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¡YA ESTÁ AQUÍ LA NAVIDAD!

Como en otras ocasiones, al igual que años anteriores por estas fechas, se nos inunda el ánimo de alegría, porque ha llegado el momento de que con gran cariño, con afecto entrañable y convencimiento total de lo que pronunciamos y sentimos, nos digamos aquella bella frase que es más que una fórmula, más fuerte que una simple felicitación de “FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO AÑO 2015”.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Un año más, un año próximo, un año, que tenemos que saborear, ex-perimentar y completar, que nos llene plenamente, nos alumbre a una nue-va realidad existencial y nos permita vivir con intensidad, con plenitud y alegría.
Una plenitud, que desde ahora mismo deseo que signifique totalidad, integridad y calidad; una plenitud que nos produzca un momento álgido, culminante de perfección; una alegría que nos aporte un sentimiento íntimo de placer, provocado por una satisfacción del espíritu que se manifieste en júbilo, regocijo y esfuerzo personal, en algo permanente y constante, algo perenne y continuo en nuestra relación singular y social con cada uno de nuestros semejantes.
Un año tan fuerte y poderoso, tan dichoso y pleno que nos empuje a la gran utopía soñada individualmente por cada uno de nosotros, convenci-dos con firmeza de que lograremos alcanzar una intensa comunión entre todos.
Por todo esto, Nieves y yo, queremos gritar, levantamos la voz, pre-tendemos hacernos oír por todos aquellos cuantos queremos, por todos los seres con los que nos relacionamos, con los que conocemos o, también, con aquéllos que ignoramos su existencia y nos son desconocidos, pero que sa-bemos que están ahí; por eso, aspiramos, ambicionamos y solicitamos lle-gar a lo más profundo de vuestro ser, a lo más íntimo de vuestros corazones con estas sencillas pero magníficas palabras, dichas con un hondo signifi-cado y con el más sincero de los cariños:

¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

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UNA PEQUEÑA REFLEXIÓN PARA ESTE NUEVO AÑO

En los albores de un año nuevo, cuando aún resuenan en nuestros oídos las felicitaciones deseándonos lo mejor; cuando nos proponemos, si es posible, olvidar este mundo de continuas y constantes mentiras impunes, mentiras que nos dañan y nos escandalizan al ser escuchadas, mentiras dichas con el mayor de los descaros; cuando cerramos la mente a esta ingente afluencia de personajes corruptos, gente amiga de lo que no es suyo, que afloran por doquier; cuando escuchamos de manera permanente e ininterrumpida este envoltorio de palabrerías y eufemismos bien planificados, con los que pretenden disfrazar y ocultar la realidad, la verdad de lo que acontece; cuando nos agobian, nos corroen, nos consumen y nos asfixian como si fuéramos ignorantes, gentes extrañas, venidas de otras galaxias, o, como si se tratara de un enorme rebaño de borregos dóciles dispuestos a tragarnos todo cuanto nos dicen y nos cuentas, mientras nos consideran unos incultos y analfabetos ciudadanos, es en este preciso momento tan crucial y ante la perspectiva de un nuevo año lleno de buenos deseos, cuando me apetece leer y reflexionar profundizando en el término esencia, en la esencia de todo cuanto somos y nos rodea, sobre la misma esencia de nuestro ser, sobre la realidad y la verdad esencial nuestra, sobre la idea de lo trascendente, a fin de no olvidarnos de quiénes somos, de dónde procedemos y a qué aspiramos.

Obra de Nieves Prat

Título: Sustantividad.
Obra de Nieves Prat

Nada mejor para hacer este ejercicio, se me ocurre en este instante, que leer a nuestro amigo Zubiri, pensador de mediados del siglo pasado, uno de los grandes exponentes y estudiosos del término esencia “como unidad primera necesitante”, o, también, uno de los que mejor responde a la pregunta ¿qué es algo?

Quiero aquí, ayudado y guiado por su mente, profundizar en esta teoría, intentar seguir, aunque sea un poco por encima  y de forma breve, su desarrollo y concluir con aquella expresión suya que de alguna manera lo sintetiza todo: “la esencia de un ser vivo es su estructura…esta estructura es principio no sólo de las notas constitucionales de la sustantividad, si no también, de las notas adquiridas…en definitiva la esencia es principio estructural de la sustantividad”.

