Daily Archives: 7 mayo 2019

EL AMOR EN EL RETORNO DE YHASMHÍNJH

En una novela no puede estar ausente el tema del amor y mucho menos en ésta enmarcada en plena E. Media, en época de la Reconquista, donde la sociedad feudal impone un amor lleno de lealtad, generosidad, valentía, buena educación y trato elegante, como podemos ir comprobando a través de las diversas relaciones entre las distintos personajes.

“La inspiración de la literatura, como dice Martín Casariego, la fuente de la que bebe y vive, su única razón de ser, es la propia vida, y en la vida de cada uno, un momento trascendental es aquel en el que surge el amor. Porque el amor no es sino el gusto de la vida”, o, como acertadamente añadiría Don Quijote: “porque el caballero sin amor es un árbol sin hojas y sin fruto, un cuerpo sin alma”. Además, se convierte en la base de la narración de los Juglares, en motivo de leyenda que tanto gusta y cautiva a los oyentes, en fuente de inspiración de los Trovadores y en el tema sobresaliente del momento.

Por esto, en “EL RETORNO DE YHASMHÍNJH”, está presente y triunfa entre los protagonistas por encima de otras aventuras y circunstancias. Porque sin amor entre etnias enfrentadas, no surgiría la leyenda, no provocaría ni llamaría la atención, no estaría en boca de todos. La leyenda atrae, reúne a la gente sencilla en su entorno, se hace escuchar con emoción y reverencia, provoca reacciones encontradas, pasa a la historia a través del propio pueblo como narrador expectante y trasmisor necesario.

Así, en “EL RETORNO DE YHASMHÍNJH nos vamos encontrando con todos estos rasgos y características en sus distintos planteamientos, según avanza la trama, en las distintas parejas de jóvenes enamorados. Pero, en todos, triunfa y se percibe una atracción erótica y, a la vez, espiritual, como no podía ser de otra manera.

Podemos analizar el amor ya tranquilo y sosegado, el amor leal de Fernando y Zahíra, que resuena, una y otra vez, en las cascadas voces de los viejos juglares en las plazas y en las callejas, narrando todas las vicisitudes que arrastra esta historia, no ya lo que conocemos por las novelas anteriores, también, por los sucesos que en ésta se cuentan: la tremenda tragedia que tuvieron que soportar, que puso a prueba su amor y lealtad, el padecimiento ante el rapto de su hija Yhasmhínjh, a parte de las circunstancias de los constantes avatares políticos y guerreros, sin contar la vida oculta en espera de la traición y la venganza.

         El amor joven, pasional y comprometido, el amor valiente y elegante, el amor sincero y espiritual de Yhasmhínjh y Jal-Yâl-AL, con sus vaivenes, sus idas y venidas, sus dificultades permanentes y su lucha interior ante los prejuicios sociales, sus dudas ante el interrogante de una vida presente, que no llegan a entender del todo, pero que ata a los protagonistas.

         Es el amor más característico para ser cantado, para que resuene en plazas públicas y castillos, para que el pueblo se entusiasme y vibre, aunque de alguna manera contiene rasgos ya vistos en Zahira y Fernando. Sin embargo, en éste, los caracteres son diversos y variados, las circunstancias más cambiantes, los orígenes más primitivos, el momento más peligroso, lo que da ánimo a la fuerza del pueblo, al afán por llegar pronto a su conclusión, la inquietud y la emoción por saborear su final, el interés por averiguar si el viejo enamorado de la antigua Gran Ciudad conseguirá su objetivo o, por el contrario, es el hijo, quien enamorado profundamente de la belleza y elegancia de la joven Yhasmhínjh competirá con su propio padre ya caduco; lo que atrae y provoca mucho más a los Trovadores, a los Juglares y al propio pueblo anhelante, quienes cambian sus versos y sus narraciones para contar el triunfo del pueblo árabe sobre su terrible enemigo, el pueblo cristiano.

         El amor sin fin de Rodrigo y Addelân-Ibm-Sharmíns, “la de la buena suerte”, llamada comúnmente Addelâin: sumisa, servicial, entregada a su amo y señor, fiel y leal. Es verdad que Rodrigo: joven y valiente, atrevido, atractivo y pasional no reparaba en un principio en personas, en habitaciones, en casas señoriales con tal de averiguar el paradero de su hermana; pero, también, es verdad que necesita saciar su ardiente pasión juvenil sin compromiso alguno, hasta alcanzar el verdadero amor de su corazón en una esclava, aunque princesa de nacimiento, de escultural belleza y exótica figura de ébano, la dulce y atractiva Addelâin.

Éste, desde que la descubre, no repara en gastos, en triquiñuelas y engaños, hasta conseguir el don preciado y apetecido, el amor de su inteligente, generosa y entregada esclava, antes princesa de un desconocido reino del otro lado del mar interior. Ella es admirada, apetecida y deseada por todos hasta que la rescata Rodrigo, lo que lleva consigo que sea objeto de canto por todas las tierras del reino por su hermosura natural, por sus grandes dotes físicos y espirituales.

         Por último, Rosendo y Blanca manifiestan un amor plácido, un amor cortés y tradicional entre personajes de distintas etnias acostumbradas a vivir en armonía y en paz. Es un amor que pasa desapercibido para la mayoría, aunque no exento de belleza e hidalguía desde su misma procedencia, un amor cultivado, seguido y guiado paso a paso, un amor feudal del Señorío de las Tierras Nuevas.

         En el Epílogo de la novela se celebran los esponsales de seis jóvenes enamorados con sus ritos típicos, las vestimentas propias de cada etnia, el colorido de sus capas, estolas y turbantes; sobresaliendo, la presencia de los reyes y lo exótico del cortejo nupcial, que fue cantado y celebrado, de boca en boca, durante mucho tiempo por el pueblo llano.

         Ésta es la razón por la que el amor cobra fuerza especial en esta novela, a pesar de tratar otros temas de enorme interés, propios de la sociedad en la que se desarrolla la acción, que suponen una auténtica revolución y que ya iremos reflejando.

         Por todo ello, os invito a su lectura.

Leave a Comment

Filed under Sobre Literatura