LA AMISTAD MOTOR Y CONQUISTA DEL SER HUMANO

En mi afán por releer novelas del pasado, novelas que habían entrado ya en el grado del olvido, autores españoles galardonados con grandes premios literarios como: el Nadal, el Nacional de Literatura o el Planeta, eché un vistazo para rememorar la trilogía de Gironella sobre la República y la Guerra Civil: “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos” y “Ha estallado la paz”, introduciéndome fácilmente en sus narraciones y descripciones sobre la ciudad de Gerona en aquellos atroces momentos. Aquí, en esta segunda lectura, me llamó la atención de una manera especial las extrañas reuniones, las relaciones de los diversos miembros de aquella Logia masónica, la Logia de Ovidio, que frecuentemente se celebraban en la calle el Pavo y que siguieron viéndose en aquellos tiempos tan convulsos y atormentados: la fraternidad, la amistad, la ayuda y colaboración entre los miembros de la misma o con otras logias, a pesar de la diversidad de caracteres, de profesiones, de ideologías, de partidismos, amén, de la situación personal de cada uno.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Entonces, me pasó por la mente rebuscar y husmear en los orígenes modernos de la Francmasonería, por allá, por los años 1717, hallándome sin esperarlo con un texto que me sorprendió y me retrotrajo a esta lectura, convirtiéndose de alguna manera en el origen de esta reflexión, si queréis, un tanto desordenada, pero creo que muy interesante.

En este texto de formulación se hablaba de la amistad como uno de los pilares fundamentales, ya que establecían la fraternidad como uno de los elementos constitutivos o piedra angular de la práctica masónica, tanto para el perfeccionamiento personal, como para el progreso de los seres humanos: lo más importante es la cadena de unión, se decía allí, que une a todos los seres de buena voluntad, llegándose a ello con la necesidad que tenemos de los demás y con la amistad como conquista para el bienestar individual y colectivo.

Fue en este preciso instante, como he señalado más arriba, cuando se me ocurrió escribir algo sobre la amistad, “la amistad como motor y conquista del ser humano”.

Esto me llevó rápidamente, quizá por malformación profesional, a recurrir al Diccionario de la Real Academia, donde el término amistad aparece descrito como: “afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se satisface con el trato”.

La lectura de esta definición me dejó un tanto frío, no me convencía, no me conducía a mi objetivo. Pienso que aunque sea correcto, no motiva, no comunica, no llega al interior, no atrae, no satisface, no mueve a su estudio, no se encuentra en la línea que yo pretendía expresar aquí: ni como conquista, ni como acción hacia el progreso, ni como intimidad.

Me propuse buscar otra perspectiva, otro proyecto de investigación. Revisé mil libros uno a uno y allí, en un rincón de la estantería, el más alejado, descubrí la siguiente expresión  de I. Merino: “…la amistad es como la dignidad, una conquista de igualdad entre los seres humanos que ha costado un tremendo esfuerzo alcanzar, su pérdida afecta a la integridad de la persona y cuando se rompe, la vida merece menos la pena”.

Esta frase estaba más en consonancia con mi pensamiento, con mi pretensión, me hacía reflexionar y examinar situaciones vividas, analizar momentos y experiencias de la vida en las que uno ha sido sujeto de circunstancias similares: sentir los desgarramientos ante la ruptura o saborear el placer del encuentro.

Fue entonces, ¿no sé por qué?, cuando me vino a la mente algo no muy lejano, cuando me centré en aquello que había leído hace mucho tiempo de Karl Friedrich Christian Krause en “El ideal de la humanidad para la vida”. ¿Por qué el Krausismo? ¿Por qué este movimiento? Ahora mismo no sería capaz de dar una respuesta.

“Todos los caracteres humanos, con sus múltiples semejanzas, grados y contrastes, forman una plenitud animada de la vida y desenvuelven con infinita riqueza las fuerzas latentes de la humanidad. El encuentro en el trato social de caracteres opuestos, cada cual igualmente digno, es fuente de amistad y amor, por lo que al unir con fuerza lo antagónico es tan fecundo en puros goces como en bellos frutos”, se decía allí.

No es de extrañar que el Krausismo represente un período intelectual de gran altura dentro del pensamiento español y reuniera una enorme pléyade de intelectuales de la época.

Me atrevo a afirmar, pues, que se trata de una doctrina de concordia basada en el respeto a la dignidad de todos, según lo leído; concordia que tanta falta nos hace en estos momentos y que con toda seguridad nos ayudaría a superar los grandes desafíos que nos abruman: la libertad común, la educación, la responsabilidad y, sobretodo de forma muy especial, la recuperación de la amistad como modo de vida. Sí, la celebración de la amistad.

Sanz del río, uno de los ilustres krausistas de aquel momento, escribía: “…después del matrimonio, la amistad es el vínculo personal y el más fecundo; así como el matrimonio junta los opuestos sexos, la amistad reúne opuestos caracteres. El fin humano se realiza a medida que los hombres y los pueblos se reúnan en personas sociales unidas por el amor… Entonces, serán las amistades fuentes vivas de virtud”.

Giner de los Ríos, sin duda el más notable de todos, añadía: “… que la amistad es fuente no sólo de satisfacción sino de progreso”, y Otero Urtaza, concluía: “…que la amistad participa de las relaciones amorosas cuando esa transferencia de fuerza nos lleva a ver en el otro una continuidad de nosotros mismos, un alma repartida en dos cuerpos”, para finalizar más adelante, “…que la amistad requiere reunión placentera de amigos, posibilidad de hablar sin ser interrumpidos por extraños, aprecio recíproco y tiempo”.

Por todo ello, vengo a afirmar que el krausismo español es un ejemplo de amistad, es un espíritu fraternal, es un modo ético de ser y una verdadera pedagogía sobre y en la amistad.

Esto, así expuesto, me lleva a deducir que la verdadera amistad es una conquista permanente que hay que esforzarse en alcanzar y luchar para que nunca se pierda; que no es algo estático, antes al contrario, sino dinámico; sin olvidar que la amistad es atacada con gran facilidad por los virus comunes de la convivencia, es vulnerable como estamos habituados a observar y se nos muestra ante nuestros ojos. A modo de síntesis, una buena amistad nos ayuda a ser creativos, nos ofrece un gran soporte que nos obliga a ser tolerantes.

Hagamos, pues, cobijo, protección y defensa constante de la amistad, para que no caigamos en el espejismo de creer que la vida nos la ha regalado. Así, nuestros amigos, los de verdad, nos acompañan y disfrutan de nuestros logros, sufren cuando las desgracias nos acechan, comparten nuestra vida con absoluta libertad.

Veía estos días pasados y observaba la angustia de una reportera que seguía a un grupo de refugiados en su terrible peregrinar: solos, sin patria, sin casa, sin tierra donde descansar, sin nadie en quien apoyarse; refugiados que pierde en un momento de su trayecto a la libertad…, y la alegría esperanzada, el abrazo feliz, enternecedor, como si fueran amigos de toda la vida, cuando se vuelven a encontrar, cuando se une al grupo y puede acompañarlos como una más de ellos, como una refugiada más que ofrece su consuelo, su ayuda, su amistad.

No debo extenderme más, aunque el tema es muy amplio y da para mucho. Concluyo con este alegato después de tantos desvíos y avatares por los que os he llevado: es llegado el tiempo de que luchemos y reivindiquemos la amistad como conquista de una sociedad avanzada, porque así, alcanzaremos una paz sólida, una solidaridad y un sustento de nuestro estado de bienestar. Seremos, sin lugar a dudas, mejores personas con la amistad como motor y conquista del ser humano.

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One Response to LA AMISTAD MOTOR Y CONQUISTA DEL SER HUMANO

  1. Mª BEGOÑA RUIZ RGUEZ.

    Gracias, otra vez más por la reflexión, la investigación y el tiempo que dedicas disfrutando y por favorecer que otras personas disfrutemos también. Gracias, José Luis, por acordarte de nosotras. Yo también te
    recuerdo con cariño. Ánimo y que sigas por mucho tiempo.
    Un abrazo. Begoña.

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