VIAJE A LA CULTURA GRIEGA

Hace unos días cayó en mis manos un libro de Antonio Penadés, autor entusiasta de la historia griega, de sus personajes, de los acontecimientos y lugares en los que se fueron desarrollando aquellos primeros pasos del origen de nuestra cultura occidental, entusiasta admirador y fiel lector del historiador Heródoto, descubriéndonos en su discurrir los paisaje, los pueblos y las ciudades en las que aquellos lugares se han transformado en la actualidad. El libro al que me refiero lleva por título “Las huellas de Heródoto”.

Obra de Nieves Prat

Todos hemos oído hablar alguna vez de Heródoto en nuestros años de aprendizaje. Todos sabemos que es conocido como el primer historiador, el padre de la historia, el hombre que nos muestra en sus nueve libros de Historia su peregrinaje por aquellos lugares de Asia Menor, de Europa y de las múltiples islas de nuestro entorno, los datos concretos de aquellos hechos históricos, las célebres batallas que allí se realizaron, las gestas heroicas, sus protagonistas, la repercusión de aquellos acontecimientos, las hazañas  grandiosas y emotivas que hoy son mito y leyenda no exentas de una gran realidad.

El libro de Penadés es una crónica de un viaje por tierras de Asia Menor, un viaje ilusionante, vivido con pasión por un gran enamorado de Heródoto y de la historia, un viaje que me hizo reencontrarme con entusiasmo con el pasado, retrotraerme a otro tiempo, que me llevó a rememorar aquellos momentos de estudiante y aquella afición, aún hoy no olvidada, por la lengua griega, por los hechos históricos de aquellos hombres que allá se produjeron y que viví con enorme entusiasmo y pasión, por los ideales sociales, que entonces aprendí, las formas de convivencia que pusieron en práctica y que hoy imitamos, sin obviar los ideales culturales y artísticas, el origen del pensamiento occidental, las ideas filosóficas, su amor por la sabiduría que tan bien inculcaron y expusieron, a pesar de que hoy en nuestros días estén tan denostadas y tan abandonadas por nuestras autoridades, por nuestras gentes, casi, podríamos decir, olvidadas.

El autor comienza su crónica en Halicarnaso, no podía ser de otra manera dado que ésta era la patria del historiador Heródoto, aunque ciertamente ya no existe en la actualidad, a pesar de que éste nos la sitúa allí y la describe en sus libros de Historia; a partir de aquí, nos va presentando cada uno de los diversos lugares por los que Heródoto pasó en su largo peregrinaje, los acontecimientos sociales, artísticos, culturales y hazañas bélicas acaecidas en los mismos, sin olvidar a los personajes que allí nacieron, vivieron y actuaron junto con sus aportaciones a la historia universal, a los pueblos que luego les sucedieron, de aquí el encuentro con políticos como Perícles, grandes guerreros como el persa Jerjes o el gran Alejandro Magno, la aparición de las Polis, el encuentro con los dioses, la Mitología, y, de manera especial, los extraordinarios pensadores desde Tales de Mileto, pasando por el gran Pitágoras hasta llegar a los Sócrates, Platón o Aristóteles, y por supuesto los magníficos escultores como Fídias, Mirón o el revolucionario Praxíteles.

Creo que aquí merece una mención especial la escritura, base de la expresión cultural, de la comunicación, del pensamiento, de la transmisión del saber, de la que hicieron gran gala los griegos, y, más en concreto, Heródoto.

Los fenicios, allá por el siglo VIII antes de Cristo, sus mercaderes y comerciantes fueron los encargados de enriquecer la cultura griega al dotarla de un instrumento tan esencial e importante como fue la escritura alfabética. Fenicia fue, según todos los historiadores y el propio Heródoto así lo confirma, el lugar desde el que la escritura alfabética se expandió por todo el Mediterráneo.

Al parecer, el alfabeto fenicio procedía del Arameo, se trataba de un alfabeto formado por veintidós signos consonánticos, luego los propios griegos añadieron los signos vocálicos.

La escritura fue un hallazgo y un avance importantísimo para la humanidad, supone fijar las ideas, ejercer un gran dominio sobre ellas; así, se van perfeccionando, conjugando y dando lugar a planteamientos más y más elaborados, al proceso del conocimiento hasta llegar a la creación artística, a la literatura: la poesía, el teatro, la novela, el saber filosófico; hasta el punto que las normas de convivencia, las ideas y pensamientos que ellos plasmaron siguen hoy en nuestros días teniendo vigencia.

La armonía que ellos alcanzaron en todas sus manifestaciones, no es sólo un principio de estética en su imaginación creativa, escultórica o arquitectónica, sino que se convierte en un requisito básico para la estabilidad, la felicidad del individuo. Es la situación ideal en la que existe una correcta relación entre las partes y el todo, implica una adecuada proporción en la medida que afectan a todas las actividades humanas: las políticas, las sociales, las artísticas, las literarias, las filosóficas, las mitológicas, hasta las relaciones entre los dioses y los hombres.

Ya en la Mitología griega, “Harmonía”, era la hija de la diosa Afrodita y el dios Ares, representaba el ajuste perfecto, la estabilidad ideal entre la diosa del amor y el violento dios de la guerra. De aquí, el esfuerzo de estos seres por conseguir la armonía como la manifestación más sublime de comunicación y convivencia, a pesar de las múltiples guerras y los conflictos bélicos en los que se vieron envueltos.

Con este último pensamiento damos por concluido este encuentro con el pasado, ya continuaremos en sucesivos  escritos y reflexiones.

1 Comment

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One Response to VIAJE A LA CULTURA GRIEGA

  1. Jorge Varas

    José Luis, me parece muy acertado hablar de armonía en estos tiempos agitados que estamos viviendo. Este término tan mencionado en el arte efectivamente se puede proyectar perfectamente a cualquier actividad humana, o podríamos pensar como Aristóteles y entonces consideraremos cualquier actividad humana como artística cuando está pretende la perfección o la excelencia; entonces también tendría lugar la armonía. El artista cuando trabaja se mueve entre el orden y el desorden, entre lo apolineo y lo dionisiaco, dependiendo de su temperamento o de las circunstancias biográficas se define mejor en un terreno que en otro. Su sabiduría consiste en cualquier caso en encontrar esa cantidad de armonía que soporta el orden y el caos. Esperemos que se tengan en cuenta criterios de armonización que sean beneficiosos para toda nuestra comunidad para resolver la crisis a la que me refiero. Armonía encuentro en el cuadro de Nieves Prat.

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