NAVIDAD 2016

Un año más se nos echa encima casi sin pensarlo, como sin esperarlo, de forma imprevista y como avasallándonos, deseando hacerse presente en nuestras vidas la Navidad.

Un año más, después de muchas vicisitudes de toda índole, encuentros más o menos venturosos, desavenencias y sin sabores en todos los ámbitos de la vida nos enfrentamos a un serio examen de conciencia al finalizar 2016, un examen minucioso y profundo, un examen pleno de festividad y alegría.

Un año más, con alegría e inmensa felicidad nos aproximamos a unas fiestas entrañables, de vacaciones para los más chicos, de festividad y celebraciones para los más mayores, de sosiego y paz como cantamos y recitamos en saludos, en felicitaciones y para bienes, en abrazos de bienvenida o en despedidas para todos en general, donde nos sentimos hermanos, donde surge desde lo más íntimo un deseo profundo de abrazar, de besar al otro y decir con énfasis ese formulismo que muchas veces recitamos, pero, en esta ocasión, sincero y espontáneo, honrado y de corazón de : Feliz Navidad, Feliz próximo año 2017, añadiendo a continuación aquello de que “sea mucho mejor, más saludable, con más éxito, trabajo y salud que éste que a punto está de concluir, sobre todo, con paz, paz en el mundo. ¡Qué difícil, verdad!

Deseo desde aquí, que sean unas fiestas generosas, unas fiestas donde tenga muchísimo valor una sonrisa, donde sepamos apreciar al otro, comprender sus necesidades, intentar dentro de nuestras posibilidades ayudar, admirar y valorar a cuantos se encuentran junto a nosotros, a aquéllos con quienes nos cruzamos en nuestro camino, a aquéllos que caminan en nuestra misma dirección, hombro con hombro, o que vienen de frente con la mirada hundida sin atreverse a levantar la vista del suelo, tristes, sin esperanza, sin posibilidad de soñar con un mundo mejor, un mundo que le consuele, que le sea amigable y en el que de alguna manera vuelva a encontrarse consigo. Feliz Navidad para todos, pero, de manera muy especial y con el mayor de los cariños para quienes están más necesitados.

Un año más, como años pasados, comenzamos nuestra Navidad presenciando la representación de “El Belén viviente de Anchuelo”, disfrutando y saboreando con intensidad cada una de aquellas escenas que conmemoran el acontecimiento, el misterio, interiorizando cada una de las frases que los interpretes pronuncian, cumpliendo con la mayor exactitud aquellas palabras con las que María se despide de los que van a visitarla, a adorar al niño en el pesebre y a ofrecer su calor, aquellas palabras con las que acaba la escena y en realidad la representación:

“Os deseamos, el niño, José y yo misma un mundo lleno de paz, amor y justicia, donde la miseria y el hambre desaparezcan, triunfando la generosidad. El Niño Dios os bendiga a todos y a vuestras familias. ¡Feliz Navidad! Felicitad en nuestro nombre a cuantos encontréis en vuestro camino”.

 

 

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LA AMISTAD MOTOR Y CONQUISTA DEL SER HUMANO

En mi afán por releer novelas del pasado, novelas que habían entrado ya en el grado del olvido, autores españoles galardonados con grandes premios literarios como: el Nadal, el Nacional de Literatura o el Planeta, eché un vistazo para rememorar la trilogía de Gironella sobre la República y la Guerra Civil: “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos” y “Ha estallado la paz”, introduciéndome fácilmente en sus narraciones y descripciones sobre la ciudad de Gerona en aquellos atroces momentos. Aquí, en esta segunda lectura, me llamó la atención de una manera especial las extrañas reuniones, las relaciones de los diversos miembros de aquella Logia masónica, la Logia de Ovidio, que frecuentemente se celebraban en la calle el Pavo y que siguieron viéndose en aquellos tiempos tan convulsos y atormentados: la fraternidad, la amistad, la ayuda y colaboración entre los miembros de la misma o con otras logias, a pesar de la diversidad de caracteres, de profesiones, de ideologías, de partidismos, amén, de la situación personal de cada uno.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Entonces, me pasó por la mente rebuscar y husmear en los orígenes modernos de la Francmasonería, por allá, por los años 1717, hallándome sin esperarlo con un texto que me sorprendió y me retrotrajo a esta lectura, convirtiéndose de alguna manera en el origen de esta reflexión, si queréis, un tanto desordenada, pero creo que muy interesante.

En este texto de formulación se hablaba de la amistad como uno de los pilares fundamentales, ya que establecían la fraternidad como uno de los elementos constitutivos o piedra angular de la práctica masónica, tanto para el perfeccionamiento personal, como para el progreso de los seres humanos: lo más importante es la cadena de unión, se decía allí, que une a todos los seres de buena voluntad, llegándose a ello con la necesidad que tenemos de los demás y con la amistad como conquista para el bienestar individual y colectivo.

Fue en este preciso instante, como he señalado más arriba, cuando se me ocurrió escribir algo sobre la amistad, “la amistad como motor y conquista del ser humano”.

Esto me llevó rápidamente, quizá por malformación profesional, a recurrir al Diccionario de la Real Academia, donde el término amistad aparece descrito como: “afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se satisface con el trato”.

La lectura de esta definición me dejó un tanto frío, no me convencía, no me conducía a mi objetivo. Pienso que aunque sea correcto, no motiva, no comunica, no llega al interior, no atrae, no satisface, no mueve a su estudio, no se encuentra en la línea que yo pretendía expresar aquí: ni como conquista, ni como acción hacia el progreso, ni como intimidad.

Me propuse buscar otra perspectiva, otro proyecto de investigación. Revisé mil libros uno a uno y allí, en un rincón de la estantería, el más alejado, descubrí la siguiente expresión  de I. Merino: “…la amistad es como la dignidad, una conquista de igualdad entre los seres humanos que ha costado un tremendo esfuerzo alcanzar, su pérdida afecta a la integridad de la persona y cuando se rompe, la vida merece menos la pena”.

Esta frase estaba más en consonancia con mi pensamiento, con mi pretensión, me hacía reflexionar y examinar situaciones vividas, analizar momentos y experiencias de la vida en las que uno ha sido sujeto de circunstancias similares: sentir los desgarramientos ante la ruptura o saborear el placer del encuentro.

Fue entonces, ¿no sé por qué?, cuando me vino a la mente algo no muy lejano, cuando me centré en aquello que había leído hace mucho tiempo de Karl Friedrich Christian Krause en “El ideal de la humanidad para la vida”. ¿Por qué el Krausismo? ¿Por qué este movimiento? Ahora mismo no sería capaz de dar una respuesta.

“Todos los caracteres humanos, con sus múltiples semejanzas, grados y contrastes, forman una plenitud animada de la vida y desenvuelven con infinita riqueza las fuerzas latentes de la humanidad. El encuentro en el trato social de caracteres opuestos, cada cual igualmente digno, es fuente de amistad y amor, por lo que al unir con fuerza lo antagónico es tan fecundo en puros goces como en bellos frutos”, se decía allí.

No es de extrañar que el Krausismo represente un período intelectual de gran altura dentro del pensamiento español y reuniera una enorme pléyade de intelectuales de la época.

Me atrevo a afirmar, pues, que se trata de una doctrina de concordia basada en el respeto a la dignidad de todos, según lo leído; concordia que tanta falta nos hace en estos momentos y que con toda seguridad nos ayudaría a superar los grandes desafíos que nos abruman: la libertad común, la educación, la responsabilidad y, sobretodo de forma muy especial, la recuperación de la amistad como modo de vida. Sí, la celebración de la amistad.

Sanz del río, uno de los ilustres krausistas de aquel momento, escribía: “…después del matrimonio, la amistad es el vínculo personal y el más fecundo; así como el matrimonio junta los opuestos sexos, la amistad reúne opuestos caracteres. El fin humano se realiza a medida que los hombres y los pueblos se reúnan en personas sociales unidas por el amor… Entonces, serán las amistades fuentes vivas de virtud”.

Giner de los Ríos, sin duda el más notable de todos, añadía: “… que la amistad es fuente no sólo de satisfacción sino de progreso”, y Otero Urtaza, concluía: “…que la amistad participa de las relaciones amorosas cuando esa transferencia de fuerza nos lleva a ver en el otro una continuidad de nosotros mismos, un alma repartida en dos cuerpos”, para finalizar más adelante, “…que la amistad requiere reunión placentera de amigos, posibilidad de hablar sin ser interrumpidos por extraños, aprecio recíproco y tiempo”.

Por todo ello, vengo a afirmar que el krausismo español es un ejemplo de amistad, es un espíritu fraternal, es un modo ético de ser y una verdadera pedagogía sobre y en la amistad.

Esto, así expuesto, me lleva a deducir que la verdadera amistad es una conquista permanente que hay que esforzarse en alcanzar y luchar para que nunca se pierda; que no es algo estático, antes al contrario, sino dinámico; sin olvidar que la amistad es atacada con gran facilidad por los virus comunes de la convivencia, es vulnerable como estamos habituados a observar y se nos muestra ante nuestros ojos. A modo de síntesis, una buena amistad nos ayuda a ser creativos, nos ofrece un gran soporte que nos obliga a ser tolerantes.

Hagamos, pues, cobijo, protección y defensa constante de la amistad, para que no caigamos en el espejismo de creer que la vida nos la ha regalado. Así, nuestros amigos, los de verdad, nos acompañan y disfrutan de nuestros logros, sufren cuando las desgracias nos acechan, comparten nuestra vida con absoluta libertad.

Veía estos días pasados y observaba la angustia de una reportera que seguía a un grupo de refugiados en su terrible peregrinar: solos, sin patria, sin casa, sin tierra donde descansar, sin nadie en quien apoyarse; refugiados que pierde en un momento de su trayecto a la libertad…, y la alegría esperanzada, el abrazo feliz, enternecedor, como si fueran amigos de toda la vida, cuando se vuelven a encontrar, cuando se une al grupo y puede acompañarlos como una más de ellos, como una refugiada más que ofrece su consuelo, su ayuda, su amistad.

No debo extenderme más, aunque el tema es muy amplio y da para mucho. Concluyo con este alegato después de tantos desvíos y avatares por los que os he llevado: es llegado el tiempo de que luchemos y reivindiquemos la amistad como conquista de una sociedad avanzada, porque así, alcanzaremos una paz sólida, una solidaridad y un sustento de nuestro estado de bienestar. Seremos, sin lugar a dudas, mejores personas con la amistad como motor y conquista del ser humano.

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ATRAPA LA LUZ

Atrapar, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es coger una cosa, alcanzar o apresar algo; por el contrario, captar significaría, sin embargo, recibir o recoger impresiones del exterior a través de los sentidos, también, comprender, darse cuenta o atraer la atención o el afecto de una persona; en cambio percibir, es tener conocimiento del mundo exterior por medio de la impresión de los sentidos, comprender o conocer una cosa por la inteligencia; por contra, interiorizar nos aporta la cualidad de hacer propio o asentar de manera profunda en la mente un pensamiento o un sentimiento; por último, capturar, a fin de no seguir esta larga enumeración, nos viene a mostrar el sentido de apresar a una persona a la que se persigue o a una cosa que ofrece resistencia.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Así podríamos continuar dando explicaciones y justificaciones de por qué he preferido el término atrapar frente a otros muy similares y hasta sinónimos. Creo que éste es el que mejor manifiesta el sentido y el significado de lo que quiero dar a entender y lo que pretendo expresar; en estos instantes tan necesitados de ese rayo de luz que nos ilumine y nos oriente ante tanta ceguera y cerrazón, ante tan intensas nebulosas y profundas tinieblas, que diría el filósofo, que nos dominan, que no nos dejan vislumbrar la senda exacta y verdadera.

Todos estos conceptos tienen mucho en común, tienen un valor muy similar; sin duda, se aproximan a lo que pretendo trasmitir, espero que me entendáis; aunque, sigo pensando y me inclino con mayor convencimiento, que el que marca un carácter más profundo, que el que mejor y mayormente manifiesta lo que aquí quiero expresar, es aquél que sirve de encabezamiento a este escrito; tanto que la mayoría de la gente del arte, en especial los pintores, aquéllos que se dedicaron a atrapar la luz, a plasmarla en sus lienzos, así lo afirman y estarán de acuerdo conmigo.

La expresión “atrapa la luz” en sentido imperativo hasta hacerla tuya, hasta interiorizarla plenamente, hasta retenerla convencido de que nunca vas a dejar escapar ese instante, te hace asumir, captar y asimilar en lo más interior y en lo más profundo de tu imaginación creadora, en la inmensidad de tu realización total, en tu capacidad de ser personal, en la toma de decisiones. Atrapa. Atrapa la luz.

Esta situación y esta reflexión me trae a la mente, me hace recordar con emoción aquella anécdota tantas veces comentada y repetida del gran pintor Monet, quien en su afán por atrapar la luz para luego poderla plasmar en sus lienzos, no una luz cualquiera, no una luz, donde los potentes rayos solares desvirtúan la realidad de las cosas, sino la luz con mayúscula, la esencia de la luz, la luz en sí misma, dijo aquello de “hoy me he adelantado a los pájaros”, para añadir y aclarar a continuación: “he tomado la delantera a la luz, al día”, y concluir con la misma idea: “he de moverme con rapidez si quiero atraparla”.

He aquí la formula correcta en boca de Monet: “atrapa la luz”. He aquí el por qué de este título al comienzo de este artículo, máxime, cuando me encuentro en una zona de nuestro país que se caracteriza por ser la luz misma, por ser el lugar donde primero se muestra, por la variedad de tonos y colores en todos los momentos del día, de manera muy especial, a la puesta del sol y al amanecer, poco antes de que el primer rayo se asome por el horizonte del mar, como ya constató Sorolla, quien temía que la luz cambiara antes de haberla podido atrapar en un equilibrio perfecto entre agua, cielo y tierra, entre el mundo real y su imagen; todo es como estar sentado en el eje central del universo, el punto inmóvil alrededor del cual todo gira, de la fragilidad ante todo, siendo consciente de lo que se ofrece.

Es muy importante buscar el instante en que la luz puede ser atrapada, el momento en el que puedes llegar a sentir que ya la posees, que ya la has atrapado, pues rápidamente aparece el sol llevándose con su luminosidad el silencio y la quietud tan necesarios para ello.

