EL ENCUENTRO

Un encuentro es el acto de coincidir, de encontrarse o hallarse, concurrir o reunirse en un mismo lugar dos o más personas. Pero, ¿así sin más? ¿Sólo es eso? Si se tratase de un número muy elevado, ¿qué nombre le pondríamos?, ¿sería igualmente un encuentro?, ¿significaría realmente lo mismo?, ¿supondría el mismo valor y alcance?, ¿se llegaría a las mismas consideraciones y enriquecimientos?, ¿tendría la misma emotividad y los mismos sentimientos?, ¿sólo con reunirse ya basta?, ¿o sería necesario algo más importante e íntimo?

Obra de Nieves Prat

Esta semana he coincidido en dos encuentros en lugares diferentes, con fines y motivos muy dispares en todos los aspectos: por las personas allí reunidas, por la edad de unas frente a otras, por la carga emotiva tan diversa que ambos encuentros producirían o provocarían y ¿cómo no?, por el número de personas concurrentes sin olvidar el objetivo final de las mismas.

Estos acontecimientos me han hecho reflexionar y detenerme un poco sobre las características y connotaciones que deberían condicionar todo encuentro sea del tipo que sea.

Un encuentro debe ser algo importante, significativo y emocional: la afinidad de las personas asistentes, la expresividad con la que se convoca, los contenidos que pueden surgir a veces imprevistos e improvisados nunca impuestos, la intensidad y cercanía de las personas que se encuentran, el grado de confianza, sinceridad y cordialidad que en el mismo se ha de manifestar y que debe presidir todo el encuentro.

Un encuentro, por tanto, debe ser muy especial por su intensa emotividad, debe significar algo tan sublime como el hecho de compartir ideas y pensamientos, de exponer experiencias y vivencias y, sobre todo, de manifestar sentimientos profundos y plenos de emoción.

Por eso, en un encuentro, adquiere una tremenda importancia y significado como elemento esencial el diálogo. Sin diálogo no podría darse un encuentro, no existiría, todo quedaría en un acto frío, sin sentido, sin acercamiento ni afectividad, en algo extraño y carente de contenido por muchas y variadas ideas que se expongan; así, si las personas que se encuentran dialogan, se llegará a una comprensión, a un acercamiento, a un conocimiento recíproco, a una entrega y a una aceptación mutua desde el primer instante.

En un encuentro amistoso, el diálogo se encamina esencialmente a un intercambio de sentimientos, de vivencias compartidas unas ajenas a otras, pero que forman parte del significado profundo de las personas, de la intimidad de unos y otros que necesitan compartir y que desde ese instante adquieren presencia de familiaridad entrañable y de sentido de colaboración entre todos los participantes.

La esencia del diálogo consiste en comunicarse, en compartir las emociones. El fin del mismo es que quienes lo practiquen, lleguen a una comprensión y a un conocimiento más profundo, a una aceptación mutua y sincera. El diálogo verdadero, por tanto, debe orientarse siempre al encuentro, a las experiencias con los otros, caracterizándose por un sentido de colaboración.

Un encuentro, por consiguiente, debe estar basado en el deseo de comunicación, en la necesidad de compartir para que el intervalo de tiempo transcurrido no forme un vacío, una laguna fría, heladora, ajena a los sentimientos que ahora afloran, que surgen de forma espontánea, como si ese momento o espacio no hubiera existido nunca, como si ese tiempo se hubiera congelado y todo enlazara con la misma vivencia, con el mismo sentimiento. Por todo esto, es significativo compartir, intercambiar ideas, pensamientos y afectos y esto, sólo se puede conseguir a través del diálogo expresivo, no forzosamente verbal.

En el encuentro, en ese diálogo gesticular, expresivo, verbal o afectivo debe reinar la comprensión, la aceptación de lo manifestado y de la persona que lo expresa junto con el entorno de sus experiencias, pero, también, es sumamente destacado el acto de reciprocidad total para poder compartir el propio ser personal en igualdad, en un gesto de entrega sin condiciones sincero y sin exigencias. Sólo cuando uno expone sus sentimientos, se convierte en un ser transparente, conocible y recordado.

En realidad, las ideas, los valores, las creencias y las convicciones no suelen ser originales sino adquiridas; de aquí, el valor de asimilar, de aprender del otro, de escuchar y de imitar; por eso, la importancia del diálogo, de la comunicación emocional, del acto de compartir en un encuentro. Cuando una persona cuenta sus emociones o sentimientos se está dando; por eso, subrayo la importancia del acto de comunicación, del diálogo en un encuentro, en un gesto de singularidad.

Tan destacado es todo esto, que sólo las experiencias singulares de comunicación nos permiten liberarnos de un estado de anquilosamiento y uniformidad, de un estado de monotonía y de vacío. Es cierto que las personas nos transformamos a través de las relaciones que mantenemos con los que están más cerca, como sucede en un encuentro. Además estos estados cumbres de comunicación nos ayudan a salir de nosotros mismos, por eso, la importancia también de saber escuchar, ya que, mientras estamos encerrados en nosotros mismos, nos reducimos a un mundo mucho más pequeño y solitario, a un mundo particular que poco a poco nos va cercando, achicando.

Por todo lo dicho hasta ahora y a modo de conclusión, en un encuentro debemos abrir la puerta a un mundo nuevo, a un mundo liberador, a una nueva profundidad, a una emotiva intensidad, a una nueva realidad, en definitiva, a una entrega total con los otros a través del diálogo y la escucha receptora.

 

Feliz encuentro navideño.

                                  

                                                           Feliz Navidad 2018.

 

                                                                                            Feliz Año Nuevo 2019.

2 Comments

Filed under Filosofía

2 Responses to EL ENCUENTRO

  1. Carlos Sandez Vila

    Querido José Luis, muchas gracias por tu profunda reflexión. Un abrazo para el escritor y la pintora.

  2. Marisa Veguillas

    José Luis:
    Te deseo unas muy Felices Fiestas y un estupendo 2019 rodeado de todos los tuyos. Espero seguir disfrutando de estos maravillosos escritos que nos regalas. Un abrazo

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