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EL RETORNO

A punto de acabar el verano, cuando todos los medios hablaban de la operación retorno, me vino a la mente la idea de repasar lo que habían sido esos días vacacionales, lo que podía suceder a muchos de los que en ese momento se encontraban ya en la carretera para su regreso. Es el llamado trauma post vacacional después de las alegrías, las sonrisas y todo lo que nos habían anunciado, disfrazando la cruda realidad. Este artículo fue publicado en Diario de Alcalá el día 13 de Septiembre.

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UN DEMONIO DEMASIADO MODERNO

Un día, estando jugando con una de mis nietas de siete años de edad, interrumpiendo su participación en el juego, mirándome seria y fijamente

"Un demonio demasiado moderno" Obra de Nieves Prat

«Un demonio demasiado moderno» Obra de Nieves Prat

a los ojos, me increpó de improviso y con total normalidad:

-¡Abuelo! Quiero que escribas un artículo sobre “un demonio demasiado moderno”, añadiendo a continuación y sin pestañear, como si de una persona mayor se tratara-. Tienes que poner en el mismo, que éste título te lo ha dicho tu nieta Sara.

Me dejó perplejo y paralizado. Me acababa de convertir en una estatua de frío mármol, en una estatua pétrea de mármol blanco e inexpresivo, sin palabras, sin pensamientos que exponer, sin argumentos que reseñar y sin capacidad para responder.

Más tarde, cuando la cálida sangre comenzó de nuevo a circular por mis arterias y mi mente recobró su actividad, la interrogué superado el estupor y el pasmo:

-¿Qué significa eso de “un demonio demasiado moderno”?

-Tú eres mayor- me replicó sin titubear-. Tú eres un abuelo y sabes mucho más que una niña de siete años.

Una vez más no supe como reaccionar. Una vez más me había desarmado y las palabras no brotaban de mi boca ni las ideas fluían a mi pensamiento.

Ella, muy decidida, cogió unos folios de reciclaje, su estuche de pinturas y un lapicero y se puso, sin más, a dibujar unas formas, formas que al poco eran figuras y a escribir una historia sobre ese demonio demasiado moderno que tenía en su imaginación. Mientras, trazaba unas siluetas de un mundo lleno de dulzura y felicidad, un mundo propio de la fantasía de una niña.

Alentado y animado por su iniciativa y decisión ¡no iba a ser yo menos!, me atreví, poco después. a tomar una pluma y, siguiendo su ejemplo, a expresar algunas palabras sueltas que como abuelo debería saber interpretar.

Primeramente, busqué en las carteleras de espectáculos por averiguar, si existía algún musical de origen religioso donde apareciera el personaje de “un demonio demasiado moderno”. Nada encontré al respecto, tampoco era probable que mi nieta tuviera noticias de ello si es que lo hubiera.

Más tarde, eché mano a la literatura. Esto era mi fuerte, no en vano había pasado mi vida enseñando esta especialidad a alumnos y alumnas de bachillerato. Estaba convencido que aquí hallaría multitud de expresiones, de frases del lenguaje popular, de obras de grandes autores, que ya acudían a mi mente en señal de socorro, sobre el demonio o el diablo, aunque faltaba el calificativo de “demasiado moderno”.

-¿Por qué me había formulado el nombre de demonio y no el de diablo?- me pregunté una y mil veces.

En verdad, ambas palabras eran sinónimas, a pesar de que su etimología fuera diferente; ya que, una y otra, hacían referencia a seres malignos, a ángeles caídos y arrojados al abismo, a genios de una gran agudeza para causar el mal. Los dos términos, comprobé muy minuciosamente, han sido muy usados y de manera indistinta en nuestros clásicos, desde el gran Cervantes, al genial Quevedo o al mismísimo creador argumental Lope de Vega por no citar a otros muchos. Siempre, siempre, han sido representados demonios o diablos como símbolos de las fuerzas del mal, independientemente de las épocas, pero… ¡un demonio demasiado moderno!

Recuerdo vagamente que Lérmontov escribió un poema de origen lírico, lleno de una gran sensualidad, con un cierto carácter épico, en el que un demonio se enamoraba de una bella joven, pero ¿éste era un demonio demasiado moderno?

