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EL ARTISTA Y LA NATURALEZA

En una interesante excursión, que realizamos un día sin mucha actividad desde Jávea hasta la Torre del Gerro, pudimos disfrutar de una sorprendente sorpresa, que nos cautivo y que, de alguna manera, casi nos hace alejarnos de nuestro objetivo primero.

Fuimos en coche hasta el Restaurante el Amanecer, junto a la ruta de los Molinos y desde allí, cruzando “les Planes” a través del camino de la “Cova Tallada”, nos encaminamos a la Torre del Gerro ya en la zona de Dénia.Torre-del-gerro-02

Esta bella torre forma parte de un sofisticado sistema de defensa establecido por toda la costa alicantina, mandado construir por el Emperador Carlos, a fin de proteger de los frecuentes ataques de los piratas y los berberiscos desde las próximas costas africanas todo este litoral, saqueos y acosos que tantos problemas le causaron en todo su mandato.

Desde lo alto de estas torres, los vigilantes dominaban todo el “mare nostrum”. Desde ellas, establecidas a lo largo de la costa en lugares estratégicos, se podían comunicar unas con otras, vigilar todo el litoral hasta el horizonte y estar preparados y prevenidos ante las acometidas feroces de tan bárbaros piratas berberiscos, quienes atemorizaban asolando las poblaciones cercanas.

Hoy, la mayoría de estas torres han desaparecido casi en su totalidad, aún se pueden contemplar alguna de ellas u observar restos de su estratégico emplazamiento, lo difícil de su acceso, lo privilegiado de su situación e incluso, lo dificultoso de su ascenso, dada la construcción interior de las mismas.

La Torre del Gerro o de la “jarra”, así llamada por su extraña forma, es una magnífica construcción, de bella estampa exterior, de silueta armoniosa y de grandiosas paredes redondeadas y firmes, de extraordinaria fortaleza, resultando tremendamente dificultoso escalar por su interior hasta alcanzar las esbeltas almenas protectoras desde donde, con toda seguridad, los dominadores de las mismas podían controlar el infinito mar, la abrupta y escarpada extensión de la costa y los acantilados embravecidos y cortantes, sin olvidar las envestidas de los asaltantes que pretendían conquistarla o adueñarse de ella.

Con todo, lo más espectacular, lo grandioso, la hermosura total y la belleza plena, lo que yo aquí quiero reflejar, se ofrece al esforzado caminante, que transita con la cabeza baja, los ojos fijos en la aridez del sendero pedregoso y el miedo en el corazón ante posibles caídas por causa de las constantes piedras puntiagudas, que se anteponen unas detrás de otras, sin apenas espacio para unos pies firmes y poco acostumbrados a tanta dureza como ofrece la senda de “les Planes”.

A poco que te detengas, a poco que levantes los ojos del suelo para contemplar un duro paisaje arrasado por el fuego de hace unos pocos años, observarás, no sin expectación y maravillado, admirando la belleza de la naturaleza adornada por el ingenio, la habilidad y el trabajo de la grandiosa imaginación creadora y la genialidad de un artista anónimo y desconocido, de unas manos duras, llenas sin duda de rugosidad, que fueron capaces de amontonar piedra sobre piedra hasta formar unas extraordinarias esculturas, que cambian de forma, que adoptan figuras diversas y variadas según la perspectiva desde la que el observador expectante se sitúe, según la distancia desde la que las contemples y el lugar elegido para deleitarte con tan fenomenal visión, como si se tratara de esculturas multiformes, que se ofrecen a la mirada dibujando en medio del agreste paisaje siluetas de las más variopintas formas y condición ante un espíritu contemplativo.

Y así, una, otra y otras… toda “les Planes” llena de pequeñas estatuas, de piedras perfectamente colocadas: grandes y chicas y más diminutas. Un auténtico museo de esculturas surgen por doquier: aquí y allá, a un lado y a otro por donde extiendes la vista, como alegrando y deleitando la visión ante ese castigado y desolado paisaje que un día la mano del hombre arrasó con un incendio; hoy, un artista anónimo, un escultor desconocido ha ido sembrando y regalando a cuantos caminantes se adentran por estos parajes y se atreven a levantar la vista, a hacer un alto en el camino para deleitarse en la imaginación creadora y en la sencillez de la naturaleza maltratada.

A partir de este instante el camino se hace agradable a pesar de lo áspero del sendero y la desolación de la tragedia, dejas de mirar los árboles truncados y la naturaleza muerta por el fuego.

El caminante se ve obligado a detenerse paso a paso para observar y contemplar con admiración la maravilla, que el ingenio humano ha sido capaz de recrear con elementos tan insignificantes de la naturaleza como es la piedra: piedra sobre piedra, piedra al lado y junto a otra piedra, un montón de piedras minúsculas sobre otras más grandes hasta dejar patente una escultura, una obra inmortalizada, una obra para la que desde estas líneas pido respeto y un ruego a fin de que la barbarie, a veces, del ser humano conserve, evite su destrucción, admire su belleza, lo valore, visualice y llegue a disfrutarlo desde lo más hondo de su ser, comprobando como en un paraje brusco, duro, pedregoso y arruinado puede aparecer la maravilla de un artista anónimo, que es capaz de transformar la naturaleza seca y árida en un paisaje digno de admiración, que te obliga a alejarte de tu ruta primera para seguir contemplando pequeñas estatuas, que destacan en la lejanía, te incitan a una reflexión y a perderte ante aquel museo tan maravilloso y atractivo.

