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UN DESLUMBRANTE CONJUNTO ARQUITECTÓNICO

Un  atardecer de un día cualquiera de verano, cuando los rayos del sol empiezan a inclinarse, a adornar con sus tonos y colores las techumbres de nuestros edificios, haciendo brillar con especial resplandor las altas torres y los chapiteles de las muy elevadas cúpulas que ascienden y se levantan hasta alcanzar el infinito, llamando la atención del mortal y llenando de espiritualidad nuestras mentes; en ese preciso instante, te invito visitante de nuestra ciudad, ciudadano que deambulas cargado de preocupaciones o pululas ocioso, a que te detengas un momento, a que aminores el paso, observes con admiración y contemples, abriendo bien tus ojos y tus sentidos, uno de los conjuntos monumentales más grandiosos y hermosos de los muchos que configuran la belleza de nuestra ciudad.

Os insto a centraros al final de la calle Libreros. Situémonos ante la elegante fachada de la Iglesia de los Jesuitas, adornada sobriamente con multitud de columnas de diversos tamaños que te invitan a seguir el juego de su monumentalidad, columnas todas de tipo Corintio  con sus contrastes y su claro oscuro, con sus luces y sombras. Esplendoroso conjunto arquitectónico junto con el Colegio de Máximo, cuya piedra que persiste a los tiempos, según cuenta el historiador y catedrático de la Universidad Complutense, mi amigo Vicente Cristóbal, en su libro “Historia de Valdilecha  un pueblo de Madrid” en las páginas 52 y siguientes y demuestra con documentos de la época. Allí, nos habla de cómo los Jesuitas sacaron piedra para edificar el Colegio de Máximo con la intervención del último rey de la casa de los Austrias, Carlos II, ante la negativa de los vecinos, quien manda a la villa de Valdilecha que no ponga obstáculos a la salida de la piedra para la construcción del colegio de la Compañía de Jesús en la villa de Alcalá de Henares, en escrito de 24 de Septiembre de 1681.

Caminemos con paso firme, como firmes y potentes son sus muros, pero percibiendo toda clase de sensaciones por el histórico callejón de las Santas Formas, calle estrecha de muros potentes y poderosos con arcadas bien trazadas y artísticamente diseñadas, muros cargados de religiosidad y silencio y hasta un poco de soledad para desembocar en la plaza luminosa de San Lucas y San Nicolás, cuando la luz solar ilumina con claridad no cegadora, mientras estudias los restos de muralla que allí se guardan.

Aparta con rapidez la mirada, dirígela con sosiego, con calma y armonía, con la mente abierta y el espíritu sobrecogido de admiración y curiosidad ante el espectáculo que se muestra ante tus ojos: se trata de un conjunto monumental grandioso, una hermosa estructura arquitectónica perfectamente diseñada, extraordinariamente hermosa y escalonada, de tamaño desigual, pero bien organizada, con tonalidades diversas según su dimensión y forma, con paredes de variados tonos de ladrillo que producen un encanto, un murmullo de auténtica armonía bellamente decorado, con formas similares por sus faldones revestidos de pizarra, por su estructura octogonal una, exagonal otra y cuadrangular la tercera, coronada la primera por  una lucida linterna de iguales características, rematado con un poderoso y firme chapitel, unas punzantes y esbeltas agujas afiladas que se elevan como disputando la altitud y la cercanía del cielo, me estoy refiriendo al conjunto monumental que a modo de trazado de escalera configuran las tres cúpulas: la de la sacristía de forma exagonal y sin afilada lanza, la de grandes faldones pizarrosos de forma octogonal de la Capilla de las Santas Formas y la más esbelta, la más sobresaliente y poderosa, la más extraordinaria y soberbia, la más encumbrada, la que se ofrece como guía y señal, la cúpula cuadrangular de la Iglesia de los Jesuitas, aunque no por ello la más grandiosa y hermosa.

Las tres forman un conjunto irrepetible, las tres se levantan sobre una misma estructura de dimensiones absolutas, las tres dibujan una perfecta unidad que sólo podemos admirar desde la plaza de San Lucas, plaza que las abre y las muestra no sólo a la luminosidad del sol del atardecer, sino a la mirada expectante de un curioso y sosegado espectador que se sienta en la misma, que se sitúa frente a ellas y observa la magnificencia, la hermosura, lo espectacular de la construcción, el colorido del barro hecho ladrillo: ladrillo de distintos tonos, ladrillo que combina con la negra techumbre pizarrosa, ladrillo que se alza en líneas bien trazadas y hermanadas, configurando una de las manzanas más bonitas y monumentales de nuestra ciudad.

Es curioso, amigo lector, que por mucho que te esfuerces desde la calle Libreros, nunca lograrás ver ni contemplar este espectáculo del que acabamos de hablar. Solo, si te asomas a la plaza abierta de San Lucas, te será permitido gozar de tan magno acto de belleza y de la magnitud arquitectónica que lo configura.

Observa, ciudadano que por allí pasas, turista que te dejas caer por nuestra ciudad de Alcalá de Henares después de un férreo viaje y chocas de frente, sobrecogido con la belleza de este conjunto, disfruta con detenimiento de los placeres de la contemplación, saborea la hermosura de nuestros rincones, desata tu sensibilidad y percibe la belleza y la armonía bien trazada, la luz y el calor que irradia en tu mente y te hace sublimarte elevando tu espíritu hasta el infinito.

Nos despedimos un tanto sobrecogidos por lo aquí observado con el espíritu exultante ante tanta grandiosidad y colorido por el callejón del Horno Quemado, después de examinar con brevedad los restos de la muralla medieval y la Torre Albarrana.

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8 de Octubre del 2014, 9 de Octubre del 2014

¡Asombrosa! ¡Extraordinaria! ¡Magnífica! Fueron las primeras palabras que balbucearon mis labios cuando contemplé por primera vez la Exposición, que el escultor Jorge Varas inauguraba en la Sala de la Entrevista de Alcalá de Henares, el día 8 de Octubre del 2014, titulada “Caminando por los márgenes del tiempo”.

La visión de aquel bosque de figuras y formas esbeltas y elegantes, de personajes perfectamente cincelados sobre la madera, que se elevaban por encima de mi cabeza, dando un sentido de infinito, de espiritualidad, de inmortalidad, me hizo pensar de inmediato en la celebración, que hoy, día 9 de Octubre del 2014, conmemoramos, la fiesta de Cervantes, de nuestro más ilustre conciudadano, del genio más grande de todos los tiempos.

