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VIAJE A LA CULTURA GRIEGA

Hace unos días cayó en mis manos un libro de Antonio Penadés, autor entusiasta de la historia griega, de sus personajes, de los acontecimientos y lugares en los que se fueron desarrollando aquellos primeros pasos del origen de nuestra cultura occidental, entusiasta admirador y fiel lector del historiador Heródoto, descubriéndonos en su discurrir los paisaje, los pueblos y las ciudades en las que aquellos lugares se han transformado en la actualidad. El libro al que me refiero lleva por título “Las huellas de Heródoto”.

Obra de Nieves Prat

Todos hemos oído hablar alguna vez de Heródoto en nuestros años de aprendizaje. Todos sabemos que es conocido como el primer historiador, el padre de la historia, el hombre que nos muestra en sus nueve libros de Historia su peregrinaje por aquellos lugares de Asia Menor, de Europa y de las múltiples islas de nuestro entorno, los datos concretos de aquellos hechos históricos, las célebres batallas que allí se realizaron, las gestas heroicas, sus protagonistas, la repercusión de aquellos acontecimientos, las hazañas  grandiosas y emotivas que hoy son mito y leyenda no exentas de una gran realidad.

El libro de Penadés es una crónica de un viaje por tierras de Asia Menor, un viaje ilusionante, vivido con pasión por un gran enamorado de Heródoto y de la historia, un viaje que me hizo reencontrarme con entusiasmo con el pasado, retrotraerme a otro tiempo, que me llevó a rememorar aquellos momentos de estudiante y aquella afición, aún hoy no olvidada, por la lengua griega, por los hechos históricos de aquellos hombres que allá se produjeron y que viví con enorme entusiasmo y pasión, por los ideales sociales, que entonces aprendí, las formas de convivencia que pusieron en práctica y que hoy imitamos, sin obviar los ideales culturales y artísticas, el origen del pensamiento occidental, las ideas filosóficas, su amor por la sabiduría que tan bien inculcaron y expusieron, a pesar de que hoy en nuestros días estén tan denostadas y tan abandonadas por nuestras autoridades, por nuestras gentes, casi, podríamos decir, olvidadas.

El autor comienza su crónica en Halicarnaso, no podía ser de otra manera dado que ésta era la patria del historiador Heródoto, aunque ciertamente ya no existe en la actualidad, a pesar de que éste nos la sitúa allí y la describe en sus libros de Historia; a partir de aquí, nos va presentando cada uno de los diversos lugares por los que Heródoto pasó en su largo peregrinaje, los acontecimientos sociales, artísticos, culturales y hazañas bélicas acaecidas en los mismos, sin olvidar a los personajes que allí nacieron, vivieron y actuaron junto con sus aportaciones a la historia universal, a los pueblos que luego les sucedieron, de aquí el encuentro con políticos como Perícles, grandes guerreros como el persa Jerjes o el gran Alejandro Magno, la aparición de las Polis, el encuentro con los dioses, la Mitología, y, de manera especial, los extraordinarios pensadores desde Tales de Mileto, pasando por el gran Pitágoras hasta llegar a los Sócrates, Platón o Aristóteles, y por supuesto los magníficos escultores como Fídias, Mirón o el revolucionario Praxíteles.

Creo que aquí merece una mención especial la escritura, base de la expresión cultural, de la comunicación, del pensamiento, de la transmisión del saber, de la que hicieron gran gala los griegos, y, más en concreto, Heródoto.

Los fenicios, allá por el siglo VIII antes de Cristo, sus mercaderes y comerciantes fueron los encargados de enriquecer la cultura griega al dotarla de un instrumento tan esencial e importante como fue la escritura alfabética. Fenicia fue, según todos los historiadores y el propio Heródoto así lo confirma, el lugar desde el que la escritura alfabética se expandió por todo el Mediterráneo.

Al parecer, el alfabeto fenicio procedía del Arameo, se trataba de un alfabeto formado por veintidós signos consonánticos, luego los propios griegos añadieron los signos vocálicos.

La escritura fue un hallazgo y un avance importantísimo para la humanidad, supone fijar las ideas, ejercer un gran dominio sobre ellas; así, se van perfeccionando, conjugando y dando lugar a planteamientos más y más elaborados, al proceso del conocimiento hasta llegar a la creación artística, a la literatura: la poesía, el teatro, la novela, el saber filosófico; hasta el punto que las normas de convivencia, las ideas y pensamientos que ellos plasmaron siguen hoy en nuestros días teniendo vigencia.

La armonía que ellos alcanzaron en todas sus manifestaciones, no es sólo un principio de estética en su imaginación creativa, escultórica o arquitectónica, sino que se convierte en un requisito básico para la estabilidad, la felicidad del individuo. Es la situación ideal en la que existe una correcta relación entre las partes y el todo, implica una adecuada proporción en la medida que afectan a todas las actividades humanas: las políticas, las sociales, las artísticas, las literarias, las filosóficas, las mitológicas, hasta las relaciones entre los dioses y los hombres.

Ya en la Mitología griega, “Harmonía”, era la hija de la diosa Afrodita y el dios Ares, representaba el ajuste perfecto, la estabilidad ideal entre la diosa del amor y el violento dios de la guerra. De aquí, el esfuerzo de estos seres por conseguir la armonía como la manifestación más sublime de comunicación y convivencia, a pesar de las múltiples guerras y los conflictos bélicos en los que se vieron envueltos.

Con este último pensamiento damos por concluido este encuentro con el pasado, ya continuaremos en sucesivos  escritos y reflexiones.

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NO ES POETA QUIEN NO SABE FINGIR

En la parte de su libro de Historia dedicado a Egipto, el Segundo de los nueve que configuran su historia, nos cuenta Heródoto la causa que llevó a los griegos a destruir Troya, narrada por los propios sacerdotes del templo de Venus la Huéspeda, templo ubicado en la ciudad de Menfis, siendo rey Proteo.

Así dice se la contaron a él respecto a Helena, hija de Tíndaro, asegurándole que ésta estuvo todo este tiempo en el palacio del rey Proteo y no en Ilión como nos cuenta Homero.

Obra de Nieves Prat

Veamos como nos lo narra Heródoto: “…al volver Alejandro a su patria en compañía de Helena, a la que había raptado en Esparta, unos vientos contrarios lo arrojaron desde el mar Egeo al Egipto, en cuyas costas, no mitigándose la tempestad, se vio obligado a tomar tierra y a partir hacia los Tariqueos, situados en la boca del Nilo. Había en aquella playa un templo dedicado a Hércules, lugar de asilo para cualquier esclavo que se refugiara en él. Informados los esclavos de este privilegio, se acogieron a aquel sagrado templo con el ánimo de dañar a su señor, acusándole del rapto de Helena y el atentado contra Menelao.

