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FIESTAS Y TRADICIONES

Hoy, dado que nos encontramos en periodo vacacional, me he propuesto escribir algo distendido, algo carente de profundidad, algo festero que pertenece al mundo de las tradiciones que celebran nuestros pueblos por toda la geografía para distracción del turista, para regocijo de los ya habituales que ven como se superan año tras año y orgullo de cuantos participan y colaboran en la organización del evento popular, multitudinario y llamativo.

Nada mejor para ello que “Las fiestas de Moros y Cristianos” tan participativas y espectaculares, tan importantes y tan involucradas en la historia antigua de nuestros pueblos, tan celebradas y comentadas por todos cuantos tienen el honor de presenciarlas y saborear cada uno de los acontecimientos que allí se viven, se rememoran y sirven de folklore a tantos y tantos días de celebración de la fiesta de Santiago, de Santiago “mata moros”.

Ya que me encuentro en la localidad de Jávea, voy a hablaros de “Las Fiestas de Moros y Cristianos” de esta bella localidad alicantina, lugar donde me deleito con sus vistas espectaculares, con su clima siempre aireado por sus cinco vientos, con sus paisajes y sus aguas de múltiples colores según las acaricien los rayos solares, donde me sumerjo como en una pila bautismal de la que emerges revitalizado y fortalecido, sirviéndome de distracción e inspiración en mis ratos de ocio.

Aunque se trata de una semana de acontecimientos y celebraciones, los dos momentos más intensos son, sin lugar a dudas: la batalla en la playa con la conquista final del castillo por parte de las tropas invasoras y luego, más tarde, la reconquista y los desfiles victoriosos de hermandad por parte de las tropas participantes con sus mejores galas, sus vistosos vestidos, su forma de desfilar, sus movimientos al ritmo de la música y la gran parafernalia que les acompañan.

El desembarco se produce al anochecer. Surgen inesperadamente oleadas de barcazas musulmanas arbolando banderas de la media luna al viento, enfrentándose a las olas embravecidas, a veces, con continuos disparos de arcabucería y la subsiguiente respuesta desde la playa de cañones y trabucos por parte de las tropas cristianas bien posicionadas y alineadas para repeler la agresión.

La contienda se hace intensa. Las barcazas van poco a poco aproximándose a la arena. Los más atrevidos se arrojan de las mismas al agua animando al resto y se aproximan a las tropas cristianas, quienes rompen su ordenada formación ante el acoso de los asaltantes, comenzando a retroceder despavoridas ante el empuje de los enemigos. Se establece una lucha sin cuartel y feroz. Se combate cuerpo a cuerpo con lanceros, arqueros y con espadas.

Los cristianos buscan refugio en el castillo ante la fuerza del ejército invasor: unos atacan con ferocidad; otros se defienden con valentía pero en desorden y atropelladamente. Al final de la contienda, el castillo es tomado. La plaza cae en manos sarracenas.

Se producen los discursos de rendición y de conquista: los primeros prometen volver con más brío y fuerza, mejor posicionados y más aguerridos; los segundos aseguran que se defenderán hasta la muerte por defender la tierra conquistada, de donde no serán nunca expulsados, dada la belleza y la hermosura de la tierra sometida, su riqueza y el enclave privilegiado que forma.

Los desfiles victoriosos son preciosos, rítmicos, dignos de ser contemplados por sus ropajes, sus escudos, los adornos que cubren sus cabezas, las formas de desplazarse de cada filá, la música que a cada una acompaña, el estruendo de la arcabucería que no cesa de tronar y atronar los oídos, las cabriolas de los caballos que se intercalan y la elegancia de las mujeres moras y cristianas marcando un ritmo sensual, que anima al griterío, a las palmas y a los vítores de los espectadores que abarrotan el recorrido.20160724_204654

Sé que “La fiesta de Moros y Cristianos” se celebra por doquier, por todo el levante español en esta época de riguroso calor. Sé que se convierte en un auténtico reclamo para el turismo extranjero y nacional, que acude ansioso y expectante por visualizar ese espectáculo de luz, sonido, vestidos y joyas, que la mayoría no llega a comprender del todo.

Sé que unos tienen más fama que otros, más kábilas y cuarteles, más numerosas filás o más grandes escuadrones; pero el espectáculo es semejante y el éxito cosechado igual junto con otras acrobacias y danzas que adornan y acompañan.

“La Fiesta de Moros y Cristianos” se convierte en una celebración inmemorial, que arranca y se encuentra arraigada en la tradición de nuestros pueblos, en aquellos acontecimientos medievales de conquista y reconquista, de asaltos sorpresivos a pueblos indefensos y de luchas heroicas en defensa de sus costumbres, su religión y el bienestar de sus gentes.20160724_213107

Para concluir y a manera de resumen, “La fiesta de Moros y cristianos” es ruido atronador de arcabucería constante y monocorde; vestidos y trajes esplendorosos, brillantes y llamativos de cada una de las filás, algunos yo diría que aterradores por sus formas y adornos, pero elegantes; ritmo que marcan los tambores, unos gigantes y otros más chicos que hacen retumbar el suelo y las viviendas, junto con la algarabía de gaitas y flautas, que obligan a unos movimientos suaves, virtuosos y estudiados en los participantes; desfiles de filás perfectamente hermanadas y unidas, bien uniformadas y acompasadas, mandadas por un severo capitán o una autoritaria capitana que los guía y los obliga a moverse para agrado y placer de los presentes; música, luz y color además de vistosidad configuran el desfile victorioso de las tropas.

Si tenéis oportunidad allá donde os encontréis, no dejéis de presenciarlos, no os los perdáis, disfrutarlos y vivirlos con intensidad y emoción. Felices vacaciones una vez más.

 

 

 

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