Cuando la luz se refleja ya por doquier, cuando continua reptando por todas partes, filtrándose poderosamente por todos los rincones, alborotando con ello la naturaleza como una explosión de vida, fragmentándose al atravesar las copas de los árboles, formando un mosaico de sombras arabescas que tapiza todo como pequeños destellos de color, que habían conseguido fijar la luz, hasta el aire se cuaja de luz fulgurante al punto de que ya nada sea visible, todo es luz, luz que deforma la realidad.

La luz lo cubre todo: sombras superponiéndose a otras sombras, cada color ocultando a otro más oscuro, las copas de los árboles, cual danzarinas, interpretando danzas, proyectándose hacia el cielo azul, como si se tratase de un ballet de hojas y ramas, que no cesan hasta alcanzar un frenesí de luz y sombras de indefinidos colores, que te hace dudar y desconfiar si pertenece a la luz atrapada o a los objetos que se te muestran creando confusión y desconfianza.

Hete aquí, por qué debemos anticiparnos, por qué debemos “anticiparnos a los pájaros”, por qué debemos “atrapar la luz”, esa luz única que nos ilumina, que nos señala el camino, que nos lleva a la verdad, a la solución que buscamos y anhelamos de la que estamos tan necesitados y hambrientos, esa luz que nos descubre la verdad y el encuentro entre todos en armonía, en quietud y en silencio.

 

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FIESTAS Y TRADICIONES II

En esta ocasión, pretendo hablaros sobre “El ajedrez viviente de Jávea”. La Comisión de Fiestas de “Mare de Déu de Loreto” organiza desde el año 1996, con motivo del I Centenario de las fiestas patronales de Aduanas del Mar, el ajedrez viviente teatralizado, declarado “Fiesta de Interés Turístico Nacional” en el año 2002, dadas sus peculiaridades, sus características, su acción dramatizada y musical, además de su continuidad en el tiempo, siempre el último sábado del mes de Julio de cada año, como arranque de las “Fiestas de Mare de Déu de Loreto”. Se trata de la representación de una obra de teatro que sirve de base a la partida de ajedrez. Esta interpretación corre a cargo de un grupo de escolares entre 6 y 14 años de todos los centros de la localidad. Las partidas que se van desarrollando son reales, han sido disputadas por algún gran maestro en la historia de este juego a nivel mundial. Este año en concreto se ha disputado la partida de Jacob Mure y Antoine Lobstein, celebrada en Paris en el año 1988.

La representación de la partida se lleva a cabo a través de un narrador que suele ser un personaje importante del ámbito nacional, una persona que sobresale en cualquier actividad del arte, la cultura o el deporte, que de alguna manera está ligada con Jávea como en alguna representación fueron: Matías Prat, David Ferrer o Pedro Duque entre otros; además de dos jugadores: un profesional que suele ser un invitado de honor y el campeón escolar del año en curso.

Sobre un tablero gigante da comienzo la partida. Los jóvenes actores se mueven por él como piezas de ajedrez dando forma y desarrollo a la acción teatral. Este año ha sido representado “El Mito de la caverna” una visión actual.

¿Quién no ha oído nombrar o hablar nunca de “El Mito de la caverna” del gran sabio y filósofo griego Platón, que aparece en su libro de “La República”, en la que uno de los padres de la Filosofía occidental nos explica la importancia y la distinción entre lo aparente, “el mundo de las ideas” y lo real; todo, a través de unos prisioneros encerrados en una cueva donde sólo pueden contemplar las sombras que proyecta la luz de una hoguera sobre un muro al que miran fijamente y únicamente, hasta que uno de los prisioneros logra escapar y descubre el mundo real?

¿Seguro que todos habéis escuchado muchas veces “La teoría de la reminiscencia de las ideas”? ¿Seguro que en más de una ocasión habéis tenido que profundizar en la misma? No. En esta ocasión no toca hablar de Filosofía, ni dar una lección magistral o exponer una idea. No vamos ahora a comentar las teorías de Platón. Ése no es el tema.

Pues bien, éste ha sido el cuento narrado este año. Un cuento metafórico y profundo, lleno de intensidad y carga expresiva, de calidad y de enorme importancia en el momento en el que nos encontramos y que sirvió de base al desarrollo de la teoría de las ideas, al mundo ideal.

El ajedrez viviente en sí no es algo novedoso, aunque si la forma de ejecutarlo, por ello su “Interés Turístico Nacional”.

Esta forma de juego es muy antigua. Con vuestro permiso os la describo brevemente: al parecer, según he podido investigar, la primera partida de la que tenemos noticias arranca en el año 1408, en la Granada musulmana; sin embargo, el juego más famoso y significativo del mundo se celebró en Maróstica, ciudad amurallada muy cercana a Venecia en el año 1454, pocos años después que el de Granada, pero con mayor repercusión.

La historia de este juego, según cuentan las crónicas de entonces, tiene su origen en una disputa amorosa: Rinaldo DÀngarano y Vieri de Vallenara se enamoran a la vez de una hermosa joven, la bella Leonor, hija del señor del castillo. Los pretendientes se desafían en un duelo a muerte. El señor del castillo informado del suceso propuso a los contendientes que jugaran una partida de ajedrez y el vencedor se casaría con la bella Leonor. No nos importa quién resultó vencedor, pero desde ese momento el ajedrez viviente se conmemora, pero cada dos años en el mismo lugar y con el mismo motivo.

Las crónicas de nuestro país, nos hablan de una partida de ajedrez en el Escorial. Don Juan de Austria para celebrar la victoria de Lepanto la organiza, cuentan como habilitó un gran salón con losetas de mármol blancas y negras para su ejecución.

Sin embargo, una de las más afamadas partidas se celebró en Praga, año 1895, donde se representó en una bella partida de ajedrez la derrota del rey húngaro a manos del rey de Bohemia.

Tenemos igualmente noticias, que en la plaza mayor de Salamanca, se hizo una importante representación de una partida de ajedrez, ignoro el éxito alcanzado, el motivo y la temática.

Así, llegamos al año 1996, donde la Comisión de Fiestas de “Mare de Déu de Loreto” organizó la primera de las partidas del ajedrez viviente de Jávea, y de esta manera se sigue representando, año tras año, en el último sábado del mes de Julio.

Esta partida es una mezcla de elementos de teatro clásico, de movimiento de los personajes en su representación dentro del tablero gigante, de juego de ajedrez y música, dando lugar a una modalidad teatral que podríamos denominar como “ajedrez viviente teatralizado”.

Su consolidación año tras año y su éxito continuado se debe sin duda a que cuenta con un argumento perfectamente tramado que se renueva en cada representación, una escenografía diferente cada año, que le hace atractivo, junto con las diferentes personalidades que son convocadas para formar parte de la parte narrativa.

Por todo lo expuesto y concluyo, creo que merece la pena hacer una pequeña escapada a esta bonita localidad de Jávea y disfrutar con la celebración de su “ajedrez viviente”, declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional, junto a un tonificante baño en las cristalinas y trasparentes aguas de su bahía.

