CERVANTES EN EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE

Yace aquí el hidalgo fuerte

Que a tanto extremo llegó

De valiente, que se advierte

Que la muerte no triunfó

De su vida con su muerte…

 

Con estos versos que el propio Cervantes pone en boca de Sansón Carrasco, en el epitafio de la sepultura de don Quijote, una vez muerto éste y que aparecen al final del último capítulo de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, se podría pensar, ¿por qué no?, que el propio Cervantes, viendo ya cercana su muerte, se ponía él mismo su propio epitafio para su tumba recientemente descubierta.

Significativas son igualmente aquellas palabras que el mismo Cide Hamete deja impresas en las últimas líneas del mismo respecto a su  ingeniosa pluma: “aquí quedarás colgada de esta espetera y de este hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía… para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solo los dos somos para en uno…”

Extraordinarias palabras dedicadas a su pluma maravillosa, como despidiéndose con este gesto, que fue capaz de plasmar las genialidades de un ingenio tan magnífico en el arte de escribir. Así exclamó Guillermo Rojo hablando de Cervantes como modelo lingüístico: “el español es conocido hoy como la lengua de Cervantes”.

Martín de Riquer, a propósito de la Segunda parte de El Quijote y de la situación que en ella se vive en los últimos capítulos, donde se habla de la novela,  se comenta, se critica e incluso se da la bibliografía cuando se entera de el falso Quijote, dice: “con un dominio nunca superado en el arte de escribir novelas, Cervantes es capaz de reunir, relacionar y trabar en una sola acción seres de tan distinta procedencia y de tan diversa inspiración…” para concluir: “así Cervantes se presenta como un auténtico malabarista, que juega con su obra, se impone a ella y la lleva por donde quiere”, hasta hacer exclamar a José Manuel Blecua “que El Quijote es el gran libro de la vida, o que en su obra triunfa el concepto de discreto, que unido al concepto de naturalidad aparece el de dignificación popular”.

Al hilo de estas opiniones de tan importantes estudiosos, ¿qué cosas puedo decir de la habilidad de Cervantes para los diversos y variados registros lingüísticos?, ¿qué respuesta existe para las diversas novelas que van apareciendo sin cesar en El Quijote, en especial, en la Primera parte del mismo? Cervantes tan pronto utiliza un registro pastoril con Crisóstomo y Marcela, uno morisco cuando se relatan las aventuras del Cautivo, o picaresco en el episodio de los Galeotes, ejemplar en el Curioso  Impertinente, orador en el Discurso sobre la Edad de Oro y sobre las Armas y las Letras, como lo vemos manejando el género epistolar como un experto en sus variadas cartas: sentimental en la de Luscinda a Cardenio, parodia de tipo amorosa la de don Quijote a Dulcinea, familiar como la de Sancho a Teresa Panza o de ésta a Sancho, por no hablar de los cuentos tradicionales y populares puestos en boca de Sancho y un largo etc…, que no voy a enumerar y de sobra conocéis, pero que nos viene a demostrar de cómo Cervantes, escritor culto y elegante, es capaz de reproducir el estilo coloquial del pueblo con el buen humor que le caracteriza, con el chiste y juegos de palabras, con expresiones graciosas que van llenando su obra, dominada toda ella con una constante y fina ironía, que le lleva a exclamar a Capmany: “el principal mérito de Cervantes es la pureza y propiedad de la dicción y la claridad y hermosura de la frase”.

Centrémonos a continuación en el aspecto realista de su obra: ¿cómo pudo Cervantes presentarnos un personaje tan real como Sancho? Nos preguntamos. Si un escritor realista parte de la realidad, ¿de dónde partió él para ofrecernos ese personaje, que nos mete por el alma y aún por los ojos? Nos comenta Dámaso Alonso. Sin duda, Cervantes vivió toda su vida en contacto con la realidad exterior y de ella fue cogiendo cada uno de sus rasgos como buen observador; pero el personaje de Sancho es mucho más, es un conjunto de refranes, de sentencias, de agudezas y de chistes, es una biblioteca de cuentos, es un pozo de sabiduría popular.

