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UN CAMINO PARA UNA CIUDAD ROMANA

Un camino para una ciudad romanaOs invito a través de este artículo a visitar nuestra ciudad de Alcalá de Henares, a recorrer su mucha y gloriosa historia, a que disfrutéis y admiréis los vestigios de nuestros antepasados. Hoy os haré un pequeño recorrido por las ruinas de la antigua Complutum, abierta al público desde el verano pasado. Deseo que sirva de motivación y deleite de vuestro espíritu:  Un camino para una ciudad romana

 

 

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UNA BELLA CIUDAD A PESAR DE…

Ver Articulo Diciembre. Diario de Alcalá.

-¡Adiós! ¡Adiós hombre! ¡Cada día eres más antipático, más antisociable! -, dijo una voz a mis espaldas.

-¡Perdona!-,le respondí, volviendo la cabeza y reconociéndole-. Yo no soy ningún antipático y tú lo sabes muy bien, nunca lo he sido.

-Es que siempre vas con la mirada puesta en el suelo, como ensimismado, como buscando algo que hubieras perdido y tuvieras mucho interés en encontrar-, me replicó.

-Ya me gustaría poder llevar la cabeza levantada para contemplar la hermosura de nuestra amada ciudad-, y proseguí:

-Yo recorro todos los días sus calles, plazas y rincones de los que estoy cada vez más enamorado: la calle las Damas, las Siete esquinas, la calle del Cardenal  Tenorio, la calle Santiago, la calle Libreros con el callejón de las Santas Formas, la monumental calle Mayor porticada, con el Corral  de la Sinagoga y  la Plaza de los Irlandeses…

-Admiro sus monumentos, sus mansiones señoriales y palaciegas: la regia y única en su género Magistral, el espléndido Palacio Arzobispal con sus murallas y torreones plenos de cigüeñas, la ilustre Universidad Cisneriana majestuosa y señera, cuna en otro tiempo del saber, la luminosa fachada de la Iglesia de los Jesuitas con sus contrastes de sombras y luces… No existe, en verdad, ciudad más bella y con semejante historia.

-¿Cuál es entonces tu problema? – me preguntó con cierta angustia y curiosidad.

-¿Acaso no vives tú al igual que yo en esta ciudad? ¿Acaso no te encuentras con los mismos problemas e impedimentos que yo? – le pregunté con insistencia.

-Miro al suelo para ver donde pongo los píes-, y le mostré con rapidez-. ¿Acaso tú no te fijas en la suciedad que nos invade día a día? ¿No ves las “cacas “de los perros esparcidas por doquier? ¿No observas las latas de cerveza, los botes de coca-cola, aquí los papales volátiles de la publicidad indiscriminada, allá las hojas rugosas de los periódicos de buzoneo movidos por el viento de un lugar a otro? ¿Y qué decir de los chicles, chicles pegajosos que se adhieren al zapato y te dejan fijo allá donde se encuentran, imposibles luego de quitar? ¡Mira, amigo mío! Mira las bolsas de chirriantes patatas fritas o de otras “chucherías” como crujen bajo los píes.

-Pues ahora que lo dices, tienes toda la razón, ¡que cantidad de suciedad se ve! -se anticipó mi amigo.

-Es más-, insistí yo con gran indignación. Fíjate en las aceras, esas aceras multiformes, aceras con una tortuosa orografía de altos y bajos, de profundas zanjas que parecen abiertas en canal, de pequeños hoyos fruto del desgaste y el paso del tiempo; aceras llenas de parches mal puestos que provocan multitud de accidentes a los desprevenidos transeúntes; aceras de viejos troncos de chopos centenarios cercenados por la fiera y ruidosa motosierra sin más. ¿Qué más quieres que te diga?… ¿Entiendes ahora por qué miro con frecuencia al suelo, por qué no veo a quien a mi lado pasa, por qué no me quedo extasiado ante nuestra riqueza arquitectónica?

Yo te pregunto ahora, al igual que me interrogo a mí mismo: ¿Qué crees que dirían los aguerridos ciudadanos de nuestra legendaria Complutum? ¿Qué manifestarían nuestros pacíficos Visigodos? ¿Cómo reaccionarían nuestros laboriosos Árabes, los mercaderes y prestamistas Judíos, los fuertes y nobles cristianos que dieron lugar a la convivencia entre culturas?

-Tienes toda la razón-, me interrumpió mi increpante amigo-. Ciertamente tenemos que ir siempre viendo donde ponemos la suela de los zapatos, para no llevarte a tu casa la suciedad inconscientemente pisada. Te comprendo ahora. ¡Discúlpame tú por mi brusco encuentro!

-¿Cuál sería la opinión de nuestro crítico y sarcástico poeta alcalaíno Juan Ruiz ¿Qué enfado manifestaría nuestro insigne Cisneros y tantos reyes y príncipes que aquí vieron la luz? ¿Cómo lo mostraría nuestro más célebre e ilustre conciudadano, genio creador, Miguel de Cervantes? ¿Qué hablarían aquellas celebridades que a la sombra de nuestra Universidad habitaron sus colegios, aprendieron en sus aulas y nos honraron con su juvenil alegría, lances y presencia estudiantil.

-Yo pediría a nuestras respetadas autoridades que patearan las plazas, los parques,  jardines y  calles; que caminaran por nuestras aceras; que emplearan mejor nuestros altos tributos, los cuales no sabemos adónde van a parar; que limpiaran nuestra ciudad, nuestra amada y querida ciudad.

¿Para qué entonces sirve la empresa de limpieza con sus modernos y mecanizados sistemas? ¿Para qué nuestro ejército de policías motorizados, a los que nunca encuentras, ni vigilan, ni controlan?

La gran rotonda de luces y colores que a los píes de la Puerta Madrid  se encuentra, deja ver con grandes destellos: “Patrimonio de la Humanidad”. Yo desde aquí, pido que esto sea cierto, que no tengamos que nominarla “patrimonio de la suciedad”.

¡Un poco de respeto queridos conciudadanos! ¡Un poco de preocupación estimadas autoridades! ¡Dejadnos ver la belleza y el esplendor de nuestros edificios, el conjunto arquitectónico que forman su luz cuando los rayos solares alumbran sus claro-oscuros! ¡Permitidnos gozar del placer de poder pasear por sus calles libres de impedimentos y contratiempos, liberar nuestra mente y admirar en su plenitud nuestra muy amada Alcalá de Henares!

Deseo un día recorrer sin sobresaltos todos y cada uno de tus rincones, detenerme ante cada piedra, almena, espadaña o construcción, recordar tu historia con ojos no cotidianos de paseante habituado a verlos ahí con indiferencia, sino con una mirada llena de curiosidad y admiración de turista ilusionado y asombrado, con la misma admiración que llevó a los pensadores griegos a plantearse la pregunta clave, a iniciar el camino del pensar racional.

Déjame traer a mi imaginación a aquellos personajes que, en el correr de los tiempos, fueron célebres y te hicieron grande. Déjame dialogar de sus cuitas, sus proyectos, su obra y su quehacer por nuestra muy ilustre y amada ciudad. Que ellos y nosotros la podamos contemplar limpia, esplendorosa y brillante.

 

 

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