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FIESTAS Y TRADICIONES

Hoy, dado que nos encontramos en periodo vacacional, me he propuesto escribir algo distendido, algo carente de profundidad, algo festero que pertenece al mundo de las tradiciones que celebran nuestros pueblos por toda la geografía para distracción del turista, para regocijo de los ya habituales que ven como se superan año tras año y orgullo de cuantos participan y colaboran en la organización del evento popular, multitudinario y llamativo.

Nada mejor para ello que “Las fiestas de Moros y Cristianos” tan participativas y espectaculares, tan importantes y tan involucradas en la historia antigua de nuestros pueblos, tan celebradas y comentadas por todos cuantos tienen el honor de presenciarlas y saborear cada uno de los acontecimientos que allí se viven, se rememoran y sirven de folklore a tantos y tantos días de celebración de la fiesta de Santiago, de Santiago “mata moros”.

Ya que me encuentro en la localidad de Jávea, voy a hablaros de “Las Fiestas de Moros y Cristianos” de esta bella localidad alicantina, lugar donde me deleito con sus vistas espectaculares, con su clima siempre aireado por sus cinco vientos, con sus paisajes y sus aguas de múltiples colores según las acaricien los rayos solares, donde me sumerjo como en una pila bautismal de la que emerges revitalizado y fortalecido, sirviéndome de distracción e inspiración en mis ratos de ocio.

Aunque se trata de una semana de acontecimientos y celebraciones, los dos momentos más intensos son, sin lugar a dudas: la batalla en la playa con la conquista final del castillo por parte de las tropas invasoras y luego, más tarde, la reconquista y los desfiles victoriosos de hermandad por parte de las tropas participantes con sus mejores galas, sus vistosos vestidos, su forma de desfilar, sus movimientos al ritmo de la música y la gran parafernalia que les acompañan.

El desembarco se produce al anochecer. Surgen inesperadamente oleadas de barcazas musulmanas arbolando banderas de la media luna al viento, enfrentándose a las olas embravecidas, a veces, con continuos disparos de arcabucería y la subsiguiente respuesta desde la playa de cañones y trabucos por parte de las tropas cristianas bien posicionadas y alineadas para repeler la agresión.

La contienda se hace intensa. Las barcazas van poco a poco aproximándose a la arena. Los más atrevidos se arrojan de las mismas al agua animando al resto y se aproximan a las tropas cristianas, quienes rompen su ordenada formación ante el acoso de los asaltantes, comenzando a retroceder despavoridas ante el empuje de los enemigos. Se establece una lucha sin cuartel y feroz. Se combate cuerpo a cuerpo con lanceros, arqueros y con espadas.

Los cristianos buscan refugio en el castillo ante la fuerza del ejército invasor: unos atacan con ferocidad; otros se defienden con valentía pero en desorden y atropelladamente. Al final de la contienda, el castillo es tomado. La plaza cae en manos sarracenas.

Se producen los discursos de rendición y de conquista: los primeros prometen volver con más brío y fuerza, mejor posicionados y más aguerridos; los segundos aseguran que se defenderán hasta la muerte por defender la tierra conquistada, de donde no serán nunca expulsados, dada la belleza y la hermosura de la tierra sometida, su riqueza y el enclave privilegiado que forma.

Los desfiles victoriosos son preciosos, rítmicos, dignos de ser contemplados por sus ropajes, sus escudos, los adornos que cubren sus cabezas, las formas de desplazarse de cada filá, la música que a cada una acompaña, el estruendo de la arcabucería que no cesa de tronar y atronar los oídos, las cabriolas de los caballos que se intercalan y la elegancia de las mujeres moras y cristianas marcando un ritmo sensual, que anima al griterío, a las palmas y a los vítores de los espectadores que abarrotan el recorrido.20160724_204654

Sé que “La fiesta de Moros y Cristianos” se celebra por doquier, por todo el levante español en esta época de riguroso calor. Sé que se convierte en un auténtico reclamo para el turismo extranjero y nacional, que acude ansioso y expectante por visualizar ese espectáculo de luz, sonido, vestidos y joyas, que la mayoría no llega a comprender del todo.

Sé que unos tienen más fama que otros, más kábilas y cuarteles, más numerosas filás o más grandes escuadrones; pero el espectáculo es semejante y el éxito cosechado igual junto con otras acrobacias y danzas que adornan y acompañan.

“La Fiesta de Moros y Cristianos” se convierte en una celebración inmemorial, que arranca y se encuentra arraigada en la tradición de nuestros pueblos, en aquellos acontecimientos medievales de conquista y reconquista, de asaltos sorpresivos a pueblos indefensos y de luchas heroicas en defensa de sus costumbres, su religión y el bienestar de sus gentes.20160724_213107

Para concluir y a manera de resumen, “La fiesta de Moros y cristianos” es ruido atronador de arcabucería constante y monocorde; vestidos y trajes esplendorosos, brillantes y llamativos de cada una de las filás, algunos yo diría que aterradores por sus formas y adornos, pero elegantes; ritmo que marcan los tambores, unos gigantes y otros más chicos que hacen retumbar el suelo y las viviendas, junto con la algarabía de gaitas y flautas, que obligan a unos movimientos suaves, virtuosos y estudiados en los participantes; desfiles de filás perfectamente hermanadas y unidas, bien uniformadas y acompasadas, mandadas por un severo capitán o una autoritaria capitana que los guía y los obliga a moverse para agrado y placer de los presentes; música, luz y color además de vistosidad configuran el desfile victorioso de las tropas.

Si tenéis oportunidad allá donde os encontréis, no dejéis de presenciarlos, no os los perdáis, disfrutarlos y vivirlos con intensidad y emoción. Felices vacaciones una vez más.

 

 

 

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LOS CELTAS Y EL DRUISMO

En estos días, mientras leía una novela sobre los pueblos celtas, me ha venido al pensamiento un recuerdo y una reflexión, que me gustaría dejar plasmada aquí y que me ha hecho retroceder a mi época de estudiante primero y, más tarde, me ha trasladado a los gratos recuerdos de cuando traducía con mis alumnos “los Comentarios sobre las guerras de las Galias”  de Julio César, de manera muy especial, siempre que aparecía y explicaba el nombre de los “Druidas”, nombre que la primera vez me llamó la atención y me obligó a buscar información, que el propio Julio César manifestaba en sus escritos sobre su filosofía, sus principios morales y religiosos, su amor a la naturaleza, su influencia en las decisiones políticas y de gobierno que llevaron a este mismo conquistador a iniciar de alguna manera su extinción, dado su poder en todos los ámbitos: educativos, sociales, políticos y religiosos.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Luego, dominado y acaparado por otras ideas y acontecimientos, fui perdiendo el interés por esta cultura y aquellos famosos sacerdotes, magos y adivinos dedicados al estudio de la naturaleza, sin templos, sin estatuas religiosas, sólo el cuidado de bosques frondosos, sólo la naturaleza, sólo recibiendo la energía y el potencial que la madre tierra revitalizaba e inspiraba tumbándose sobre ella.

La palabra “Druida” significa en el lenguaje Celta: roble. El roble se convierte en el árbol sagrado de los Druidas; mejor, es su árbol sagrado, constituye uno de los ejes centrales de sus creencias, ya que les permite establecer una comunicación con los tres niveles de la divinidad: la parte enterrada, subterránea, por sus raíces; la de la superficie, por su tronco; la de las alturas, por su copa.

