“EL CAMINITO DEL REY”

Déjate llevar. Deja que te arrastre, te atraiga, te domine. No pongas ninguna traba a tus sensaciones. Entra con mente abierta y espíritu limpio, sin perjuicios, sin obstáculos. Aleja de ti cualquier barrera que te impida gozar plenamente y vivirlo de forma feliz. Sueña con lo más grandioso que tu imaginación haya ideado, con aquellas metas y objetivos que deseas alcanzar. Camina ligero de equipaje, con carnes prietas y las entrañas olvidadas. Déjate  dominar siendo en todo momento tú mismo.20151014_143604

Imagina la más extraordinaria de las orquestas, la más brillante y afamada, dirigida por el más sobresaliente y magnífico maestro, interpretando la más grandiosa de las sinfonías. Sorpréndete ante una de las maravillas de la propia naturaleza.

Un desfiladero vertical, un sendero colgado sobre una de las paredes de dicho desfiladero, un río que corre, salta, tropieza y se levanta con rapidez, juega con las rocas de la profundidad a mil juegos diferentes, un torrente tremendamente saltarín, sonoro, musical y cautivador que se pierde a la vista allá en lo hondo del cañón, mientras tú permaneces atónito, expectante, entusiasmado, siguiéndole con la mirada, sobrecogido ante aquellos maravillosos acordes que son captados por tus sentidos, que impactan en tu sensibilidad, que percibes sin alcanzar a averiguar con cual de tus capacidades cognoscitivas o con todas a la vez, aquella armonía sonora y musical, aquel ritmo melodioso, aquella entrada de vihuelas, de oboes, de violines, de bajos y contrabajos, de saxos y tambores que exultan tu interior, te incitan y provocan para no desviar tu vista de aquel discurrir armonioso y electrizante, aquel sin fin de acordes interminables y bien acompasados.20151014_145109

Las paredes, esas paredes de piedra tan bien labrada y esculpida, esos colores y tonalidades, esas luces y sombras continuadas, sus concavidades en las que te pierdes en el interior de la materia, saboreando aquella inmensidad, como si fueras capaz de degustar, de sentir su dureza, sus líneas y su moldeado, siguiendo el cincel de una artística mano que traza, perfila, delimita y define aquella dureza inacabada, constantemente esculpida, aquellos recodos, aquellos entrantes y salientes, aquella infinita profundidad en la que la vista se pierde al contemplar su hondura o al elevarla hasta poder vislumbrar y visualizar el cielo azulado allá en la lejanía, cada vez más y más alejado; mientras tú, colgado sobre aquel desfiladero, caminas lentamente, suspendido en el espacio y hasta en el tiempo, como sintiéndote volar, perdiendo toda tu materia, liviano, como si fueras una de aquellas palomas, que en multitud anidan y descansan en pequeñas oquedades, en minúsculos recodos, en apenas unos deslizantes salientes entre las brumas de las aguas y la nube húmeda, que se alza en espuma ante las pequeñas cascadas y melodiosos saltos de las aguas en su deslizar sonoro y horadador, como abriéndose paso hasta alcanzar las entrañas de la madre naturaleza; allá, en lo hondo, aplanadas y sumisas, sometidas al dominio sobrecogedor de la naturaleza, se relajan y se sienten reconfortadas con aquel murmullo adormecedor.

Al final, agotado por el dulce placer de los sentidos, ensimismado ante la asombrosa naturaleza, su fuerza y su hermosura, extasiado por lo que no cesas de contemplar y de admirar, sobrecogido por la dimensión de todo cuanto se te muestra, sublimado por el espectáculo que no acabas de digerir, del que sientes que has formado parte durante unas horas que se hacen instantes, como sabiéndote parte de aquel acontecimiento vivido, alcanzas el remanso de la paz, la felicidad del peregrino, la satisfacción del héroe ante la proeza que acabas de realizar, compartir y degustar en plenitud, sin dar crédito a lo que tus ojos te muestran, tus oídos han sentido, tu tacto ha percibido, tu gusto ha podido saborear y  tu olfato ha respirado de pureza y de belleza; entonces, gozas de la paz de esas aguas verdes turquesas ahora en remanso, como descansando en el abrazo de un pequeño lago, quietas, como recuperándose del esfuerzo realizado, contentas por el trabajo bien hecho; es, sin duda, el reposo del guerrero que viene de librar una gigantesca batalla con la dureza de la roca y el chocar constante, sabiendo salir ileso de tan fiero combate y brindando una hermosa y bella sinfonía a cuantos tuvimos la dicha de penetrar en su intimidad más profunda.

Quieta el agua, calmada y tranquilizada la virulencia, damos fin a este paseo colgado sobre la pared rocosa en un liviano pasillo entre el cielo infinito y la inmensidad profunda, como poniendo freno a tanto desenfreno y frenesí, a tanta turbulencia, a tan dulce y a la vez hermosa armonía.

Aquí, como puerta de entrada o final, se halla una gigantesca y enorme pared de roca ajada por la erosión que deja al espectador, al entusiasmado viajero con la boca abierta, con un signo glorioso de plenitud, de éxito, de placer logrado, feliz y satisfecho por la maravilla de la que tarda un tiempo en reponerse, degustando y saboreando lentamente la belleza de la obra, admirando la mano del artista, siguiendo la batuta del grandioso director de aquella armoniosa sinfonía, de aquella orquesta bien llevada, de aquella dulce melodía tan genial y tan maravillosamente interpretada.

 

14 de Octubre 2015. Desfiladero de los Gaitanes.

“CAMINITO DEL REY”

3 Comments

Filed under Sobre Literatura

3 Responses to “EL CAMINITO DEL REY”

  1. Juan Urbano Pizarro

    Vaya, vaya…Caminito del Rey que recuerdos…por allá anduve hace años «caminando» por el sendero original, colgados literalmente por algunos de sus tramos, y escalando en medio del desfiladero…Si existe «El Paraiso», este debe ser algo similar a este lugar.

    Un saludo

    • Darío

      Habrá que volver por allí a probar la verticalidd de sus paredes y ese ambiente vertiginoso y de silencio que posiblemente haya cambiado ahora que se le ha dado una difusión turística tan intensa.

  2. Juani

    Me ha encantado la descripción del lugar, casi has conseguido que estuviera allí, bueno…, en alma si que he estado allí durante el ratito que leía, si repetís experiencia, me apunto a ir con vosotros.
    Besitos, Juani

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *