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UN CAMINO PARA UNA CIUDAD ROMANA

Un camino para una ciudad romanaOs invito a través de este artículo a visitar nuestra ciudad de Alcalá de Henares, a recorrer su mucha y gloriosa historia, a que disfrutéis y admiréis los vestigios de nuestros antepasados. Hoy os haré un pequeño recorrido por las ruinas de la antigua Complutum, abierta al público desde el verano pasado. Deseo que sirva de motivación y deleite de vuestro espíritu:  Un camino para una ciudad romana

 

 

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DON JUAN Y ALCALÁ

Aún vienen a mi memoria aquellos esplendidos recuerdos, aquel sabor tan agradable del  primer don Juan itinerante, celebrado en

"El abrazo". Obra de Nieves Prat

“El abrazo”. Obra de Nieves Prat

nuestra ciudad allá a mediados de los años ochenta. Todavía percibo en mis oídos y escucho con ilusión aquel sonar de cascos de caballos galopando por nuestras calles, llevando  a sus lomos a los protagonistas de aquella dramatización tan espectacular y tan llamativa. Resuenan en mis sentidos aquellos lances de don Juan, aquellas bravatas de don Luís, aquellos chascarrillos de Brígida, el canto suave y melifluo de la escolanía,  o, aquel chirriar de las ruedas de los carromatos que transportaban a doñas Inés, la monja seducida, rendida en los brazos de su amado, después de aquellos apasionados versos de amor. Recuerdo y revivo con emoción, el fervor y la rapidez con la que recorríamos las calles, nos desplazábamos de plaza en plaza para aproximarnos a los personajes y a los escenarios espectaculares, donde se desarrollaban las secuencias sobre unos magníficos y naturales decorados, que la propia arquitectura de nuestra ciudad y los bellos y apropiados rincones ofrecían.

Hoy, pasados ya muchos años, vivo con la misma pasión de entonces, aquella oposición radical que manifestaba en mi época de docencia, cuando protestaba ante mis alumnos, preguntándome y preguntando, a quien quisiera escucharme ¿qué sentido tenía un don Juan en Alcalá? ¿Qué tenía de interés y de significado el personaje de don Juan y doña Inés para nuestra ciudad? ¿Por qué no se emprendía con el mismo ardor, celo y esfuerzo un homenaje a nuestro ilustre ciudadano, tan alejado de nuestra realidad social, de nuestras calles, e incluso, tan desconocido en esencia para muchos de los alcalaínos?

Hoy, que el don Juan es un clásico en Alcalá. Hoy, que el don Juan de Alcalá es un elenco importante y continuado, después de tantos años de consolidación. Hoy, que su representación es un acontecimiento de interés turístico regional y que se cuenta el número de asistentes. Hoy, que estamos habituados, a que llegadas estas fechas, se escenifique la historia del enamorado, pendenciero y bravucón personaje, calificado como un monstruo por alguno de los protagonistas, encerrado enla Huertadel Obispo, al igual que un grandioso teatro, de  movilidad reducida, expuesto a los avatares de la climatología, al destino de los dioses del otoño, comercializado y desvalorizado en exceso por la gente que entra y sale, que habla y se mueve, que no  escucha bien y no presta atención, acallados por los siseos de quienes muestran interés, me sigo interrogando, una y otra vez, sigo reflexionando y pensando como antaño: ¡bien está el mercadillo que ocupa nuestras calles céntricas en las fiestas cervantinas, cada vez más comercializado, menos cultural y con afluencia masiva de turistas! ¡Bien está que sean dos, cuatro o hasta seis días como en el presente año! Pero, yo sigo preguntándome y diciendo ¿Tanto cuesta, durante estos mismos días, planificar unas representaciones teatrales permanentes de los diversos pasajes y episodios del Quijote, de los Entremeses o de cualquiera de las obras de nuestro ilustre genio? ¿Tanto supone convertir nuestro centro histórico, nuestra ciudad Patrimonio dela Humanidad, los magníficos espacios naturales que posee, en escenarios constantes de exaltación de los valores cervantinos?

Yo, personalmente, como otros muchos ciudadanos, estoy seguro de ello, me encuentro dispuesto a aportar mi pequeño granito de arena en aras de este insigne proyecto. No se trata de un Entremés aquí hoy y otro allá mañana. No. Rotundamente no. Propongo transformar nuestra ciudad, nuestro centro histórico, en una magna representación escénica repleta de actores y actrices, ciudadanos de a pie, encantados por teatralizar las obras y el personaje de Cervantes.

Propongo, a falta de otras ideas, escenificar diversos episodios del Quijote. Sí, del Quijote. Hacerlo cercano a los ciudadanos, utilizando los muchos espacios naturales con los que contamos. Propongo que Alcalá entera se vea envuelta por el espíritu de Don Quijote, que los curiosos que nos visiten, sientan el mismo afán y se vean implicados en el proyecto; en vez de un simple caballero, que representa a Don Quijote acompañado de su fiel escudero Sancho y su burro, paseando por la calle mayor; a pesar de lo bien que lo hacen, pero que queda muy pobre y desaliñado.

Reflexionando sobre el espíritu cervantino, me había olvidado del tema que nos ocupa. Pues bien, volviendo al don Juan de Alcalá del que nunca debí de apartarme ¡me puede más mi pasión por Don Quijote!

Yo prefiero, con mucho, aquel don Juan itinerante, soberbio como soberbio era su ejemplar equino, espadachín y desafiante por nuestras calles y plazas, desafiante ante los que le contemplábamos, deambulando a su paso de un lugar a otro, recorriendo los escenarios que la ciudad ofrecía, convirtiendo la noche en un entorno romántico que arrastraba la historia, los personajes y los decorados de la misma cultura barroca, fusionando todos lo valores medievales.

¿Pertenece don Juan a nuestro entorna actual? ¿Vive el personaje de don Juan entre nosotros, en nosotros mismos? ¿Sigue teniendo vida el llamado mito de don Juan tal como es representado con tanto amaneramiento y tan dulces escenas de amor? En los tiempos en los que nos encontramos, el hombre actual, el ciudadano de a pie ¿mantiene el temor a los muertos, teme la venganza de los mismos, tiene el temor de culpabilidad y la conciencia del juicio final?

El hombre actual está lleno de supersticiones, de terrores, de temores y miedos constantes; pero, la evolución de la cultura le permite sustituirlos, camuflarlos, enmascararlos. Hoy vemos y contemplamos más la calidad teatral del don Juan, su tramoya, su arte dramático, la calidad de sus montajes; en una palabra, admiramos y alabamos  más la estética por encima de todo, que los valores trasnochados del drama en sí, la forma de comportarse del personaje.

Francisco Nieva, hombre que conocía la técnica teatral como ninguno, comentando el don Juan Tenorio de Zorrilla, afirmaba en esta línea y con gran acierto, “que don Juan se vacía como mito y se decanta como símbolo o signo, porque cuanto le ocurra por dentro, en su conciencia, si la tiene, y por fuera, la actuación de don Juan clásico no le puede afectar ya al hombre actual, al hombre trasgresor de todos los principio, ideales y valores”.

En esta misma línea, Adorno decía:”el arte no es una hermosa morada, sino una tarea para estar siempre tratando de solucionarla; según esto, el arte es la historia de su autonomía en progresión”. Por ello, al don Juan hay que juzgarlo y tratarlo hoy como una creación imaginativa, que actúa sobre el espectador de una u otra manera, según las épocas, no dejando a nadie impasible, dada su enorme fuerza expresiva, a pesar de tantos y tantos versos melifluos y cadenciosos. Con esto, quizá, el mito del don Juan se nos venga abajo o le pongamos un gran interrogante en la sociedad actual.

Si nos centramos en el don Juan de Zorrilla, diríamos que su primer valor, según lo ya expuesto, seria lo artístico, su carácter visionario capaz de sobrepasar los tiempos y adaptarse a las circunstancias, de aquí viene su importancia y su aceptación por el gran público. Ramiro Maeztu lo escribió en su ensayo: Don Quijote, don Juan yla Celestina.

Podríamos destacar, siguiendo con este razonamiento, como segunda nota importante, el sentido, el carácter de personaje emblemático que adquiere el protagonista, sin dejar a un lado y sin obviar la personalidad de doña Inés, una monja seducida, que al final logra la salvación de don Juan. Doña Inés se convierte así en un mito escénico como su apuesto conquistador, se convierte en un puro producto imaginativo más propio de una creación estética que de una realidad social, personaje lleno de tópicos que ensalza la pureza, la virginidad, sin dejar de hacer hincapié y sin olvidar su sentido erótico y sexual.