Enterado el rey Proteo de que había llegado a sus tierras un extranjero, príncipe de la familia real de Teucro, que había cometido en Grecia una impía y temeraria violencia, habiendo seducido furtivamente  a la esposa de su mismo huésped, trayendo con él numerosos tesoros, respondió de esta manera:

“…sea quien sea, que tal maldad contra su mismo huésped ha cometido, prendedlo y traedlo a mi presencia”.

Proteo preguntó a Alejandro quién era, de dónde venía; el interrogado declaró su nombre, el de su familia y su patria. Proteo le interrogó quién era Helena, y aquí es donde intervinieron los esclavos, quienes cuentan la fechoría llevada a cabo por Alejandro.

Proteo, haciendo caso de las declaraciones de los esclavos, lo declara como el hombre más vil y malvado, pues regalado como huésped, se convirtió en adúltero de la esposa de su amigo, violando su tálamo y huyendo con ella y con sus tesoros.

Entonces Proteo se queda como depositario de Helena y los tesoros hasta que él, informado, quiera recobrarlos, expulsando de sus tierras a Alejandro”.

Así dice Heródoto que se lo contaron los sacerdotes del templo de Venus la Huéspeda: “la llegada de Helena a la corte de Proteo”.

Heródoto confiesa que Homero estaba enterado de esta historia, pero que esta narración no era tan grandiosa, tan dramática y tan emotiva para la belleza y majestad de su epopeya como la fábula que le sirvió, aunque reconoce que bien que la conocía.

Sin embargo, el poeta Homero, nos presenta a Alejandro en la Iliada perdido el rumbo y llevando a Helena de un país a otro.

De esto da cuenta Homero en la Aristía de Diomedes con los siguientes versos: “…había allí mantos bordados, dignos de maravilla, obra mujeril de sidonia mano, los que con su noble Helena trajo de Sidón por el ancho Ponto Páris el de rostro divino”.

Y el propio Menelao hablando con Telémaco profiere estos versos que hacen referencia a lo expresado por Heródoto: “…allá en Egipto, con ansia grande de mi vuelta, me detenían Dios y mi mezquina Hecatombe”.

Estos y otros versos indican claramente que Homero da a entender que conocía bien las navegaciones de Alejandro y su arribada a Egipto con todo lo narrado.

Sin embargo, Homero hace llegar a Alejandro con Helena desde Esparta a Ilión. Pero dejemos que sea el mismo Homero quien nos lo cuente, “pues no es poeta quien no sabe fingir”.

Preguntado, entonces, los sacerdotes por Heródoto, sobre si era fábula lo que cuentan los griegos sobre la guerra de Troya, contestaron con la siguiente narración salida de la boca de Menelao:

“…una poderosa armada griega había pasado a la Teucrida para auxiliar a Menelao. Los griegos enviaron a Ilión sus embajadores, comandados por Menelao, quienes pidieron que les fuera devuelto Helena y los tesoros raptados por Alejandro. Los troyanos respondieron siempre que no tenían en su ciudad a Helena ni los tesoros mencionados, que aquélla y éstos se hallaban detenidos en Egipto. Los griegos tomando esta respuesta como un engaño, asaltaron la ciudad a la fuerza, no apareciendo ni los tesoros ni Helena; entonces comprendieron que los troyanos decían la verdad y enviaron a Menelao ante el rey Proteo.

Menelao, llegado a la corte del rey Proteo, hace una narración sincera de lo sucedido y le restituyen a Helena y sus tesoros”.

Así, Heródoto, confiesa que da crédito a lo dicho por los sacerdotes, que Helena no estuvo nunca en Troya, que Príamo no era un necio ni sus hijos tan insensatos que pusieran en riesgo la vida de los troyanos sólo para que Páris gozara de Helena, ni Héctor, el gran héroe, permitiría a su hermano menor tal felonía, que acarreara la ruina de Troya.

Así juzgo, dice Heródoto, este suceso.

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LA GREGUERÍA

Ya desde mi etapa estudiantil fui un enamorado de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, las leía, las releía y las volvía a leer con pasión e intriga intentando averiguar aquellos juegos de palabras, aquellas ingeniosidades, imitándolas, e incluso, atreviéndome a escribir mis propias greguerías, que luego desparecían entre los papeles de una vieja papelera.

Obra de Nieves Prat

Hoy, por casualidad o porque una voz interior me llamaba, siempre en nuestras vidas hay una voz misteriosa que nos indica el camino, revisé mis estanterías, recorrí el título de cada una de las obras almacenadas una a una por muy bien que estuvieran clasificadas y allí estaba, la cogí de nuevo con manos firmes, como si fuera la primera vez que me encontrara con ella, a pesar de las anotaciones y los subrayados existentes, con ojos avizores, anhelantes de encontrar el pasado y revivir el presente, con la ilusión de descubrir si hoy con la experiencia de la vida a la espalda era capaz de recrearme de forma definitiva con ella o de encontrar entre sus páginas algún recuerdo de otros tiempos.

“La greguería es el atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o no acertar lo que puede no estar en nadie o puede estar en todos”, con estas palabras la define el propio autor en el Prólogo a su obra de 1917.

Para que nos entendamos todos: se trata de textos breves en prosa en los que se establecen unos insólitos vínculos de semejanza entre los seres y las cosas más dispares con un particular sentido del humor. Los poetas, especialmente los de la Generación del 27, igualmente la utilizaron y las encontramos con frecuencia entre sus versos.

La literatura las ha definido tradicionalmente como el género original de Ramón Gómez de la Serna que se sitúa en una posición intermedia entre el aforismo y la metáfora. Sus principales ingredientes –continúa la definición– son la comparación, la metáfora, la paradoja, la antítesis y la hipérbole. Tiene un precedente en “las humoradas” y en las breves composiciones periodísticas encabezadas bajo el epígrafe de “ráfagas”, “al vuelo”, “alfilerazos” o “volanderas”.

El propio Gómez de la Serna a propósito de esto, en su Prólogo, la definió: “humorismo más metáfora igual a greguería”, pero recalcando el lado imprevisible e inconsciente de su hallazgo: “son sólo fatales exclamaciones de las cosas y del alma al tropezar entre sí por pura casualidad”.

El diccionario de la Real Academia añade a esto: “agudeza, imagen en prosa que presenta una visión personal, sorprendente y a veces humorística de algún aspecto de la realidad”.

Numerosos críticos han estudiado la greguería tratando de definir sus rasgos esenciales, su sentido profundo y misterioso, el secreto de su peculiaridad como forma de comunicación artística que no coinciden con otras formas breves como el aforismo o la máxima, aunque algunos si han ido por este camino un tanto equivocadamente.

El poeta Salinas en su estudio “Esbozo de Ramón”, afirma que “la greguería debe ser como una breve relación súbita que en virtud de un desusado modo de relacionar ideas o cosas nos alumbra una visión nueva de algo”, añadiendo un poco más adelante, “… es, por tanto, una fuente de conocimiento de la realidad que coincide con la poesía en la actitud y punto de vista desde el que la greguería contempla esa realidad, también en el empleo de recursos como la metáfora, la metonimia, la prosopopeya o los juegos de palabras”.

Por otro lado, César Nicolás en sus estudios “Ramón y la greguería: morfología de un género nuevo”, parte del hecho de que la greguería se basa en los principios de la semejanza, tanto semántica, a través del símil, la metáfora y la metonimia, como fonológica, por medio del juego de palabras, coincidiendo en gran medida con la idea de Salinas.

Son muchos los autores que se fijan y estudian la figura de Ramón Gómez de la Serna, especialmente en su importancia fundamental en la introducción de las vanguardias artísticas y literarias en España y como la greguería constituye una referencia indispensable para comprender la poética de la Generación del 27, así lo señala entre otros Luís Cernuda en su “Estudio sobre poesía española contemporánea”, llegando a concluir como la greguería es a veces un minúsculo poema en prosa citando varios ejemplos:

“Cuando una mujer chupa un pétalo de rosa parece que se da un beso a sí misma”

“La hortensia tiene mojados de cielo sus ojos azules”

Y como otras veces, las más, la greguería llega a la poesía por un camino indirecto: por el juego del ingenio:

“Las golondrinas abren las hojas del libro de la tarde como incesantes cortapapeles que nos han traído de Alejandría”

“El desierto se peina con peine de viento; la playa con peine de agua”

Destacando su defensa de la libertad de las palabras y del azar como una forma de descubrimiento… Los juegos de palabras, la creación de nuevos términos, la personificación o el enorme caudal de vocabulario, que aparece en su obra, son rasgos que definen su estilo. Un estilo que tiene que ver mucho con la poesía.

Para finalizar, he aquí algunas greguerías a modo de ejemplos extraídas del libro de 1917:

“El arco iris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cara”

“Las primeras gotas de la tormenta bajan a ver si hay tierra en que aterrizar”

“Las gotas de rocío son unas lágrimas anticipadas por lo efímero que es el día”

“¿No será el secreto de la alta marea que en alguna parte y en cierta hora se baña Dios en el mar?

 

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EL TERCER QUIJOTE

Por un momento llegué a pensar que el mismísimo Cervantes había vuelto a la vida, que se encontraba entre nosotros de nuevo dando vida a sus geniales personajes; más tarde, comprendí que no era un solo Cervantes sino cientos de pequeños Cervantes, quienes se atrevían a dar vida a los más importantes personajes a través de nuevas rutas, era como si numerosos Cervantes pequeños hubieran resucitado y con él sus míticos personajes. Mi felicitación más sincera a cada uno de ellos y ellas, mi enhorabuena a sus profesores y profesoras. ¡Ánimo! Vosotros sois capaces de ir mucho más lejos aún.

Quiero desde estas líneas felicitar a quien tuvo tan brillante idea, como brillante es la participación de todos los escolares de los veintisiete centros de nuestra ciudad que han intervenido en su recreación, así como al grupo de escritores Literaria XXI, sin olvidarme de la Concejalía de Educación, sin duda responsable de coordinar este magnífico proyecto para culminar la celebración del IV Centenario de la muerte de Cervantes, sin obviar a nuestra máxima autoridad local, el señor alcalde de nuestra ciudad. ¡Un buen final para el IV Centenario de la muerte de nuestro ilustre y genial conciudadano!

Ciertamente esta idea no es nueva en su totalidad, aunque si va mucho más allá: ya en el año 2005, año de la celebración de la primera parte de El Quijote, el llamado Quijote de 1605, los niños y niñas  de los colegios de Primaria de nuestra ciudad hicieron una copia manuscrita de la primera parte de El Quijote con la decoración de la primera letra de cada capítulo.

En el año 2015, a propósito de la conmemoración de la segunda parte de El Quijote, los alumnos y alumnas de los centros de Alcalá de Henares volvieron a deleitarnos con la copia manuscrita de la segunda parte, añadiendo a la decoración de la letra primera de cada capítulo dibujos de escenas de El Quijote y de sus principales personajes.

Este año, con la celebración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, el esfuerzo ha sido mucho mayor, más interesante y más imaginativo, pues se ha utilizado la creatividad, la capacidad literaria de unos niños y niñas, su ilusión desmedida por emular a nuestro genial autor con la ayuda y apoyo de sus profesores y el grupo de grandes escritores de Literaria XXI, para recrear un  viaje por las ciudades Patrimonio de la Humanidad pleno de aventuras, de emocionantes episodios e intriga humorística, siguiendo el estilo cervantino, al menos, para los que hemos tenido la suerte de leerlos y saborearlos disfrutando de su lectura.

Personalmente me encuentro entusiasmado por la capacidad literaria de estos pequeños Cervantes, convertidos en grandes creadores siguiendo los pasos de Miguel de Cervantes, inspirados en su obra, emulando y contando las gestas de los dos geniales protagonistas: Don Quijote y Sancho, sin olvidar a la singular y bellísima  Dulcinea del Toboso, al caballo Rocinante y al burro Rucio.

Parafraseando a nuestro Alcalde: “un singular proyecto, en una singular aventura, concebida por autores singulares”, y según nuestra concejala de educación: “amistad, solidaridad, perseverancia o tesón son cualidades reflejadas en cada uno de los episodios que se narran, siendo la prevalencia de estas virtudes uno de los objetivos principales perseguidos en este proyecto”.

Concluyo con las palabras de nuestro señor Alcalde deseando que se hagan realidad: “¡ojalá! que nuevos proyectos, tan estimulantes como éste, nos ayuden a la vuelta de la esquina” y añado yo: ahora tenemos un buen motivo para hacer posible estas palabras con el Centenario de Cisneros que estamos celebrando: él fue el gran constructor y engalanador de nuestra ciudad, hagamos que cuantos hoy la habitamos nos sintamos orgullosos de su esfuerzo, su tesón y su amor por nuestra ciudad.

El Director de la Academia de la Lengua finaliza su prólogo con estas palabras del propio Cervantes: “Una de las cosas que más debe de dar contento a un hombre virtuoso y eminente es verse viviendo, andar con buen nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa; porque, siendo al contrario, ninguna muerte se le igualara”.

Bien contento estará nuestro autor y conciudadano con su publicación de “El tercer Quijote”, al comprobar como las futuras generaciones seguirán hablando bien de su obra y recordando su nombre para siempre. Seguro que  observará orgulloso, desde el atalaya de su casa, las constantes muestras de simpatía y cariño que grandes y pequeños, propios y extraños muestran, fotografiándose sonrientes entre las estatuas de sus dos grandes protagonistas, como recuerdo para su historia.

Gracias a mi nieto “Fer”, uno de los participantes en dicha recreación, uno de esos excelentes jóvenes émulos de Cervantes, cayó en mis manos y tuve la oportunidad de leer este “Tercer Quijote” que me ha hecho  una gran ilusión  mostraros y alabar el proyecto, animándoos a que mostréis interés por su lectura y por las aventuras de nuestros héroes reencarnados.

