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EN EL DÍA DEL LIBRO

¡Hola mis queridos amigos y seguidores!
Cómo sabéis, esta semana hemos celebrado la fiesta del libro. Éstas son algunas de las reflexiones íntimas, que como lector y escritor sentí y plasmé en este artículo que se ha publicado en el Diario de  Alcalá. Espero y deseo que os gusten e incluso que las enriquezcáis en vuestro interior. Podeis leer el artículo aqui: En el día del libro

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UN POCO DE RESPETO Y CONSIDERACIÓN.

Indignación y vergüenza sentí estas Navidades, al contemplar el conjunto escultórico sobre el Astrolabio, situado en la plaza de los Santos Niños, convertido de la noche a la mañana en una cuadra para unos simpáticos burros. Seguro que algunos de vosotros también lo presenciasteis.

Fruto de este espectáculo escribí este artículo que publicó el Diario de Alcalá la semana del 10 de Enero: Un poco de respeto y consideración

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FELIZ NAVIDAD

Feliz Navidad, tiempo de encuentro, época de amistad y de amor. Feliz Navidad, días de alegría contagiosa, de júbilo, de armonía y paz.

"Feliz Navidad". Obra de Nives Prat

“Feliz Navidad”. Obra de Nieves Prat

Feliz Navidad, pese a que los pueblos hacen guerras entre si, se oprimen unos a otros y se destruyen, causando dolor y lágrimas entre sus semejantes, produciendo hambre, miseria, ruina y muerte sin importarles a sus dirigentes la tragedia que conllevan con tal de mantenerse en el poder.

Feliz Navidad, en un momento, en que imperan los recortes constantes en la sanidad, en la enseñanza, en la rebaja del sueldo a los funcionarios, en los “eres” permanentes de las empresas para reducir la capacidad adquisitiva de los pobres y resignados trabajadores, sin fuerza y aliento para protestar y levantarse a causa de los rodillos y de las apisonadoras de las mayorías absolutas.

Feliz Navidad, a pesar de que suba el paro día a día, sean muchos más los ciudadanos que no tienen adonde ir ni que llevarse a la boca, aumentando sin cesar la miseria y las desigualdades sociales, no atreviéndose nadie  a protestar o a decir ¡basta ya!

Feliz Navidad con los recortes llegando hasta el portal de Belén, ¡fuera mula o burra!, ¡fuera vaca o buey! ¿Quién va a ofrecernos compañía? ¿Quién nos prestará  calor? ¿Qué haremos ahora con los villancicos que un día aprendimos y que cantábamos acompañados de zambomba y pandereta? ¿Qué sucederá con estas figuritas que adornaban nuestro Belén? Ya no podremos cantar aquello de “a Belén va una burra”, o “entre el buey y la mula Jesús ha nacido” y otros muchos más, que empezaremos a olvidar.

Feliz Navidad, en tiempos de permanentes y crueles desahucios, donde los ricos se apoderan y se hacen dueños de todo, sin preocuparles el daño de los que se quedan sin casa, de los que tienen que dormir en la calle o en albergues sociales, de los que desesperados se arrojan por la ventana, de los niños que lloran tiritando de frío porque se han quedado sin techo, sin gruta, sin cueva, porque no tienen ya un buey o una mula que les acompañe y cobije, dándoles calor y ternura.

Feliz Navidad, aunque con los tiempos que corren, con las doctrinas que nos aplican, con las normas que nos imponen, con las mentiras y falsas promesas que nos hacen y nos anuncian, llegue quizá el día, a lo mejor no tardando mucho al ritmo que vamos, en que nos quedemos sin portal de Belén: desaparezca María, no encontremos a José y hasta el mismo niño Jesús se haya marchado. Nos digan que no estuvo allí nunca, que todo eran figuraciones de nuestra mente.

Feliz Navidad, pese a que nos hablen todos los días de miles de millones de euros. Dinero que entregará la Unión Europea para sanear nuestros bancos, para llenar las arcas y los bolsillos de los que más tienen, para que puedan cobrar sus sueldos millonarios,  mientras la mayoría no llega a “mileuristas”. Dinero que habrá que devolver y que será pagado, como siempre, por los que menos tienen.