Escultura de Jorge Varas

Escultura de Jorge Varas

Así, hoy, aquí, se unen el genio y la genialidad, la fuerza de la imaginación creadora, el poder de una mente universal capaz de alumbrar tanta y tan gran belleza junta  en una misma ciudad: Alcalá de Henares.

La visión mítica de las figuras y los personajes, sus contornos y formas geométricas elegantes y bien trazados me evocan, me traen rápidamente al pensamiento aquellas ideas, que desarrollara Nietzsche en su Origen de la tragedia, sobre la teoría de la belleza de lo apolíneo y la fuerza y embriaguez de lo dionisiaco, hasta llegar a formular que el arte es “el organón” de la filosofía, cuando afirmó: “que el arte es la llave que abre, que proporciona la verdadera intelección; en la que la teoría estética desvela la esencia de lo existente en su integridad”.

Ciertamente, si quiero ser serio en mi apreciación, si quiero ser honesto con lo visto y admirado en la Exposición, si no quiero dejarme arrastrar por lazos afectivos y de amistad hacia la persona del extraordinario escultor Jorge Varas, se hace necesario e imprescindible echar mano de mi primera intuición, de esa facultad que atraviesa la realidad, que profundiza de manera clara con una intensidad lumínica; con su luz, los fenómenos se hacen patentes, se muestran comprensibles, se nos aparecen todas las estructuras internas de cada una de las obras allí expuestas para nuestro goce y disfrute del espíritu.

La intuición es como la mirada previa, que penetra hasta lo más íntimo y profundo; es, como una adivinación. Su conocimiento fundamental tiene siempre el modo de proceder y actuar de la iluminación. Su pensamiento mana de una experiencia simbólica, del simbolismo de cada expresión materializada en forma y figura, en obra de arte, en sueño, en imaginación creativa, en una realidad viviente. Este símbolo mítico hace perceptible al ser humano inteligente, descubre los secretos y las teorías profundas de la visión del arte, de la contemplación de la obra que allí se muestra, como el mismo Nietzsche decía.

¡Asombrosa! ¡Extraordinaria! ¡Magnífica! Ciertamente yo no soy crítico de arte, ni me atrevo a enjuiciarlo. En verdad, como la mayoría de los mortales sólo sé decir: “esto me gusta mucho o aquello no me ha gustado tanto”. Por tanto, que nadie espere de estas líneas un comentario crítico, valorativo o negativo de lo que allí presencié; simplemente, quiero expresar lo que fui capaz de captar, las sensaciones que me fueron produciendo la contemplación de una obra tras otra, mi diálogo interior con cada una de ellas en particular y con todas en su conjunto, la percepción y emoción con las que las fui interiorizando y apropiándome de ellas en lo más profundo de mi ser, reflexionando  emotivamente con la materia, intentando penetrar en ella para mejor entender la obra de arte, razonando sus formas y sus figuras, de modo que fueran éstas, cada una de manera individual, las que se apoderaran de mí, las que penetraran en mi sensibilidad, las que me trasmitieran sus sensaciones, las que me hablaran y me inspiraran al contacto conmigo. Todas en su conjunto me atrajeron y yo me dejé cautivar.

He aquí, pues, la luz, la medida de las formas, la disposición de la belleza, el oleaje hirviente que atrae y arrastra, la fuerza desencadenadora, el frenesí, lo excitante que desata todos los sentimientos, lo metafórico, la aparición de los instintos artísticos, la fuerza creadora de las imágenes, la bella apariencia de las cosas soñadas y materializadas, el hombre hecho arte y convertido en un ser superior, el escenario de las formas; en una palabra, la contemplación precisa de la visión creadora.

El espacio y el tiempo juegan un papel primordial, juntan y separan a la vez toda la obra; aunque, aparentemente, se nos muestran y aparecen como realidades distintas, separadas; sin embargo, están juntas y unidas en la categoría espacio y tiempo; así lo decía Schopenhauer, “esta apariencia es el mundo de los fenómenos, que sólo sale a nuestro encuentro en las formas subjetivas del espacio y el tiempo, la pluralidad de lo existente es apariencia, es mero fenómeno; en verdad, todo es uno. En este punto, el hombre no es ya un artista, sino una obra de arte”.

Las formas externas, la belleza de las figuras bien estructuradas y colocadas, el resplandor lumínico de la esencia en su conjunto, el ambiente especial que  se respiraba y se elevaba, en la que la variedad de las formas, la diversidad de los personajes se mostraban en un ámbito abierto de la limpia contemplación de un espacio y un tiempo unificador. Esta luminosidad, esta claridad y elegancia constituyen el auténtico fenómeno estético redentor del todo, de lo eternamente existente del mundo, provocando, en el espíritu que es capaz de percibirlo, de sentirlo, una felicidad, una satisfacción, una intensa alegría y un inmenso placer, al comprobar la transformación de la dureza, de la pesadez, del volumen, hasta del aparente absurdo de la materia convertida ahora en arte, en algo digno de ser admirado y saboreado.

¡Felicidades y gracias por tu creatividad Jorge!

 

 

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LA SEGUNDA ROMA Y LA NUEVA ATENAS

“No sin razón”, dice Esteban Azaña en su Historia de Alcalá, “se apellida a la villa de Alcalá la segunda Roma y la nueva Atenas, pues en ella hicieron gala de sus bellezas las artes, y ostentaron su poderío las ciencias: colegios por doquier, suntuosos modelos del más exquisito gusto arquitectónico, soberanos templos, ejemplares esculturas, arte y belleza se disputan un puesto en nuestra patria a la vez que la engrandecieron”.

¿Habéis visto alguna vez en el centro de una ciudad una calle al completo que carezca de torres habitadas, de colmenas para viviendas? ¿Conocéis alguna calle que se prolongue con la anterior, como si de una misma se tratara, en el mismo corazón urbano, donde las edificaciones habitables apenas existan ni sean observables? Eso que nos parece raro y extraño en la época en la que vivimos; eso que nos puede llamar la atención y asombrar; eso que no es algo común en la mayoría de nuestras ciudades, en núcleos urbanos tan poblados; eso, lo podemos contemplar y admirar en nuestra ciudad.

Calle Colegios Alcalá de Henares Foto: Nieves Prat

Calle Colegios Alcalá de Henares
Foto: Nieves Prat

Hace unos días me desplazaba de un lugar a otro paseando por el centro de nuestra ciudad, como es habitual en mí; iba en esa pequeña excursión con dos de mis nietos, quienes se habían decidido a acompañarme, dispuestos a escuchar con suma atención, como suelen hacer cuando caminamos por el centro, las historias que les acostumbro a narrar sobre el origen y los grandes personajes que poblaron nuestra Alcalá en otros tiempos pasados y que ellos mismos me reclaman con frecuencia: tiempos brillantes, tiempos gloriosos, tiempos llenos de universitarios, personajes famosos que alcanzaron nombre en diversas ramas y ciencias, personas que pulularon por aquel mismo lugar por donde en esos precisos momentos nosotros caminábamos.

-¡Abuelo! –me llamó la atención con insistencia mi nieto Javier interrumpiendo mis relatos sobre los numerosos colegios que les iba mostrando y señalando, cruzando la calle de un lugar a otro para que ellos mismos pudieran leer las placas que indicaban su nombre- ¿Es qué en esta calle no vivía ninguna persona? ¿Es qué todas las edificaciones son sólo  colegios?

-¡Cuantos y cuantos colegios existían aquí! ¡Yo ya he perdido la cuenta de todos!- expresó su  hermano Fernando.

Ciertamente, seguro que mi agudo lector ya sabrá de qué calle estamos hablando, me estoy refiriendo a una de las calles más hermosas y más monumentales de nuestra ciudad; aunque, en verdad, existen otras de parecido rango y belleza, que ya tendremos ocasión de comentar. Estoy hablando de la calle Colegios o Los colegios, pues de las dos maneras se la conoce: de esa calle a la que hacía mención al principio en palabras de D. Esteban Azaña, de esa bella calle que luciría mucho más y estaría más engalanada, más señera, más estilizada, mejor adornada, si esos bellos cipreses  de elevada y esbelta estatura no hubieran sido decapitados por una mano asesina, una mano sin escrúpulos, una mano guiada por una mente sin sentido de la estética y de la armonía de la categoría de lo bello, unos cipreses que disputarían en elegancia y belleza, en esbeltez y equilibrio con esos grandísimos chapiteles que ensalzan las techumbres de los magníficos edificios que admiramos.

¿Conocéis una calle más esplendorosa, brillante y monumental que la calle Colegios? ¿Os habéis parado un instante, cuando pasáis por ella, a dirigir vuestra mirada a derecha e izquierda con calma, con sosiego de espíritu, con tranquilidad, para observar, contemplar y deleitaros en cada uno de los edificios que a un lado y a otro se alinean? ¿Por casualidad, os habéis detenido a admirar su profundidad, allá donde la vista se pierde, pero descansa, desde la Ermita del Cristo de los Doctrinos, posando la mirada en cada uno de los edificios, elevándola para ver cada uno de los chapiteles y torres, examinando la hermosura de los adornos que pueblan las del Colegio de Málaga, para, de pronto, perderse al final de la calle Santa Ursula, y quedar atónitos ante la magnífica panorámica urbana del Convento de las Monjas Agustinas Magdalenas con su espléndida y maravillosa cúpula octogonal de faldones de pizarra, coronada por una hermosa linterna de parecidos caracteres, precedida por una espadaña recién reconstruida?

Es como si la unión de la calle Colegios y Santa Ursula se prolongaran hasta el infinito, te elevara a través de los cipreses desmochados y prosiguieras tu sublime intensidad por esa maravillosa perspectiva finalizada por la edificación del Convento de las Monjas Agustinas Magdalenas que al instante se hermanan, se dan la mano, dejando ver la torre más alta de nuestra ciudad: el campanario de la Magistral, que se dibuja y trasluce en una mañana espléndida de sol, para mejor poder contemplar la belleza y hermosura que le llevó a Esteban Azaña a afirmar aquello de “la segunda Roma y la nueva Atenas”.

Ciertamente, desde la misma puerta de la Ermita del Cristo de los Doctrinos, desde esa misma acera, la panorámica surge esplendorosa y magnífica para unos ojos claros, anhelantes de admirar la hermosura que la vista te muestra y la mente sublimiza: cuatro esbeltos chapiteles alineados se pueden contemplar, todos plenos de belleza y preciosismo, todos negros y pizarrosos que contrastan con el tono rojizo del ladrillo de perfecta cocción o la piedra rosada de la Magistral, cuando el sol, envidioso de tanta belleza, posa sus rayos caloríficos y brillantes sobre estas formas tan arquitectónicamente orquestadas y bien construidas.

Desde aquí, os invito a levantar la vista, a examinar tanta belleza junta que sublima la mente, que eleva los espíritus y nos permite soñar con otra época, con otros personajes, con otras circunstancias, pero todos unidos por la contemplación de la misma maravilla, por la alianza entre el presente y el pasado, el pasado con el presente en un acto de pura admiración subliminal.

Os invito a que recorráis la calle con detenimiento, a que prestéis atención a uno y otro lado, a que miréis por encima de vuestras cabezas y con gran admiración seáis capaces de percibir con la calidad de los poetas, con la candidez de unos niños como mis nietos, con la profundidad de los filósofos, con la espectacularidad de unos ojos bien abiertos y expectantes todo lo que se ofrece a vuestra mirada y aparece como algo grato y digno de contemplar. ¡Razón tenía Esteban Azaña en su afirmación primera!

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LA VOLUNTAD DE PODER. LA VOLUNTAD DE QUERER

“Donde quiera que me halle la muerte pido que mis

restos sean trasladados a mi Capilla de San Ildefonso que yo fundé en Alcalá”

 

 

La libertad, ya lo decía Cervantes: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos…”, es sin lugar a dudas uno de los valores más anhelados por el ser humano y el más dificultosos de conseguir.

La historia de la humanidad es un sangrante combate por alcanzar pequeñas cotas, por conquistar un área de poder, un resquicio de libertad, un aliento de independencia, un aire renovador, un suspiro de sentirse más yo, más persona, más ser individual y consciente de su propia existencia y de su destino como ser realizable, como ente que debe de hacerse así mismo, como un quien que tiene que auto crearse y esforzarse para obtener aquella meta a la que aspira, a la que se siente llamado y a la que su querer le lanza de una manera inexorable y fiel y su afán integrador le proyecta. Ya decía Cervantes: “me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres”.

Retrato del Cardenal Cisneros

Retrato del Cardenal Cisneros

No sólo somos un proyecto en permanente y constante exigencia. Somos algo más: somos voluntad de poder, una voluntad de entrega a una causa; somos un ser que una vez superados todos los nihilismos del no ser, de una nada asfixiante y conformista, de una nada que nos sumerge en el pozo más profundo de la angustia, del no existir y de la nulidad, nos propone un camino, nos abre una vía íntima y seria de voluntad y nos invita a su proyección generosa de poder, de un poder ser, de un ser superior que se abre y se reconoce dueño de sus actos y de su querer, que lucha sin pausa por alcanzar un futuro de ideas,  de mente clara y limpia, de una inteligencia suprema y en pleno desarrollo gracias a su lucha y apertura al todo, al infinito, al otro como ser y como otro yo que tiene voluntad y quiere, que compite con nobleza y dignidad, que se reconoce en el otro como su igual, que aúnan su deseo y juntos configuran con firmeza y resolución un bloque de valentía, atrevimiento y solidaridad.

El proyectarse, el abrirse camino, el sentirse útil al mundo que le rodea y que, a veces, le oprime y puede aniquilarle, el salir airoso y  triunfante de un lazo que le atenaza, le deja fijo, le priva de toda iniciativa, le somete a dominio de poder no permitiéndole respirar, sacar la cabeza para sentir el aire fresco sobre su frente, no ver los rayos de luz que iluminan el exterior, forma parte de ese ser, de ese saberse poderoso, de un comprender su esencia de alguien personal y libre con voluntad de poder, de ser superior que supera todas las vicisitudes,  acechanzas y contrariedades, que descubre todos los cruces confusos y esquivos del camino y que encuentra la única vía verdadera, respetable y perenne de ese alguien equilibrado, honesto y veraz, sencillo y humilde, con esa humildad que Don Quijote aconsejaba a Sancho: “digo que ya tú sabes que la humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, que sin ella no hay alguna que lo sea”, pero responsable y dueño de su propia vida y de su propia deidad, en un acto sublime de vitalidad profunda, de orgullo sincero, de entrega incondicional y total a su única y certera meta, a un proyectarse en rectitud y sin titubeos al bien común que le sublima y acoge. Cervantes manifestaba a propósito de la verdad: “La verdad adelgaza y no quiebra y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua”.

Por ello, se hace necesario e imprescindible una claridad de ideas, un tener la mente despierta y atenta, un saber lo que se quiere hacer, un esforzarse con todas las energías para conseguir lo propuesto, un superar las dificultades que aparecen cuan fantasmas ocultos y disfrazados entre las sombras o las tinieblas de una vida aparente y, a veces, risueña, un comprender y dar prestancia a lo prioritario, un amar y entregarse a una causa por la que se muere si preciso fuera, cual hacía Don Quijote en aras de la justicia y la paz: “Don Quijote soy, y mi profesión es la de andante caballería. Son mis leyes desfacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil”, para más tarde añadir “la paz, es el mejor bien que los hombres pueden desear en esta vida”. Paz, descanso, sosiego para pensar y realizar, para construir y levantar, para crear armonía y reclamar las cosas que pertenecen en justicia.

He aquí  el por qué de la voluntad de poder. He aquí el significado de la volunta de querer. Ya creo que es llegado el momento de clamar a voz en grito: que se abran las puertas de la Capilla de San Ildefonso, que aparezca esplendoroso, que se pueda contemplar el sepulcro de Cisneros con sus restos en su interior, que luzca con toda su belleza la verja que lo protegía:

Don Francisco Jiménez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, Cardenal de España, Confesor de los Reyes Católicos, Canciller Mayor de Castilla, Inquisidor General, Capitán general de África, Gobernador de los diferentes reinos de España, Fundador del Colegio Mayor de San Ildefonso y la Universidad de Alcalá, junto con la Biblia Políglota, el señor más poderoso de su tiempo, dentro de su profunda humildad, como manifestó en su testamento, un hombre que hizo tanto por Alcalá, que quiso que esta ciudad fuera su lugar de descanso, su morada final. ¿Sería mucho pedir a quien corresponda: autoridades civiles, religiosas y universitarias, que encontraran la paz de la que nos habla Cervantes y en un diálogo sincero dieran por fin cumplimiento a la última voluntad de este hombre humilde, que fue todo para Alcalá y que ésta tiene tan olvidado? ¿Qué sus restos descansen de una vez donde él siempre deseó, en el Sepulcro de la Capilla de San Ildefonso? ¿Qué la verja que protegía su sepulcro retorne a su lugar de origen?

¿Acaso hacen falta más títulos para que se cumpla su voluntad? ¿Acaso se necesitan más méritos para quien todo lo tuvo y su voluntad era orden? ¿Somos nosotros acaso ciegos o sordos a tan grandes requerimientos? ¿Y si la ciudad al completo, y si el clamor popular lo exigiera, se podría ver consumado su gran deseo? ¿Acaso los ciudadanos de bien no queremos lo mejor para nuestra ciudad y para los nuestros? ¿Por qué existen organismos  e instituciones de la índole que sean que se empeñan en nadar contra corriente? ¿Acaso no somos Ciudad Patrimonio gracias entre otras cosas a la obra de Cisneros?

Manifestemos una vez más nuestra voluntad de poder, nuestra voluntad de querer, exijamos lo que la gloria de nuestro personaje y la grandeza de nuestra ciudad se merece, hagamos un pequeño esfuerzo entre todos para que desaparezcan por fin esas barreras que impiden la apertura de la Capilla de San Ildefonso durante tanto tiempo clausurada  con su enorme tesoro restablecido.

“La justicia”, comentaba Cervantes, nuestro gran conciudadano, “se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interés, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen”.

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LA EFÍMERA, UNO MÁS

El año pasado, en el mes de Julio, hablábamos de la Efímera destacando su carácter de algo perenne, de algo que sobrepasa al tiempo, de algo EFIMERA2013perdurable y que va más allá de lo establecido, a pesar de su significado.

Hoy ante la nueva convocatoria de los artistas del Foro del Henares a una nueva celebración de la Efímera para el trece de Septiembre, creo que debemos reseñar y me parece muy importante su carácter de continuidad, la asiduidad y persistencia en una idea, lo consistente, lo que perdura a través del espacio y del tiempo, lo que deja tan grato y enorme recuerdo a quienes lo visitan como aquellos que lo expresan, lo que se consolida y se repite, aunque en un continuo movimiento de renovación, de creatividad, de imaginación e ingenio para idear algo nuevo, algo que conmueva, algo que llega a las entrañas, las convulsiona y las revuelve, perdurando emocional y sentimentalmente en el ser, algo que va  más lejos de la voluntad de poder y del orden armónico de las cosas, se repite y se regenera a través de la mente, a través del pincel y la espátula, con el cincel, a golpe de martillo y una firme y resolutiva mano fruto de una inteligencia poderosa y una visión imaginativa y fructífera.

Ciertamente no estábamos hablando de un caos desordenado,  inconsistente y sin sentido, no nos referimos tampoco a la armonía cósmica, ni al sosiego del infinito universo, estábamos pensando en el orden intelectual, en el fin concluido de la idea, en la materialización de aquello que el ser creador es capaz de dar forma y finalizar, llegando a una expresión concreta con sentido y significado aún dentro del aparente sin sentido del ser humano, sobreponiéndose al mundo angustioso del absurdo hasta alcanzar el nihilismo intranscendente de lo establecido, de lo materializado dentro de lo inmaterial, de aquello que se expone y se manifiesta ante la mirada atónita y sorprendida de unos ojos curiosos y admirados ante lo que no entiende, ni comprende, ante lo que aparentemente es efímero y caduco, ante lo que no alcanza la categoría de lo hermoso, quedándose y permaneciendo en el plano de lo grotesco, de lo incoherente, de lo incomprensible, de lo pasajero y volátil.

Hoy queremos avanzar y lanzarnos más allá de lo puramente establecido, queremos llegar a alcanzar el éxtasis: no el de aquellos místicos poetas y contemplativos de los siglos XVI y XVII; no el de aquellos seres espirituales que se elevaban ante la representación sublime; no el de aquellos otros, cómicos y titiriteros, gente del ruido y de la farándula, gente de la exhibición y la recompensa, que se exhibían en las plazas y mercados públicos ante el aplauso o el griterío de cuantos se maravillaban ante el espectáculo; debemos de luchar para adquirir la esencia de la idea, la síntesis de la interioridad, la profundidad interna e íntima de ese mundo expresado, de ese universo vivido y representado, de esa totalidad llena de misticismo e integridad que configura, que conforma la idea llevada hasta culminar la maravillosa sensación de lo observado, de lo manifestado, querido y deseado, que se muestra con un intenso interrogante de admiración total, de sugerencia sincera del alma que penetra en la idea, estudia su honda profundidad  y permanece expectante mientras su espíritu se inflama y se deja cautivar, es arrebatado y arrastrado a un estado de ensimismamiento.

El contraste entre el acto efímero en sí y la manifestación de la Efímera con el objeto creativo supuesto, aún pleno de efemeridad, se hace real en un choque de permanencia en el tiempo, de atracción cautivadora, de idea mantenida y seguida, de exaltación de lo pasajero y caduco frente a lo glorioso y sublime, de algo que rompe y hace añicos las reglas de la estética perdurable, estableciendo una nueva concepción, un nuevo alumbramiento, un sin sentido o contra sentido de la inspiración, un hacer presente y patente sin control y sin medida, basado sólo en la idealidad  estilizada y esquemática de algo novedoso, pero existente, ya concebido en la mente pensante del ser que lo elucubra, que lo planifica y lo deja nacer y crecer.

Me parece muy interesante e importante esta llamada de atención. Me parece por parte de Teo y Gonzalo, convocantes del evento, un acto digno de agradecer, que aunque sea con un año de retraso en el tiempo que no en la mente, nos anuncian a todos: artistas del Foro del Henares y espectadores curiosos que nos acercamos con placer y expectativas, amén de aquellos de espíritu receloso o esquivo, a pesar de los inconvenientes con los que habrán tenido que contar  y solventar para su organización, una estupenda manifestación de la creatividad llamada Efímera, en la que se rompe la monotonía, se destrozan las normas, se lanza un grito de rebeldía, se alza la voz de la inteligencia, se da un toque de atención e inconformismo a una sociedad sumisa, acatadora de las normas establecidas por otros, con unas ruedas pesadas y deformes con las que nos quieren hacer comulgar, donde el caos se eleva a la categoría de arte, donde el desorden aparente se convierte en muestra de alta inteligencia, donde el Tao meticuloso impone unas nuevas formas y donde lo abandonado, lo desechado por los demás, lo dejado a un lado como inservible y sin utilidad, donde lo más absurdo y perecedero se convierte y se recicla en algo admirable, algo que causa expectación, algo que produce una llamada de atención brusca y un gesto a veces de desencanto a esas inteligencias mediocres que en la mayoría de los casos nos dominan y se nos imponen sin dejarnos vislumbrar la luz de la imaginación.

Nos encontramos pues ante un nuevo acto de la Efímera, ante una nueva demostración del ingenio y la mente creadora de personas de nuestra sociedad alcalaína, personas ilustres como tantas otras que existen, que nos han precedido y que nos seguirán, porque no olvidemos nunca que estamos en la ciudad de las artes y las letras, en la ciudad del saber y de la universidad, en la ciudad de nuestros conciudadanos: Cervantes, Cisneros, Juan Ruiz, Figueroa y otros muchos, quienes nos deleitarán y nos maravillarán, como sus predecesores, con su capacidad, su improvisación, su inspiración, su forma de entender el mundo y la vida, dando un poco de humor y tragicomedia a nuestro acontecer, despertándonos de ese largo letargo de tantos años adormilados, como drogados por no se que ungüento o magia secreta que nos tiene sumidos en el nimbo, como anonadados ante lo expectante, lo maravilloso, lo estético, lo siempre sublime y excelso, la mímesis profunda de las cosas y la nihilidad íntima de las ideas o el mimetismo de los colores, las líneas y los trazados sobre el papel o la tela, la madera o el hierro, la piedra o cualquier otro ser de la naturaleza. Esto es lo grandioso de la voluntad de poder del ser creativo.

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EN EL DÍA DEL LIBRO

¡Hola mis queridos amigos y seguidores!
Cómo sabéis, esta semana hemos celebrado la fiesta del libro. Éstas son algunas de las reflexiones íntimas, que como lector y escritor sentí y plasmé en este artículo que se ha publicado en el Diario de  Alcalá. Espero y deseo que os gusten e incluso que las enriquezcáis en vuestro interior. Podeis leer el artículo aqui: En el día del libro

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UN CAMINO PARA UNA CIUDAD ROMANA

Un camino para una ciudad romanaOs invito a través de este artículo a visitar nuestra ciudad de Alcalá de Henares, a recorrer su mucha y gloriosa historia, a que disfrutéis y admiréis los vestigios de nuestros antepasados. Hoy os haré un pequeño recorrido por las ruinas de la antigua Complutum, abierta al público desde el verano pasado. Deseo que sirva de motivación y deleite de vuestro espíritu:  Un camino para una ciudad romana

 

 

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UN POCO DE RESPETO Y CONSIDERACIÓN.

Indignación y vergüenza sentí estas Navidades, al contemplar el conjunto escultórico sobre el Astrolabio, situado en la plaza de los Santos Niños, convertido de la noche a la mañana en una cuadra para unos simpáticos burros. Seguro que algunos de vosotros también lo presenciasteis.

Fruto de este espectáculo escribí este artículo que publicó el Diario de Alcalá la semana del 10 de Enero: Un poco de respeto y consideración

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FELIZ NAVIDAD

Feliz Navidad, tiempo de encuentro, época de amistad y de amor. Feliz Navidad, días de alegría contagiosa, de júbilo, de armonía y paz.

"Feliz Navidad". Obra de Nives Prat

“Feliz Navidad”. Obra de Nieves Prat

Feliz Navidad, pese a que los pueblos hacen guerras entre si, se oprimen unos a otros y se destruyen, causando dolor y lágrimas entre sus semejantes, produciendo hambre, miseria, ruina y muerte sin importarles a sus dirigentes la tragedia que conllevan con tal de mantenerse en el poder.

Feliz Navidad, en un momento, en que imperan los recortes constantes en la sanidad, en la enseñanza, en la rebaja del sueldo a los funcionarios, en los “eres” permanentes de las empresas para reducir la capacidad adquisitiva de los pobres y resignados trabajadores, sin fuerza y aliento para protestar y levantarse a causa de los rodillos y de las apisonadoras de las mayorías absolutas.

Feliz Navidad, a pesar de que suba el paro día a día, sean muchos más los ciudadanos que no tienen adonde ir ni que llevarse a la boca, aumentando sin cesar la miseria y las desigualdades sociales, no atreviéndose nadie  a protestar o a decir ¡basta ya!

Feliz Navidad con los recortes llegando hasta el portal de Belén, ¡fuera mula o burra!, ¡fuera vaca o buey! ¿Quién va a ofrecernos compañía? ¿Quién nos prestará  calor? ¿Qué haremos ahora con los villancicos que un día aprendimos y que cantábamos acompañados de zambomba y pandereta? ¿Qué sucederá con estas figuritas que adornaban nuestro Belén? Ya no podremos cantar aquello de “a Belén va una burra”, o “entre el buey y la mula Jesús ha nacido” y otros muchos más, que empezaremos a olvidar.

Feliz Navidad, en tiempos de permanentes y crueles desahucios, donde los ricos se apoderan y se hacen dueños de todo, sin preocuparles el daño de los que se quedan sin casa, de los que tienen que dormir en la calle o en albergues sociales, de los que desesperados se arrojan por la ventana, de los niños que lloran tiritando de frío porque se han quedado sin techo, sin gruta, sin cueva, porque no tienen ya un buey o una mula que les acompañe y cobije, dándoles calor y ternura.

Feliz Navidad, aunque con los tiempos que corren, con las doctrinas que nos aplican, con las normas que nos imponen, con las mentiras y falsas promesas que nos hacen y nos anuncian, llegue quizá el día, a lo mejor no tardando mucho al ritmo que vamos, en que nos quedemos sin portal de Belén: desaparezca María, no encontremos a José y hasta el mismo niño Jesús se haya marchado. Nos digan que no estuvo allí nunca, que todo eran figuraciones de nuestra mente.

Feliz Navidad, pese a que nos hablen todos los días de miles de millones de euros. Dinero que entregará la Unión Europea para sanear nuestros bancos, para llenar las arcas y los bolsillos de los que más tienen, para que puedan cobrar sus sueldos millonarios,  mientras la mayoría no llega a “mileuristas”. Dinero que habrá que devolver y que será pagado, como siempre, por los que menos tienen.

Feliz Navidad ahora que se descubre como los ricos guardan sus dineros en “paraísos fiscales”, cómo, presuntamente, se apropian de lo que no es suyo, cómo, descubiertos y juzgados no devuelven lo robado, cómo, brotan por doquier casos de corrupción uno detrás de otro, casos que son archivados o guardados en los cajones, hasta que prescriben los delitos de los que se les acusa.

Feliz Navidad igualmente para los pensionistas, quienes se han sentido una vez más estafados, defraudados tras largos meses de promesas de revalorización, teniendo en cuenta el “IPC” de Noviembre; pero que, llegado el momento, dado que no existen elecciones a la vista, chocan con la cruda realidad que se veía venir. Aquellos que con voz de circunstancias en la pequeña pantalla, con el semblante serio y mudado no por la vergüenza de quienes han estado engañando con falsas promesas, afirman ahora, que para el próximo año las subirán uno o dos puntos. ¿Habrá próximo año? ¿Cumplirán las promesas que ahora formulan? ¿Tendremos unas nuevas elecciones a la vista? ¿Volverán a defraudar y a engañar? Con la misma cara con la que anunciaban que no las revalorizaban,  pese a haber reclamado en otras ocasiones tantas veces el Pacto de Toledo, manifiestan, mintiendo una vez más, al proclamar que este  año las subieron ya un punto, pero se olvidan de completar la frase. ¿Acaso no recuerdan que aumentaron inmediatamente el “IRPF” dos y hasta tres puntos? ¿Acaso han olvidado que incrementaron el “IVA”, los impuestos y no sé cuantas cosas más, bajando el valor adquisitivo mucho más de lo aumentado?

Feliz Navidad, aunque nuestros jóvenes estén sin trabajo, se vean obligados a emigrar a otras tierras y países en busca del pan de cada día.

Feliz Navidad, aunque nuestros talentos se pierdan frustrados, porque carecen de medios para seguir investigando, porque no hay dinero para la ciencia, porque imperan los recortes. ¿Acaso no encuentran otro sitio de donde recortar? ¡Que pregunten a los ciudadanos, al pueblo sencillo! Verás, entonces, como ellos si lo saben.

Feliz Navidad. Me pregunto yo: ¿Por qué no quitamos del Belén a los Reyes Magos?  La ilusión y la alegría ¿de quién? ¿Para qué nos sirven sus dones: oro, incienso y mirra? Nosotros sólo queremos pan, trabajo, vivienda digna. ¿No será más feliz un niño, si tiene a su lado a sus padres, un techo donde protegerse, algo que llevarse a la boca antes que un simple juguete?

Feliz Navidad para que los que mandan, se sienten a dialogar, se esfuercen por entenderse, alcancen  acuerdos positivos para el pueblo y la buena gente, se afanen por buscar soluciones que alivien el dolor, el sufrimiento, las miserias de los pueblos por encima de las ideas y los planteamientos políticos, lleguen a la armonía entre ellos.

Feliz Navidad, a pesar de que los pastores del Belén se encuentren avergonzados, porque ya no pueden ir a adorar al niño en el portal a ofrecerle sus regalos. ¿Cómo van a presentarse con las manos vacías? ¿Cómo van a ir sin tener nada que donar? Ya no tienen mantas para arropar al niño con tantísimo frío. No tienen pan que llevar a su madre para que le siga amamantando. No tienen leche, pues han recortado sus rebaños y su producción. No tienen queso, ya que con lo poco que les queda, apenas les llega para pagar los impuestos y tributos que les imponen. No tienen ya ilusión, han perdido la alegría y sus ganas de cantar.

Feliz Navidad para tanta y tanta gente buena que nos rodea, que es muchísima.

Feliz Navidad a toda esa gente generosa, que se quitan de su boca lo poco que poseen para dárselo a los que no tienen nada, a los desheredados de la fortuna. Feliz Navidad a los que se desviven por los demás, a los que colaboran, a los que recogen alimentos, a los que son dichosos  y se conforman con lo que la suerte les depara. Feliz Navidad a los que aman y son amados, a los que se sacrifican y se entregan a los demás. Feliz Navidad a todos los que sufren sin nadie que les consuele. Feliz Navidad.

¿Qué vamos a hacer con el portal de Belén? ¿Cómo vamos a vivir así la Navidad? ¿Qué será de todos nosotros con lo que está cayendo? ¡Seremos capaces de soportarlo en paz y armonía! … A pesar de todo, con ilusión y esperanza gritemos:

¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!    

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DON JUAN Y ALCALÁ

Aún vienen a mi memoria aquellos esplendidos recuerdos, aquel sabor tan agradable del  primer don Juan itinerante, celebrado en

"El abrazo". Obra de Nieves Prat

“El abrazo”. Obra de Nieves Prat

nuestra ciudad allá a mediados de los años ochenta. Todavía percibo en mis oídos y escucho con ilusión aquel sonar de cascos de caballos galopando por nuestras calles, llevando  a sus lomos a los protagonistas de aquella dramatización tan espectacular y tan llamativa. Resuenan en mis sentidos aquellos lances de don Juan, aquellas bravatas de don Luís, aquellos chascarrillos de Brígida, el canto suave y melifluo de la escolanía,  o, aquel chirriar de las ruedas de los carromatos que transportaban a doñas Inés, la monja seducida, rendida en los brazos de su amado, después de aquellos apasionados versos de amor. Recuerdo y revivo con emoción, el fervor y la rapidez con la que recorríamos las calles, nos desplazábamos de plaza en plaza para aproximarnos a los personajes y a los escenarios espectaculares, donde se desarrollaban las secuencias sobre unos magníficos y naturales decorados, que la propia arquitectura de nuestra ciudad y los bellos y apropiados rincones ofrecían.

Hoy, pasados ya muchos años, vivo con la misma pasión de entonces, aquella oposición radical que manifestaba en mi época de docencia, cuando protestaba ante mis alumnos, preguntándome y preguntando, a quien quisiera escucharme ¿qué sentido tenía un don Juan en Alcalá? ¿Qué tenía de interés y de significado el personaje de don Juan y doña Inés para nuestra ciudad? ¿Por qué no se emprendía con el mismo ardor, celo y esfuerzo un homenaje a nuestro ilustre ciudadano, tan alejado de nuestra realidad social, de nuestras calles, e incluso, tan desconocido en esencia para muchos de los alcalaínos?

Hoy, que el don Juan es un clásico en Alcalá. Hoy, que el don Juan de Alcalá es un elenco importante y continuado, después de tantos años de consolidación. Hoy, que su representación es un acontecimiento de interés turístico regional y que se cuenta el número de asistentes. Hoy, que estamos habituados, a que llegadas estas fechas, se escenifique la historia del enamorado, pendenciero y bravucón personaje, calificado como un monstruo por alguno de los protagonistas, encerrado enla Huertadel Obispo, al igual que un grandioso teatro, de  movilidad reducida, expuesto a los avatares de la climatología, al destino de los dioses del otoño, comercializado y desvalorizado en exceso por la gente que entra y sale, que habla y se mueve, que no  escucha bien y no presta atención, acallados por los siseos de quienes muestran interés, me sigo interrogando, una y otra vez, sigo reflexionando y pensando como antaño: ¡bien está el mercadillo que ocupa nuestras calles céntricas en las fiestas cervantinas, cada vez más comercializado, menos cultural y con afluencia masiva de turistas! ¡Bien está que sean dos, cuatro o hasta seis días como en el presente año! Pero, yo sigo preguntándome y diciendo ¿Tanto cuesta, durante estos mismos días, planificar unas representaciones teatrales permanentes de los diversos pasajes y episodios del Quijote, de los Entremeses o de cualquiera de las obras de nuestro ilustre genio? ¿Tanto supone convertir nuestro centro histórico, nuestra ciudad Patrimonio dela Humanidad, los magníficos espacios naturales que posee, en escenarios constantes de exaltación de los valores cervantinos?

