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EL BERROCAL

El Berrocal. Obra de Nieves Prat

El Berrocal. Obra de Nieves Prat

Rocas graníticas exfoliadas, cuya curvatura redondeada ofrece una visión de infinito, de inmensidad, de ligereza  en  su apoyatura, pero sólido y fuerte en su estructura formal.

Robles y fresnos configuran tu paisaje. Fresnos cuya atroz poda, producida por la mano del hombre, contribuye, aún más, a su redondez, a su configuración paisajística, a su perenne vida que la roca proporciona y alimenta. Fresnos que se levantan como fantasmas mudos, estáticos encapuchados en una perpetua procesión invernal, desprovistos de su ropaje, enseñando sus vergüenzas y sometidos a las constantes inclemencias de la tierra.

Musgo verde, musgo oscuro, musgo en definitiva, que se adhiere a tus paredes, que absorbe tu energía, que forma una comunión íntima entre la pétrea roca granítica y la delicada malla que lo adorna, proporcionando vida a multitud de seres diminutos dentro de su entramada red siempre viva y verde; hilos que se anudan y entrelazan, se cruzan entre sí, formando una férrea protección entre la roca y sus pobladores.

Lugar idóneo para admirar y escalar su esferoidal forma, y recostado en lo alto de su cumbre, contemplar el paisaje abrupto pleno de fuerza y vida, mientras se plantea las eternas verdades de la existencia.

Allá, a tus píes, adviertes la presencia de pequeños personajes, el embellecedor colorido de las flores y las tonalidades de las plantas en primavera, la sequedad rocosa pero viviente de los fuertes robles,  el pastar continuo de las vacas con la cabeza humillada a la tierra y el rumiar constante de sus bocas, siempre pegadas al verde manto que cubre el suelo, regado por un constante surcar de pequeños canales de agua fresca y cristalina, de agua vivificadora que alimenta a las plantas, sirve de alivio y refresco a todos los animales que a su vera se acercan y llenan de murmullos placenteros  los sentidos del paseante.

Robles, fagáceos árboles de robusto tronco, cuyos tortuosos brazos nos descubren lo duro de su existencia, lo roqueño de su entorno  y sus hojas, hojas lampiñas y trasovadas sinónimo de rugosidad y aspereza, ahora decapitados por las insensibles manos que buscan el calor de su fuerza en el fuego chispeante de una negra chimenea invernal.

Los pajarillos y aves que habitan sus entrañas, antes ruidosos y  cantarines, abandonan sus defensas y buscan en la oquedad de la roca, en las grietas de sus láminas, protección y cobijo, cual pequeños reptiles y alimañas que estos parajes disfrutan.

Todo es hermoso y frondoso en primavera, árido y seco en  estío, vistoso por sus contrastes y coloridos otoños, procesional y serio, como si pidieran al cielo clemencia por sus muchos defectos, en invierno.

Pétreo Berrocal firme y dulce, lugar de encuentro y placer de los sentidos, contraste perpetuo para quien a ti llega. Hoy, quiero cantar tu encanto, tu atractivo y tu fuerza, tu energía eterna para el que pisa tu tierra,  gusta de tu adusta soledad y espíritu apaciguador.

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