LOS CELTAS Y EL DRUISMO

En estos días, mientras leía una novela sobre los pueblos celtas, me ha venido al pensamiento un recuerdo y una reflexión, que me gustaría dejar plasmada aquí y que me ha hecho retroceder a mi época de estudiante primero y, más tarde, me ha trasladado a los gratos recuerdos de cuando traducía con mis alumnos “los Comentarios sobre las guerras de las Galias”  de Julio César, de manera muy especial, siempre que aparecía y explicaba el nombre de los “Druidas”, nombre que la primera vez me llamó la atención y me obligó a buscar información, que el propio Julio César manifestaba en sus escritos sobre su filosofía, sus principios morales y religiosos, su amor a la naturaleza, su influencia en las decisiones políticas y de gobierno que llevaron a este mismo conquistador a iniciar de alguna manera su extinción, dado su poder en todos los ámbitos: educativos, sociales, políticos y religiosos.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Luego, dominado y acaparado por otras ideas y acontecimientos, fui perdiendo el interés por esta cultura y aquellos famosos sacerdotes, magos y adivinos dedicados al estudio de la naturaleza, sin templos, sin estatuas religiosas, sólo el cuidado de bosques frondosos, sólo la naturaleza, sólo recibiendo la energía y el potencial que la madre tierra revitalizaba e inspiraba tumbándose sobre ella.

La palabra “Druida” significa en el lenguaje Celta: roble. El roble se convierte en el árbol sagrado de los Druidas; mejor, es su árbol sagrado, constituye uno de los ejes centrales de sus creencias, ya que les permite establecer una comunicación con los tres niveles de la divinidad: la parte enterrada, subterránea, por sus raíces; la de la superficie, por su tronco; la de las alturas, por su copa.

Podríamos concluir que el bosque era el autentico hogar para éstos, que el contacto perenne con la naturaleza, el hecho de tumbarse sobre la tierra era fundamental para ellos, suponía recibir toda la energía que ésta tenía, reanimaba la sangre por sus venas, hacía que se sintieran inundados de la misma fuerza y vitalidad que las propias plantas y árboles, esas plantas sanadoras y medicinales como “el saúco o el muérdago”. Así los árboles contenían un gran simbolismo: los de hojas caducas por su estacionalidad y carácter cíclico configuraban una alegoría de la vida; los de hojas perennes representaban la inmortalidad del alma; por esto, el bosque era algo sagrado para ellos. Yo me atrevería a afirmar de alguna manera, que los Druidas fueron los primeros amantes de la naturaleza,  los primeros en preocuparse de su conservación y mantenimiento.

Como elemento anecdótico a todo esto, sería la expresión tan vulgar de “tocar madera”, expresión que solemos decir, a la que acompañamos con un gesto de tocar algo ante una posible desgracia, y que podría tener su origen en el druismo, ya que estos sacerdotes, magos o adivinos se apoyaban siempre en el roble, lo tocaban constantemente para que el árbol los librara de sus males; de aquí, su carácter sagrado y benefactor, además de balsámico para sus remedios y males.

Otra reminiscencia que nos ha llegado es la recogida del muérdago: es muy corriente que hoy, llegadas las fiestas de Navidad, lo compremos para proteger nuestras viviendas y los habitantes de las mismas; pues bien, la recogida de éste tenía su propio entre los celtas siendo una planta muy benefactora entre sus miembros.

Los Druidas son los sacerdotes celtas, los conservadores de las tradiciones de su pueblo. Sus miembros eran elegidos tras una dura selección por el jefe druida, luego de un largo proceso de educación y enseñanza de sus doctrinas y costumbres. Los jóvenes mayores de catorce años se presentaban voluntariamente y después de un  proceso de adoctrinamiento eran consagrados.

Los Druidas a diferencia de otros pueblos o sacerdotes no formaban una casta; antes al contrario, se mezclaban con el pueblo, participaban de sus ocupaciones y tareas. Julio César en “los Comentarios sobre las guerras de las Galias” les atribuía tres funciones fundamentales: educadores, pues se dedicaban a la enseñanza oral, a veces, en forma de canto o poesía; la base de su adoctrinamiento era la inmortalidad del alma, la metempsicosis, pues la vida eterna era una prolongación de la vida terrena:

“La metempsicosis es una doctrina según la cual una misma alma puede animar diferentes cuerpos, como la trasmigración del alma de un ser a otro. Los egipcios ya hablaban de la metempsicosis; pero fue Pitágoras fundamentalmente quien lo introdujo en Grecia; más tarde, Platón habló de la trasmigración de las almas, que luego culminó con la teoría de la reminiscencia de las ideas”.

La segunda función fue la de jueces. Los Druidas entendían en crímenes, homicidios o herencias; a veces, actuaban como árbitros ante las diferencias entre tribus, en los tratados de paz y en las formas de intervenir en la guerra. Las penas para los castigados eran el destierro total de la tribu siendo declarados “apestados” o “proscritos” e, incluso, la muerte.

La tercera función era la de sacerdote: vestían túnica blanca; eran los intermediarios entre el mundo sobrenatural y los hombres; fijaban el calendario de la tribu y las fiestas entre las que sobresalían: la Beltaine, fiesta del matrimonio y la felicidad, en ella se celebraban todos los enlaces matrimoniales del año; la Samain, fiesta en la que se comunica el mundo de los vivos con el de los muertos, los espíritus pueden establecer contacto con el mundo terrenal; parecida a la fiesta cristiana de “Todos los santos”; la Lugnasad, fiesta en honor del padre Lugd, uno de los grandes dioses junto con la madre Danua o Dana; junto a esto, eran los encargados de recoger el muérdago en el solsticio de verano con un importante ritual, además de practicar la magia y prevenir el porvenir; sanaban a los enfermos o a los heridos en las batallas con hierbas naturales que buscaban en el bosque; hacían sacrificios en medio del mismo; por lo que los mantenían en buen estado bendiciendo las cosechas y el ganado.

Por último, como conclusión, entre los grandes valores de los celtas deberíamos destacar y sintetizar: su bravura en las batallas, su gran espiritualidad, su respeto a la naturaleza y a los bosques, una hospitalidad notable y su gran mérito y aportación, el trabajo de la metalurgia tanto en armas como en aperos de labranza.

2 Comments

Filed under Sobre Literatura

2 Responses to LOS CELTAS Y EL DRUISMO

  1. Marisa Veguillas Muriel

    Aquellas traducciones de la Guerra de las Galias… ¡Qué recuerdos!
    Ojalá los valores que mencionas en el relato, imperaran hoy en día como en aquellos tiempos entre los celtas.
    Te deseo un feliz verano y esperemos que, durante el mismo, predominen las buenas noticias y las catástrofes pasen a la categoría de “lejanos recuerdos”.

  2. micaela vega

    Increible la polifacética tarea de los duidas.
    Gracias José Luis por tus escritos con los que no dejo de aprender.
    Nives, me encanta la luz y el color de tu paseo por el bosque.
    Os deseo un feliz verano a toda la familia.
    Bs, Micaela

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *