LA METACOGNICIÓN

Este verano, en una de las variadas novelas o estudios científicos que he leído, en uno de los diferentes trabajos de investigación consultados, no recuerdo con exactitud en cual de ellos, me encontré de golpe, sin esperarlo y sorprendiéndome sobre manera, con la palabra metacognitiva, expresión con la que uno de los protagonistas, creo recordar vagamente por lo que me inclino a pensar que debía ser una novela, se dirige a su amigo para calificar a un tercero “de persona poco metacognitiva”, quien al escucharla se quedó tan estupefacto como yo.

Ahora, pasado un tiempo de aquella circunstancia, después de que yo mismo la pronunciara recientemente, volvió de nuevo a mi cabeza y a mi pensamiento. Llevado por mi curiosidad innata, me interrogué, me propuse estudiar su significado originario, el matiz singular que aquel prefijo griego, “meta”, unido al término cognitivo, podría tener.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Ésta es la exposición final de mis reflexiones, la conclusión a la que he llegado sobre lo metacognición:

¿Habéis oído, os habéis tropezado en alguna ocasión con el término metacognición? ¿Acaso sois personas metacognitivas? ¿Qué grado de metacognición creéis alcanzar? ¿Pensáis que tiene algo que ver la metacognición con alguna de las categorías del ser humano? ¿Quizá, la metacognición sea más bien una capacidad que poseen todos los seres por el hecho de estar integrados en el ser? ¿Somos, en consecuencia, todos metacognitivos en esencia? ¿Con qué cosa de la metacognición nos identificamos más y nos sentimos más satisfechos? ¿Tiene la metacognición algo que ver con el sentimiento? ¿Hasta dónde nos identificamos unos con otros, nos integramos en comunión plena como seres metacognitivos? ¿No será, por casualidad, un cambio, una mutación o alteración de nuestras estructuras como seres, una reproducción extensiva que te lleva más allá, una modificación o variación de nuestra naturaleza significativa, de nuestro ser en cuanto inmerso en lo existente? ¿Acaso somos personas poco cognitivas?

Si queremos una descripción aproximada del significado del término metacognición, debemos comenzar por el análisis de la palabra cognición, la cual nos introducirá sin duda en lo esencial de la misma. Así, la cognición la entendemos todos como la capacidad que tenemos los seres, unos en mayor medida que otros, unos más desarrollada que otros, unos más a flor de piel, para comprender por medio de la razón, razonar sobre el propio razonamiento, pensar lo que piensan y sienten los demás sobre la naturaleza, las cualidades, las capacidades, las relaciones de las cosas, de los seres entre sí.

Sin duda, partiendo de aquí, deducimos que todos tenemos esa capacidad, unos en mayor grado que otros; por tanto, todos somos metacognitivos, pero no todos lo enfocamos igual; sin duda, por poner un solo ejemplo, los grandes genios creadores poseen un alto grado de metacognición. La metacognición en sí es un grado muy especial de sensibilidad, de susceptibilidad que nos hace percibir, observar las cosas con gran claridad, lo que no significa que uno no se equivoque, que no padezca, que no sufra contratiempos; por el contrario, esta sensibilidad nos hace más vulnerables, nos azota de forma más violenta.

Ciertamente, existen seres insensibles, al menos aparentemente, a los que la vida les ha regalado todo, seres que no se enteran ni se alteran por nada, que no ven nada y viven la vida poniendo trabas, dificultades en el camino a los que tienen menos recursos. Esto hace que cada individuo modele su mente, su razonamiento y su existencia según las experiencias que le haya tocado vivir.

La metacognición es, pues, la capacidad del ser, quien enraizado, que no anclado en lo profundo del existir, en constante movimiento, en evolución y cambio dinámico dentro de su razonar sobre su propio razonamiento, percibe el sentir y el actuar de los demás seres y es consciente de esa sensibilidad tan intensa de la realidad que le rodea, no sólo de las cosas más nimias o insignificantes como de las más grandes, conociéndose como una persona con gran vulnerabilidad ante cualquier ataque, padecimiento o contrariedad seria que surja en su interior, suspirando por un atisbo, por una luz clara que lo oriente, que lo haga salir de esa autodestructividad que lo oprime, que lo deja sin salida en esa nada absoluta, que lo envuelve y donde se encuentra, hasta lograr el triunfo anhelado, la sensación dominante esperada; pues, el ser metacognitivo lleva su sensibilidad al extremo más sublime tanto para lo bueno como para lo malo.

Esa capacidad del ser metacognitivo de pensar sobre lo que piensan los demás o uno mismo, esa empatía es, sin duda, la parte más conocida de esa sensibilidad, de ese foco imperante que algunas personas poseen en grado supremo.

Por consiguiente, llegamos a la conclusión final, que ese grado de metacognición será el que día a día realmente distingue y realza al ser humano frente a otros seres, frente a las cosas, frente a la propia naturaleza, e incluso, frente a otros seres humanos con menor o ninguna metacognición.

He aquí, pues, la importancia de la expresión metacognición, el significado de su estructura, la profundidad de su contenido, la capacidad impresionante de aquellos que la poseen, de aquellos que bien podemos nombrar con la boca llena “personas metacognitivas” en el sentido pleno, de quienes tienen la fuerza y el hábito de ser, sentir, percibir esa enorme sensibilidad para comprender lo razonado, lo pensado y reflexionado por los seres sin anular su esencia, ni su ser, ni su plena y total característica de ser en existencia, de razonar sobre lo razonado, de ayudar al otro haciendo a cuantos le rodean más felices.

1 Comment

Filed under Filosofía

One Response to LA METACOGNICIÓN

  1. rosalía

    Me ha encantado, una vez más , en los otoños que me dejan descansar y disfrutar

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