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CONVIVENCIA

A propósito de pasar unos días con mi familia en una casa rural de Hiendelaencina, unos días de actividades conjuntas, de vivir con intensidad todos unidos cada uno de los instantes del día, se me ocurrió hacer una pequeña reflexión sobre el significado de la palabra convivencia, palabra de profunda significación y, a veces, muy manoseada e incluso poco reconocida y valorada.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos la define como “la acción de convivir”, y esta última palabra como “vivir en compañía de otro u otros, cohabitar”.

Obra de Nieves Prat

Así podríamos ir reseñando una definición detrás de otra como: “compartir con otra persona diferente a ti algo”; “coexistir con carácter pacífico, sereno y en armonía alejándose de las disputas, de las discusiones o riñas”; “practicar el valor de la tolerancia sobresaliendo la sociabilidad propia del ser humano con respeto y solidaridad” y una larga enumeración de elementos o caracteres importantes que la palabra en sí conlleva.

Ciertamente, un individuo, una persona no puede vivir absolutamente aislado del resto, pues la interacción con otros es imprescindible para el bienestar y la salud física y mental. La convivencia, por tanto, es necesaria, ya que el ser humano es total y plenamente un ser sociable; por eso, la coexistencia pacífica y armónica de grupos humanos, que comparten un mismo espacio vital, debe contar con valores importantes para esta convivencia armoniosa como: el respeto y la solidaridad, añadiendo a éstos la fidelidad necesaria.

Siempre que hablamos de coexistencia nos estamos refiriendo a una existencia simultánea que requiere la aceptación de la existencia del otro u otros. El ser humano no puede existir en solitario, sino que coexiste en sociedad junto con otras personas en una posición donde se muestra el valor de la interacción y de la experiencia.

La coexistencia refleja el valor de la relación entre los seres, muestra el equilibrio del bien común a través de la existencia armónica.

La coexistencia implica el valor de la alteridad; pues, una persona existe en sí misma, pero coexiste junto con otros, es decir, integra el plano de la relación con los demás y con el medio en el que se desarrolla y convive. Por ello, coexistir es convivir, ya que la convivencia social refleja el dinamismo de las relaciones personales; sin embargo, eso no lleva consigo, no significa que no puedan existir conflictos y diferencias de criterios. La coexistencia, por tanto, debemos entenderla como un aprendizaje de convivencia.

No podemos olvidarnos ni dejar de hablar de otro criterio interesante a contemplar en la convivencia, se trata de la tolerancia ya mencionada.

La tolerancia es la actitud de las personas que respetan las opiniones, ideas o actitudes de los demás, aunque no coincidan con las suyas. Así, podríamos definir la tolerancia como: “la aceptación de la diversidad, la capacidad de escuchar y aceptar al otro con respeto y consideración hacia la diferencia”, “una disposición de admitir una manera de ser y de actuar distinta a la de uno mismo”, “una aceptación del legítimo pluralismo”. Alguien se ha atrevido a ir mucho más allá y definirla, también, como “el arte de ser feliz en compañía de otra persona”, pudiendo añadir, igualmente, que es el valor moral que mejor implica el respeto al otro y, a la vez, el reconocimiento de las diferencias.

Las habilidades sociales no son ajenas a este acto de convivencia sino que se entrenan, se perfeccionan, se practican junto con la amabilidad, la empatía, la generosidad y la solidaridad que conlleva la colaboración; ese sentimiento que surge de nuestro ser para ayudar a los demás sin la intención de recibir nada a cambio y, junto a esto, otros valores humanos que se ven reflejados allí como la amistad, el compañerismo, la lealtad, el sentimiento profundo de unidad.

Así, podríamos seguir reseñando término tras término, cualidades tras cualidades, valores tras valores que nos conducen a entender mejor, a comprender y poder ejercitar el acto que llamamos y conocemos como CONVIVENCIA, el objeto de esta mi reflexión.

Creo decir, en verdad, sin miedo a equivocarme, que en Hiendelaencina hemos gozado de la oportunidad de convivir, de la tolerancia debida, del respeto legítimo, de la armonía adecuada, del buen sabor de boca que queda al final aunque las condiciones climáticas no fueran las deseadas.

Por hoy creo que es suficiente.

 

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LOS CELTAS Y EL DRUISMO

En estos días, mientras leía una novela sobre los pueblos celtas, me ha venido al pensamiento un recuerdo y una reflexión, que me gustaría dejar plasmada aquí y que me ha hecho retroceder a mi época de estudiante primero y, más tarde, me ha trasladado a los gratos recuerdos de cuando traducía con mis alumnos “los Comentarios sobre las guerras de las Galias”  de Julio César, de manera muy especial, siempre que aparecía y explicaba el nombre de los “Druidas”, nombre que la primera vez me llamó la atención y me obligó a buscar información, que el propio Julio César manifestaba en sus escritos sobre su filosofía, sus principios morales y religiosos, su amor a la naturaleza, su influencia en las decisiones políticas y de gobierno que llevaron a este mismo conquistador a iniciar de alguna manera su extinción, dado su poder en todos los ámbitos: educativos, sociales, políticos y religiosos.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Luego, dominado y acaparado por otras ideas y acontecimientos, fui perdiendo el interés por esta cultura y aquellos famosos sacerdotes, magos y adivinos dedicados al estudio de la naturaleza, sin templos, sin estatuas religiosas, sólo el cuidado de bosques frondosos, sólo la naturaleza, sólo recibiendo la energía y el potencial que la madre tierra revitalizaba e inspiraba tumbándose sobre ella.

La palabra “Druida” significa en el lenguaje Celta: roble. El roble se convierte en el árbol sagrado de los Druidas; mejor, es su árbol sagrado, constituye uno de los ejes centrales de sus creencias, ya que les permite establecer una comunicación con los tres niveles de la divinidad: la parte enterrada, subterránea, por sus raíces; la de la superficie, por su tronco; la de las alturas, por su copa.

Podríamos concluir que el bosque era el autentico hogar para éstos, que el contacto perenne con la naturaleza, el hecho de tumbarse sobre la tierra era fundamental para ellos, suponía recibir toda la energía que ésta tenía, reanimaba la sangre por sus venas, hacía que se sintieran inundados de la misma fuerza y vitalidad que las propias plantas y árboles, esas plantas sanadoras y medicinales como “el saúco o el muérdago”. Así los árboles contenían un gran simbolismo: los de hojas caducas por su estacionalidad y carácter cíclico configuraban una alegoría de la vida; los de hojas perennes representaban la inmortalidad del alma; por esto, el bosque era algo sagrado para ellos. Yo me atrevería a afirmar de alguna manera, que los Druidas fueron los primeros amantes de la naturaleza,  los primeros en preocuparse de su conservación y mantenimiento.

Como elemento anecdótico a todo esto, sería la expresión tan vulgar de “tocar madera”, expresión que solemos decir, a la que acompañamos con un gesto de tocar algo ante una posible desgracia, y que podría tener su origen en el druismo, ya que estos sacerdotes, magos o adivinos se apoyaban siempre en el roble, lo tocaban constantemente para que el árbol los librara de sus males; de aquí, su carácter sagrado y benefactor, además de balsámico para sus remedios y males.

Otra reminiscencia que nos ha llegado es la recogida del muérdago: es muy corriente que hoy, llegadas las fiestas de Navidad, lo compremos para proteger nuestras viviendas y los habitantes de las mismas; pues bien, la recogida de éste tenía su propio entre los celtas siendo una planta muy benefactora entre sus miembros.

Los Druidas son los sacerdotes celtas, los conservadores de las tradiciones de su pueblo. Sus miembros eran elegidos tras una dura selección por el jefe druida, luego de un largo proceso de educación y enseñanza de sus doctrinas y costumbres. Los jóvenes mayores de catorce años se presentaban voluntariamente y después de un  proceso de adoctrinamiento eran consagrados.

Los Druidas a diferencia de otros pueblos o sacerdotes no formaban una casta; antes al contrario, se mezclaban con el pueblo, participaban de sus ocupaciones y tareas. Julio César en “los Comentarios sobre las guerras de las Galias” les atribuía tres funciones fundamentales: educadores, pues se dedicaban a la enseñanza oral, a veces, en forma de canto o poesía; la base de su adoctrinamiento era la inmortalidad del alma, la metempsicosis, pues la vida eterna era una prolongación de la vida terrena:

“La metempsicosis es una doctrina según la cual una misma alma puede animar diferentes cuerpos, como la trasmigración del alma de un ser a otro. Los egipcios ya hablaban de la metempsicosis; pero fue Pitágoras fundamentalmente quien lo introdujo en Grecia; más tarde, Platón habló de la trasmigración de las almas, que luego culminó con la teoría de la reminiscencia de las ideas”.

La segunda función fue la de jueces. Los Druidas entendían en crímenes, homicidios o herencias; a veces, actuaban como árbitros ante las diferencias entre tribus, en los tratados de paz y en las formas de intervenir en la guerra. Las penas para los castigados eran el destierro total de la tribu siendo declarados “apestados” o “proscritos” e, incluso, la muerte.

La tercera función era la de sacerdote: vestían túnica blanca; eran los intermediarios entre el mundo sobrenatural y los hombres; fijaban el calendario de la tribu y las fiestas entre las que sobresalían: la Beltaine, fiesta del matrimonio y la felicidad, en ella se celebraban todos los enlaces matrimoniales del año; la Samain, fiesta en la que se comunica el mundo de los vivos con el de los muertos, los espíritus pueden establecer contacto con el mundo terrenal; parecida a la fiesta cristiana de “Todos los santos”; la Lugnasad, fiesta en honor del padre Lugd, uno de los grandes dioses junto con la madre Danua o Dana; junto a esto, eran los encargados de recoger el muérdago en el solsticio de verano con un importante ritual, además de practicar la magia y prevenir el porvenir; sanaban a los enfermos o a los heridos en las batallas con hierbas naturales que buscaban en el bosque; hacían sacrificios en medio del mismo; por lo que los mantenían en buen estado bendiciendo las cosechas y el ganado.

Por último, como conclusión, entre los grandes valores de los celtas deberíamos destacar y sintetizar: su bravura en las batallas, su gran espiritualidad, su respeto a la naturaleza y a los bosques, una hospitalidad notable y su gran mérito y aportación, el trabajo de la metalurgia tanto en armas como en aperos de labranza.

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EL ARTISTA Y LA NATURALEZA

En una interesante excursión, que realizamos un día sin mucha actividad desde Jávea hasta la Torre del Gerro, pudimos disfrutar de una sorprendente sorpresa, que nos cautivo y que, de alguna manera, casi nos hace alejarnos de nuestro objetivo primero.

Fuimos en coche hasta el Restaurante el Amanecer, junto a la ruta de los Molinos y desde allí, cruzando “les Planes” a través del camino de la “Cova Tallada”, nos encaminamos a la Torre del Gerro ya en la zona de Dénia.Torre-del-gerro-02

Esta bella torre forma parte de un sofisticado sistema de defensa establecido por toda la costa alicantina, mandado construir por el Emperador Carlos, a fin de proteger de los frecuentes ataques de los piratas y los berberiscos desde las próximas costas africanas todo este litoral, saqueos y acosos que tantos problemas le causaron en todo su mandato.

Desde lo alto de estas torres, los vigilantes dominaban todo el “mare nostrum”. Desde ellas, establecidas a lo largo de la costa en lugares estratégicos, se podían comunicar unas con otras, vigilar todo el litoral hasta el horizonte y estar preparados y prevenidos ante las acometidas feroces de tan bárbaros piratas berberiscos, quienes atemorizaban asolando las poblaciones cercanas.

Hoy, la mayoría de estas torres han desaparecido casi en su totalidad, aún se pueden contemplar alguna de ellas u observar restos de su estratégico emplazamiento, lo difícil de su acceso, lo privilegiado de su situación e incluso, lo dificultoso de su ascenso, dada la construcción interior de las mismas.

La Torre del Gerro o de la “jarra”, así llamada por su extraña forma, es una magnífica construcción, de bella estampa exterior, de silueta armoniosa y de grandiosas paredes redondeadas y firmes, de extraordinaria fortaleza, resultando tremendamente dificultoso escalar por su interior hasta alcanzar las esbeltas almenas protectoras desde donde, con toda seguridad, los dominadores de las mismas podían controlar el infinito mar, la abrupta y escarpada extensión de la costa y los acantilados embravecidos y cortantes, sin olvidar las envestidas de los asaltantes que pretendían conquistarla o adueñarse de ella.

Con todo, lo más espectacular, lo grandioso, la hermosura total y la belleza plena, lo que yo aquí quiero reflejar, se ofrece al esforzado caminante, que transita con la cabeza baja, los ojos fijos en la aridez del sendero pedregoso y el miedo en el corazón ante posibles caídas por causa de las constantes piedras puntiagudas, que se anteponen unas detrás de otras, sin apenas espacio para unos pies firmes y poco acostumbrados a tanta dureza como ofrece la senda de “les Planes”.

A poco que te detengas, a poco que levantes los ojos del suelo para contemplar un duro paisaje arrasado por el fuego de hace unos pocos años, observarás, no sin expectación y maravillado, admirando la belleza de la naturaleza adornada por el ingenio, la habilidad y el trabajo de la grandiosa imaginación creadora y la genialidad de un artista anónimo y desconocido, de unas manos duras, llenas sin duda de rugosidad, que fueron capaces de amontonar piedra sobre piedra hasta formar unas extraordinarias esculturas, que cambian de forma, que adoptan figuras diversas y variadas según la perspectiva desde la que el observador expectante se sitúe, según la distancia desde la que las contemples y el lugar elegido para deleitarte con tan fenomenal visión, como si se tratara de esculturas multiformes, que se ofrecen a la mirada dibujando en medio del agreste paisaje siluetas de las más variopintas formas y condición ante un espíritu contemplativo.

