos con seguridad y certeza para hallar una respuesta acertada y precisa: ¿Es cierto qué la creación artística es un bella fantasía irracional, una pura y hermosa imaginación felizmente adornada sin más, una realización ejecutada o, más bien, es la raíz más honda, más profunda, más enraizada de la realidad expresada por la mente? ¿Existe, por casualidad, una obra de arte, llámese: poesía, música, cine, escultura, pintura o cualquier manifestación artística más originaria, con más significado y sentimiento, con una mayor hermosura adornada, que asistir a la creación, al despliegue misterioso de lo real en su ser más íntimo e intenso?

Cuando hablamos de algo profundo, nos estamos fijando en algo unificante; así, las grandes ideas de los más bellos y grandes pensamientos, los proyectos más innovadores y las obras con mayor sentido son los más profundos, porque encierran en sí mismo todo un mundo de realidad perfectamente captado. Lo profundo implica, para poder ser considerado como tal, un ámbito de interioridad, una tremenda intensidad y una inmensa intimidad de fuente de vida.

Esto es, sin duda, el poder del artista, la acción y ejecución concebida en el pleno significado de la palabra, que es capaz de crear una visión de lo real en profundidad, entendiendo siempre por profundo lo que aquí queremos y estamos intentando explicar y definir: la realidad en su pleno y total desarrollo.

La creación artística brota desde el nivel de lo originario, pues no es otra cosa que realidad en estado naciente, en un total alcance y desarrollo de sus cualidades y expresiones más intensas.

Por eso, podemos afirmar sin temor a error que la creación artística nace y se hace en el ser, crece en interioridad y desarrollo para dar nombre a las cosas. El artista, el poder del ser humano creador es un virtuoso de la autenticidad, de la fidelidad que se revela a través de los fenómenos expresivos y, a la vez, se pronuncia y se manifiesta como un misterio total y pleno, como algo primigenio y absoluto.

La competencia de una mente creadora, la misión de la poesía, la pintura, la música, el arte en general no es inventar lo irreal en cuanto no real, no es descubrir la nada en cuanto no ser, sino intuir todo aquello que por ser profundo desborda el campo de lo sensible.

Lo profundo se manifiesta, se nos muestra en el plano en el que el espíritu humano actúa  creativa y creadoramente, alcanzando ámbitos de comunidad. Según las diversas categorías de lo profundo como: la intimidad, la presencia, la intuición, con las que vamos descubriendo lo profundo como algo trascendente, como lo verdaderamente inmediato en su plenitud.

Pero esta fidelidad, de la que estamos hablando, exige un compromiso, una voluntad de vivir en plena comunicación, porque la vida es diálogo constante y perpetuo en un clima de amor.

Sólo el respeto reverente al misterio de las cosas más profundas nos permitirá dar valor racional a lo que el ser humano siente en sus momentos de totalidad, de creación poética, filosófica o creativa en general.

La relación del ser humano con su entorno, los fenómenos vitales de cada instante, el diálogo, la belleza en sus diversas categorías y manifestaciones, el amor… no sólo son algo real, sino fuente y fundamento de la misma realidad, porque siempre son algo con sentido.

Lo que el buen sentido de los poetas y los filósofos, de los creadores en general han previsto en todos los tiempos, debe ser sometido al estudio de la razón y elevado a la categoría en el concierto supremo de la realidad.

Ésta tiene que llegar, tiene más bien que incendiar nuestros sentimientos, nuestra decisión de saber exacto y debe provocar un irreverente e incandescente volcán, un enorme entusiasmo intelectual por lo profundo, lo real, lo poético, lo filosófico, lo artístico.

Así, a modo de conclusión de esta pequeña reflexión, llegó a firmar Moeller “que todas las grandes intuiciones del arte y la literatura, sean cuales fueren sus orientaciones religiosas, nos descubren siempre algún respeto profundo de lo real con plena y clara nitidez, abriendo, sin lugar a dudas, nuevas rutas profundas a la marcha del ser humano en su caminar hacia el absoluto”.

 

 

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