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LA IMPORTANCIA DE COMPARTIR CONOCIMIENTOS

Muchos son los elementos que propician la transferencia de conocimientos según nos informan la mayoría de los estudiosos del tema, yo quisiera destacar y fijarme, en esta ocasión, en uno solamente, dado su carácter sustancial, aunque fundamentalmente los ordenaría en el siguiente orden de importancia: la cultura, los medios tecnológicos, la infraestructura y los sistemas de evaluación; ciertamente no basta con uno sólo de ellos por muy significativo y ventajoso que éste sea, todos deben funcionar en una perfecta armonía y sintonización si queremos obtener buenos y perennes resultados, resultados positivos, satisfactorios y exitosos para nuestro bien personal y colectivo.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Es por tanto, desde mi punto de vista, que existe uno de ellos que destaca por su significado e importancia, por su fuerza; uno, que es muy difícil de alterar o menospreciar y mucho menos dejar de lado o abandonar; uno, sobre el que quiero reflexionar en este instante, me estoy refiriendo como seguro que todos pensáis y estaréis de acuerdo conmigo a la cultura, ya que ésta contiene una combinación sobresaliente de historia, de expectativas propuestas, de reglas la mayoría de las veces no escritas y, muy importante, de ética social compartida por todos y que afecta a la conducta de todos; aunque aparentemente la cultura sea más efímera que los otros elementos mencionados, sin embargo, tiene más fuerza, más poder de influencia, más sentido de globalización y colectividad, es mucho más activa y dinámica, con una tendencia natural a poder ser compartida y a colaborar eficazmente con los otros elementos.

Por todo esto, aprender a intercambiar conocimientos es una actividad social que se lleva a cabo entre individuos; de aquí, que las prácticas relacionadas con las personas, la cultura y el contexto en el que éstas se encuentran o en las que ejercitan su actividad son muy complejas, ricas y globalizadoras; por consiguiente, para estar convencidos de que las prácticas y los conocimientos no sólo se transfieren de unos a otros, sino que se realizan y se desarrollan de forma firme y eficaz de manera que resulten provechosos, es vital, yo diría que hasta necesario, poner a todos los individuos, que estén preparados y dispuestos a este intercambio de conocimientos profundos, en contacto entre sí, para así poder transferir los conocimientos que cada uno posee y almacena, intercambiando y compartiendo.

Por tanto, en una colectividad de la índole que sea, cuando sus componentes empiezan a ayudarse mutuamente en lugar de ponerse zancadillas, a hablar, a dialogar y a escucharse, comienzan a transmitirse cosas que cada uno sabe, ha experimentado y ejercitado, ha aprendido en definitiva; esta simple iniciativa se convierte al instante en un proceso que se va perpetuando por sí mismo, va creciendo sin cesar hasta alcanzar un efecto beneficioso y benefactor para el grupo o para el conjunto de la colectividad.

Es muy importante y eficaz, es necesario para ello, crear una cultura de equipo que lo apoye, que colabore sin desmayo, que elimine toda posible rivalidad del tipo que sea, que muy frecuentemente se suele dar entre los seres humanos, que haya un nivel básico entre ellos de habilidades significativas para poder solucionar los problemas que puedan surgir, teniendo siempre dispuesta la capacidad de escuchar e interiorizar.

He aquí, la importancia del factor humano por encima de todos los demás. Sólo un enfoque que esté centrado en las personas será competitivo, pues es muy sustancial y necesario desde el primer instante prestar especial atención a los valores que cada uno posee, que puede desarrollar más y más, de ahí se deduce lo significativo y sustancial de la capacidad de compartir; pues, así, los cambios culturales llegarán a ser posibles, aunque resulten difíciles y costosos, aunque surjan un cúmulo de acontecimientos, que nos estorben  y nos impidan ver el camino, que con seguridad sabremos vencer.

Claro que para ello no debemos olvidar el pensamiento de que las acciones son mucho más poderosas que las palabras. Estamos cansados de tantos dirigentes, de tantos seres que se creen importantes que hablan y hablan como charlatanes de feria, que prometen y prometen una y otra vez para luego no cumplir nada de lo afirmado, intentando engañarnos, transmitiéndonos mensajes falso, tomándonos por tontos e imbéciles, como ignorantes de los medios tecnológicos y de las habilidades sociales.

Ésta es la razón por la que defiendo la importancia de participar de la cultura y del intercambio de la información; esto es lo que significa que la persona participa y demuestra que se siente comprometida con la formación, con el proceso de cambio; ya que lo más destacado del conocimiento es compartir la cultura y practicar la democracia, no quedárselo como si aquello perteneciera a un feudo privado y único; no se puede, no es justo acumular conocimientos e impedir que otros accedan a ello, pues eso no otorga poder, no nos hace más poderosos ni importantes, antes bien, nos empobrece, nos achica y anula, nos puede llevar a la aniquilación.

El aprendizaje compartido, por consiguiente, se convierte en un concepto extraordinario: nos permite beneficiarnos del conocimiento y de la experiencia de los otros, así como los otros del nuestro; nos ofrece una serie de soluciones innovadoras y creativas; nos proporciona unas soluciones a veces imaginativas, pero que nos resultan tremendamente provechosas para alcanzar nuestro objetivo, nuestra realización dentro de la colectividad; se convierte en algo esencial para poder actuar y organizarnos mejor individualmente o en equipo.

“Si las personas son el motor del saber, deben tener la responsabilidad de identificar, mantener, aumentar y compartir su base de conocimiento, dado que el conocimiento es información en acción” dice Carla O’Dell.

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