Me vino de inmediato a la mente la imagen de Espronceda, su Diablo Mundo y la metamorfosis que sufre un anciano convirtiéndose en un joven aventurero.¿Acaso éste sería “un demonio demasiado moderno”?

Pienso luego en el contrapunto de Vélez de Guevara con el Diablo Cojuelo de tono satírico, alegoría moralista, donde domina el humor, el ingenio, ¿cómo no? la censura: pero, repleto de personajillos picaruelos, seres grotescos y hasta graciosos que nos deleitan con sus piruetas.

-¿Cuál de estos- vuelvo a plantearme de nuevo, totalmente confundido y un tanto avergonzado-, es “un demonio demasiado moderno?

Esta vía me pareció interesante e intenté seguirla con detenimiento e interés. Así, pude ver mil formas y expresiones que utiliza el refranero y el habla popular, en donde se emplean  indistintamente las palabras demonio o diablo con matices y significados diversos: “ponerse como un demonio”, “eres un pobre diablo”, “llevársele los demonios”, “no hay diablo que lo entienda”, “ser el mismísimo demonio”, “¿cómo diablos puede ser esto?”, “tener el demonio metido en el cuerpo”, “¡al diablo!” o “¡qué diablos!”.

Muchas son las frases coloquiales, donde aparecen, de una forma o de otra, ambos nombres; pero, siempre, como espíritus malignos que representan a las fuerzas del mal o seres intermedios de índole mitológica entre los dioses y los hombres; a pesar de todo, no logré averiguar, si alguno de ellos era ese “demonio demasiado moderno” del que me había hablado mi nieta Sara.

Estudié otros aspectos, utensilios o cosas: un juego, un árbol, un aparato que se utiliza en teatro, una mesa, un pez marino, un fiero animal, un instrumento textil, una máquina que sirve para cardar lana y hasta una muy grave enfermedad  y otras numerosas acepciones que reciben este nombre, imposible dar con el objeto de mis deseos, con la causa de mis preocupaciones,  zozobras y devaneos: “un demonio demasiado moderno”.

-¿Eureka!- dije de pronto.

Fue algo inesperado que se presentó ante mi mente como saliendo del subconsciente, brotando como un surtidor que acaba de ser agujereado, saliendo al exterior y formulándose en mi pensamiento.

-¿Cómo yo que tanta fantasía derrocho con mi pluma no lo había comprendido antes? ¿Para qué me sirve, entonces, la libertad y la imaginación creadora?- me inquirí a mi mismo.

-¿No son fuerzas que encarnan todos los disturbios y desmanes?- seguí en esta línea-. Pues, si son seres agresores, seres inferiores que habitan bajo la tierra con grandes poderes, si son seres del infierno y del fuego, brujos o brujas, espíritus malignos causantes de enfermedades y catástrofes, seres feos, engañosos, perversos, con mal genio, muy atrevidos, que simbolizan todo lo malo.

-¿Cuál de estos- insistí, convencido de que me estaba aproximando al final-, es “un demonio demasiado moderno”? ¿Cuáles son los últimos males que azotan a la sociedad?- enumeré y hasta grité con fuerza:

-¡La crisis que nos ahoga! ¡El paro y sus terribles consecuencias! ¡La opresión de los más necesitados! ¡La corrupción de los poderosos! ¡La plaga de enfermedades desconocidas que nos amenazan! ¡Las guerras entre pueblos y hermanos! ¡La violencia de género! En una palabra, ¡la desunión y las desavenencias! Esto, sí es “un demonio demasiado moderno”. Éste es en verdad el demonio de todos los demonios, el último diablo que nos acogota y nos hunde… Se trata, sin duda, de un demonio o diablo de mil caras.

-¿Cuál es tu “demonio demasiado moderno”?

– ¿O quizá, debería ser llamado “un diablo demasiado moderno”?