Podríamos concluir que el bosque era el autentico hogar para éstos, que el contacto perenne con la naturaleza, el hecho de tumbarse sobre la tierra era fundamental para ellos, suponía recibir toda la energía que ésta tenía, reanimaba la sangre por sus venas, hacía que se sintieran inundados de la misma fuerza y vitalidad que las propias plantas y árboles, esas plantas sanadoras y medicinales como “el saúco o el muérdago”. Así los árboles contenían un gran simbolismo: los de hojas caducas por su estacionalidad y carácter cíclico configuraban una alegoría de la vida; los de hojas perennes representaban la inmortalidad del alma; por esto, el bosque era algo sagrado para ellos. Yo me atrevería a afirmar de alguna manera, que los Druidas fueron los primeros amantes de la naturaleza,  los primeros en preocuparse de su conservación y mantenimiento.

Como elemento anecdótico a todo esto, sería la expresión tan vulgar de “tocar madera”, expresión que solemos decir, a la que acompañamos con un gesto de tocar algo ante una posible desgracia, y que podría tener su origen en el druismo, ya que estos sacerdotes, magos o adivinos se apoyaban siempre en el roble, lo tocaban constantemente para que el árbol los librara de sus males; de aquí, su carácter sagrado y benefactor, además de balsámico para sus remedios y males.

Otra reminiscencia que nos ha llegado es la recogida del muérdago: es muy corriente que hoy, llegadas las fiestas de Navidad, lo compremos para proteger nuestras viviendas y los habitantes de las mismas; pues bien, la recogida de éste tenía su propio entre los celtas siendo una planta muy benefactora entre sus miembros.

Los Druidas son los sacerdotes celtas, los conservadores de las tradiciones de su pueblo. Sus miembros eran elegidos tras una dura selección por el jefe druida, luego de un largo proceso de educación y enseñanza de sus doctrinas y costumbres. Los jóvenes mayores de catorce años se presentaban voluntariamente y después de un  proceso de adoctrinamiento eran consagrados.

Los Druidas a diferencia de otros pueblos o sacerdotes no formaban una casta; antes al contrario, se mezclaban con el pueblo, participaban de sus ocupaciones y tareas. Julio César en “los Comentarios sobre las guerras de las Galias” les atribuía tres funciones fundamentales: educadores, pues se dedicaban a la enseñanza oral, a veces, en forma de canto o poesía; la base de su adoctrinamiento era la inmortalidad del alma, la metempsicosis, pues la vida eterna era una prolongación de la vida terrena:

“La metempsicosis es una doctrina según la cual una misma alma puede animar diferentes cuerpos, como la trasmigración del alma de un ser a otro. Los egipcios ya hablaban de la metempsicosis; pero fue Pitágoras fundamentalmente quien lo introdujo en Grecia; más tarde, Platón habló de la trasmigración de las almas, que luego culminó con la teoría de la reminiscencia de las ideas”.

La segunda función fue la de jueces. Los Druidas entendían en crímenes, homicidios o herencias; a veces, actuaban como árbitros ante las diferencias entre tribus, en los tratados de paz y en las formas de intervenir en la guerra. Las penas para los castigados eran el destierro total de la tribu siendo declarados “apestados” o “proscritos” e, incluso, la muerte.

La tercera función era la de sacerdote: vestían túnica blanca; eran los intermediarios entre el mundo sobrenatural y los hombres; fijaban el calendario de la tribu y las fiestas entre las que sobresalían: la Beltaine, fiesta del matrimonio y la felicidad, en ella se celebraban todos los enlaces matrimoniales del año; la Samain, fiesta en la que se comunica el mundo de los vivos con el de los muertos, los espíritus pueden establecer contacto con el mundo terrenal; parecida a la fiesta cristiana de “Todos los santos”; la Lugnasad, fiesta en honor del padre Lugd, uno de los grandes dioses junto con la madre Danua o Dana; junto a esto, eran los encargados de recoger el muérdago en el solsticio de verano con un importante ritual, además de practicar la magia y prevenir el porvenir; sanaban a los enfermos o a los heridos en las batallas con hierbas naturales que buscaban en el bosque; hacían sacrificios en medio del mismo; por lo que los mantenían en buen estado bendiciendo las cosechas y el ganado.

Por último, como conclusión, entre los grandes valores de los celtas deberíamos destacar y sintetizar: su bravura en las batallas, su gran espiritualidad, su respeto a la naturaleza y a los bosques, una hospitalidad notable y su gran mérito y aportación, el trabajo de la metalurgia tanto en armas como en aperos de labranza.

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EL ARTE DE DIALOGAR

Pensaba Sócrates: si cada uno entiende por “bueno” y “malo”, “justo”  e “injusto” una cosa distinta; si para cada uno las palabras “bueno” y “malo”,”justo” e “injusto” poseen significaciones diversas, entonces, la comunicación y la posibilidad de entendimiento entre los seres humanos resulta imposible. La tarea más urgente, por consiguiente, es restaurar el valor del lenguaje como vehículo válido. Es necesario definir con precisión los conceptos para restablecer la comunicación y hacer posible el diálogo.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

El diálogo, filosóficamente hablando, lo convirtió Sócrates en una forma especial de ironía y mayeútica, consistente en ayudar a dar a luz mediante la pregunta inteligente, a las opiniones de los demás sobre múltiples ideas generales.

La importancia filosófica del diálogo aparece, por tanto, cuando se tiene en cuenta que la dialéctica, método del conocimiento que permite elevarse a la contemplación de lo absoluto, no es otra cosa que el arte de dialogar.

Si queremos decirlo de otra manera más sencilla y que nos llegue. El diálogo consiste en comunicarse, en compartir emociones y sentimientos. En consecuencia, todo diálogo debe orientarse al encuentro entre los seres; así pues, su objetivo no se basa en resolver problemas ni en tomar decisiones o hacer plazos de futuro. El diálogo es un requisito esencial, fundamental y necesario para una discusión fructífera y productiva, se convierte en un elemento importantísimo para la convivencia humana y la buena relación entre los seres humanos.

Antes de esto, debemos dejar muy claro los conceptos de discusión y diálogo. En el diálogo no cabe ni ha lugar para la polémica, pues eso forma parte de la discusión. En la discusión se da el espacio necesario para la argumentación; en cambio, en el diálogo se hace esencial un intercambio de sentimientos y de ideas. Un verdadero diálogo, pues, se caracteriza por un sentido de colaboración, no por un enfrentamiento. En el diálogo hay siempre intercambio de ideas, de sentimientos, de emociones alejado totalmente de la asignación de responsabilidades. El diálogo sólo sirve para descubrir la bondad en el otro, para conocerlo mejor; de aquí, la idea de Sócrates de tomar como base la ironía y la mayeútica; por ello, una persona egoísta, personalista tiene muy poca capacidad para el diálogo.

