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UNA MENCIÓN A “LA VIDA EN UN INSTANTE”

¡Hola amigos y seguidores! Después de dejar pasar todo este periodo vacacional, donde he pretendido dejaros descansar de mis diferentes temas y sobre todo de los agobios con insistencia ante la aparición de mi segunda novela “La vida en un instante” -¡todos tenemos derecho a relajarnos y tener unos días dedicados a nuestras peculiaridades más diversas!-, quiero retomar de nuevo esta actividad en la que intercalaré pensamientos íntimos, sensaciones diversas sobre la ciudad de Alcalá y algún que otro artículo sobre la esencia de “La vida en un instante”- ¡de alguna manera tendré que irla promocionando!-, a parte de otros temas variados de más o menos calado.

Antes de nada, deseo que todo este tiempo de ocio haya sido de vuestro agrado, haya resultado como lo teníais proyectado, hayáis podido

"La Vida en un instante". Obra de Nieves Prat

“La Vida en un instante”. Obra de Nieves Prat

dejar descansar la mente, lograda vuestra recuperación y reforzamiento, y vuestro espíritu haya salido fortalecido, robustecido y preparado para aceptar los nuevos retos de este nuevo tiempo con energía y de forma abierta.

Dado los tiempos que estamos viviendo, donde las vicisitudes, las añoranzas y los padecimientos se adueñan de nuestro interior, creando dudas y poniendo en riesgo la zozobra de nuestra nave ante las terribles circunstancias; os anhelo desde estas líneas lo mejor para todos, que podáis seguir soñando con esa realidad profunda y que vuestras ideas, vuestros pensamientos y vuestras acciones superen el curso pasado y se sobrepongan a los acontecimientos sean de la índole que sean.

Quizá por ello, nada mejor que la lectura de “La vida en un instante”, mi segunda novela; si aún no la habéis leído, deberíais leerla con prontitud; ella os situará en el lugar de los protagonistas, ella os presentará a Juan y a Marta y con ellos viviréis vuestra propia realidad con la misma intensidad y pasión que la viven ellos, compartiréis la profundidad de vuestra vida con toda seriedad; aunque, ciertamente, ellos se dejaran para sí una parcela de su propio ser, algo que no controlaban y se les escapaba allá en su interior más hondo, algo de lo que a veces no eran conscientes y de lo que no se sentían culpables por consiguiente; más bien, el destino, las circunstancias, el devenir de la vida les había arrastrado sin sentirse protagonistas, ni dueños de su existencia. Por eso, los dioses del Olimpo, las veleidades de la naturaleza, los azares de las personas jugaban en algunos instantes con ellos, haciéndoles partícipes de esta realidad ajena de la que no se sentían propietarios ni, a veces, responsables. Esos dioses disfrazados que, como en la antigua mitología, jugaban con la vida de las personas a su antojo y capricho, amándoles, penetrándoles y transformándoles en sus esclavos.

Sin embargo, al final de la aventura siempre regresaban a su interioridad, a su intensa vida vivida, a sus vivencias profundas, sin que nada interrumpiera en un ápice su ser sí mismos, su entrega sincera y proyectada en los demás; en especial, en sus hijos Ánntony y Clara y, así, hasta el final, hasta que su ser se resquebraja y se hundía en el infinito inmenso de la persona en la que se proyectan, se interiorizan por encima de las acechanzas, de las inquietudes, de las circunstancias de una vida entregada a su propia realidad. Ellos se sienten protagonistas y conscientes de esa fuerza indestructible que les arrastra hasta entregarse y fusionarse en la unidad profunda del ser.

Nada les intimida. Ninguna barrera aparente se levanta frente a ellos, sólo su honradez, una honradez interpretada a su manera, una honradez recubierta y oculta, una honradez perdida en medio de las tormentas se les enfrenta y les pone reparos, les presenta interrogantes, pero son capaces de sobreponerse y enfrentarse con orgullo a su entorno, a su sinceridad, a su resolución de una vida en comunión y unida hasta el final.