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A PROPÓSITO DE LA EFÍMERA

"Antagonismo". Obra de Nieves Prat

«Antagonismo». Obra de Nieves Prat

La llaman la Efímera. Técnicamentesu nombre es la Cochipolla. Se trata de un insecto que habita en las inmediaciones de las aguas, regatos, caceras, riachuelos y lagos. Su dimensión es pequeña y su color ceniciento, impregnada de unas manchas oscuras en sus alas. Como su palabra indica, sólo vive un día, ¡sólo un día!,  tiempo suficiente para dejar constancia de su presencia, de su importancia, de su huella en su prole de descendientes que vuelven a repetir su ciclo y así, ¡sólo un día! ¿Existe algo más fugaz?

Existen flores probablemente más efímeras, aunque no lleven este nombre. Flores que sólo se abren y muestran su hermosura y perfume una sola vez. Flores que dejan su presencia y su recuerdo en un instante de su corto existir. Flores que son anheladas y esperadas con gran pasión dada su exquisitez y su temprana muerte, como es el caso de las diversas clases de Verónicas.

Aún más efímeras y fugaces son las flores de la especie de las Cereus Grandiforus. Se abren al anochecer, cuando los rayos solares no calientan ya la superficie de la tierra, cuando sus contorneados colores se extienden por todo el firmamento, adornando y embelleciendo su despedida con múltiplas combinaciones, cuando el universo entero se convierte en un hermoso y vistoso lienzo trazado por los suaves y delicados pinceles de una mente creadora, que  se proyecta y recrea en un acto sublime de armonía, muriendo por la noche, marchitándose, perdiendo su encanto y colorido, dejando caer sus pétalos, abandonando en un soplo su perfume natural. Efímera flor del anochecer. Efímero tiempo de trascurre desde las veintiuna horas hasta las veinticuatro. Sólo tres horas de efímera exposición. Sólo tres horas de vida dela Cereus Grandiforus.

Los poetas de la época clásica ya cantaron con la emoción de encendidos versos y palabras bien definidas la fugacidad de las cosas, la fugacidad de la vida, la rapidez del paso del tiempo, la obligación de aprovechar el momento presente, el gozar de la belleza, el vivir la juventud, porque todo pasa, todo huye, todo se evapora más rápido que el viento, más veloz que la luz o el relámpago, más fugaz que la hermosura o la edad temprana. Por eso, nos animaban a la vida intensa, al disfrute  del instante presente. Algún poeta llegó a hablar de la cercanía de la cuna y la sepultura, de cómo están encadenadas y cogidas de la mano.

Ya los filósofos en sus profundos tratados del pensamiento, en sus duros enfrentamientos y razonamientos, disputaron sobre el movimiento, de cómo todo ser nace, crece rápidamente y desaparece en un suspiro. Dialogaron sobre el tiempo  del instante, del ser y el no ser, de la nada y de lo fugaz, de lo pasajero y efímero; pero también, de lo que permanece y dura, de lo perenne y lo eterno.

Por muy efímera que sea la vida, por muy efímeros y pasajeros que sean los seres, por muy corto y de escasa duración que sea lo existente, siempre hay algo en cada uno de nosotros que nos hace permanecer en la memoria de los tiempos, de las gentes, de los pueblos, algo que nos hace perennes.

Yo me niego a hablar de lo efímero de la belleza, porque no lo es. No puedo decir nada de lo efímero de un pincel, de una espátula, de un cincel o de una pluma que rasga, mancha o  ahueca sobre una tela, un papel o una madera, impulsado por una mano firme, los primeros trazos, las incipientes tonalidades, el esbozo de un signo que luego se convierte en obra admirada, en obra eterna y permanente para el gozo y el disfrute de las mentes contemplativas, mentes ávidas de sabiduría.

No. La belleza no es efímera. La obra de arte no es pasajera. El pensamiento y los sentimientos, la imaginación creadora, el saber no son efímeros. Nosotros somos efímeros, pero nuestra obra queda en el bagaje de las gentes. Efímero es nuestro tiempo. Efímera son las veintiuna horas hasta las veinticuatro.

Quiero cantar como un poeta, aunque no con palabras tan encendidas, la permanencia, la eternidad, la inmortalidad de la hermosura y la belleza de cualquier obra de arte. Quiero celebrar con una firme sensibilidad lo perenne del perfume de una rosa, aunque ésta se marchite. Quiero brindar con las más ricas de las fragancias por la belleza de los pétalos de una flor, aunque sea pasajera. Quiero anunciar la vida presente de la más efímera Cochipolla, porque es capaz de prolongar su existencia y su presencia en sólo un día, es capaz de dejar un recuerdo perenne, un recuerdo reconocible, un recuerdo que da nombre, un recuerdo que es homenajeado y celebrado por una pléyade de los más importantes artistas de nuestra ciudad, en una noche deslumbrante de belleza y hermosura, de color y creatividad, de ingenio y libertad, de brillantez y entrega. Una noche de impulso y fuerza, de manifestación y muestra, de valoración y admiración, de valentía.

La belleza, la hermosura, la creatividad imaginativa, las emociones y los sentimientos, el mensaje y la sensibilidad de alguien que actúa y provoca admiración, contemplación, exclamación y aplauso, que  interroga y  pregunta, nunca puede ser efímera, nunca puede ser un instante pasajero. Son categorías de la mente que enlazan con lo sublime, que elevan el espíritu hasta la excitación y el éxtasis, hasta el interrogante más hondo.

La efímera es perenne y duradera. La gloria,  el aplauso y el reconocimiento pasajeros y limitados en el tiempo. El espacio acoge la categoría, la magnifica y engrandece, la hace inmortal como eterno es el mensaje, duradera la expresión, elevada la tonalidad y sublime la combinación magistral de tonos y colores, de signos y símbolos, de múltiples pinceladas esparcidas sobre una blanca tela, una dura madera o el cincel que rasga al ser golpeado por un martillo, que sujeta e impulsa una poderosa mano segura de su fuerza, firmeza y acción sobre un duro tronco que fue verde árbol, que fue en un tiempo vida, vida efímera y seguirá siendo eterna al convertirse en una magnífica creación de la mente, o una piedra, materia inerte, que adquiere forma y se trasforma en vida expresiva, en expresión de vida como el lienzo o la tabla o el papel.

La fuerza, el poder, la idea, la obra que surge, la fuente que mana del espíritu creador, la vida impregnada en la materia muerta, la existencia de algo regenerador y transmisor no puede ser efímero. Tiene categoría. Se sublimiza y se levanta desde la tierra, flota en lo etéreo, se deja mirar y observar, se manifiesta en su total dimensión, superando la efímera, sobresaliendo por encima de lo casuístico, llegando a lo profundo de la sensibilidad y provocando una respuesta, una admiración, un preguntar, un por qué infinito, una inquietud íntima, un placer reparador.

La efímera de una noche de verano. El espacio acogedor que la adormece. La luna flotante que la ilumina desde su universo único. La pléyade de excelentes esforzados o esforzadas, hombre y mujeres del ingenio creativo. La admiración contemplativa del curioso visitante como  tintineantes estrellas. El aplauso a veces no reconocido ni agradecido a un devenir constante de expresión, mensaje y obra hecha realidad. La efímera será inmortal y dejará rastros de eternidad a cuantos la contemplen.

 

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A VISTA DE CIGÜEÑA.

Aquí tenéis un artículo que publicó el Diario de Alcalá en el que recreo el diálogo y  los pensamientos de una pareja de cigüeñas que perdió la ruta de la migración a  causa de una armoniosa y sonora melodía.

 

 

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UN LIPDUB EN EL COLEGIO CALASANZ

Esa mañana abrió mi mujer el correo como tiene por costumbre, dispuesta a leer los mensajes allí existentes. Yo he de confesar, que no soy muy

"LIPDUP" Obra de Nieves Prat

"LIPDUP" Obra de Nieves Prat

aficionado a las nuevas tecnologías, para que  vamos a engañarnos, aunque reconozco y admiro su gran importancia en nuestro mundo.

-Tienes un e-mail del colegio -escuché su voz que me decía-, en él te convocan, como antiguo profesor, a participar en un LIPDUB y se indica el día y la hora.

-¡Un LIPDUB! ¡Un LIPDUB! ¡Un LIPDUB! -repetí hasta tres veces elevando la voz cada vez que pronunciaba esa expresión-. ¿Qué es un LIPDUB? -pregunté un tanto aturdido y desconocedor de aquella palabreja-. ¿Qué significa ese vocablo? -me atreví a decir en tono un poco despectivo.

No voy a decir que me sonó a chino, con el debido respeto para la lengua y la multitud de respetables ciudadanos de esa nacionalidad y vecinos nuestros, que día a día levantan el cierre de sus respectivos establecimientos en nuestra ciudad. Si así fuera, seguro que a estas alturas conoceríamos el significado de dicha palabra, dado que nuestros oídos están ya acostumbrados a percibir el sonido veloz, un tanto atropellado, como a borbotones, de sus conversaciones, podríamos decir que hasta familiarizados.

-¿Qué es un LIPDUB? -mientras me acariciaba la cabeza para que fluyeran las ideas-. Está claro que nuestro diccionario no reconocerá esa voz -dije entre dientes.

-¿Adónde puedo recurrir para averiguar su sentido?- pronuncié un tanto malhumorado conmigo mismo por mi ignorancia.

El diccionario de la lengua inglesa al que recurrí no me brindaba muchas pistas, aunque algo aclaraba. La gente con la que me encontraba no sabía responder a mi pregunta.

-¿Por qué vas hoy con tanta prisa?- me increpaban unos y otros, cuando me veían pasar raudo sin apenas saludarles.

-Voy al colegio Calasanz, a mi colegio de toda la vida, me han invitado a participar en un LIPDUB- solía sorprender yo intentando dar una pronunciación lo más correcta posible.

-¿Un quééé…? -era siempre la respuesta que obtenía por más que me esforzaba en repetirlo una y otra vez procurando una mejor entonación.

-En el blog del Colegio Calasanz han colgado (que expresión ésta de colgar) una pequeña prueba -me comentó una persona allegada con cierto convencimiento-. Entra en él y hallarás lo que andas buscando.

Seguí al píe de la letra sus instrucciones y consejos. Una vez que visualicé aquel escaso minuto de ensayo motivador, me vino a la cabeza un montaje que me había enviado uno de mis hijos el verano pasado. ¡Así que a eso lo llaman un LIPDUB!

-Ahora lo entiendo -comenté en voz alta-. Confieso mi más absoluta ignorancia. Nunca había tenido la oportunidad de oír dicha palabra; aunque, si conocía aquella realidad y había gozado y aplaudido aquella representación de mis nietos y sus amigos en aquel paisaje y en aquellas vacaciones.

-¿Con qué eso era un LIPDUB? -pensé para mis adentros-. Me lo podían haber expresado en “cristiano”, en ese lenguaje en el que todo el mundo habla con su vecino, mientras toman una copa de buen vino, que decía en una Cuaderna Vía del Mester de Clerecía nuestro Gonzalo de Berceo.

Con cierta ilusión no carente de entusiasmo, marché al colegio aquella mañana. ¡Ya sabía lo que era un LIPDUB! Entré en el colegio al que durante tantos años había acudido con las primeras luces del amanecer con expectativas renovadas, cual profesor primerizo que se enfrenta por primera vez a la gran aventura de la docencia.

En mi mente seguía latente aquella pregunta primera, ahora multiplicada por otras más: ¿Sería capaz de enfrentarme a este circo? ¿Cómo definiría aquella experiencia que en aquellos precisos instantes estaba viviendo? ¿Cómo podría yo explicar a mis amigos, a quienes se habían interesado por el significado de aquella palabra, cuál era su verdadero y auténtico sentido? ¿Qué era en realidad un LIPDUB?

La respuesta brotó por sí sola tan pronto como interioricé  lo que mis ojos veían; en verdad, no tuve mucho que reflexionar ni corrí a buscar palabras con que adornarlo.