No sé si desde estas líneas tengo fuerzas para ello, pero sí pediría un voto de respeto a la obra creada con esos materiales tan toscos del propio paraje, todo real, nada artificial, sin instrumentos de cincelar desmedidos, sólo con la mano del hombre y su imaginación de artista, pido un voto por esta obra que da encanto a un paisaje tan desolado; aunque, probablemente, el anonimato de esa mano creadora sea el más alto valor a admirar y contemplar. Dejemos que otros muchos, cuantos por allá pasen, sean capaces de valorarlo y contemplarlo.

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DESDE LA PERSPECTIVA: LO DISTANTE Y LO PRÓXIMO

Desde un alto picacho de forma esbelta y estilizada, puntiagudo, resbaladizo y cortante, se podía vislumbrar con cierta nitidez el horizonte perdido, alejado y difuso, donde la naturaleza, los seres y las formaciones de las cosas desaparecidas en la distancia apenas dejaban gozar de la belleza, la armonía, la hermosura y la delicadeza de todo lo allí establecido.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Es necesario descender al detalle, tocar la cercanía de lo permanente, sentir el temblor de lo estático y la timidez del movimiento, saborear la percepción de lo percibido y la sensibilidad de lo que se hace notar, requiere tu presencia para ser observado, se muestra como querido, manifiesta que está vivo, que tiene la alegría y la cualidad de lo llamativo, de lo que produce una respuesta, de lo que debe ser admirado y exige una pregunta profunda, un averiguar su significado, algo que atrae y provoca, cautiva e incita más allá de lo simplemente analizado o experimentado.

¿Quién puede ser capaz de pasarlo por alto? ¿Quién puede alejarse cada vez más sin absorber toda su sabia? ¿Cómo se puede menospreciar todo lo que aparece sin dejar huella de la existencia, de nuestro estar ahí? ¿Cuál puede ser nuestra certeza ante todo cuanto se muestra? ¿De qué modo se puede uno enfrentar a la realidad que nos aspira y nos incorpora incesantemente, nos colma con toda su capacidad, nos inunda con su sentido y razón, nos invade hasta saturarnos con la misma existencia del ser y la honda esencia de lo implantado?

Algo se produce sin duda que nos sobrepasa, simula como un extenso manto que nos cobija y protege, nos acuna con dulzura, nos hace comprender nuestro destino sublime y nuestra comunión con ello, nuestra misión trascendente de ser en realidad, de ser existente en el ser, de un ser afincado y no errático, inteligente y no ausente, personal y no vacío, individual y no fragmentado ni aislado, singular, indivisible, organizado, libre.

Esta visión arrastra al devenir, al constante devenir del que no se debe uno alejar nunca ni parece razonable huir, pues en él se encuentra la esencia, en el se halla la felicidad y la unión, salvo que prefieras caer en la nausea, en la frustración, en la absoluta nada.

Este devenir, en verdad, se convierte, se transforma en un principio, en el principio de la realidad, de esa realidad que es cambio constante y continuo, que es un fluir permanente. Así es como Hegel llega a representar el devenir como una superación, como la superación del puro ser y la pura nada, hasta el punto que sin él no se podría llegar nunca a la verdad, ya que sin devenir no se puede alcanzar el cambio, no se logra la transformación anhelada tan importante para conseguir el ser pleno, el ser en movimiento, el ser reparador, lo absoluto no se podría manifestar evolutivamente bajo las formas de espíritu y naturaleza.

Por todo esto, es preciso bajar del alto picacho, de ese abrupto picacho, escarpado y filamentazo que en un principio pareció hermoso y desde el que nos sentimos como seres superiores, seres únicos, desde el que contemplamos con gesto hierático y dominante la realidad que se aparece y se muestra, la realidad que se desdibuja por causa de lo distante y nos la imaginamos convencidos de que es la auténtica realidad, sin pensar que se trata de un simple fenómeno de los sentidos, que la transforma y nos hace concebir una apariencia como real, como no existente, como ajena sin quererlo a la propia realidad.

Aquí, en el mundo de los iguales, en la realidad de todas las cosas sin exclusión, se puede y se debe profundizar, se debe ahondar en la auténtica esencia de ese existir transformador, de ese ser al que se unen los seres en busca de la unificación, la unión permanente en ese constante y continuo discurrir.

¿Cuál es el papel de los sentidos ante esta situación? ¿Cómo convivir y relacionarse  en el mundo de los iguales? ¿Surgirá en alguien o en algo la fiebre imperiosa del poder? ¿Quién mandará? ¿Se sentirá superior? ¿Querrá en algún instante imponerse?

Si se trata de iguales, de los que sienten su entidad de ser en justicia y en libertad, nadie podrá nunca sobreponerse, considerarse superior a otros, a no ser que se violente de forma fragante el devenir de las cosas, el orden existente, la realidad permanente en continua ebullición y fluir constante.

Sólo el ser existente, el ser consciente de su entidad con conciencia plena de su existir, implantado en su pleno devenir, considerando al otro como igual, sintiéndose otro con sentido de su plenitud, es capaz de ocupar su espacio y su tiempo como un alguien peculiar con una misión que desarrollar, cumplir y llevar a la totalidad, al ser trascendente, al que aspira, misión de la que participa el otro y que junto con él ha de culminar.

 

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