Feliz Navidad ahora que se descubre como los ricos guardan sus dineros en “paraísos fiscales”, cómo, presuntamente, se apropian de lo que no es suyo, cómo, descubiertos y juzgados no devuelven lo robado, cómo, brotan por doquier casos de corrupción uno detrás de otro, casos que son archivados o guardados en los cajones, hasta que prescriben los delitos de los que se les acusa.

Feliz Navidad igualmente para los pensionistas, quienes se han sentido una vez más estafados, defraudados tras largos meses de promesas de revalorización, teniendo en cuenta el “IPC” de Noviembre; pero que, llegado el momento, dado que no existen elecciones a la vista, chocan con la cruda realidad que se veía venir. Aquellos que con voz de circunstancias en la pequeña pantalla, con el semblante serio y mudado no por la vergüenza de quienes han estado engañando con falsas promesas, afirman ahora, que para el próximo año las subirán uno o dos puntos. ¿Habrá próximo año? ¿Cumplirán las promesas que ahora formulan? ¿Tendremos unas nuevas elecciones a la vista? ¿Volverán a defraudar y a engañar? Con la misma cara con la que anunciaban que no las revalorizaban,  pese a haber reclamado en otras ocasiones tantas veces el Pacto de Toledo, manifiestan, mintiendo una vez más, al proclamar que este  año las subieron ya un punto, pero se olvidan de completar la frase. ¿Acaso no recuerdan que aumentaron inmediatamente el “IRPF” dos y hasta tres puntos? ¿Acaso han olvidado que incrementaron el “IVA”, los impuestos y no sé cuantas cosas más, bajando el valor adquisitivo mucho más de lo aumentado?

Feliz Navidad, aunque nuestros jóvenes estén sin trabajo, se vean obligados a emigrar a otras tierras y países en busca del pan de cada día.

Feliz Navidad, aunque nuestros talentos se pierdan frustrados, porque carecen de medios para seguir investigando, porque no hay dinero para la ciencia, porque imperan los recortes. ¿Acaso no encuentran otro sitio de donde recortar? ¡Que pregunten a los ciudadanos, al pueblo sencillo! Verás, entonces, como ellos si lo saben.

Feliz Navidad. Me pregunto yo: ¿Por qué no quitamos del Belén a los Reyes Magos?  La ilusión y la alegría ¿de quién? ¿Para qué nos sirven sus dones: oro, incienso y mirra? Nosotros sólo queremos pan, trabajo, vivienda digna. ¿No será más feliz un niño, si tiene a su lado a sus padres, un techo donde protegerse, algo que llevarse a la boca antes que un simple juguete?

Feliz Navidad para que los que mandan, se sienten a dialogar, se esfuercen por entenderse, alcancen  acuerdos positivos para el pueblo y la buena gente, se afanen por buscar soluciones que alivien el dolor, el sufrimiento, las miserias de los pueblos por encima de las ideas y los planteamientos políticos, lleguen a la armonía entre ellos.

Feliz Navidad, a pesar de que los pastores del Belén se encuentren avergonzados, porque ya no pueden ir a adorar al niño en el portal a ofrecerle sus regalos. ¿Cómo van a presentarse con las manos vacías? ¿Cómo van a ir sin tener nada que donar? Ya no tienen mantas para arropar al niño con tantísimo frío. No tienen pan que llevar a su madre para que le siga amamantando. No tienen leche, pues han recortado sus rebaños y su producción. No tienen queso, ya que con lo poco que les queda, apenas les llega para pagar los impuestos y tributos que les imponen. No tienen ya ilusión, han perdido la alegría y sus ganas de cantar.

Feliz Navidad para tanta y tanta gente buena que nos rodea, que es muchísima.