Un LIPDUB es un manantial desbordado de creatividad, un torrente caudaloso pleno de ilusión y alegría, un arroyo impetuoso que arrastra en época de grandes crecidas todo cuanto encuentra a su paso, una torrentera magníficamente encauzada por un esfuerzo común, un trabajo constante y continuo en equipo de todos los componentes, un entramado aparentemente caótico, pero bien organizado desde el principio, un afán de compañerismo y entrega total a una idea, una corriente frenética de amistad y colaboración que recorre todos los pasillos del colegio, penetra en las aulas, se desborda por los laboratorios, anega la biblioteca y la capilla, cae en cascadas esparcidas pero con fuerza hasta perderse en los patios formando un lago de colorido y frescura, de espejo en el que reflejarse, la savia que avanza superando todos los obstáculos, recorriendo todos las estancias y unifica a un ritmo de vértigo y de emoción a todos cuantos lo viven, a los que atrae con su música: ya sean alumnos o alumnas, padres o madres, profesores o profesoras, antiguos alumnos y personal de servicio. Es el ritmo hecho música, es la música hecha melodía, es la vorágine de unas aguas torrenciales que partieron de un manantial y ahora se desbordan en cascadas por doquier y enlazan en su danza veloz uniendo a todos en un abrazo de unión total.

Ahora sí. Ahora comprendo lo que es un LIPDUB. Ahora lo definiría brevemente como un acto ilusionante de gozo,  armonía y unidad a través de la alegría de un ritmo y una melodía que nos hace iguales y nos equilibra en un encuentro de orden y paz.

¡VIVE CALASANZ!Esto es un… LIPDUB

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UN PASEO POR EL PARQUE O´DONNELL

Os dejo el artículo publicado en el DIARIO DE ALCALÁ en enero de este año en referencia a nuestro Parque O´Donnell.

Ver Artículo Enero. Diario de Alcalá: Un paseo por el Parque O´Donnell

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UNA BELLA CIUDAD A PESAR DE…

Ver Articulo Diciembre. Diario de Alcalá.

-¡Adiós! ¡Adiós hombre! ¡Cada día eres más antipático, más antisociable! -, dijo una voz a mis espaldas.

-¡Perdona!-,le respondí, volviendo la cabeza y reconociéndole-. Yo no soy ningún antipático y tú lo sabes muy bien, nunca lo he sido.

-Es que siempre vas con la mirada puesta en el suelo, como ensimismado, como buscando algo que hubieras perdido y tuvieras mucho interés en encontrar-, me replicó.

-Ya me gustaría poder llevar la cabeza levantada para contemplar la hermosura de nuestra amada ciudad-, y proseguí:

-Yo recorro todos los días sus calles, plazas y rincones de los que estoy cada vez más enamorado: la calle las Damas, las Siete esquinas, la calle del Cardenal  Tenorio, la calle Santiago, la calle Libreros con el callejón de las Santas Formas, la monumental calle Mayor porticada, con el Corral  de la Sinagoga y  la Plaza de los Irlandeses…

-Admiro sus monumentos, sus mansiones señoriales y palaciegas: la regia y única en su género Magistral, el espléndido Palacio Arzobispal con sus murallas y torreones plenos de cigüeñas, la ilustre Universidad Cisneriana majestuosa y señera, cuna en otro tiempo del saber, la luminosa fachada de la Iglesia de los Jesuitas con sus contrastes de sombras y luces… No existe, en verdad, ciudad más bella y con semejante historia.

-¿Cuál es entonces tu problema? – me preguntó con cierta angustia y curiosidad.

-¿Acaso no vives tú al igual que yo en esta ciudad? ¿Acaso no te encuentras con los mismos problemas e impedimentos que yo? – le pregunté con insistencia.

-Miro al suelo para ver donde pongo los píes-, y le mostré con rapidez-. ¿Acaso tú no te fijas en la suciedad que nos invade día a día? ¿No ves las “cacas “de los perros esparcidas por doquier? ¿No observas las latas de cerveza, los botes de coca-cola, aquí los papales volátiles de la publicidad indiscriminada, allá las hojas rugosas de los periódicos de buzoneo movidos por el viento de un lugar a otro? ¿Y qué decir de los chicles, chicles pegajosos que se adhieren al zapato y te dejan fijo allá donde se encuentran, imposibles luego de quitar? ¡Mira, amigo mío! Mira las bolsas de chirriantes patatas fritas o de otras “chucherías” como crujen bajo los píes.