Esto nos lleva a plantearnos que la manipulación no es nunca diálogo, pues en la manipulación se exponen los sentimientos a otra persona, los planes para que se haga algo por ella, para conseguir y llegar a alcanzar unos intereses en beneficio propio. Así, la manipulación se convierte en un juego que obliga al otro a satisfacer las necesidades privadas; en consecuencia, cuando unos interlocutores, como sucede en la inmensa mayoría de los casos, que estamos acostumbrados a contemplar, en este juego destruyen su relación, se degradan sobre manera y caen en un monólogo, que es el auténtico camino para el aislamiento y la soledad, como estamos viviendo continuamente.

Por tanto, necesitamos echar mano de una verdadera comunicación que dé origen y nos lleve al verdadero diálogo. Comunicar es compartir, y esto es lo importante, lo esencial y fundamental, y esto es el diálogo del que estamos hablando, para ese deseo de dar al otro mi propio ser en una autorevelación en total y plena transparencia, que debe imperar en todo verdadero diálogo.

Además de esta comunicación y como base para ella, el diálogo requiere un acto de voluntad: confianza en el otro. La disposición más adecuada para que se dé el diálogo es querer dialogar con el otro buscando la comprensión mutua. Aquí me estoy refiriendo como elementos importantes y necesarios: a la comprensión y a la aceptación, sin ellas no se dará un auténtico diálogo, pues esto supone una invitación ineludible a la reciprocidad mutua.

Por ello, deducimos que es esencial en el diálogo la forma de escuchar. Aquí introduzco un nuevo elemento fundamental en el arte de dialogar: estoy hablando del arte de escuchar; pues un auténtico diálogo y una verdadera escucha pertenecen al mundo de la comprensión tan necesaria para un buen diálogo.

Para ser auténticos oyentes se debe estar disponibles, estar abiertos, no temer lo que va a escuchar, no tener ideas preconcebidas, ya que se busca siempre la comprensión no la victoria de uno sobre otro. Es necesario no llevar sugerencias, ideas o conceptos elaborados de antemano, no interrumpir, no estar pensando en nuestra propuesta mientras el otro habla, que es lo que suele suceder con frecuencia; así, cuando las emociones, los sentimientos, las ideas adquieren una forma clara, se deben aceptar, no simplemente tolerar o, mucho menos rechazar. El auténtico oyente, el que asiste y está de verdad, respeta la personalidad y la presencia del hablante.

En un diálogo, ya para ir concluyendo, escuchar consiste en sentir más el significado de las palabras que la mera materialidad de éstas: escuchar con el corazón más que con la cabeza; reflexionar en profundidad sobre lo expuesto más que en “sacar punta” a lo escuchado.

Sería necesario llegado a este punto, diferenciar entre diálogo, que ya hemos dicho que es un coloquio, una conversación entre personas y un debate donde intervienen personas, grupos o gentes de ideologías, de opiniones diversas en busca de comprensión y acuerdo.

Ahora sí concluyo con estos pensamientos: “el diálogo es la comunicación existente entre tú y yo” (Martín Buber). “Nuestra vida es un diálogo, donde es el individuo sólo un interlocutor” (Ortega y Gasset).

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EL ARTISTA Y LA NATURALEZA

En una interesante excursión, que realizamos un día sin mucha actividad desde Jávea hasta la Torre del Gerro, pudimos disfrutar de una sorprendente sorpresa, que nos cautivo y que, de alguna manera, casi nos hace alejarnos de nuestro objetivo primero.

Fuimos en coche hasta el Restaurante el Amanecer, junto a la ruta de los Molinos y desde allí, cruzando “les Planes” a través del camino de la “Cova Tallada”, nos encaminamos a la Torre del Gerro ya en la zona de Dénia.Torre-del-gerro-02

Esta bella torre forma parte de un sofisticado sistema de defensa establecido por toda la costa alicantina, mandado construir por el Emperador Carlos, a fin de proteger de los frecuentes ataques de los piratas y los berberiscos desde las próximas costas africanas todo este litoral, saqueos y acosos que tantos problemas le causaron en todo su mandato.

Desde lo alto de estas torres, los vigilantes dominaban todo el “mare nostrum”. Desde ellas, establecidas a lo largo de la costa en lugares estratégicos, se podían comunicar unas con otras, vigilar todo el litoral hasta el horizonte y estar preparados y prevenidos ante las acometidas feroces de tan bárbaros piratas berberiscos, quienes atemorizaban asolando las poblaciones cercanas.

Hoy, la mayoría de estas torres han desaparecido casi en su totalidad, aún se pueden contemplar alguna de ellas u observar restos de su estratégico emplazamiento, lo difícil de su acceso, lo privilegiado de su situación e incluso, lo dificultoso de su ascenso, dada la construcción interior de las mismas.

La Torre del Gerro o de la “jarra”, así llamada por su extraña forma, es una magnífica construcción, de bella estampa exterior, de silueta armoniosa y de grandiosas paredes redondeadas y firmes, de extraordinaria fortaleza, resultando tremendamente dificultoso escalar por su interior hasta alcanzar las esbeltas almenas protectoras desde donde, con toda seguridad, los dominadores de las mismas podían controlar el infinito mar, la abrupta y escarpada extensión de la costa y los acantilados embravecidos y cortantes, sin olvidar las envestidas de los asaltantes que pretendían conquistarla o adueñarse de ella.

Con todo, lo más espectacular, lo grandioso, la hermosura total y la belleza plena, lo que yo aquí quiero reflejar, se ofrece al esforzado caminante, que transita con la cabeza baja, los ojos fijos en la aridez del sendero pedregoso y el miedo en el corazón ante posibles caídas por causa de las constantes piedras puntiagudas, que se anteponen unas detrás de otras, sin apenas espacio para unos pies firmes y poco acostumbrados a tanta dureza como ofrece la senda de “les Planes”.

A poco que te detengas, a poco que levantes los ojos del suelo para contemplar un duro paisaje arrasado por el fuego de hace unos pocos años, observarás, no sin expectación y maravillado, admirando la belleza de la naturaleza adornada por el ingenio, la habilidad y el trabajo de la grandiosa imaginación creadora y la genialidad de un artista anónimo y desconocido, de unas manos duras, llenas sin duda de rugosidad, que fueron capaces de amontonar piedra sobre piedra hasta formar unas extraordinarias esculturas, que cambian de forma, que adoptan figuras diversas y variadas según la perspectiva desde la que el observador expectante se sitúe, según la distancia desde la que las contemples y el lugar elegido para deleitarte con tan fenomenal visión, como si se tratara de esculturas multiformes, que se ofrecen a la mirada dibujando en medio del agreste paisaje siluetas de las más variopintas formas y condición ante un espíritu contemplativo.

Y así, una, otra y otras… toda “les Planes” llena de pequeñas estatuas, de piedras perfectamente colocadas: grandes y chicas y más diminutas. Un auténtico museo de esculturas surgen por doquier: aquí y allá, a un lado y a otro por donde extiendes la vista, como alegrando y deleitando la visión ante ese castigado y desolado paisaje que un día la mano del hombre arrasó con un incendio; hoy, un artista anónimo, un escultor desconocido ha ido sembrando y regalando a cuantos caminantes se adentran por estos parajes y se atreven a levantar la vista, a hacer un alto en el camino para deleitarse en la imaginación creadora y en la sencillez de la naturaleza maltratada.