No quiero dejar pasar que Zorrilla ha creado un drama en el que junto a su carácter violento con lances, muertes, disputas con don Luís, el tremendo enfrentamiento con el padre de doña Inés y un sinfín de escenas que el autor muestra de forma cruda, como su sentido sacrílego y  de profanación; sin embargo, es un drama amable, atractivo, popular y en algunos momentos hasta divertido.

Sin duda, con todo lo dicho, don Juan se convierte en un auténtico transgresor de todo lo serio para lograr alcanzar su aspecto lúdico en el que en muchas situaciones se envuelve y se disfraza.

Al final, tan simpático y atractivo personaje, tan popular y atrevido joven, tan enamoradizo y apuesto conquistador bien merecía un perdón, un perdón que lo salve, un perdón que se convierte en una excusa ética, una exculpación de todos sus actos a pesar del calificativo de monstruo, ya reseñado.

No quiero concluir estas líneas sobre el don Juan sin hacer mención a unas palabras de Rousset, cuando se atreve a afirmar “que se ha anclado en nuestros espíritus, si no el mito, sí al menos el personaje”. ¿Quién no se ha sentido en algún momento de su vida un don Juan? ¿Quién no ha pretendido ser doña Inés, esperando a  que llegara su apuesto conquistador?

Deseo concluir con este alegato del mismo Rousset: “los tiempos cambiarán, pero con don Juan nunca se ha dicho la última palabra.”

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UNA BELLA CIUDAD A PESAR DE…

Ver Articulo Diciembre. Diario de Alcalá.

-¡Adiós! ¡Adiós hombre! ¡Cada día eres más antipático, más antisociable! -, dijo una voz a mis espaldas.

-¡Perdona!-,le respondí, volviendo la cabeza y reconociéndole-. Yo no soy ningún antipático y tú lo sabes muy bien, nunca lo he sido.

-Es que siempre vas con la mirada puesta en el suelo, como ensimismado, como buscando algo que hubieras perdido y tuvieras mucho interés en encontrar-, me replicó.

-Ya me gustaría poder llevar la cabeza levantada para contemplar la hermosura de nuestra amada ciudad-, y proseguí:

-Yo recorro todos los días sus calles, plazas y rincones de los que estoy cada vez más enamorado: la calle las Damas, las Siete esquinas, la calle del Cardenal  Tenorio, la calle Santiago, la calle Libreros con el callejón de las Santas Formas, la monumental calle Mayor porticada, con el Corral  de la Sinagoga y  la Plaza de los Irlandeses…

-Admiro sus monumentos, sus mansiones señoriales y palaciegas: la regia y única en su género Magistral, el espléndido Palacio Arzobispal con sus murallas y torreones plenos de cigüeñas, la ilustre Universidad Cisneriana majestuosa y señera, cuna en otro tiempo del saber, la luminosa fachada de la Iglesia de los Jesuitas con sus contrastes de sombras y luces… No existe, en verdad, ciudad más bella y con semejante historia.

-¿Cuál es entonces tu problema? – me preguntó con cierta angustia y curiosidad.

-¿Acaso no vives tú al igual que yo en esta ciudad? ¿Acaso no te encuentras con los mismos problemas e impedimentos que yo? – le pregunté con insistencia.

-Miro al suelo para ver donde pongo los píes-, y le mostré con rapidez-. ¿Acaso tú no te fijas en la suciedad que nos invade día a día? ¿No ves las “cacas “de los perros esparcidas por doquier? ¿No observas las latas de cerveza, los botes de coca-cola, aquí los papales volátiles de la publicidad indiscriminada, allá las hojas rugosas de los periódicos de buzoneo movidos por el viento de un lugar a otro? ¿Y qué decir de los chicles, chicles pegajosos que se adhieren al zapato y te dejan fijo allá donde se encuentran, imposibles luego de quitar? ¡Mira, amigo mío! Mira las bolsas de chirriantes patatas fritas o de otras “chucherías” como crujen bajo los píes.

-Pues ahora que lo dices, tienes toda la razón, ¡que cantidad de suciedad se ve! -se anticipó mi amigo.

-Es más-, insistí yo con gran indignación. Fíjate en las aceras, esas aceras multiformes, aceras con una tortuosa orografía de altos y bajos, de profundas zanjas que parecen abiertas en canal, de pequeños hoyos fruto del desgaste y el paso del tiempo; aceras llenas de parches mal puestos que provocan multitud de accidentes a los desprevenidos transeúntes; aceras de viejos troncos de chopos centenarios cercenados por la fiera y ruidosa motosierra sin más. ¿Qué más quieres que te diga?… ¿Entiendes ahora por qué miro con frecuencia al suelo, por qué no veo a quien a mi lado pasa, por qué no me quedo extasiado ante nuestra riqueza arquitectónica?

Yo te pregunto ahora, al igual que me interrogo a mí mismo: ¿Qué crees que dirían los aguerridos ciudadanos de nuestra legendaria Complutum? ¿Qué manifestarían nuestros pacíficos Visigodos? ¿Cómo reaccionarían nuestros laboriosos Árabes, los mercaderes y prestamistas Judíos, los fuertes y nobles cristianos que dieron lugar a la convivencia entre culturas?

-Tienes toda la razón-, me interrumpió mi increpante amigo-. Ciertamente tenemos que ir siempre viendo donde ponemos la suela de los zapatos, para no llevarte a tu casa la suciedad inconscientemente pisada. Te comprendo ahora. ¡Discúlpame tú por mi brusco encuentro!

-¿Cuál sería la opinión de nuestro crítico y sarcástico poeta alcalaíno Juan Ruiz ¿Qué enfado manifestaría nuestro insigne Cisneros y tantos reyes y príncipes que aquí vieron la luz? ¿Cómo lo mostraría nuestro más célebre e ilustre conciudadano, genio creador, Miguel de Cervantes? ¿Qué hablarían aquellas celebridades que a la sombra de nuestra Universidad habitaron sus colegios, aprendieron en sus aulas y nos honraron con su juvenil alegría, lances y presencia estudiantil.

-Yo pediría a nuestras respetadas autoridades que patearan las plazas, los parques,  jardines y  calles; que caminaran por nuestras aceras; que emplearan mejor nuestros altos tributos, los cuales no sabemos adónde van a parar; que limpiaran nuestra ciudad, nuestra amada y querida ciudad.

¿Para qué entonces sirve la empresa de limpieza con sus modernos y mecanizados sistemas? ¿Para qué nuestro ejército de policías motorizados, a los que nunca encuentras, ni vigilan, ni controlan?

La gran rotonda de luces y colores que a los píes de la Puerta Madrid  se encuentra, deja ver con grandes destellos: “Patrimonio de la Humanidad”. Yo desde aquí, pido que esto sea cierto, que no tengamos que nominarla “patrimonio de la suciedad”.

¡Un poco de respeto queridos conciudadanos! ¡Un poco de preocupación estimadas autoridades! ¡Dejadnos ver la belleza y el esplendor de nuestros edificios, el conjunto arquitectónico que forman su luz cuando los rayos solares alumbran sus claro-oscuros! ¡Permitidnos gozar del placer de poder pasear por sus calles libres de impedimentos y contratiempos, liberar nuestra mente y admirar en su plenitud nuestra muy amada Alcalá de Henares!

Deseo un día recorrer sin sobresaltos todos y cada uno de tus rincones, detenerme ante cada piedra, almena, espadaña o construcción, recordar tu historia con ojos no cotidianos de paseante habituado a verlos ahí con indiferencia, sino con una mirada llena de curiosidad y admiración de turista ilusionado y asombrado, con la misma admiración que llevó a los pensadores griegos a plantearse la pregunta clave, a iniciar el camino del pensar racional.

Déjame traer a mi imaginación a aquellos personajes que, en el correr de los tiempos, fueron célebres y te hicieron grande. Déjame dialogar de sus cuitas, sus proyectos, su obra y su quehacer por nuestra muy ilustre y amada ciudad. Que ellos y nosotros la podamos contemplar limpia, esplendorosa y brillante.

 

 

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Entrevista en Diario de Alcala.

Entrevista en el Diario de Alcala. 2 de febrero de 2011

 

Os dejo la entrevista que me realizo el Diario de Alcalá el pasado 2 de febrero de 2012.

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