¿Qué sentido tiene este término? ¿Qué abarca en realidad? ¿Por qué recurrir a él? ¿De qué estamos hablando en verdad? Sin duda, me refiero a todo aquello “que es la cosa real” con la totalidad de sus notas, notas que poseen una propiedad distintiva que nos hace diferentes unos de otros, que nos proporciona un carácter “de ser nosotros mismos”, de comprender  aquello justo, lo mínimo que tenemos que poseer para “ser lo que somos”; es decir, un carácter unitario de notas esenciales y precisas. Pues justamente en lo específico es, ciertamente, donde se halla la unidad del concepto de esencia.

Es muy frecuente que confundamos y mezclemos términos que no son exactos o sus notas no coincidentes: así, por ejemplo, no llegamos a entender en nuestro proceder habitual, en nuestra manera de relacionarnos, en la forma de comportarnos, incluso, en nuestro conocimiento, a veces poco profundo por nuestra manera de pensar, que la esencia no se identifica a la sustancia sino que es justamente algo de la sustancia; aunque, la diferencia entre esencia y sustancia no es una diferencia entre forma y compuesto sustancial sino entre algo más profundo, entre compuesto sustancial específico y compuesto sustancial individual; de manera, que es la sustancia la que manifiesta y expresa la plenitud de la autonomía del ser, mientras la esencia muestra ese carácter de individualidad, de un ser individual y autónomo; por eso no debemos confundir la esencia con la sustancia.

La esencia en su unidad interna tiene unas notas fundamentales: una de tipo primario y otra de realidad verdadera, o, lo que es lo mismo,  la verdad de la realidad y, justamente, en este orden de la realidad verdadera, de “la realidad en cuanto realidad,” es donde se da el orden trascendente. Porque la inteligencia y la voluntad de un ser inteligente son momentos de nuestro modo especial de ser y tienen una estricta función trascendental. Así, lo que, ciertamente, estoy afirmando, es que lo trascendental es un “carácter de lo real y una estructura de lo real en cuanto real”; de aquí el sentido, de aquí el carácter, de aquí que la esencia desempeñe una función trascendental.

Con toda esta reflexión, sin duda muy discutida y discutible y muy opinable, máxime en una exposición  breve, he querido llegar al punto, de que si somos un ser en esencia en pleno sentido del término, como acabo de decir, con una autonomía y carácter individual, inmerso en una realidad verdadera y como tal ser trascendente, no podemos ser tratados de esta manera, ni dejarnos apabullar por el primero que llega o por el que más levante la voz, ni permanecer en silencio como seres inertes. Tenemos que tomar conciencia de nuestra esencia específica e individual, sustancial y autónoma de seres inteligentes para comprender y discernir, con voluntad para decidir y actuar que, ciertamente, estamos involucrados en una realidad, no anclados; pero que por nuestro propio ser, tenemos capacidad para que esa inmersión en lo real como tal nos conduzca a un orden trascendental, en el que seamos conscientes y corresponsables, nos respetemos como seres iguales, pero distintos, con los mismos derechos y aspiraciones, con unas notas constitucionales de sustantividad, pues cada uno tenemos nuestro propio “que”.

 

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¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

¡FELIZ NAVIDAD! Siempre que digo “Feliz Navidad”, estoy hablando de alegría: de una alegría que inunda el corazón, que se expande cual una honda infinita, que acoge a todos los seres en un abrazo de inmensidad, que les contagia multitud de sensaciones positivas, que irradia esplendor y gozo; de una alegría que se manifiesta en actos y gestos de júbilo, que colma la luminosidad de todo cuanto nos rodea produciendo un sentimiento de viveza, de intensidad, un motivo para sonreír a la vida y al otro, un algo sublime para soñar.

Cuando comunico a otro “Feliz Navidad”, me estoy refiriendo al amor: amor honrado y sincero; amor sencillo que nace con las cosas más insignificantes; amor, siempre amor a mis semejantes, a la naturaleza y al lugar donde habito; amor, que es deseo; amor, que es luchar por conseguir lo anhelado; amor para gozar del mundo, del bien con mayúsculas; amor, que es real; amor, que lo es todo, que hace la vida más atractiva, lo atractivo más trascendente, lo trascendente más elevado aunque cercano e íntimo; amor, que penetra en lo profundo de nuestro ser, que se comunica y se extiende; amor, que traspasa los límites y las fronteras de nuestro mundo; amor, que comprende hasta lo más oculto, tapado y escondido, amor.