Por todo esto, la realidad de “La vida en un instante” es intensa y allegada a cada uno de nosotros, se nos ofrece como algo cercano y algo que nos afecta, como algo de lo que no nos podemos escapar ni sublevarnos, como algo irrenunciable y que está ahí, como algo que nos da un sentido a nuestro existir.

Ésta es la seriedad de “La vida en un instante”. Ésta es la realidad profunda y seria de este devenir que se aparece y se manifiesta en cada uno de nosotros.

¡Feliz reencuentro con vuestra realidad que, en definitiva, es la realidad de cada uno de nosotros, de todos en común!

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EL YIN Y EL YANG EN LA VIDA EN UN INSTANTE

El Yin y el Yang son las dos categorías cuya síntesis constituye el principio del orden universal: el Tao, el cual se manifiesta siempre alrededor de

"La Vida en un instante". Obra de Nieves Prat

“La Vida en un instante”. Obra de Nieves Prat

estos dos aspectos contradictorios y complementarios, pero como principio de orden y de unidad, como algo  misterioso, trascendente e inefable. El Tao admite que lo real, más allá de su diversidad, es uno. En el Tao se unifican los seres a través de la reflexión profunda y sincera, la contemplación de la naturaleza y la belleza de lo anhelado y ansiado, la contemplación de lo sublime y el éxtasis en una unión honrada y plena, en una realidad total, que escapa a todo lo ilusorio y superficial.

Aquí, en esta realidad, confluyen todas las contradicciones de lo positivo y lo negativo, del bien y del mal, de la grandeza y la pequeñez, de la verdad y la traición, del amor y del odio, de la vida y la muerte. Ésta es la realidad suprema en la que se encuentran y se superan las contradicciones. Éste es el principio de liberación en un acto intelectual y místico.

Por eso, los protagonistas de esta novela siempre aspiran a unirse: bien, a través del encuentro; bien, a través de la contemplación; bien, a través de la búsqueda o la entrega amorosa y pasional, en esa realidad, en ese principio de orden y unidad que les libera de todas las ataduras.

Ellos pasan de manera irregular por todos estos escalones. La vida real les hace experimentar todas estas contradicciones que se les ofrecen y manifiestan. La realidad de la vida les muestra esa múltiple diversidad por la que se deslizan, pero son conscientes en todo momento de ese principio inmanente, de esa ética de vida que desean y por la que luchan.

Juan y Marta son sabedores de este fluir. Ambos viven y se plantean su existencia de acuerdo con ese modo de vida: Marta es más constante, más entregada, más alegre, más decidida y dinámica, más fiel, más amante de la verdad y la hermosura, más generosa, más abierta, más libre en sus actuaciones; Juan, por el contrario, es más contradictorio, más vivir la vida sin otras preocupaciones que lo atenacen, dejándose llevar por las circunstancias la mayoría de las veces ajenas a su propia realidad y deseo, que lo traen y lo llevan, que lo arrastran de una categoría a otra, que lo zarandean de aquí para allá sin una línea de continuidad, pero que siempre acaba buscando y encontrando ese aspecto contradictorio y complementario, consiguiendo esa realidad la reabsorción de todas las contradicciones en la que se halla la síntesis, la unidad plena y sublime, el encuentro consigo mismo y su opuesto, siempre alcanza ese principio universal de unidad y orden.

Así, Marta se convierte en su remanso tranquilo, sosegado y transparente. Juan se transforma ante su presencia, se olvida del mundo y de sus problemas, de ese mundo sensible de constantes mutaciones: de tinieblas y luces, de frío y calor, de pasividad y actividad, de día y noche, de traiciones ocultas y goces pasajeros, pero, también, de elementos sensibles y profundos que lo liberan y lo unen más a su único objetivo final, perdiéndose en esa profunda realidad, principio de orden y unidad trascendente.

Marta se transforma en su vértice, en su faro orientador y guía, en su Tao de liberación inefable, es su plenitud y su totalidad en un solo acto de espiritualidad.

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