Feliz Navidad a toda esa gente generosa, que se quitan de su boca lo poco que poseen para dárselo a los que no tienen nada, a los desheredados de la fortuna. Feliz Navidad a los que se desviven por los demás, a los que colaboran, a los que recogen alimentos, a los que son dichosos  y se conforman con lo que la suerte les depara. Feliz Navidad a los que aman y son amados, a los que se sacrifican y se entregan a los demás. Feliz Navidad a todos los que sufren sin nadie que les consuele. Feliz Navidad.

¿Qué vamos a hacer con el portal de Belén? ¿Cómo vamos a vivir así la Navidad? ¿Qué será de todos nosotros con lo que está cayendo? ¡Seremos capaces de soportarlo en paz y armonía! … A pesar de todo, con ilusión y esperanza gritemos:

¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!    

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UN DEMONIO DEMASIADO MODERNO

Un día, estando jugando con una de mis nietas de siete años de edad, interrumpiendo su participación en el juego, mirándome seria y fijamente

"Un demonio demasiado moderno" Obra de Nieves Prat

“Un demonio demasiado moderno” Obra de Nieves Prat

a los ojos, me increpó de improviso y con total normalidad:

-¡Abuelo! Quiero que escribas un artículo sobre “un demonio demasiado moderno”, añadiendo a continuación y sin pestañear, como si de una persona mayor se tratara-. Tienes que poner en el mismo, que éste título te lo ha dicho tu nieta Sara.

Me dejó perplejo y paralizado. Me acababa de convertir en una estatua de frío mármol, en una estatua pétrea de mármol blanco e inexpresivo, sin palabras, sin pensamientos que exponer, sin argumentos que reseñar y sin capacidad para responder.

Más tarde, cuando la cálida sangre comenzó de nuevo a circular por mis arterias y mi mente recobró su actividad, la interrogué superado el estupor y el pasmo:

-¿Qué significa eso de “un demonio demasiado moderno”?

-Tú eres mayor- me replicó sin titubear-. Tú eres un abuelo y sabes mucho más que una niña de siete años.

Una vez más no supe como reaccionar. Una vez más me había desarmado y las palabras no brotaban de mi boca ni las ideas fluían a mi pensamiento.

Ella, muy decidida, cogió unos folios de reciclaje, su estuche de pinturas y un lapicero y se puso, sin más, a dibujar unas formas, formas que al poco eran figuras y a escribir una historia sobre ese demonio demasiado moderno que tenía en su imaginación. Mientras, trazaba unas siluetas de un mundo lleno de dulzura y felicidad, un mundo propio de la fantasía de una niña.

Alentado y animado por su iniciativa y decisión ¡no iba a ser yo menos!, me atreví, poco después. a tomar una pluma y, siguiendo su ejemplo, a expresar algunas palabras sueltas que como abuelo debería saber interpretar.

Primeramente, busqué en las carteleras de espectáculos por averiguar, si existía algún musical de origen religioso donde apareciera el personaje de “un demonio demasiado moderno”. Nada encontré al respecto, tampoco era probable que mi nieta tuviera noticias de ello si es que lo hubiera.

Más tarde, eché mano a la literatura. Esto era mi fuerte, no en vano había pasado mi vida enseñando esta especialidad a alumnos y alumnas de bachillerato. Estaba convencido que aquí hallaría multitud de expresiones, de frases del lenguaje popular, de obras de grandes autores, que ya acudían a mi mente en señal de socorro, sobre el demonio o el diablo, aunque faltaba el calificativo de “demasiado moderno”.

-¿Por qué me había formulado el nombre de demonio y no el de diablo?- me pregunté una y mil veces.

En verdad, ambas palabras eran sinónimas, a pesar de que su etimología fuera diferente; ya que, una y otra, hacían referencia a seres malignos, a ángeles caídos y arrojados al abismo, a genios de una gran agudeza para causar el mal. Los dos términos, comprobé muy minuciosamente, han sido muy usados y de manera indistinta en nuestros clásicos, desde el gran Cervantes, al genial Quevedo o al mismísimo creador argumental Lope de Vega por no citar a otros muchos. Siempre, siempre, han sido representados demonios o diablos como símbolos de las fuerzas del mal, independientemente de las épocas, pero… ¡un demonio demasiado moderno!