Paralelismos Obra de Nieves Prat

Paralelismos
Obra de Nieves Prat

Cuando pronuncio la expresión “Feliz Navidad” con gesto sereno y sosegado, estoy manifestando un sentimiento profundo de paz: paz entre todos los seres, convivencia sincera entre los pueblos; paz, quietud, sosiego y armonía en los espíritus; paz para todos cuantos veo, para los que me saludan, para cuantos me rodean y siento cerca de mí; para los que están alejados, amigos o extraños, pero que sé que están ahí, que existen junto a mí o lejos de mí, que son algo importante y forman parte de mi mundo presente, pasado o futuro; paz, paz, paz, orden, sosiego y equilibrio, reconciliación, correspondencia, amistad, concordia entre las gentes y los pueblos; paz para todo el mundo sin excepciones.

Cuando saludo a los que pasan a mi lado, conocidos o desconocidos “Feliz Navidad”, pienso en la igualdad, en que todos los seres somos iguales, en que todos los ciudadanos tenemos los mismos derechos, en que todos somos un “que” esencial: los altos y los bajos, los guapos y los feos, los poderosos y los humildes, los orgullosos gobernantes desde su alto pedestal y los más sencillos súbditos, los adinerados y los desahuciados por la fortuna y por la sociedad, los hombres y las mujeres; igualdad de ánimo en los momentos prósperos y en los adversos; igualdad en el trabajo y en el hogar, proporcionalidad, uniformidad. Todos somos un “quien” personal  con aspiraciones iguales y con derechos iguales.

Cuando mis labios expresan con facilidad “Feliz Navidad” en estos días, mi mente se refiere a entrega, a generosidad, a darse sin reservas por un ideal, a dedicarse enteramente a una causa justa, a nobleza de alma y pensamiento, largueza y esfuerzo por los seres humanos sin tener presente el qué, el cuándo, el cómo, el quién o el por qué, a limpieza y transparencia interior, a magnanimidad y dadivosidad en igualdad y conformidad, a no dar la espalda a quien se acerca a ti, a aceptación.

Cuando en este instante estoy escribiendo la frase “Feliz Navidad”, estoy sintiendo en mi interior la unidad del todo, el orden de lo establecido, la indestructibilidad de los seres y las cosas, la singularidad de mis semejantes, la eternidad de lo existente, el tiempo y el espacio, la coherencia y la satisfacción de los hombres y mujeres, su unidad de trascendencia, el todo, la armonía de una orquesta bajo la batuta de un magnífico director, la sinfonía que los diferentes instrumentos configuran en una perfecta y dulce sensación melódica, la melodía y uniformidad del ser.

Cuando artículo para mis adentros o grito para que todos me escuchen “Feliz Navidad”, entonces, estoy hablando de cortesía, de respeto, sobre todo de respeto, de veneración al otro y por el otro; estoy pensando en el sentido del deber, en las normas de buena convivencia, en que unos y otros nos necesitamos para construir un mundo mejor, para podernos comunicar, para  felicitarnos con alegría, para llegar a clamar elevando la voz a los cuatro vientos con paz, con amor, con equilibrio, para expresar alto y claro a fin de que todos nos oigan, nos entiendan y nos acompañen con distintas voces pero que lleven el sello de la identidad “FELIZ NAVIDAD”, “FELIZ NAVIDAD”, “FELIZ NAVIDAD”

 

 

 

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HA LLEGADO EL MOMENTO DE ACTUAR. ES TU OPORTUNIDAD

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo” decía Eistein no exento de razón y justificando cada una de sus palabras, pues la monotonía, la falta de iniciativa, la rutina constante y pesada, la carencia de imaginación y de poder, el hecho de no querer y no esforzarse para que algo, al menos, sea diferente y produzca movimiento es el mayor de los defectos, la más grande inanición, la ruina del ser personal responsable.

Obra de Nieves Prat

Enredos. Obra de Nieves Prat

“La creatividad, añadía el mismo autor, nace de la angustia como el día de la noche oscura”. Es, por consiguiente, en los estados de crisis, en los momentos de dificultad, en los tiempos más negros y desesperantes, cuando nace la iniciativa, cuando surgen las ideas, cuando aparecen los grandes descubrimientos, cuando el ser humano agudiza el ingenio, cuando alumbran y aparecen las mejores y más grandes estrategias, cuando aún los seres más ineptos, los más absurdos y aburridos, los desganados y apáticos, los abandonados a su suerte y hundidos en el profundo pozo de la ansiedad, la angustia y desesperanza, los carentes de fuerza y energía sacan la cabeza, levantan con orgullo la mirada, miran con seriedad el horizonte, se superan a sí mismos y se lanzan a la aventura, porque no olvidemos que la crisis es la dueña y señora de todos los incompetentes y se produce por el dominio de los mediocres, por la abundancia aplastante de los que son incapaces de pensar, de tomar una iniciativa, de pronunciar con formalidad y firmeza un sí quiero, un sí puedo.

