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LA EFÍMERA, UNO MÁS

El año pasado, en el mes de Julio, hablábamos de la Efímera destacando su carácter de algo perenne, de algo que sobrepasa al tiempo, de algo EFIMERA2013perdurable y que va más allá de lo establecido, a pesar de su significado.

Hoy ante la nueva convocatoria de los artistas del Foro del Henares a una nueva celebración de la Efímera para el trece de Septiembre, creo que debemos reseñar y me parece muy importante su carácter de continuidad, la asiduidad y persistencia en una idea, lo consistente, lo que perdura a través del espacio y del tiempo, lo que deja tan grato y enorme recuerdo a quienes lo visitan como aquellos que lo expresan, lo que se consolida y se repite, aunque en un continuo movimiento de renovación, de creatividad, de imaginación e ingenio para idear algo nuevo, algo que conmueva, algo que llega a las entrañas, las convulsiona y las revuelve, perdurando emocional y sentimentalmente en el ser, algo que va  más lejos de la voluntad de poder y del orden armónico de las cosas, se repite y se regenera a través de la mente, a través del pincel y la espátula, con el cincel, a golpe de martillo y una firme y resolutiva mano fruto de una inteligencia poderosa y una visión imaginativa y fructífera.

Ciertamente no estábamos hablando de un caos desordenado,  inconsistente y sin sentido, no nos referimos tampoco a la armonía cósmica, ni al sosiego del infinito universo, estábamos pensando en el orden intelectual, en el fin concluido de la idea, en la materialización de aquello que el ser creador es capaz de dar forma y finalizar, llegando a una expresión concreta con sentido y significado aún dentro del aparente sin sentido del ser humano, sobreponiéndose al mundo angustioso del absurdo hasta alcanzar el nihilismo intranscendente de lo establecido, de lo materializado dentro de lo inmaterial, de aquello que se expone y se manifiesta ante la mirada atónita y sorprendida de unos ojos curiosos y admirados ante lo que no entiende, ni comprende, ante lo que aparentemente es efímero y caduco, ante lo que no alcanza la categoría de lo hermoso, quedándose y permaneciendo en el plano de lo grotesco, de lo incoherente, de lo incomprensible, de lo pasajero y volátil.

Hoy queremos avanzar y lanzarnos más allá de lo puramente establecido, queremos llegar a alcanzar el éxtasis: no el de aquellos místicos poetas y contemplativos de los siglos XVI y XVII; no el de aquellos seres espirituales que se elevaban ante la representación sublime; no el de aquellos otros, cómicos y titiriteros, gente del ruido y de la farándula, gente de la exhibición y la recompensa, que se exhibían en las plazas y mercados públicos ante el aplauso o el griterío de cuantos se maravillaban ante el espectáculo; debemos de luchar para adquirir la esencia de la idea, la síntesis de la interioridad, la profundidad interna e íntima de ese mundo expresado, de ese universo vivido y representado, de esa totalidad llena de misticismo e integridad que configura, que conforma la idea llevada hasta culminar la maravillosa sensación de lo observado, de lo manifestado, querido y deseado, que se muestra con un intenso interrogante de admiración total, de sugerencia sincera del alma que penetra en la idea, estudia su honda profundidad  y permanece expectante mientras su espíritu se inflama y se deja cautivar, es arrebatado y arrastrado a un estado de ensimismamiento.

El contraste entre el acto efímero en sí y la manifestación de la Efímera con el objeto creativo supuesto, aún pleno de efemeridad, se hace real en un choque de permanencia en el tiempo, de atracción cautivadora, de idea mantenida y seguida, de exaltación de lo pasajero y caduco frente a lo glorioso y sublime, de algo que rompe y hace añicos las reglas de la estética perdurable, estableciendo una nueva concepción, un nuevo alumbramiento, un sin sentido o contra sentido de la inspiración, un hacer presente y patente sin control y sin medida, basado sólo en la idealidad  estilizada y esquemática de algo novedoso, pero existente, ya concebido en la mente pensante del ser que lo elucubra, que lo planifica y lo deja nacer y crecer.

Me parece muy interesante e importante esta llamada de atención. Me parece por parte de Teo y Gonzalo, convocantes del evento, un acto digno de agradecer, que aunque sea con un año de retraso en el tiempo que no en la mente, nos anuncian a todos: artistas del Foro del Henares y espectadores curiosos que nos acercamos con placer y expectativas, amén de aquellos de espíritu receloso o esquivo, a pesar de los inconvenientes con los que habrán tenido que contar  y solventar para su organización, una estupenda manifestación de la creatividad llamada Efímera, en la que se rompe la monotonía, se destrozan las normas, se lanza un grito de rebeldía, se alza la voz de la inteligencia, se da un toque de atención e inconformismo a una sociedad sumisa, acatadora de las normas establecidas por otros, con unas ruedas pesadas y deformes con las que nos quieren hacer comulgar, donde el caos se eleva a la categoría de arte, donde el desorden aparente se convierte en muestra de alta inteligencia, donde el Tao meticuloso impone unas nuevas formas y donde lo abandonado, lo desechado por los demás, lo dejado a un lado como inservible y sin utilidad, donde lo más absurdo y perecedero se convierte y se recicla en algo admirable, algo que causa expectación, algo que produce una llamada de atención brusca y un gesto a veces de desencanto a esas inteligencias mediocres que en la mayoría de los casos nos dominan y se nos imponen sin dejarnos vislumbrar la luz de la imaginación.

Nos encontramos pues ante un nuevo acto de la Efímera, ante una nueva demostración del ingenio y la mente creadora de personas de nuestra sociedad alcalaína, personas ilustres como tantas otras que existen, que nos han precedido y que nos seguirán, porque no olvidemos nunca que estamos en la ciudad de las artes y las letras, en la ciudad del saber y de la universidad, en la ciudad de nuestros conciudadanos: Cervantes, Cisneros, Juan Ruiz, Figueroa y otros muchos, quienes nos deleitarán y nos maravillarán, como sus predecesores, con su capacidad, su improvisación, su inspiración, su forma de entender el mundo y la vida, dando un poco de humor y tragicomedia a nuestro acontecer, despertándonos de ese largo letargo de tantos años adormilados, como drogados por no se que ungüento o magia secreta que nos tiene sumidos en el nimbo, como anonadados ante lo expectante, lo maravilloso, lo estético, lo siempre sublime y excelso, la mímesis profunda de las cosas y la nihilidad íntima de las ideas o el mimetismo de los colores, las líneas y los trazados sobre el papel o la tela, la madera o el hierro, la piedra o cualquier otro ser de la naturaleza. Esto es lo grandioso de la voluntad de poder del ser creativo.

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A PROPÓSITO DE LA EFÍMERA

"Antagonismo". Obra de Nieves Prat

“Antagonismo”. Obra de Nieves Prat

La llaman la Efímera. Técnicamentesu nombre es la Cochipolla. Se trata de un insecto que habita en las inmediaciones de las aguas, regatos, caceras, riachuelos y lagos. Su dimensión es pequeña y su color ceniciento, impregnada de unas manchas oscuras en sus alas. Como su palabra indica, sólo vive un día, ¡sólo un día!,  tiempo suficiente para dejar constancia de su presencia, de su importancia, de su huella en su prole de descendientes que vuelven a repetir su ciclo y así, ¡sólo un día! ¿Existe algo más fugaz?

Existen flores probablemente más efímeras, aunque no lleven este nombre. Flores que sólo se abren y muestran su hermosura y perfume una sola vez. Flores que dejan su presencia y su recuerdo en un instante de su corto existir. Flores que son anheladas y esperadas con gran pasión dada su exquisitez y su temprana muerte, como es el caso de las diversas clases de Verónicas.

Aún más efímeras y fugaces son las flores de la especie de las Cereus Grandiforus. Se abren al anochecer, cuando los rayos solares no calientan ya la superficie de la tierra, cuando sus contorneados colores se extienden por todo el firmamento, adornando y embelleciendo su despedida con múltiplas combinaciones, cuando el universo entero se convierte en un hermoso y vistoso lienzo trazado por los suaves y delicados pinceles de una mente creadora, que  se proyecta y recrea en un acto sublime de armonía, muriendo por la noche, marchitándose, perdiendo su encanto y colorido, dejando caer sus pétalos, abandonando en un soplo su perfume natural. Efímera flor del anochecer. Efímero tiempo de trascurre desde las veintiuna horas hasta las veinticuatro. Sólo tres horas de efímera exposición. Sólo tres horas de vida dela Cereus Grandiforus.

Los poetas de la época clásica ya cantaron con la emoción de encendidos versos y palabras bien definidas la fugacidad de las cosas, la fugacidad de la vida, la rapidez del paso del tiempo, la obligación de aprovechar el momento presente, el gozar de la belleza, el vivir la juventud, porque todo pasa, todo huye, todo se evapora más rápido que el viento, más veloz que la luz o el relámpago, más fugaz que la hermosura o la edad temprana. Por eso, nos animaban a la vida intensa, al disfrute  del instante presente. Algún poeta llegó a hablar de la cercanía de la cuna y la sepultura, de cómo están encadenadas y cogidas de la mano.

Ya los filósofos en sus profundos tratados del pensamiento, en sus duros enfrentamientos y razonamientos, disputaron sobre el movimiento, de cómo todo ser nace, crece rápidamente y desaparece en un suspiro. Dialogaron sobre el tiempo  del instante, del ser y el no ser, de la nada y de lo fugaz, de lo pasajero y efímero; pero también, de lo que permanece y dura, de lo perenne y lo eterno.

Por muy efímera que sea la vida, por muy efímeros y pasajeros que sean los seres, por muy corto y de escasa duración que sea lo existente, siempre hay algo en cada uno de nosotros que nos hace permanecer en la memoria de los tiempos, de las gentes, de los pueblos, algo que nos hace perennes.

Yo me niego a hablar de lo efímero de la belleza, porque no lo es. No puedo decir nada de lo efímero de un pincel, de una espátula, de un cincel o de una pluma que rasga, mancha o  ahueca sobre una tela, un papel o una madera, impulsado por una mano firme, los primeros trazos, las incipientes tonalidades, el esbozo de un signo que luego se convierte en obra admirada, en obra eterna y permanente para el gozo y el disfrute de las mentes contemplativas, mentes ávidas de sabiduría.

No. La belleza no es efímera. La obra de arte no es pasajera. El pensamiento y los sentimientos, la imaginación creadora, el saber no son efímeros. Nosotros somos efímeros, pero nuestra obra queda en el bagaje de las gentes. Efímero es nuestro tiempo. Efímera son las veintiuna horas hasta las veinticuatro.

Quiero cantar como un poeta, aunque no con palabras tan encendidas, la permanencia, la eternidad, la inmortalidad de la hermosura y la belleza de cualquier obra de arte. Quiero celebrar con una firme sensibilidad lo perenne del perfume de una rosa, aunque ésta se marchite. Quiero brindar con las más ricas de las fragancias por la belleza de los pétalos de una flor, aunque sea pasajera. Quiero anunciar la vida presente de la más efímera Cochipolla, porque es capaz de prolongar su existencia y su presencia en sólo un día, es capaz de dejar un recuerdo perenne, un recuerdo reconocible, un recuerdo que da nombre, un recuerdo que es homenajeado y celebrado por una pléyade de los más importantes artistas de nuestra ciudad, en una noche deslumbrante de belleza y hermosura, de color y creatividad, de ingenio y libertad, de brillantez y entrega. Una noche de impulso y fuerza, de manifestación y muestra, de valoración y admiración, de valentía.

La belleza, la hermosura, la creatividad imaginativa, las emociones y los sentimientos, el mensaje y la sensibilidad de alguien que actúa y provoca admiración, contemplación, exclamación y aplauso, que  interroga y  pregunta, nunca puede ser efímera, nunca puede ser un instante pasajero. Son categorías de la mente que enlazan con lo sublime, que elevan el espíritu hasta la excitación y el éxtasis, hasta el interrogante más hondo.

La efímera es perenne y duradera. La gloria,  el aplauso y el reconocimiento pasajeros y limitados en el tiempo. El espacio acoge la categoría, la magnifica y engrandece, la hace inmortal como eterno es el mensaje, duradera la expresión, elevada la tonalidad y sublime la combinación magistral de tonos y colores, de signos y símbolos, de múltiples pinceladas esparcidas sobre una blanca tela, una dura madera o el cincel que rasga al ser golpeado por un martillo, que sujeta e impulsa una poderosa mano segura de su fuerza, firmeza y acción sobre un duro tronco que fue verde árbol, que fue en un tiempo vida, vida efímera y seguirá siendo eterna al convertirse en una magnífica creación de la mente, o una piedra, materia inerte, que adquiere forma y se trasforma en vida expresiva, en expresión de vida como el lienzo o la tabla o el papel.

La fuerza, el poder, la idea, la obra que surge, la fuente que mana del espíritu creador, la vida impregnada en la materia muerta, la existencia de algo regenerador y transmisor no puede ser efímero. Tiene categoría. Se sublimiza y se levanta desde la tierra, flota en lo etéreo, se deja mirar y observar, se manifiesta en su total dimensión, superando la efímera, sobresaliendo por encima de lo casuístico, llegando a lo profundo de la sensibilidad y provocando una respuesta, una admiración, un preguntar, un por qué infinito, una inquietud íntima, un placer reparador.

La efímera de una noche de verano. El espacio acogedor que la adormece. La luna flotante que la ilumina desde su universo único. La pléyade de excelentes esforzados o esforzadas, hombre y mujeres del ingenio creativo. La admiración contemplativa del curioso visitante como  tintineantes estrellas. El aplauso a veces no reconocido ni agradecido a un devenir constante de expresión, mensaje y obra hecha realidad. La efímera será inmortal y dejará rastros de eternidad a cuantos la contemplen.

 

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