Recuerdo vagamente que Lérmontov escribió un poema de origen lírico, lleno de una gran sensualidad, con un cierto carácter épico, en el que un demonio se enamoraba de una bella joven, pero ¿éste era un demonio demasiado moderno?

Me vino de inmediato a la mente la imagen de Espronceda, su Diablo Mundo y la metamorfosis que sufre un anciano convirtiéndose en un joven aventurero.¿Acaso éste sería “un demonio demasiado moderno”?

Pienso luego en el contrapunto de Vélez de Guevara con el Diablo Cojuelo de tono satírico, alegoría moralista, donde domina el humor, el ingenio, ¿cómo no? la censura: pero, repleto de personajillos picaruelos, seres grotescos y hasta graciosos que nos deleitan con sus piruetas.

-¿Cuál de estos- vuelvo a plantearme de nuevo, totalmente confundido y un tanto avergonzado-, es “un demonio demasiado moderno?

Esta vía me pareció interesante e intenté seguirla con detenimiento e interés. Así, pude ver mil formas y expresiones que utiliza el refranero y el habla popular, en donde se emplean  indistintamente las palabras demonio o diablo con matices y significados diversos: “ponerse como un demonio”, “eres un pobre diablo”, “llevársele los demonios”, “no hay diablo que lo entienda”, “ser el mismísimo demonio”, “¿cómo diablos puede ser esto?”, “tener el demonio metido en el cuerpo”, “¡al diablo!” o “¡qué diablos!”.

Muchas son las frases coloquiales, donde aparecen, de una forma o de otra, ambos nombres; pero, siempre, como espíritus malignos que representan a las fuerzas del mal o seres intermedios de índole mitológica entre los dioses y los hombres; a pesar de todo, no logré averiguar, si alguno de ellos era ese “demonio demasiado moderno” del que me había hablado mi nieta Sara.

Estudié otros aspectos, utensilios o cosas: un juego, un árbol, un aparato que se utiliza en teatro, una mesa, un pez marino, un fiero animal, un instrumento textil, una máquina que sirve para cardar lana y hasta una muy grave enfermedad  y otras numerosas acepciones que reciben este nombre, imposible dar con el objeto de mis deseos, con la causa de mis preocupaciones,  zozobras y devaneos: “un demonio demasiado moderno”.

-¿Eureka!- dije de pronto.

Fue algo inesperado que se presentó ante mi mente como saliendo del subconsciente, brotando como un surtidor que acaba de ser agujereado, saliendo al exterior y formulándose en mi pensamiento.

-¿Cómo yo que tanta fantasía derrocho con mi pluma no lo había comprendido antes? ¿Para qué me sirve, entonces, la libertad y la imaginación creadora?- me inquirí a mi mismo.

-¿No son fuerzas que encarnan todos los disturbios y desmanes?- seguí en esta línea-. Pues, si son seres agresores, seres inferiores que habitan bajo la tierra con grandes poderes, si son seres del infierno y del fuego, brujos o brujas, espíritus malignos causantes de enfermedades y catástrofes, seres feos, engañosos, perversos, con mal genio, muy atrevidos, que simbolizan todo lo malo.

-¿Cuál de estos- insistí, convencido de que me estaba aproximando al final-, es “un demonio demasiado moderno”? ¿Cuáles son los últimos males que azotan a la sociedad?- enumeré y hasta grité con fuerza:

-¡La crisis que nos ahoga! ¡El paro y sus terribles consecuencias! ¡La opresión de los más necesitados! ¡La corrupción de los poderosos! ¡La plaga de enfermedades desconocidas que nos amenazan! ¡Las guerras entre pueblos y hermanos! ¡La violencia de género! En una palabra, ¡la desunión y las desavenencias! Esto, sí es “un demonio demasiado moderno”. Éste es en verdad el demonio de todos los demonios, el último diablo que nos acogota y nos hunde… Se trata, sin duda, de un demonio o diablo de mil caras.

-¿Cuál es tu “demonio demasiado moderno”?

– ¿O quizá, debería ser llamado “un diablo demasiado moderno”?

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