Porque en los momentos de oscura negrura, cuando la mente y el espíritu se encuentran abrumados, cerrados y obnubilados a la luz, cuando las densas tinieblas nos abruman no dejando percibir lo que hay al otro lado; entonces, en ese preciso instante de desafío constante y continuo, cuando la existencia se convierte en una pura rutina, en un sin sentido permanente, en una agonía que atenaza la garganta y ahoga toda iniciativa, es cuando debe aflorar lo mejor del ser humano, es la hora, ha llegado el momento de, cuál intrépido saltador, tomar el impulso adecuado para poder salir adelante, para poder lanzarse al vacío, para superar la bruma que te oprime y comenzar a crecer.

Si no somos capaces de empujarnos con fuerza, caeremos en la triste tragicomedia de un vivir superficial, demostraremos nuestra gran ineficacia, nuestra falta de alegría, ilusión y orgullo para poder levantarnos, para poder superar las más intensas y terribles tempestades y los mares más  calmados, donde la falta de viento hace que las velas no se inflamen y nos priva de la energía necesaria para continuar, para enfrentarnos a la necedad y para no ir a parar al mundo de la desesperanza, de los incompetentes que nos abruman, nos atan y nos impiden lanzarnos hacia delante en un salto valiente y decidido de superación del propio ser. Por todo lo anteriormente expresado, los estados en crisis, los estados hundidos y decadentes se convierten en una amenaza perpetua para aquellos que no son capaces de aprovechar ese momento, esa oportunidad, esa situación para dar el brinco desde un inmenso trampolín que se cimbrea y nos permite tomar altura para visualizar el espectáculo de lo decadente, del mundo conformista ante la nada y la falta de dinamismo.

No existe nada, absolutamente nada, fuera de nosotros mismos que nos ponga barreras, que sea un freno que nos impida llegar a donde queremos, que nos sirva de frontera para ser lo que en verdad pretendemos ser, ya que nosotros, sólo nosotros somos los auténticos artífices de nuestra propia existencia, de nuestro único destino, de nuestra vivencia personal de un ser que se encuentra dispuesto y preparado para luchar y combatir por conseguirlo.

Parafraseando a nuestro ilustre conciudadano Cervantes: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieran los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”. En otro pasaje añadía reafirmando este sentido individual y personal este poder y querer ser: “Porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres”.

He aquí, la esencia y profundidad de este pensamiento que Ortega y Gasset resume de una forma clara y meridiana en sus Meditaciones sobre el Quijote: “Ser héroe consiste en ser uno mismo. Cuando el héroe quiere, este querer él ser el mismo se llama heroicidad”.

Por desgracia para nosotros es, que nos pasamos la mayor parte de nuestra vida haciendo lo que los demás, lo que los grupos de presión y dominio, lo que los mediocres esperan de nosotros, desean que realicemos y nos comportemos así, no lo que en el fondo, lo que de verdad sentimos que queremos, podemos y debemos de hacer, porque de esta manera nos hacemos más borregos, más acomodaticios, más manejables, nos convertimos en unos seres conformistas, adaptados y aceptando lo que la sociedad o el grupo quiere de nosotros.

Si queremos ciertamente y, en verdad, ser felices, ser nosotros mismos, realizarnos en profundidad con firmes y consistentes cimientos, no nos queda otra opción que recurrir a la voluntad de poder, al sí quiero, que demos prioridad a nuestra auto motivación y entusiasmo interior, que con la comprensión y tolerancia superemos nuestra frustración, nuestra angustia, nuestro estado de crisis perpetua, que nos situemos en un estado potenciador.

Finalizaré con el pensamiento de Cervantes, quien nos ha guiado en esta disquisición: “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”.

Tampoco quedan ajenas en esta época aquellas otras palabras de nuestro amigo: “Desnudo nací, desnudo me hallo… sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas”.