-Pues ahora que lo dices, tienes toda la razón, ¡que cantidad de suciedad se ve! -se anticipó mi amigo.

-Es más-, insistí yo con gran indignación. Fíjate en las aceras, esas aceras multiformes, aceras con una tortuosa orografía de altos y bajos, de profundas zanjas que parecen abiertas en canal, de pequeños hoyos fruto del desgaste y el paso del tiempo; aceras llenas de parches mal puestos que provocan multitud de accidentes a los desprevenidos transeúntes; aceras de viejos troncos de chopos centenarios cercenados por la fiera y ruidosa motosierra sin más. ¿Qué más quieres que te diga?… ¿Entiendes ahora por qué miro con frecuencia al suelo, por qué no veo a quien a mi lado pasa, por qué no me quedo extasiado ante nuestra riqueza arquitectónica?

Yo te pregunto ahora, al igual que me interrogo a mí mismo: ¿Qué crees que dirían los aguerridos ciudadanos de nuestra legendaria Complutum? ¿Qué manifestarían nuestros pacíficos Visigodos? ¿Cómo reaccionarían nuestros laboriosos Árabes, los mercaderes y prestamistas Judíos, los fuertes y nobles cristianos que dieron lugar a la convivencia entre culturas?

-Tienes toda la razón-, me interrumpió mi increpante amigo-. Ciertamente tenemos que ir siempre viendo donde ponemos la suela de los zapatos, para no llevarte a tu casa la suciedad inconscientemente pisada. Te comprendo ahora. ¡Discúlpame tú por mi brusco encuentro!

-¿Cuál sería la opinión de nuestro crítico y sarcástico poeta alcalaíno Juan Ruiz ¿Qué enfado manifestaría nuestro insigne Cisneros y tantos reyes y príncipes que aquí vieron la luz? ¿Cómo lo mostraría nuestro más célebre e ilustre conciudadano, genio creador, Miguel de Cervantes? ¿Qué hablarían aquellas celebridades que a la sombra de nuestra Universidad habitaron sus colegios, aprendieron en sus aulas y nos honraron con su juvenil alegría, lances y presencia estudiantil.

-Yo pediría a nuestras respetadas autoridades que patearan las plazas, los parques,  jardines y  calles; que caminaran por nuestras aceras; que emplearan mejor nuestros altos tributos, los cuales no sabemos adónde van a parar; que limpiaran nuestra ciudad, nuestra amada y querida ciudad.

¿Para qué entonces sirve la empresa de limpieza con sus modernos y mecanizados sistemas? ¿Para qué nuestro ejército de policías motorizados, a los que nunca encuentras, ni vigilan, ni controlan?

La gran rotonda de luces y colores que a los píes de la Puerta Madrid  se encuentra, deja ver con grandes destellos: “Patrimonio de la Humanidad”. Yo desde aquí, pido que esto sea cierto, que no tengamos que nominarla “patrimonio de la suciedad”.

¡Un poco de respeto queridos conciudadanos! ¡Un poco de preocupación estimadas autoridades! ¡Dejadnos ver la belleza y el esplendor de nuestros edificios, el conjunto arquitectónico que forman su luz cuando los rayos solares alumbran sus claro-oscuros! ¡Permitidnos gozar del placer de poder pasear por sus calles libres de impedimentos y contratiempos, liberar nuestra mente y admirar en su plenitud nuestra muy amada Alcalá de Henares!

Deseo un día recorrer sin sobresaltos todos y cada uno de tus rincones, detenerme ante cada piedra, almena, espadaña o construcción, recordar tu historia con ojos no cotidianos de paseante habituado a verlos ahí con indiferencia, sino con una mirada llena de curiosidad y admiración de turista ilusionado y asombrado, con la misma admiración que llevó a los pensadores griegos a plantearse la pregunta clave, a iniciar el camino del pensar racional.

Déjame traer a mi imaginación a aquellos personajes que, en el correr de los tiempos, fueron célebres y te hicieron grande. Déjame dialogar de sus cuitas, sus proyectos, su obra y su quehacer por nuestra muy ilustre y amada ciudad. Que ellos y nosotros la podamos contemplar limpia, esplendorosa y brillante.

 

 

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