El gran mérito de Cervantes fue que unió todo este material y lo fundió en un personaje. Su gran mérito es que creó a Sancho no como un ser humano único, sino más bien que en él reflejó un compendio de ciencia popular; por eso, dice Dámaso Alonso: “Cervantes no se limita a juntar el alma humana de una manera estática, sino que lo convierte en una pintura dinámica, es el movimiento y son los cambios del alma ante las cosas y ante los seres”. Por eso, si queremos entender los rasgos de la técnica cervantina en el retrato del alma, lo más certero es seguir la evolución de Sancho: allí vemos como unas veces es crédulo en su afán por alcanzar cosas materiales, pero otras, su sana razón le hace comprender la más dura realidad.

Así, la verdadera interpretación del alma realista de Sancho oscila entre el devenir del Sancho-Quijote y el de Sancho-Sancho, entre ser él mismo o dejarse llevar por la fantasía de su señor, según opinan todos los estudiosos y críticos de su obra. De esta manera, Cervantes se nos muestra como maestro y dueño absoluto de sus materiales al hacer reaccionar a Sancho sin violencia, con gran naturalidad.

Cervantes ha visto con meridiana claridad que todo ser humano es una mezcla, y así nos muestra en los caracteres de don Quijote y Sancho una representación perfecta del alma humana elevada a la máxima plenitud; de este modo investiga Cervantes el tema esencial y permanente del ser humano: lo que le tiene pegado a la tierra y lo que le eleva a Dios. Cervantes logró alumbrar una obra realista y a la vez universal.

En el prólogo de la Primera parte de El Quijote Cervantes nos dice: “que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas salga vuestra oración y período festivo… dando a entender vuestros conceptos sin intrincarlos ni oscurecerlos. Procurando también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”. Siguiendo esta fórmula, su prosa reviste multitud de modalidades estilísticas encaminadas a la eficacia y al arte.

Además con este mismo criterio, Cervantes pretende hacernos reír, de aquí que ridiculiza y satiriza, parodia las cosas absurdas y las fantásticas; en suma quiere crear un nuevo género literario que desacredite la caricatura del heroísmo y evite la confusión entre el héroe de verdad y el héroe de fábula. Cervantes satiriza, se burla y desprecia la caballería, lo que realmente hace es centrarla en su realidad y apartarla con la parodia, la ironía y el sarcasmo; de esta manera la parodia se convierte en otro de sus grandes méritos: lo importante para Cervantes es que, siendo El Quijote una novela que se propone satirizar, una novela literaria de la época, que para nosotros ahora puede no significar nada, sin embargo tenga una validez perenne y constante en todo el mundo civilizado, gracias al genio y al ingenio de nuestro autor, alcanzando una trascendencia universal.

El diálogo es sin duda uno de sus mayores aciertos estilísticos: Cervantes hace hablar a los personajes con tal verismo: “la conversación pausada y corriente entre don Quijote y Sancho alivian de alguna manera la monotonía de su vagar, dice Martín de Riquer, supliendo cualquier procedimiento descriptivo. Este diálogo adquiere a veces una especie de técnica dramática y se hace rápido y vivaz, se enlaza en preguntas y respuestas con lo que los personajes quedan perfectamente individualizados por su forma de hablar”.

Cuando Cervantes narra las aventuras de don Quijote emplea un estilo irónico, pleno de chistes, juegos de palabras, expresiones llenas de comicidad logrando que la ironía adquiera una gran fuerza; es curioso que al acabar la Segunda parte de El Quijote ya ha cumplido los sesenta y ocho años, estando al final de sus días, está en la miseria, ha padecido desdichas y calamidades de toda suerte en la guerra, en el cautiverio, en su hogar, ha recibido la humillación y burlas en el ambiente literario; pero, a pesar de todo, su buen humor y gracia inunda toda su obra, aunque en la mayoría de los casos tales bromas encubran amargas verdades y reales desengaños. 23 de Abril 1616.  Vale.

 

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