No nos vendrían mal aquel pensamiento de Einstein: “Porque sin crisis no hay impulso para crecer… La crisis es a la vez una amenaza y una oportunidad…”

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¿Y DESPUÉS QUÉ…?

Se aproxima el encuentro con la cruel y trágica realidad. Ya es llegado el momento de abandonar y olvidar los planes veleidosos, las configuraciones sin sentido, el absurdo de la inmadurez y lo voluptuoso, el sueño imaginativo y superficial de otros tiempos de reposo tranquilo, de descaro poco comprometido y abocado a lo desconocido, de noches festivas y de largos insomnios junto a mañanas tempraneras de fogoso deporte y marchas sin rumbo, para centrarse de nuevo en los proyectos, en las operaciones cotidianas: unas veces monótonas y otras rutinarias del trabajo continuo y sin desmayo, con las migrañas propias del instante a flor de cuero cabelludo, cual agotado guerrero tras un largo y tedioso combate.

Es hora de romper con la indeterminación, con el falso y repentino deleite superficial, con el pasajero y veloz encantamiento de serpiente veraniega, con el desbocado suspiro cogido con ansias y anhelos vividores, con la pasión desenfrenada por gozar de un intenso y deseado acontecer fuera del alcance de nuestras manos y que raudo desaparece, sin ser conscientes del vértigo, de ese dar vueltas y vueltas de la edad temprana que provoca un paso rápido, como un deleite llevadero y ligero o sus añoranzas junto con una súbita brusquedad de lo inesperado y nunca experimentado, de lo incierto, de lo inconsistente y lo volátil.

Ya es hora apremiante de plantearse el futuro, de saborear el presente engañador como algo caduco, de sentarse ante el mareo permanente

"Momento Crepuscular". Obra de Nieves Prat

“Momento Crepuscular”. Obra de Nieves Prat

del ir y venir, del correr y el volar, de la prisa y la ansiedad inútil que brota, retorna una vez más como algo nuevo, se hace la dueña y señora subiéndose a lo más elevado sin concretar su causa, ignorando la razón sin averiguar su significado, dominando los desvelos y originando zozobras, desencuentros, desasosiego en un entorno ya de por sí tenso y desfigurado, como creando una espantosa ilusión no armonizada.

Es entonces, cuando debe surgir el ser que se lleva dentro, el ser profundo e interior, la esencia pura del existir más perfecto y sensato, la dualidad del ente confirmado y asegurado debe hacer su aparición, ese ente que flota como la espuma de una densa ola, que se levanta como un torbellino de agua al chocar contra una barrera pétrea, que se yergue con la más tensa intensidad de su conciencia y apunta y se encamina con firmeza a la vida, que con una sólida decisión, sin violencia, pero con fortaleza y entereza debe enfrentarse, tiene que asumir de inmediato y de manera resolutiva ir, poco a poco, superando, haciéndola suya, recreándose en ella, sabiéndose el auténtico dominador de todos sus estadios, el verdadero vencedor de cada uno de los momentos y circunstancias, el triunfador absoluto y definitivo de ese devenir incierto pero admirable.

Hoy siento la intensa realidad del presente. Comprendo que el pasado inmediato, el pasado fugaz y soñado fue una pura entelequia, que nunca existió. Entiendo que la llamada del deber es perenne y duradera, que ese deber moraliza todas las acciones y nos conduce inexorablemente, paso a paso, a la realización de lo obligado y, al instante, se convierte en pasado, se transforma en algo que ya no es, pero que se puede mirar con satisfacción y orgullo, con alegría y resolución, pues, de pronto, se transforma en algo que se integra en tu ser, que forma un conjunto de experiencia y te redondea, te transfigura, se hace ilusionante, te permite sentirte feliz y más realizado. Es la agonía del vivir, la vuelta de la ruleta en sosiego, la velocidad tranquila del tío vivo con sus subidas y bajadas, con sus sobresaltos, con su girar incesante que está siempre en continuo movimiento, pero un movimiento integrador, un ir y venir acorde y acogedor.

Hoy ha vuelto a palpitar la vida, el bullicio, el ruido matutino, las prisas, las preguntas inquietas, los interrogantes sin respuestas fijas ni certeras, el desasosiego de quien ignora su futuro, aunque se sigue proyectando, se entusiasma, se centra en su trabajo fiel, fiel servidor de unas reglas, fiel seguidor de una sociedad que no se detiene, que aspira, te subyuga hasta el sometimiento pleno, a la pérdida de control hasta conseguir aniquilar el sueño de tu existencia para volver a recuperar el sentido de totalidad y de infinito.