A partir de este instante el camino se hace agradable a pesar de lo áspero del sendero y la desolación de la tragedia, dejas de mirar los árboles truncados y la naturaleza muerta por el fuego.

El caminante se ve obligado a detenerse paso a paso para observar y contemplar con admiración la maravilla, que el ingenio humano ha sido capaz de recrear con elementos tan insignificantes de la naturaleza como es la piedra: piedra sobre piedra, piedra al lado y junto a otra piedra, un montón de piedras minúsculas sobre otras más grandes hasta dejar patente una escultura, una obra inmortalizada, una obra para la que desde estas líneas pido respeto y un ruego a fin de que la barbarie, a veces, del ser humano conserve, evite su destrucción, admire su belleza, lo valore, visualice y llegue a disfrutarlo desde lo más hondo de su ser, comprobando como en un paraje brusco, duro, pedregoso y arruinado puede aparecer la maravilla de un artista anónimo, que es capaz de transformar la naturaleza seca y árida en un paisaje digno de admiración, que te obliga a alejarte de tu ruta primera para seguir contemplando pequeñas estatuas, que destacan en la lejanía, te incitan a una reflexión y a perderte ante aquel museo tan maravilloso y atractivo.

No sé si desde estas líneas tengo fuerzas para ello, pero sí pediría un voto de respeto a la obra creada con esos materiales tan toscos del propio paraje, todo real, nada artificial, sin instrumentos de cincelar desmedidos, sólo con la mano del hombre y su imaginación de artista, pido un voto por esta obra que da encanto a un paisaje tan desolado; aunque, probablemente, el anonimato de esa mano creadora sea el más alto valor a admirar y contemplar. Dejemos que otros muchos, cuantos por allá pasen, sean capaces de valorarlo y contemplarlo.

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DESDE LA PERSPECTIVA: LO DISTANTE Y LO PRÓXIMO

Desde un alto picacho de forma esbelta y estilizada, puntiagudo, resbaladizo y cortante, se podía vislumbrar con cierta nitidez el horizonte perdido, alejado y difuso, donde la naturaleza, los seres y las formaciones de las cosas desaparecidas en la distancia apenas dejaban gozar de la belleza, la armonía, la hermosura y la delicadeza de todo lo allí establecido.

Obra de Nieves Prat

Obra de Nieves Prat

Es necesario descender al detalle, tocar la cercanía de lo permanente, sentir el temblor de lo estático y la timidez del movimiento, saborear la percepción de lo percibido y la sensibilidad de lo que se hace notar, requiere tu presencia para ser observado, se muestra como querido, manifiesta que está vivo, que tiene la alegría y la cualidad de lo llamativo, de lo que produce una respuesta, de lo que debe ser admirado y exige una pregunta profunda, un averiguar su significado, algo que atrae y provoca, cautiva e incita más allá de lo simplemente analizado o experimentado.

¿Quién puede ser capaz de pasarlo por alto? ¿Quién puede alejarse cada vez más sin absorber toda su sabia? ¿Cómo se puede menospreciar todo lo que aparece sin dejar huella de la existencia, de nuestro estar ahí? ¿Cuál puede ser nuestra certeza ante todo cuanto se muestra? ¿De qué modo se puede uno enfrentar a la realidad que nos aspira y nos incorpora incesantemente, nos colma con toda su capacidad, nos inunda con su sentido y razón, nos invade hasta saturarnos con la misma existencia del ser y la honda esencia de lo implantado?

Algo se produce sin duda que nos sobrepasa, simula como un extenso manto que nos cobija y protege, nos acuna con dulzura, nos hace comprender nuestro destino sublime y nuestra comunión con ello, nuestra misión trascendente de ser en realidad, de ser existente en el ser, de un ser afincado y no errático, inteligente y no ausente, personal y no vacío, individual y no fragmentado ni aislado, singular, indivisible, organizado, libre.

Esta visión arrastra al devenir, al constante devenir del que no se debe uno alejar nunca ni parece razonable huir, pues en él se encuentra la esencia, en el se halla la felicidad y la unión, salvo que prefieras caer en la nausea, en la frustración, en la absoluta nada.

Este devenir, en verdad, se convierte, se transforma en un principio, en el principio de la realidad, de esa realidad que es cambio constante y continuo, que es un fluir permanente. Así es como Hegel llega a representar el devenir como una superación, como la superación del puro ser y la pura nada, hasta el punto que sin él no se podría llegar nunca a la verdad, ya que sin devenir no se puede alcanzar el cambio, no se logra la transformación anhelada tan importante para conseguir el ser pleno, el ser en movimiento, el ser reparador, lo absoluto no se podría manifestar evolutivamente bajo las formas de espíritu y naturaleza.

Por todo esto, es preciso bajar del alto picacho, de ese abrupto picacho, escarpado y filamentazo que en un principio pareció hermoso y desde el que nos sentimos como seres superiores, seres únicos, desde el que contemplamos con gesto hierático y dominante la realidad que se aparece y se muestra, la realidad que se desdibuja por causa de lo distante y nos la imaginamos convencidos de que es la auténtica realidad, sin pensar que se trata de un simple fenómeno de los sentidos, que la transforma y nos hace concebir una apariencia como real, como no existente, como ajena sin quererlo a la propia realidad.

Aquí, en el mundo de los iguales, en la realidad de todas las cosas sin exclusión, se puede y se debe profundizar, se debe ahondar en la auténtica esencia de ese existir transformador, de ese ser al que se unen los seres en busca de la unificación, la unión permanente en ese constante y continuo discurrir.

¿Cuál es el papel de los sentidos ante esta situación? ¿Cómo convivir y relacionarse  en el mundo de los iguales? ¿Surgirá en alguien o en algo la fiebre imperiosa del poder? ¿Quién mandará? ¿Se sentirá superior? ¿Querrá en algún instante imponerse?

Si se trata de iguales, de los que sienten su entidad de ser en justicia y en libertad, nadie podrá nunca sobreponerse, considerarse superior a otros, a no ser que se violente de forma fragante el devenir de las cosas, el orden existente, la realidad permanente en continua ebullición y fluir constante.

Sólo el ser existente, el ser consciente de su entidad con conciencia plena de su existir, implantado en su pleno devenir, considerando al otro como igual, sintiéndose otro con sentido de su plenitud, es capaz de ocupar su espacio y su tiempo como un alguien peculiar con una misión que desarrollar, cumplir y llevar a la totalidad, al ser trascendente, al que aspira, misión de la que participa el otro y que junto con él ha de culminar.

 

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CERVANTES EN EL IV CENTENARIO DE SU MUERTE

Yace aquí el hidalgo fuerte

Que a tanto extremo llegó

De valiente, que se advierte

Que la muerte no triunfó

De su vida con su muerte…

 

Con estos versos que el propio Cervantes pone en boca de Sansón Carrasco, en el epitafio de la sepultura de don Quijote, una vez muerto éste y que aparecen al final del último capítulo de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, se podría pensar, ¿por qué no?, que el propio Cervantes, viendo ya cercana su muerte, se ponía él mismo su propio epitafio para su tumba recientemente descubierta.