Y así, una, otra y otras… toda “les Planes” llena de pequeñas estatuas, de piedras perfectamente colocadas: grandes y chicas y más diminutas. Un auténtico museo de esculturas surgen por doquier: aquí y allá, a un lado y a otro por donde extiendes la vista, como alegrando y deleitando la visión ante ese castigado y desolado paisaje que un día la mano del hombre arrasó con un incendio; hoy, un artista anónimo, un escultor desconocido ha ido sembrando y regalando a cuantos caminantes se adentran por estos parajes y se atreven a levantar la vista, a hacer un alto en el camino para deleitarse en la imaginación creadora y en la sencillez de la naturaleza maltratada.

A partir de este instante el camino se hace agradable a pesar de lo áspero del sendero y la desolación de la tragedia, dejas de mirar los árboles truncados y la naturaleza muerta por el fuego.

El caminante se ve obligado a detenerse paso a paso para observar y contemplar con admiración la maravilla, que el ingenio humano ha sido capaz de recrear con elementos tan insignificantes de la naturaleza como es la piedra: piedra sobre piedra, piedra al lado y junto a otra piedra, un montón de piedras minúsculas sobre otras más grandes hasta dejar patente una escultura, una obra inmortalizada, una obra para la que desde estas líneas pido respeto y un ruego a fin de que la barbarie, a veces, del ser humano conserve, evite su destrucción, admire su belleza, lo valore, visualice y llegue a disfrutarlo desde lo más hondo de su ser, comprobando como en un paraje brusco, duro, pedregoso y arruinado puede aparecer la maravilla de un artista anónimo, que es capaz de transformar la naturaleza seca y árida en un paisaje digno de admiración, que te obliga a alejarte de tu ruta primera para seguir contemplando pequeñas estatuas, que destacan en la lejanía, te incitan a una reflexión y a perderte ante aquel museo tan maravilloso y atractivo.

No sé si desde estas líneas tengo fuerzas para ello, pero sí pediría un voto de respeto a la obra creada con esos materiales tan toscos del propio paraje, todo real, nada artificial, sin instrumentos de cincelar desmedidos, sólo con la mano del hombre y su imaginación de artista, pido un voto por esta obra que da encanto a un paisaje tan desolado; aunque, probablemente, el anonimato de esa mano creadora sea el más alto valor a admirar y contemplar. Dejemos que otros muchos, cuantos por allá pasen, sean capaces de valorarlo y contemplarlo.

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CERVANTES EN EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE

Yace aquí el hidalgo fuerte

Que a tanto extremo llegó

De valiente, que se advierte

Que la muerte no triunfó

De su vida con su muerte…

 

Con estos versos que el propio Cervantes pone en boca de Sansón Carrasco, en el epitafio de la sepultura de don Quijote, una vez muerto éste y que aparecen al final del último capítulo de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, se podría pensar, ¿por qué no?, que el propio Cervantes, viendo ya cercana su muerte, se ponía él mismo su propio epitafio para su tumba recientemente descubierta.

Significativas son igualmente aquellas palabras que el mismo Cide Hamete deja impresas en las últimas líneas del mismo respecto a su  ingeniosa pluma: “aquí quedarás colgada de esta espetera y de este hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía… para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solo los dos somos para en uno…”

Extraordinarias palabras dedicadas a su pluma maravillosa, como despidiéndose con este gesto, que fue capaz de plasmar las genialidades de un ingenio tan magnífico en el arte de escribir. Así exclamó Guillermo Rojo hablando de Cervantes como modelo lingüístico: “el español es conocido hoy como la lengua de Cervantes”.

Martín de Riquer, a propósito de la Segunda parte de El Quijote y de la situación que en ella se vive en los últimos capítulos, donde se habla de la novela,  se comenta, se critica e incluso se da la bibliografía cuando se entera de el falso Quijote, dice: “con un dominio nunca superado en el arte de escribir novelas, Cervantes es capaz de reunir, relacionar y trabar en una sola acción seres de tan distinta procedencia y de tan diversa inspiración…” para concluir: “así Cervantes se presenta como un auténtico malabarista, que juega con su obra, se impone a ella y la lleva por donde quiere”, hasta hacer exclamar a José Manuel Blecua “que El Quijote es el gran libro de la vida, o que en su obra triunfa el concepto de discreto, que unido al concepto de naturalidad aparece el de dignificación popular”.

Al hilo de estas opiniones de tan importantes estudiosos, ¿qué cosas puedo decir de la habilidad de Cervantes para los diversos y variados registros lingüísticos?, ¿qué respuesta existe para las diversas novelas que van apareciendo sin cesar en El Quijote, en especial, en la Primera parte del mismo? Cervantes tan pronto utiliza un registro pastoril con Crisóstomo y Marcela, uno morisco cuando se relatan las aventuras del Cautivo, o picaresco en el episodio de los Galeotes, ejemplar en el Curioso  Impertinente, orador en el Discurso sobre la Edad de Oro y sobre las Armas y las Letras, como lo vemos manejando el género epistolar como un experto en sus variadas cartas: sentimental en la de Luscinda a Cardenio, parodia de tipo amorosa la de don Quijote a Dulcinea, familiar como la de Sancho a Teresa Panza o de ésta a Sancho, por no hablar de los cuentos tradicionales y populares puestos en boca de Sancho y un largo etc…, que no voy a enumerar y de sobra conocéis, pero que nos viene a demostrar de cómo Cervantes, escritor culto y elegante, es capaz de reproducir el estilo coloquial del pueblo con el buen humor que le caracteriza, con el chiste y juegos de palabras, con expresiones graciosas que van llenando su obra, dominada toda ella con una constante y fina ironía, que le lleva a exclamar a Capmany: “el principal mérito de Cervantes es la pureza y propiedad de la dicción y la claridad y hermosura de la frase”.

Centrémonos a continuación en el aspecto realista de su obra: ¿cómo pudo Cervantes presentarnos un personaje tan real como Sancho? Nos preguntamos. Si un escritor realista parte de la realidad, ¿de dónde partió él para ofrecernos ese personaje, que nos mete por el alma y aún por los ojos? Nos comenta Dámaso Alonso. Sin duda, Cervantes vivió toda su vida en contacto con la realidad exterior y de ella fue cogiendo cada uno de sus rasgos como buen observador; pero el personaje de Sancho es mucho más, es un conjunto de refranes, de sentencias, de agudezas y de chistes, es una biblioteca de cuentos, es un pozo de sabiduría popular.

El gran mérito de Cervantes fue que unió todo este material y lo fundió en un personaje. Su gran mérito es que creó a Sancho no como un ser humano único, sino más bien que en él reflejó un compendio de ciencia popular; por eso, dice Dámaso Alonso: “Cervantes no se limita a juntar el alma humana de una manera estática, sino que lo convierte en una pintura dinámica, es el movimiento y son los cambios del alma ante las cosas y ante los seres”. Por eso, si queremos entender los rasgos de la técnica cervantina en el retrato del alma, lo más certero es seguir la evolución de Sancho: allí vemos como unas veces es crédulo en su afán por alcanzar cosas materiales, pero otras, su sana razón le hace comprender la más dura realidad.