Me estoy refiriendo al encuentro con la realidad incierta de un regreso atolondrado y atormentado, una vez apagado el periodo de aparente sosiego y reposo dignamente merecido y ansiado.

Estoy hablando, por si acaso no llegas a entenderme, de ese choque profundo y esperado, pero no por esperado carente de sentido, a ese volver que todos querríamos retrasar un poco más, a pesar de haber confundido y olvidado el concepto moral del deber, de ese deber unido y fusionado con el existir de un ser que lucha y se esfuerza, que combate y resiste, que es sagaz e intrépido y no se deja gobernar por el conformismo, por la desesperanza, pues se sabe absoluto señor de todo con lo que se relaciona, se une y se complementa.

Es preciso pues, que resucitemos al hombre que llevamos dentro. Es necesario un reencuentro con nosotros mismos, con la interioridad del en sí. Es conveniente que con ideas férreas y potentes nos enfrentemos a nuestro propio devenir. Es oportuno que adquiramos la responsabilidad, ejercitemos nuestra libertad para poder desembocar con más energía, con vitalidad plena en nuestro mundo, en este mundo que estamos construyendo, en este mundo plagado de conflictos y azarosas vicisitudes que tenemos la obligación de superar, de hacer nuestro, configurando con sentido nuestro existir en él.

Es el mundo de todos y de cada uno, es el mundo que hemos heredado y que tenemos que redimir, es el mundo en el que desarrollamos cada una de nuestras acciones. No se trata sólo del mundo de nuestra interioridad, de mi mundo personal e intransferible. No, me refiero a la vez, también, al mundo del otro, al mundo social, al mundo de la empresa, a todos los mundos posibles, presentes y venideros, al mundo de la zancadilla y al mundo de la verdad, al mundo de la intriga y al mundo de la honradez, al mundo de la apatía y al mundo de la actividad y la lucha, al mundo desaprensivo y al mundo de la integridad, al mundo del conocimiento, de la inteligencia, de la voluntad

Esto es el reencuentro. Esto supone nuestra inmersión de nuevo en la realidad de la vida cotidiana y monótona. Esto nos arrastra al manifiesto firme de enfrentarnos ante algo que está ahí, que se me aparece y se me muestra, que permanece impertérrito y desafiante cual valiente, sagaz, intrépido y atrevido ejército preparado para recibirnos.

Por eso, ¿y ahora qué…?

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LA SENSACIÓN DE ULISES Y EL CANTO DE LAS SIRENAS

¿Os habéis detenido alguna vez a escuchar la maravillosa y perenne sinfonía del mar? ¿Habéis prestado la máxima atención para poder percibir cada uno de los instrumentos musicales y su armonía bien conjuntada? ¿Os habéis sentido cautivados primero, arrastrados después y extasiados ante la sublime melodía que más y más te atrae, te arrulla y adormece hasta observarte suavemente mecido con sus armónicos sonidos? ¿Acaso, nunca habéis querido experimentar las sublimes sensaciones que Ulises debió de tener amarrado al palo de su embarcación y que nos narra en la Odisea?

Andaba yo un día, expectante y vigilante siguiendo los movimientos continuos, los permanentes vaivenes de las olas sobre las que mis

nietos Javier y Fernando, quienes, sobre sus tablas de surf, se deslizaban con las ondulaciones que una breve brisa mañanera producía: primero tumbados, luego de rodillas y, por último, colocándose de pie sobre las mismas, dejándose llevar hasta la orilla, donde perdían fuerza y acababan mansamente sobre la arena, celebrando como auténticos atletas cada vez que conseguían su objetivo y alcanzaban ese final tan deseado como unos gladiadores vencedores del mar, como expertos circenses que hacían malabarismos, como equilibristas sobre las aguas, como domadores de las fieras embestidas de esas poderosas y potentes masas de agua, acordes y rítmicas en su nacimiento y en su velocidad siempre violenta, pero moderada a la vez tras pequeños intervalos de silencio y quietud.