Significativas son igualmente aquellas palabras que el mismo Cide Hamete deja impresas en las últimas líneas del mismo respecto a su  ingeniosa pluma: “aquí quedarás colgada de esta espetera y de este hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía… para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solo los dos somos para en uno…”

Extraordinarias palabras dedicadas a su pluma maravillosa, como despidiéndose con este gesto, que fue capaz de plasmar las genialidades de un ingenio tan magnífico en el arte de escribir. Así exclamó Guillermo Rojo hablando de Cervantes como modelo lingüístico: “el español es conocido hoy como la lengua de Cervantes”.

Martín de Riquer, a propósito de la Segunda parte de El Quijote y de la situación que en ella se vive en los últimos capítulos, donde se habla de la novela,  se comenta, se critica e incluso se da la bibliografía cuando se entera de el falso Quijote, dice: “con un dominio nunca superado en el arte de escribir novelas, Cervantes es capaz de reunir, relacionar y trabar en una sola acción seres de tan distinta procedencia y de tan diversa inspiración…” para concluir: “así Cervantes se presenta como un auténtico malabarista, que juega con su obra, se impone a ella y la lleva por donde quiere”, hasta hacer exclamar a José Manuel Blecua “que El Quijote es el gran libro de la vida, o que en su obra triunfa el concepto de discreto, que unido al concepto de naturalidad aparece el de dignificación popular”.

Al hilo de estas opiniones de tan importantes estudiosos, ¿qué cosas puedo decir de la habilidad de Cervantes para los diversos y variados registros lingüísticos?, ¿qué respuesta existe para las diversas novelas que van apareciendo sin cesar en El Quijote, en especial, en la Primera parte del mismo? Cervantes tan pronto utiliza un registro pastoril con Crisóstomo y Marcela, uno morisco cuando se relatan las aventuras del Cautivo, o picaresco en el episodio de los Galeotes, ejemplar en el Curioso  Impertinente, orador en el Discurso sobre la Edad de Oro y sobre las Armas y las Letras, como lo vemos manejando el género epistolar como un experto en sus variadas cartas: sentimental en la de Luscinda a Cardenio, parodia de tipo amorosa la de don Quijote a Dulcinea, familiar como la de Sancho a Teresa Panza o de ésta a Sancho, por no hablar de los cuentos tradicionales y populares puestos en boca de Sancho y un largo etc…, que no voy a enumerar y de sobra conocéis, pero que nos viene a demostrar de cómo Cervantes, escritor culto y elegante, es capaz de reproducir el estilo coloquial del pueblo con el buen humor que le caracteriza, con el chiste y juegos de palabras, con expresiones graciosas que van llenando su obra, dominada toda ella con una constante y fina ironía, que le lleva a exclamar a Capmany: “el principal mérito de Cervantes es la pureza y propiedad de la dicción y la claridad y hermosura de la frase”.

Centrémonos a continuación en el aspecto realista de su obra: ¿cómo pudo Cervantes presentarnos un personaje tan real como Sancho? Nos preguntamos. Si un escritor realista parte de la realidad, ¿de dónde partió él para ofrecernos ese personaje, que nos mete por el alma y aún por los ojos? Nos comenta Dámaso Alonso. Sin duda, Cervantes vivió toda su vida en contacto con la realidad exterior y de ella fue cogiendo cada uno de sus rasgos como buen observador; pero el personaje de Sancho es mucho más, es un conjunto de refranes, de sentencias, de agudezas y de chistes, es una biblioteca de cuentos, es un pozo de sabiduría popular.

El gran mérito de Cervantes fue que unió todo este material y lo fundió en un personaje. Su gran mérito es que creó a Sancho no como un ser humano único, sino más bien que en él reflejó un compendio de ciencia popular; por eso, dice Dámaso Alonso: “Cervantes no se limita a juntar el alma humana de una manera estática, sino que lo convierte en una pintura dinámica, es el movimiento y son los cambios del alma ante las cosas y ante los seres”. Por eso, si queremos entender los rasgos de la técnica cervantina en el retrato del alma, lo más certero es seguir la evolución de Sancho: allí vemos como unas veces es crédulo en su afán por alcanzar cosas materiales, pero otras, su sana razón le hace comprender la más dura realidad.

Así, la verdadera interpretación del alma realista de Sancho oscila entre el devenir del Sancho-Quijote y el de Sancho-Sancho, entre ser él mismo o dejarse llevar por la fantasía de su señor, según opinan todos los estudiosos y críticos de su obra. De esta manera, Cervantes se nos muestra como maestro y dueño absoluto de sus materiales al hacer reaccionar a Sancho sin violencia, con gran naturalidad.

Cervantes ha visto con meridiana claridad que todo ser humano es una mezcla, y así nos muestra en los caracteres de don Quijote y Sancho una representación perfecta del alma humana elevada a la máxima plenitud; de este modo investiga Cervantes el tema esencial y permanente del ser humano: lo que le tiene pegado a la tierra y lo que le eleva a Dios. Cervantes logró alumbrar una obra realista y a la vez universal.

En el prólogo de la Primera parte de El Quijote Cervantes nos dice: “que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas salga vuestra oración y período festivo… dando a entender vuestros conceptos sin intrincarlos ni oscurecerlos. Procurando también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla”. Siguiendo esta fórmula, su prosa reviste multitud de modalidades estilísticas encaminadas a la eficacia y al arte.

Además con este mismo criterio, Cervantes pretende hacernos reír, de aquí que ridiculiza y satiriza, parodia las cosas absurdas y las fantásticas; en suma quiere crear un nuevo género literario que desacredite la caricatura del heroísmo y evite la confusión entre el héroe de verdad y el héroe de fábula. Cervantes satiriza, se burla y desprecia la caballería, lo que realmente hace es centrarla en su realidad y apartarla con la parodia, la ironía y el sarcasmo; de esta manera la parodia se convierte en otro de sus grandes méritos: lo importante para Cervantes es que, siendo El Quijote una novela que se propone satirizar, una novela literaria de la época, que para nosotros ahora puede no significar nada, sin embargo tenga una validez perenne y constante en todo el mundo civilizado, gracias al genio y al ingenio de nuestro autor, alcanzando una trascendencia universal.

El diálogo es sin duda uno de sus mayores aciertos estilísticos: Cervantes hace hablar a los personajes con tal verismo: “la conversación pausada y corriente entre don Quijote y Sancho alivian de alguna manera la monotonía de su vagar, dice Martín de Riquer, supliendo cualquier procedimiento descriptivo. Este diálogo adquiere a veces una especie de técnica dramática y se hace rápido y vivaz, se enlaza en preguntas y respuestas con lo que los personajes quedan perfectamente individualizados por su forma de hablar”.

Cuando Cervantes narra las aventuras de don Quijote emplea un estilo irónico, pleno de chistes, juegos de palabras, expresiones llenas de comicidad logrando que la ironía adquiera una gran fuerza; es curioso que al acabar la Segunda parte de El Quijote ya ha cumplido los sesenta y ocho años, estando al final de sus días, está en la miseria, ha padecido desdichas y calamidades de toda suerte en la guerra, en el cautiverio, en su hogar, ha recibido la humillación y burlas en el ambiente literario; pero, a pesar de todo, su buen humor y gracia inunda toda su obra, aunque en la mayoría de los casos tales bromas encubran amargas verdades y reales desengaños. 23 de Abril 1616.  Vale.

 

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