Así, la verdadera interpretación del alma realista de Sancho oscila entre el devenir del Sancho-Quijote y el de Sancho-Sancho, entre ser él mismo o dejarse llevar por la fantasía de su señor, según opinan todos los estudiosos y críticos de su obra. De esta manera, Cervantes se nos muestra como maestro y dueño absoluto de sus materiales al hacer reaccionar a Sancho sin violencia, con gran naturalidad.

Cervantes ha visto con meridiana claridad que todo ser humano es una mezcla, y así nos muestra en los caracteres de don Quijote y Sancho una representación perfecta del alma humana elevada a la máxima plenitud; de este modo investiga Cervantes el tema esencial y permanente del ser humano: lo que le tiene pegado a la tierra y lo que le eleva a Dios. Cervantes logró alumbrar una obra realista y a la vez universal.

En el prólogo de la Primera parte de El Quijote Cervantes nos dice: “que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas salga vuestra oración y período festivo… dando a entender vuestros conceptos sin intrincarlos ni oscurecerlos. Procurando también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”. Siguiendo esta fórmula, su prosa reviste multitud de modalidades estilísticas encaminadas a la eficacia y al arte.

Además con este mismo criterio, Cervantes pretende hacernos reír, de aquí que ridiculiza y satiriza, parodia las cosas absurdas y las fantásticas; en suma quiere crear un nuevo género literario que desacredite la caricatura del heroísmo y evite la confusión entre el héroe de verdad y el héroe de fábula. Cervantes satiriza, se burla y desprecia la caballería, lo que realmente hace es centrarla en su realidad y apartarla con la parodia, la ironía y el sarcasmo; de esta manera la parodia se convierte en otro de sus grandes méritos: lo importante para Cervantes es que, siendo El Quijote una novela que se propone satirizar, una novela literaria de la época, que para nosotros ahora puede no significar nada, sin embargo tenga una validez perenne y constante en todo el mundo civilizado, gracias al genio y al ingenio de nuestro autor, alcanzando una trascendencia universal.

El diálogo es sin duda uno de sus mayores aciertos estilísticos: Cervantes hace hablar a los personajes con tal verismo: “la conversación pausada y corriente entre don Quijote y Sancho alivian de alguna manera la monotonía de su vagar, dice Martín de Riquer, supliendo cualquier procedimiento descriptivo. Este diálogo adquiere a veces una especie de técnica dramática y se hace rápido y vivaz, se enlaza en preguntas y respuestas con lo que los personajes quedan perfectamente individualizados por su forma de hablar”.

Cuando Cervantes narra las aventuras de don Quijote emplea un estilo irónico, pleno de chistes, juegos de palabras, expresiones llenas de comicidad logrando que la ironía adquiera una gran fuerza; es curioso que al acabar la Segunda parte de El Quijote ya ha cumplido los sesenta y ocho años, estando al final de sus días, está en la miseria, ha padecido desdichas y calamidades de toda suerte en la guerra, en el cautiverio, en su hogar, ha recibido la humillación y burlas en el ambiente literario; pero, a pesar de todo, su buen humor y gracia inunda toda su obra, aunque en la mayoría de los casos tales bromas encubran amargas verdades y reales desengaños. 23 de Abril 1616.  Vale.

 

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EN EL IV CENTENARIO DE LA MUERTE DE CERVANTES

Si el año pasado se cumplía el cuarto centenario de la segunda parte de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, el llamado “Quijote de 1615”; este año, debemos celebrar, como sin duda se merece, el cuarto centenario de la muerte de su autor, Miguel de Cervantes.

Así lo espero y así lo deseo, ya que el año pasado nada de mis expectativas se cumplieron sobre su conmemoración; sin embargo, anhelo no sólo por parte de las autoridades de nuestra ciudad, quienes deberán hacer un esfuerzo especial para homenajear a uno de los ciudadanos más ilustres y más celebre, no me atrevo a decir más digno, pues dignos somos todos cuantos deseamos y nos esforzamos en la medida de nuestras fuerzas y posibilidades con honradez por ver cada día más grande, más brillante y mejor reconocida a nuestra ciudad; sino también, a cuantas instituciones y colectivos culturales e intelectuales se asientan en la misma: a todos invito, todos tenemos la obligación de poner nuestro granito de arena, todos debemos hacer que este año sea glorioso para nuestro homenajeado e importante para nuestra ciudad.

Cervantes, según todos sus biógrafos, murió en su casa de la calle León en Madrid, esquina con la calle Francos, el día 22 de Abril de 1616, siendo enterrado el día 23 de Abril, de ahí la idea popular y tradicional de que Cervantes murió el día 23 de Abril de 1616, día en el que hoy se conmemora su muerte, se entrega el premio Cervantes en el Paraninfo de la Universidad, se leen algunos capítulos de “El Quijote” en su honor y se celebra el día del libro. Este año debe ser algo extraordinario y magnífico.

Ya, Miguel de Cervantes, en su dedicatoria al Conde de Lemos de su novela “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, escribe cuatro días antes, como presintiendo su eminente muerte, el 19 de Abril de 1616, “ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo esto:        el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan…”; más adelante, en el mismo Prólogo, hace suyas aquellas versos del Comendador Escrivá con estas palabras: “aquellas coplas antiguas que fueron en su época celebradas: “puesto el pie en el estribo”, quisiera yo que no vinieran tan apelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas puedo comenzar:

Puesto el pie en el estribo,

Con las ansias de la muerte,

Gran señor, ésta te escribo.”

A propósito  de “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, sin duda una de las novelas de Cervantes menos leída y conocida, publicada una vez muerto nuestro autor en 1617; sin embargo, sin temor a equivocarme, me atrevo a afirmar que es una gran novela, una novela que sin la existencia de “El Quijote” hubiera hecho grande a Miguel de Cervantes y que supone una recopilación de toda su obra, eclipsada, sin duda, por la categoría, prestigio, excelencia y universalidad de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”; pues si “El Quijote” es la manifestación del realismo cotidiano, “Los trabajos de Persiles y Segismunda” supone el triunfo definitivo de los ideales más cervantinos; además de mostrarnos la despedida del autor de este mundo y de su gente con aquellas palabras: “adiós gracias, adiós donaires, adiós amigos, que yo me voy muriendo y desearos veros presto contentos en la otra vida”.

Ya que estoy hablando de “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, quiero manifestar mi simpatía por esta novela y animar a otros a interesarse por su lectura, a saborear su contenido, a disfrutar de sus paisajes y su fantasía creadora propia de un gran genio.

Cervantes en esta obra deja volar su imaginación creativa para ofrecernos una bella y hermosa ficción novelesca, en la que los héroes vencen y la vida se describe con todos los colores: el amor, la poesía y el misterio forman un trío esencial en este maravilloso ambiente.

