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EL SILENCIO EN EL DIÁLOGO CONTEMPLATIVO DE LA OBRA DE ARTE

Toda obra de arte necesita obligatoriamente un momento de  diálogo, un diálogo que vamos a llamar contemplativo: el diálogo de la contemplación.

Una obra de arte, sea de la condición que sea, no es un mero objeto que está ahí,  un objeto que se me muestra sin más; es, ante todo, un diálogo viviente, ya que, si tiene el rasgo, el carácter de la autenticidad, de una verdadera obra de arte, lo que en sí encierra, es una comunicación interior a todo aquel que ante ella se presenta, se para a contemplarla.

Sensaciones Obra de Nieves Prat

Sensaciones
Obra de Nieves Prat

Así, cuando se poseen elementos artísticos, una riqueza de vida, el hecho lingüístico, la idea imaginada se transforma en una fuerza creadora. Un mundo fluido brota en el interior del artista, mientras el pensamiento se desvive por hallar la imagen precisa, la frase certera, aquello que haga posible la aparición del universo de ideas que bulle dentro del ser. De aquí, la inquietud, el nerviosismo, la zozobra al comprobar la diferencia entre ese mundo interior tan rico de matices y posibilidades y la realidad plasmada. El creador se ve obligado siempre a renunciar a infinitas manifestaciones, a múltiples ideas posibles, ya que al elegir una realidad creada, rechaza muchas otras formas.

Una cosa es encontrar y otra crear formas de lenguaje, o de otra índole, plenas de expresión; por ello, decimos que el arte en general es un  lenguaje cargado de silencio. El arte se convierte en palabra,  palabra que expresa la tremenda riqueza de los seres profundos en una situación de contemplación silenciosa, El silencio requiere profundidad, interioridad, autenticidad, espíritu contemplativo y admiración ante  la obra que se presenta en sentido pleno.

Es verdad, que la obra es comunicación, es apertura, es expresividad; todo esto, conduce al ser humano al más estricto y auténtico silencio contemplativo, a la más honda intimidad. Por el contrario, toda comunicación que sea un dejarse llevar por una infinidad de palabras sin más, si le falta lo importante: una mirada penetrante de silencio; en estas circunstancias, el ser humano queda disperso, desorientado y alienado.

Por consiguiente, toda obra de arte que se precie, sirve para poner a la persona que ante ella se detiene, al simple espectador, en presencia de realidades, realidades que se hacen patentes sólo a quien es capaz de admirarlas en un profundo diálogo contemplativo cargado de silencio.

El lenguaje nos puede perder y también nos puede ganar; nos puede sublimar hasta la total plenitud o hundirnos en la más honda fosa de la banalidad; por eso, si observamos con detenimiento, entenderemos como el diálogo entre dos seres que se aman profundamente, es un diálogo que se hace silencio. No existe ninguna comunicación sino hay un profundo silencio; por tanto, la plenitud total del silencio la encontramos los seres humanos en una comunicación significativa. El silencio, al contrario de lo que piensa mucha gente, gente  por lo general poco seria, no es privación, no es nulidad de la palabra, no es falta de expresividad y lenguaje, no es que no se tenga nada que decir; el silencio, la plenitud del silencio la hallaremos siempre en la comunicación significativa.

El silencio es testimonio de lo pleno y trascendente. El ser humano en actitud de silencio está siempre abierto a todo, a la expectativa, a la captación del mundo creado; pues el silencio es un espacio espiritual en el que la existencia se nos aparece, se nos manifiesta en su plenitud, en su máximo esplendor por encima de toda parcialidad, de todo cuanto nos rodea.. El silencio nos hace estar a la escucha, nos permite poner en tensión el espíritu y llegar al plano profundo de las significaciones.

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