Ensueño. Obra de Nieves Prat

Ensueño.
Obra de Nieves Prat

En ese preciso instante, un susurro, un rugido bien armonizado, una cascada desenfrenada y acompasada de sonidos comenzó a sonar en mis oídos, me fue invadiendo, se apoderó de mi espíritu hasta lo más profundo y acabó por conquistar mi atención, por hacerme bajar la guardia como hipnotizado,  por embrujarme, por tornar los ojos e ir poco a poco percibiendo en cada uno de mis sentidos, en especial en el de la audición, todos los instrumentos, todas las cuerdas de la orquesta, todos y cada uno de los interpretes con una clara definición de ellos, quienes unas veces con delicadeza, otras con fuerza y hasta con cierta violencia ejecutaban fielmente aquella partitura, aquellos diversos acordes, siguiendo el ritmo que marcaba la batuta del director: aquí percibías los violines, allí los clarinetes, en otros compases las flautas, más allá los tambores, y, como dando la nota profunda, aparecían los bajos y contrabajos sin olvidar los saxos o las trompetas, que llenaban de luz y colorido siempre que entraban y se dejaban sentir. Todos, al unísono, orquestaban la más hermosa y bella sinfonía que jamás oído humano se haya detenido a escuchar, que no tenía fin, que interpretaba todos los matices, que te elevaba del suelo, que penetraba en las entrañas más sensibles del ser, que te acunaba suavemente hasta dejarte absorto en la contemplación y audición de aquella maravilla, interminable e infinita melodía.

¿No habéis cerrado nunca los ojos sentados a la orilla del mar y no habéis abierto vuestra sensibilidad más íntima para que éste os penetre, os llene plenamente por dentro de esa magnífica y entrañable sensación al percibir su sonido siempre bien atemperado, su entonación perfecta y permanente, sin desafinar lo más mínimo, su dulce adormecer con esa nana que hace sonar esa maravillosa voz atiplada con la brisa del mediodía, que te permite olvidarte de todo, extasiarte y sublimarte?

Os invito a saborear la melodía, la sinfonía más rítmica, la música más hermosa que oído humano haya podido nunca percibir: ese ir y venir, ese cabalgar sobre la superficie marina, esas pequeñas crestas que crecen y se desplazan, que ascienden y descienden, que rompen una y otra vez, siempre al mismo compás del tres por cuatro, que aparecen bravas cuando suenan las trompetas, los clarinetes y los tambores, pero que se amansan suavemente, delicadamente con la entrada armoniosa de los violines y descansan mansamente, una a una, sin atropellarse, con un orden ya marcado, hundiéndose en la doradas y blandas arenas que brilla con los rayos del sol, cual si del precioso metal se tratara, hasta acurrucarse en las mismas, en la orilla, como si de una manta tenue y delicada se tratara que las cobija, las acoge y las adormece en la blanca dulzura de una algodonada sábana acariciadora, de una sábana espumante de delicado tacto y de limpieza sin igual.

Los sonidos se combinan en secuencias temporales produciendo un efecto cargado de estética, de enorme y extraordinaria expresividad, de magnitudes nunca antes percibidas, en las que el oído capta la armonía, el ritmo y la melodía de forma conjunta, cual la mejor expresión del lenguaje musical creado por autor alguno, proporcionada, agradable, causando un estado de bien estar, de paz, una sublimación del espíritu ante tan perfecta combinación en su sucesión cíclica y regular.

El mar es música continua, es ritmo regularizado y acorde, es armonía de sosiego y tranquilidad, es melodía bien orquestada y magníficamente dirigida, perfectamente guiada por una mano experta e invisible de un gran maestro y unos grandes profesionales, que siguen con diligencia y fidelidad las pautas de una batuta apenas perceptible que manda y se impone, que se convierte en la prolongación ordenada del gran director. El mar es agua, agua mecida por la brisa, pero, también, es ritmo, es melodía, es armonía, es paz.

Ahora se entiende la decisión atrevida y valiente de Ulises. Ahora se comprende su afán incuestionable por escuchar aquella fantástica melodía, aquella música inspirada en la mejor de las partituras y que él pensó que se trataba de un simple canto de sirenas con voces y coros sublimes y delicados. Ahora se justifica de forma razonable que corriera aquel riesgo, sólo él, para poder saborear con detenimiento y disfrutar de cada uno de los acordes, de percibir con plenitud aquella exquisita y sublime melodía, que jamás ser humano había sido capaz de percibir sin ser atraído y subyugado, hasta esclavizado.

En estos momentos me considero Ulises amarrado fuertemente al mástil de mi navío, mientras me embriaga esa dulce sensación melódica y mi mente se siente renacer, se reconforta y se pierde en la inmensidad del todo.