“Los trabajos de Persiles y Segismunda” significan una afirmación optimista del mundo fantástico e imaginativo. “El interés de esta novela reside, según palabras del estudioso José García López, en los vigorosos personajes secundarios, en las descripciones de imaginarios paisajes, en el estilo cuidado y elegante, pero sobre todo en el clima poético y fantástico en el que se desarrolla la acción”.

“La prosa de “Los trabajos de Persiles y Segismunda” es de una perfección singular, llena de gracia y belleza: visiones encantadores de paisajes y mares desconocidos hablan de la calidad de su estilo”, expresa en otro momento José Manuel Blecua.

Concluyo con un pequeño ejemplo de lo aquí manifestado: “…mostrábase el mar colchado, porque el viento tratándole con respeto, no se atrevía a tocarle más de la superficie, y la nave suavemente le besaba los labios, y se dejaba resbalar por él con tanta ligereza, que apenas parecía que le tocaba…”

He querido, amable lector, con estas líneas recordar los últimos instantes de nuestro admirado Miguel de Cervantes, mencionar la pequeña anécdota del día de su fallecimiento, expresar mi respeto por la última de sus obras, puesto que la concluía mientras se iba muriendo, y animar a su lectura; pero sobre todo lo más interesante, deciros a todos que bien merece un gran homenaje por nuestra parte en el IV centenario de su muerte por cuanto nos ha enseñado, por la gloria que gracias a él alcanzó nuestra ciudad y, de una manera especial, por ser tan gran persona y tan ingenioso e ilustre escritor.

 

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“EL CAMINITO DEL REY”

Déjate llevar. Deja que te arrastre, te atraiga, te domine. No pongas ninguna traba a tus sensaciones. Entra con mente abierta y espíritu limpio, sin perjuicios, sin obstáculos. Aleja de ti cualquier barrera que te impida gozar plenamente y vivirlo de forma feliz. Sueña con lo más grandioso que tu imaginación haya ideado, con aquellas metas y objetivos que deseas alcanzar. Camina ligero de equipaje, con carnes prietas y las entrañas olvidadas. Déjate  dominar siendo en todo momento tú mismo.20151014_143604

Imagina la más extraordinaria de las orquestas, la más brillante y afamada, dirigida por el más sobresaliente y magnífico maestro, interpretando la más grandiosa de las sinfonías. Sorpréndete ante una de las maravillas de la propia naturaleza.

Un desfiladero vertical, un sendero colgado sobre una de las paredes de dicho desfiladero, un río que corre, salta, tropieza y se levanta con rapidez, juega con las rocas de la profundidad a mil juegos diferentes, un torrente tremendamente saltarín, sonoro, musical y cautivador que se pierde a la vista allá en lo hondo del cañón, mientras tú permaneces atónito, expectante, entusiasmado, siguiéndole con la mirada, sobrecogido ante aquellos maravillosos acordes que son captados por tus sentidos, que impactan en tu sensibilidad, que percibes sin alcanzar a averiguar con cual de tus capacidades cognoscitivas o con todas a la vez, aquella armonía sonora y musical, aquel ritmo melodioso, aquella entrada de vihuelas, de oboes, de violines, de bajos y contrabajos, de saxos y tambores que exultan tu interior, te incitan y provocan para no desviar tu vista de aquel discurrir armonioso y electrizante, aquel sin fin de acordes interminables y bien acompasados.20151014_145109

Las paredes, esas paredes de piedra tan bien labrada y esculpida, esos colores y tonalidades, esas luces y sombras continuadas, sus concavidades en las que te pierdes en el interior de la materia, saboreando aquella inmensidad, como si fueras capaz de degustar, de sentir su dureza, sus líneas y su moldeado, siguiendo el cincel de una artística mano que traza, perfila, delimita y define aquella dureza inacabada, constantemente esculpida, aquellos recodos, aquellos entrantes y salientes, aquella infinita profundidad en la que la vista se pierde al contemplar su hondura o al elevarla hasta poder vislumbrar y visualizar el cielo azulado allá en la lejanía, cada vez más y más alejado; mientras tú, colgado sobre aquel desfiladero, caminas lentamente, suspendido en el espacio y hasta en el tiempo, como sintiéndote volar, perdiendo toda tu materia, liviano, como si fueras una de aquellas palomas, que en multitud anidan y descansan en pequeñas oquedades, en minúsculos recodos, en apenas unos deslizantes salientes entre las brumas de las aguas y la nube húmeda, que se alza en espuma ante las pequeñas cascadas y melodiosos saltos de las aguas en su deslizar sonoro y horadador, como abriéndose paso hasta alcanzar las entrañas de la madre naturaleza; allá, en lo hondo, aplanadas y sumisas, sometidas al dominio sobrecogedor de la naturaleza, se relajan y se sienten reconfortadas con aquel murmullo adormecedor.

Al final, agotado por el dulce placer de los sentidos, ensimismado ante la asombrosa naturaleza, su fuerza y su hermosura, extasiado por lo que no cesas de contemplar y de admirar, sobrecogido por la dimensión de todo cuanto se te muestra, sublimado por el espectáculo que no acabas de digerir, del que sientes que has formado parte durante unas horas que se hacen instantes, como sabiéndote parte de aquel acontecimiento vivido, alcanzas el remanso de la paz, la felicidad del peregrino, la satisfacción del héroe ante la proeza que acabas de realizar, compartir y degustar en plenitud, sin dar crédito a lo que tus ojos te muestran, tus oídos han sentido, tu tacto ha percibido, tu gusto ha podido saborear y  tu olfato ha respirado de pureza y de belleza; entonces, gozas de la paz de esas aguas verdes turquesas ahora en remanso, como descansando en el abrazo de un pequeño lago, quietas, como recuperándose del esfuerzo realizado, contentas por el trabajo bien hecho; es, sin duda, el reposo del guerrero que viene de librar una gigantesca batalla con la dureza de la roca y el chocar constante, sabiendo salir ileso de tan fiero combate y brindando una hermosa y bella sinfonía a cuantos tuvimos la dicha de penetrar en su intimidad más profunda.

Quieta el agua, calmada y tranquilizada la virulencia, damos fin a este paseo colgado sobre la pared rocosa en un liviano pasillo entre el cielo infinito y la inmensidad profunda, como poniendo freno a tanto desenfreno y frenesí, a tanta turbulencia, a tan dulce y a la vez hermosa armonía.

Aquí, como puerta de entrada o final, se halla una gigantesca y enorme pared de roca ajada por la erosión que deja al espectador, al entusiasmado viajero con la boca abierta, con un signo glorioso de plenitud, de éxito, de placer logrado, feliz y satisfecho por la maravilla de la que tarda un tiempo en reponerse, degustando y saboreando lentamente la belleza de la obra, admirando la mano del artista, siguiendo la batuta del grandioso director de aquella armoniosa sinfonía, de aquella orquesta bien llevada, de aquella dulce melodía tan genial y tan maravillosamente interpretada.

 

14 de Octubre 2015. Desfiladero de los Gaitanes.

“CAMINITO DEL REY”

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