EL AMOR, BIEN ENTENDIDO, EMPIEZA POR UNO MISMO

Este dicho de la sabiduría popular, que anoche mismo comentaba  con mi nieto, no significa para nada un acto de egoísmo, sino que más bien forma parte de la esencia fundamental del amor, pues difícilmente puede amar al otro quien no es capaz de amarse a sí mismo: “ya que el egoísta, en esencia, no se quiere a sí mismo, sino que se tiene una profunda aversión”, en palabras de Erch Fromm en “El miedo a la libertad”.

Obra de Nieves Prat

En estas pasadas Navidades, en un momento de tranquilidad y reposo, mientras hojeaba un libro de John Powell sobre “El Secreto para seguir amando”, tropecé sin intención de buscarlo, como algo inesperado, como algo que se me ofrecía generosamente, mis ojos se fijaron con atención más de la acostumbrada y una luz se encendió en mi mente al leer una cita de Víctor Frankl expresada en su obra “El mundo en busca de sentido”, que decía textualmente así:

“Un pensamiento me dejó como paralizado: por primera vez en mi vida comprendí la verdad que afirman tantos poetas en sus canciones y que proclama la sabiduría última de tantos pensadores. La verdad: que el amor es la meta última y más alta  a que puede aspirar el ser humano. Fue entonces cuando comprendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y las ciencias humanas intentan comunicar: la salvación del ser humano se logra en el amor y a través del amor”.

Yo que en mi vida profesional he intentado hablar y explicar la poesía más sublime; yo que he intentado descifrar las palabras más bellas, las frases mejor construidas, las oraciones con un profundo y singular sentido; yo que he pretendido analizar los conceptos de los más sensatos y sesudos pensadores; yo que he buscado comprender las teorías de los más sobresalientes maestros, llegar a lo más hondo de su creatividad y libertad expresiva, que me había propuesto traspasar el más allá del simple concepto, el sentido perfecto y exacto de la singular estructura, la razón y el significado del constante y perfecto proceder, yo nunca me estremecí, aunque infinidad de veces me emocioné averiguando el contexto exacto, la palabra genial de aquellos poetas, de aquellos pensadores a los que nunca dejé de admirar, a los que me esforcé por comprender intentando entenderlos para después poder seguirlos, imitarlos y asimilarlos, para ser capaz de explicar la palabra sublime del amor.

Yo que a veces quise expresar en mis escritos o, al menos, procuré fijarme en ellos como maestros leales para ser capaz de manifestar la sabiduría adquirida, las reflexiones que brotan de mi interior, las historias que mi imaginación pretende elaborar, me siento ahora abrumado, que no hundido ni desfallecido, más bien con una poderosa fuerza interior que pretende, se esfuerza por expresar alguna idea por insignificante que ésta sea, algún concepto que sea capaz de igualar, que pueda asemejarse, que desemboque como un torrente en el mar infinito de la vida, del valor de la expresión ante mí mismo y los demás.

La poesía es amor, la pintura es amor, el arte es amor, la palabra es amor, el pensamiento, el raciocinio, todo es amor, el ser humano es amor, la vida es amor, al menos, así lo aprendí en sus creaciones, en sus textos, en sus genialidades y que, posteriormente, he ido aplicando concienzudamente en mi vida personal o, al menos, eso creo.

“El amor es una actividad, no un efecto pasivo: es un estar continuado, no un impulso súbito: en el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que el amor es fundamentalmente dar, no recibir”. Decía Erich Fromm en una más de sus acertadas y siempre profundas sentencias plenas de contenido y significado trascendente.

El ser humano siente la necesidad fundamental de amar, de amar en su concepto más puro, en su significado más  profundo, pero esa necesidad debe ser bien alimentada, perfectamente entendida y aceptada en su realidad vivida día a día, de modo que el propio organismo humano esté sano, el ser, el quien, la persona en sí misma sea feliz.

Pero esa necesidad fundamental tiene su origen en un profundo amor a uno mismo, de manera que esta expresión sea plenamente entendida, orientada e interiorizada, pues este amor a uno mismo  no es otra cosa que una autoaceptación en su sentido total, una verdadera autoestima en el buen sentido del concepto.

Pues, si como se dice “el fin último del ser humano es alcanzar la felicidad”, debemos comprender que este objetivo sólo lo podremos conseguir siendo nosotros mismos. Ser feliz, alcanzar la felicidad anhelada es, en verdad, ser yo mismo.

“Es imposible que un hombre o mujer pueda estar en paz con los demás mientras no haya aprendido a estar en paz consigo mismo” decía muy acertadamente Bertrand Rusell.

Concluyo esta reflexión con una idea del psiquiatra Robert H. Felix, hombre experimentado, quien expresaba este mismo pensamiento con esta reflexión: “Yo debo aprender a disfrutar de ser yo mismo: sólo quiero ser yo mismo”.

Quizá podamos añadir a estas palabras, concluir su razonamiento añadiendo: si quiero disfrutar de los demás, si quiero hacer feliz al otro, si quiero amar a mis semejantes, si quiero corresponder y ser correspondido, si quiero que el amor sea fundamentalmente dar más que recibir, he de estar convencido de que dando estoy amando y estoy recibiendo amor.

He aquí el carácter activo del amor, este amor que cantaron los poetas con profundas palabras o sencillas expresiones, este amor que manifestaron los pensadores en sus largos juicios y raciocinios o en sus sinceras reflexiones: siendo feliz uno mismo, amándose a sí mismo podrá alcanzar el amor universal.

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2 Responses to EL AMOR, BIEN ENTENDIDO, EMPIEZA POR UNO MISMO

  1. JORGE VARAS ALVAREZ

    En un libro que leí este verano de mi admirado George Steiner descubrí un precioso capítulo sobre la amistad. Cito uno de los párrafos que subraye en su momento:
    “Donde se forja la amistad puede anularse la incongruencia. El hombre o la mujer inmune a la amistad, que no tiene amigos, ya sea por accidente o por designio, es un exiliado, un caminante de la noche. La amistad nos autoriza a decir : “Yo soy porque tú eres”.
    No me extiendo mas pero repaso este fragmento de Fragmentos acordándome de mis amigos.

  2. Mª BEGOÑA RUIZ RGUEZ.

    Buenos días, José Luis, sigo leyendo y disfrutando con tus artículos. Una vez más GRACIAS.
    Me alegro que estéis ya en Jávea. Dejaos acariciar por el Mediterráneo.
    Un abrazo. Begoña.

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