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¡FELICES VACACIONES A TODOS!

¡Hola a todos!

Ya llega Agosto, mes en el que por lo general el país se paraliza, ¡aunque bien paralizado está ya!  Desde mi blog quiero desear a todos cuantos a través de él nos comunicamos unas felices vacaciones. Creo que es llegado el momento de descansar de nuestra actividad diaria, poner nuestra mente en reposo, recapacitar sobre lo que nos viene encima y buscar nuestro equilibrio y armonía con quienes nos rodean.

 

Yo, personalmente, desde este mar de Jávea (Xábia), os deseo unos merecidos y bien ganados días de relajamiento, que disfrutéis del mar, de la montaña, del turismo rural o urbano, que gocéis en paz y en felicidad con todo lo que la naturaleza nos brinda siguiendo el camino que cada uno haya elegido.

 

¡FELICES VACACIONES A TODOS!

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MUESTRA ESCOLAR DE ARTES ESCENICAS

En el día de hoy, 10 de Mayo del 2012, en el Teatro Salón Cervantes, recibí un emotivo homenaje por parte del

Jose Luis Archilla recibiendo el diploma en el homenaje "Muestra Escolar de Artes Escenicas"

Jose Luis Archilla recibiendo el diploma en el homenaje "Muestra Escolar de Artes Escenicas"

Ayuntamiento de Alcalá de Henares junto con otros compañeros “por mi continuada entrega y generosa contribución al desarrollo de las artes escénicas entre los escolares de la ciudad”, según consta en el diploma, por lo que me siento muy orgulloso y del cual quiero haceros partícipes.

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FELIZ NAVIDAD

Seguimientos. Obra de Nieves Prat

En estos días de encuentro y amistad; en estos días de felicidad y armonía aparente o real; en estos días en que lo dionisiaco se impone con total impugnidad a lo apolíneo, lo aparta y arrincona hasta casi el olvido; en estos días… quiero desearos a todos los que seguís mis pequeños escritos, en especial a aquellos que tan fielmente me leen y opinan sobre lo allí expresado, que gocéis de unas felices fiestas y que proyectéis vuestra voluntad, esa voluntad liberalizadora, para que el año, que está ya apuntando, sea un año de anhelos cumplidos para vosotros y para todos.

Desde esta página:  FELIZ NAVIDAD

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¡Bienvenidos!

El objetivo principal de esta página es el de dar a conocer mis escritos a todo lector que de forma consciente o por casualidad se acerque a ella.

         He intentado durante años encontrar una editorial, alguien que quisiera publicar mi obra. Siempre me he encontrado con muchas dificultades y sin ninguna ayuda, a pesar de que por mi profesión había estado en contacto con las principales editoriales del país y conocía a mucha gente de las mismas. No es lo mismo comprar o encargar montones de libros, que ellos te publiquen tus escritos.

         Entiendo que como yo, se encuentran multitud de escritores noveles: ya jóvenes amantes de las letras; ya mayores, como es mi caso, y mucho más con los tiempos que corren, quienes después de una intensa vida laboral hallan el tiempo necesario para realizar aquello que siempre les apasionó, pero que el quehacer diario, las obligaciones familiares y los compromisos contraídos no dejaban un espacio para el esparcimiento.

         Por ello, ahora, animado por mis hijos y ayudado por ellos incluida mi esposa, aprovecho estos espacios que la tecnología me proporciona para poder comunicar a mis posibles lectores mis ideales y mis inquietudes a través de mis obras. Obras que me cuestan “sus dineros” publicar, pero que espero  sirvan de aliento, de acicate y estímulo a otros atrevidos escritores como yo.

         Ignoro si lo que escribo tiene mucho valor o poco para los críticos, pero es la expresión de unos sentimientos, el afán de trasmitir unos valores y unos ideales y además, como enseñaba a mis alumnos, todo escrito tiene un valor en sí y por consiguiente es arte.

         Me dirijo a ti, amable lector, que has caído en esta página o la has buscado, a ti que dedicas un poco de tu tiempo a leer mis pensamientos, mis valoraciones o mis fantasías. Gracias de corazón.

         Quiero tener una grato recuerdo para todos mis alumnos y alumnas, para todos los que pasaron por mis aulas, fuera grato o ingrato su recuerdo. Todos por igual estáis presentes en cada una de mis novelas, cuentos u obras de teatro.

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