UNA REFLEXIÓN AL FINALIZAR OCTUBRE

Nos encontramos en un momento confuso, convulsionado por los acontecimientos que nos cuentan, vemos y afloran a nuestro alrededor minuto a minuto: no puedes abrir un periódico, es muy difícil conectar una emisora de radio, resulta prácticamente imposible que enciendas el televisor y no choques de bruces con éstos o parecidos problemas o con otros nuevos que surgen por doquier, lo que hace que muchos queden relegados, carezcan de importancia, se pierdan en el olvido aún siendo más transcendentales, más relevantes.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Si vas por la vía pública, si asistes a tertulias o reuniones, si te encuentras con los amigos tomando un buen vino, si caminas por cualquier otro lugar, raro es el instante que no llegan a tus oídos los mismos comentarios sobre los mismos acontecimientos, los mismos avatares, las mismas vicisitudes y preocupaciones, los mismos sin sabores que tanto, tanto agobian al ciudadano de a pie, que acaban creando en el espíritu una tremenda zozobra, una honda desazón que acapara toda tu mente, roba todo tu tiempo y termina angustiándote al igual que al resto del mundo.

Hoy es un día especialmente extraño y negro; un día cargado de malos presagios e intenso dolor, no por los abundantes nubarrones que cubren el cielo apenas permitiendo vislumbrar la claridad solar, no por las torrenciales lluvias que aunque asumidas no acaban de llegar, no porque la noche se deje ver antes de lo habitual  para que los muertos vivientes se apoderen de las calles y plazas sobrecogiendo a los más desprevenidos o poco habituados en razón de su edad o tradición, me refiero a los “zombis”.

Hoy es un día muy raro, de esos que te obligan a decir a gritos aquello de “¡aunque no hubiera amanecido!”; un día, en el que la oscuridad se apodera de la mente, las tinieblas dominan sobre todas tus ideas y reflexiones, el espíritu se siente hundido en lo más profundo del pozo y sin fuerzas  para poder levantar el vuelo; un día aturdido y violento en el que te revelas contra todo y contra todos, en el que no bendices la suerte ni te encuentras glorificado; un día, en el que D. Juan deja de ser Tenorio y las dudas más espantosas se ciñen sobre la blanca candidez de Doña Inés, no percibiendo la necesidad de subir a ese escenario para representar el triunfo del amor; un día, en el que se olvida el perdón y la misericordia y sólo quedan ganas de que explote el firmamento, la tierra y el cielo se unan dando a luz a un aliento nuevo, una alianza de paz y amor, de compasión y entendimiento, de descanso y encuentro, otro mundo distinto.

Entretanto, contemplamos las largas  y extensas hileras de todos los marginados, de los que huyen del horror y la miseria, del afán de poder de unos pocos y las guerras cruentas, de la destrucción, mientras aparecen ante nuestra vista escenas de pobreza suprema, de ruinas de pueblos y ciudades, de cuerpos inertes que ya nada nos dicen acostumbrados como estamos a verlos desfilar día a día ante nuestra mirada, haciéndonos cada vez más insensibles, más conformistas y resignados ante tantas y tantas desgracias; mientras, otros se divierten, asisten de fiesta en fiesta, de representación en representación, expresan palabras grandilocuentes, nos llevan de engaño en engaño, de robo en robo, de lujo y derroche sin límites y nosotros seguimos con tanta dureza en el corazón, con esa ausencia de sentimientos, sin querer ver, ni oír ni poner remedio, sin percibir la causa del dolor y la ansiedad, sin atrevernos a levantar la voz y a protestar, callados y en silencio asistimos al espectáculo “como si aquello no fuera con nosotros”, no formara parte de nuestra vida, no estuviéramos implicados en esa cruda realidad, fuera de otro mundo al que no pertenecemos.

Una terrible impotencia se apodera de tu mente; un principio de rebeldía brota desde lo más profundo de tus entrañas; una violencia desconocida en ti se va adueñando de todo tu ser y te ves incapaz, empequeñecido, como algo diminuto y minúsculo ante la magnitud de lo que sucede, esperando que en algún momento, en algún lugar de tu interior se haga la luz, aunque sea una pequeña lamparilla, un extraño candil que vaya iluminando poco a poco hasta que lo luminoso se haga pleno y todo brille con la armonía anhelada, con el don de la paz.

Acabamos con la contemplación y recreación del Don Juan Tenorio, ese hombre que vive ajeno y al margen de lo social, de lo religioso, de lo político: un hombre que vive siempre al límite, sin miramientos ante nadie, sin escrúpulos, pendiente sólo de su “ego”, de sus deseos, de aquello que le es más beneficioso, sin importarle nada “el precio que tenga que pagar por ello”, sólo una dulce Doñas Inés.

No sé si el amor, en esta ocasión, será capaz de cambiarnos; ignoro si lograremos la salvación, pero nuestra obligación, nuestro deber inmediato será luchar para que esto se resuelva y la armonía se haga presente entre nosotros.

 

 

2 Comments

Filed under Autor

2 Responses to UNA REFLEXIÓN AL FINALIZAR OCTUBRE

  1. Rosa Carmona Elizalde

    Pues, si José Luis, nunca te he leído tan triste y lo siento. Bueno es saber que en general de todo se sale aunque nos duela el corazón en algunos momentos. Me gustaría poder ofrecerte algo que pudiera hacerte sentir mejor, pero no tengo nada más que estas palabras para que sepas que te he leído y he pensado en ti con la tristeza de encontrarte tan triste.
    Un abrazo, Rosa

  2. Jorge Varas

    Queramos o no es lo que hay. Por eso, la literatura el arte, la música, la filosofía … consideradas habitualmente practicas inútiles, cobran ahora todo su sentido y se convierten en imprescindibles para el ser humano, elevándose sobre las otras materias de conocimiento mas prácticas, colaboradoras con los sistemas de producción industrial.De nada sirve ahora un BMW o un Rolex, frente a la contemplación de los fusilamientos de La Moncloa. Cualquier clase arte tiene ante la tragedia una función terapéutica: El Guernica, La crucifixión de Grünewald, El triunfo de la muerte, Las piedades de Miguel Ángel, El Requiem de Mozart… Por eso no me extraña que tu que tienes la costumbre de sentarte a pensar escribiendo (eso es el verdadero pensar), hayas redactado este texto.
    Un saludo Jorge Varas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *