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LA PEDRIZA

Paraje inhóspito en medio de la sierra madrileña. Paraje rocoso de granítico color, bordeado de intensa vegetación de pinos y jaras que

"La pedriza". Obra de Nieves Prat

“La pedriza”. Obra de Nieves Prat

le dan aroma y un manto de  blancura en primavera, cual campo nevado sobre un lecho de meloso verdear junto con las arizónicas de  anaranjado tronco que atraen por su forma y esplendor.

Entre roca y roca, entre masa rocosa y mole roquera viven y saltan las cabras y anidan los buitres leonados, expuestos sus nidos a los cálidos rayos del sol, lugar de amor y modelo de fidelidad conyugal.

El escultor de la naturaleza se recreó en cada una de las enormes piedras existentes para dar forma y modelar las imágenes más perfectas, los parecidos más homogéneos, las siluetas más fantásticas, las figuras más monolíticas que la creadora imaginación del hombre pudo idear,  en las que hoy la fantasía se puede detener y recrear.

Lugar propicio para el joven deportista, quien pisa su dureza, asciende a sus pendientes vertiginosas para dominarlas y escalar, no sin esfuerzo, aquellas virulentas y peligrosas paredes de gigantescos volúmenes, para sentirse dueño de las cumbres, dominador de sus valles y descubridor de su estructura.

Falo enorme de la naturaleza. Yelmo vertical de redondez ascendente. Piedra llena de tonalidades según el rigor de la luz solar o la carencia propiciada por las nieblas. Tótem admirado y conquistado por numerosos seres. Estatua contemplada desde la lejanía. Símbolo de tu propia personalidad. La chimenea oculta bajo tu ropaje de difícil acceso, aparece sólo al experto y atrevido investigador, creando angustia, ansiedad, temor y placer para todo el que logra penetrar en tus entrañas de dureza extrema, acariciar tus carnes rugosas, sentir tus trémulas vibraciones y saborear el calor y  el abrigo de tu calorífica interioridad.

Agujas. Agujas góticas y escarpadas. Agujas que se levantan al cielo con espíritu ascético, cual monjes pétreos cubiertos con su vestimenta parda. Agujas contorneadas y embellecidas por las gélidas nieves y los rompedores y cortantes hielos del invierno. Agujas que como miradores solemnes os asomáis a la profundidad de la planicie, al igual que vigilantes y atentos observadores, como guardianes del anhelo de eternidad que el ser humano busca y desea ante tu presencia.

¡Pedriza! Roca viviente de la sierra de Madrid. Granito rosáceo de la alta montaña.

 

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