Yo, personalmente, como otros muchos ciudadanos, estoy seguro de ello, me encuentro dispuesto a aportar mi pequeño granito de arena en aras de este insigne proyecto. No se trata de un Entremés aquí hoy y otro allá mañana. No. Rotundamente no. Propongo transformar nuestra ciudad, nuestro centro histórico, en una magna representación escénica repleta de actores y actrices, ciudadanos de a pie, encantados por teatralizar las obras y el personaje de Cervantes.

Propongo, a falta de otras ideas, escenificar diversos episodios del Quijote. Sí, del Quijote. Hacerlo cercano a los ciudadanos, utilizando los muchos espacios naturales con los que contamos. Propongo que Alcalá entera se vea envuelta por el espíritu de Don Quijote, que los curiosos que nos visiten, sientan el mismo afán y se vean implicados en el proyecto; en vez de un simple caballero, que representa a Don Quijote acompañado de su fiel escudero Sancho y su burro, paseando por la calle mayor; a pesar de lo bien que lo hacen, pero que queda muy pobre y desaliñado.

Reflexionando sobre el espíritu cervantino, me había olvidado del tema que nos ocupa. Pues bien, volviendo al don Juan de Alcalá del que nunca debí de apartarme ¡me puede más mi pasión por Don Quijote!

Yo prefiero, con mucho, aquel don Juan itinerante, soberbio como soberbio era su ejemplar equino, espadachín y desafiante por nuestras calles y plazas, desafiante ante los que le contemplábamos, deambulando a su paso de un lugar a otro, recorriendo los escenarios que la ciudad ofrecía, convirtiendo la noche en un entorno romántico que arrastraba la historia, los personajes y los decorados de la misma cultura barroca, fusionando todos lo valores medievales.

¿Pertenece don Juan a nuestro entorna actual? ¿Vive el personaje de don Juan entre nosotros, en nosotros mismos? ¿Sigue teniendo vida el llamado mito de don Juan tal como es representado con tanto amaneramiento y tan dulces escenas de amor? En los tiempos en los que nos encontramos, el hombre actual, el ciudadano de a pie ¿mantiene el temor a los muertos, teme la venganza de los mismos, tiene el temor de culpabilidad y la conciencia del juicio final?

El hombre actual está lleno de supersticiones, de terrores, de temores y miedos constantes; pero, la evolución de la cultura le permite sustituirlos, camuflarlos, enmascararlos. Hoy vemos y contemplamos más la calidad teatral del don Juan, su tramoya, su arte dramático, la calidad de sus montajes; en una palabra, admiramos y alabamos  más la estética por encima de todo, que los valores trasnochados del drama en sí, la forma de comportarse del personaje.

Francisco Nieva, hombre que conocía la técnica teatral como ninguno, comentando el don Juan Tenorio de Zorrilla, afirmaba en esta línea y con gran acierto, “que don Juan se vacía como mito y se decanta como símbolo o signo, porque cuanto le ocurra por dentro, en su conciencia, si la tiene, y por fuera, la actuación de don Juan clásico no le puede afectar ya al hombre actual, al hombre trasgresor de todos los principio, ideales y valores”.

En esta misma línea, Adorno decía:”el arte no es una hermosa morada, sino una tarea para estar siempre tratando de solucionarla; según esto, el arte es la historia de su autonomía en progresión”. Por ello, al don Juan hay que juzgarlo y tratarlo hoy como una creación imaginativa, que actúa sobre el espectador de una u otra manera, según las épocas, no dejando a nadie impasible, dada su enorme fuerza expresiva, a pesar de tantos y tantos versos melifluos y cadenciosos. Con esto, quizá, el mito del don Juan se nos venga abajo o le pongamos un gran interrogante en la sociedad actual.

Si nos centramos en el don Juan de Zorrilla, diríamos que su primer valor, según lo ya expuesto, seria lo artístico, su carácter visionario capaz de sobrepasar los tiempos y adaptarse a las circunstancias, de aquí viene su importancia y su aceptación por el gran público. Ramiro Maeztu lo escribió en su ensayo: Don Quijote, don Juan yla Celestina.

Podríamos destacar, siguiendo con este razonamiento, como segunda nota importante, el sentido, el carácter de personaje emblemático que adquiere el protagonista, sin dejar a un lado y sin obviar la personalidad de doña Inés, una monja seducida, que al final logra la salvación de don Juan. Doña Inés se convierte así en un mito escénico como su apuesto conquistador, se convierte en un puro producto imaginativo más propio de una creación estética que de una realidad social, personaje lleno de tópicos que ensalza la pureza, la virginidad, sin dejar de hacer hincapié y sin olvidar su sentido erótico y sexual.

No quiero dejar pasar que Zorrilla ha creado un drama en el que junto a su carácter violento con lances, muertes, disputas con don Luís, el tremendo enfrentamiento con el padre de doña Inés y un sinfín de escenas que el autor muestra de forma cruda, como su sentido sacrílego y  de profanación; sin embargo, es un drama amable, atractivo, popular y en algunos momentos hasta divertido.

Sin duda, con todo lo dicho, don Juan se convierte en un auténtico transgresor de todo lo serio para lograr alcanzar su aspecto lúdico en el que en muchas situaciones se envuelve y se disfraza.

Al final, tan simpático y atractivo personaje, tan popular y atrevido joven, tan enamoradizo y apuesto conquistador bien merecía un perdón, un perdón que lo salve, un perdón que se convierte en una excusa ética, una exculpación de todos sus actos a pesar del calificativo de monstruo, ya reseñado.

No quiero concluir estas líneas sobre el don Juan sin hacer mención a unas palabras de Rousset, cuando se atreve a afirmar “que se ha anclado en nuestros espíritus, si no el mito, sí al menos el personaje”. ¿Quién no se ha sentido en algún momento de su vida un don Juan? ¿Quién no ha pretendido ser doña Inés, esperando a  que llegara su apuesto conquistador?

Deseo concluir con este alegato del mismo Rousset: “los tiempos cambiarán, pero con don Juan nunca se ha dicho la última palabra.”

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